LA LINDE, 6-2016.

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POLIFONÍAS EN LA CUEVA

Reseña de Altamira vista por los españoles

 

Antonio Vizcaíno Estevan. Doctor en Arqueología, equipo redactor de La Linde y responsable de la sección "Arqueología Pública". 

 

Portada XurxoAyán, X., 2015: Altamira Vista por los españoles. JAS Arqueología, Madrid

 

El 8 agosto de 2011 una novel pareja de enamorados decidió, junto a otros tantos cientos de personas, visitar el museo y la Neocueva de Altamira. Tras el recorrido, no dudaron en dejar constancia de su paso en el libro de visitas: “el día de nuestro primer aniversario mi bella Raquel decidió devolverme a mi época y yo tan encantado. La amo como el hombre de neandertal lo hizo al fuego y a la caza” (82). A ojos de muchos ese comentario no pasaría de simpática y descontextualizada declaración de amor, ajena a cualquier interés puramente arqueológico. Es más, ¿quién demonios se para a leer un libro de visitas? Sin embargo, solamente el gesto, la declaración de amor, nos habla de cómo esta pareja reconoció en Altamira un lugar cuya significación iba más allá del conocimiento arqueológico. Para más inri, parte del contenido del mensaje incide en una manera particular de percibir el pasado prehistórico. Quizá viéndolo así, de forma aislada, nos puede parecer algo anecdótico. Pero cuando hablamos del estudio de los miles de comentarios como éste vertidos en los libros de visitas de Altamira entre 2003 y 2014, la cosa cambia y permite hablar con perspectiva. Pues bien, eso es precisamente lo que ha hecho Xurxo Ayán en su reciente Altamira vista por los españoles (2015), editada por JAS Arqueología.


El libro constituye un magnífico ejemplo del protagonismo que cada vez más está asumiendo en la arqueología española el estudio de los significados del pasado y del patrimonio en la sociedad del presente. Un ámbito en el que Ayán ha despuntado con sus brillantes trabajos (2012) y que ahora enriquece con un texto que resulta tan interesante como inspirador, enmarcado en el proyecto El valor social de Altamira que dirige el Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC dentro del Programa de Investigación para la Conservación Preventiva y Régimen de Acceso de la Cueva de Altamira (2012-2014) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.


La peculiaridad en este caso viene de la mano del objeto de estudio: los libros de visitas. Es cierto que la investigación de las percepciones sociales del pasado se ha abordado desde distintas perspectivas y metodologías, tanto directas –a través de técnicas de investigación social- como indirectas –a través del análisis del discurso de distintos formatos culturales. La propia Altamira ha sido estudiada en los libros de texto escolares (Ruiz Zapatero, Álvarez Sanchís, 1996-1997, 1997a, 1997b), cuya función en el afianzamiento de la cueva como referente identitario nacional es indiscutible. No obstante, rara vez se ha prestado atención a los libros de visitas (Macdonald, 2005; Rodríguez Temiño, Ruiz Cecilia, Mínguez García, 2015), tradicionalmente concebidos como algo meramente testimonial y solo útil para certificar la autocomplacencia de las instituciones o para asumir algunas críticas de la visita. En este sentido, lo que nos propone Ayán es ahondar a través de los libros de visitas en la pluralidad de significados que se construyen en torno a Altamira y, lo más importante, hacerlo a través de las lecturas que se generan “desde abajo”, es decir, al margen de la oficialidad, aunque estén necesariamente influenciadas por ella. Aquí la utilidad de los libros de visitas es clave: las páginas en blanco y el anonimato facilitan que los visitantes hablen sin tapujos y no se vean tan constreñidos por la siempre amenazante deseabilidad social. El resultado del estudio es una riquísima miríada de relatos, de microhistorias, que acaban convergiendo en grandes temas: Altamira como espacio de contestación, de emoción, de identificación, de reivindicación y de imaginación. Pero vayamos por partes.


Edward W. Said, en la introducción de su reconocida obra Orientalism (1978), reconocía mediante las palabras de Gramsci la necesidad de tomar conciencia de lo que se es, de la propia dimensión personal, para situar y dar sentido a la investigación, reconociendo que más allá de la pretensión cientifista todo estudio está condicionado por un contexto sociopolítico y cultural determinado (Said, 2003, pp. 50ss). En lo que resulta ser una suerte de relato premonitorio, Ayán comienza el libro con su propia microhistoria, la que nos remite al despertar de su vocación arqueológica a raíz de un viaje familiar a Altamira a finales de los años 80, a partir del cual comienza a hilvanar su discurso.


Altamira es, como se constata a lo largo del trabajo, un lugar privilegiado para el estudio de las percepciones y significados del pasado. A la atracción que el patrimonio –o su evocación- ejerce per se sobre las personas, habría que añadir dos cuestiones clave para entender su trascendencia. Por un lado, ser uno de los hitos históricos ineludibles del nacionalismo español, como también lo son Numancia, la Dama de Elche y, más recientemente, Atapuerca, lo que remite a la construcción de identidades étnicas y territoriales. Por otro lado, ser considerada cuna del arte a nivel mundial, enlazando así con variantes de tipo más universal relacionadas con la propia condición humana. Ambas cuestiones son una constante en los comentarios de los visitantes y explican que el abanico de ámbitos en los que se intrinca lo altamirano sea de lo más dispar, de ahí que en el libro lo mismo se hable de historiografía, marketing y debates políticos, que de la Casa Real, el turismo o el conflicto social. Ayán nos introduce en esa maraña de relaciones a través de cinco grandes bloques divididos en temas y ejemplificados con buena parte de los comentarios y los dibujos dejados por los visitantes.


En el primero y segundo de los bloques, Cultura espiritual de Altamira y Cultura sentimental de Altamira, aborda el componente emocional asociado a este espacio, en el que simbólicamente se materializa el paso del tiempo. Pero no de un tiempo cualquiera, sino de un tiempo tan remoto que es difícil de concebir y remite en el imaginario colectivo a lo primigenio, al origen. Altamira deviene, a través del encuentro cara a cara con el pasado, espacio de reflexión, de “auténtico culto posmoderno a los antepasados” (34), e induce a los visitantes a plantearse preguntas existenciales sobre la condición humana, pero también sobre su propia vida, pues tanto la cueva como la Neocueva se convierten en escenario que sanciona y deja constancia de experiencias personales memorables: desde nacimientos y aniversarios, pasando por noviazgos y matrimonios, hasta llegar a recuerdos de infancia asociados a la escuela y a algunos despertares vocacionales.


El tercer y cuarto bloque, Cultura arqueológica de Altamira y Cultura museística de Altamira, se adentran en los discursos que los visitantes construyen en torno a las maneras oficiales de entender y gestionar el pasado y el patrimonio. Los comentarios de los visitantes no se limitan a evidenciar la imaginación social de lo prehistórico, con todos los clichés y estereotipos asociados, sino que van más allá y ponen en entredicho la escenificación museográfica, sobre todo en relación a uno de los temas más controvertidos de Altamira: la Neocueva y los debates sobre el sentido de la autenticidad y los valores asociados.


Con Cultura política de Altamira, el quinto bloque, Ayán analiza el componente patriótico que subyace y renace en la visita a Altamira. Un orgullo que suele traducirse en rivalidades territoriales a distintas escalas (nacional -España vs Francia, la histórica deslegitimadora-, regional –Altamira vs Atapuerca- y local –aquello de medir el tamaño de lo propio-), como queda recogido en todo tipo de asertos en el libro de visitas, y en el que, como bien identifica el autor, el llamado “patriotismo científico”, junto al turismo y la educación, juega un papel clave. Este es, en mi opinión –y por afinidad investigadora, todo sea dicho- uno de los puntos más interesantes del libro, pues refleja de manera contundente el efecto que los cambios en la organización territorial de España ha tenido en la concepción de la historia y del patrimonio, y que se ha traducido en un progresivo protagonismo de lo regional y lo local frente a lo nacional.


Finalmente, el bloque Del Nunca Máis a la crisis económica, quizá el menos consistente por la disparidad de contenidos que engloba, aborda cómo Altamira acaba convirtiéndose en reflejo de los temas, debates y acontecimientos de cada momento al considerarse un lugar digno desde donde dejar constancia de ellos. El Prestige, la Guerra de Irak, la memoria histórica o la llamada crisis de los refugiados son algunos de los ejemplos para los que Altamira, como materializadora de un tiempo a menudo idealizado, actúa como contrapunto.


En definitiva, Altamira vista por los españoles es todo un alegato en defensa de los libros de visitas, pero no por lo que son, sino por lo que representan: el reflejo de las voces de los visitantes que, por desgracia, cuando entran en un museo o en un yacimiento arqueológico son silenciados y convertidos en simples cifras y estadísticas, y respecto a quienes lo oficial asume muy a menudo una visión condescendiente y paternalista. Sin lugar a dudas la obra de Ayán es una apuesta clara y decidida por una arqueología más inclusiva que presta atención a lo que la sociedad tiene que decir, pues, como bien señala al final del libro, la gente sí se emociona, sí se interesa y sí se preocupa por el patrimonio. Solo que casi nunca nos paramos a escucharla.


Por si todo esto no fuera suficiente, añadiré que el texto, siguiendo una línea a la que ya nos tiene acostumbrados Ayán, rebosa inteligencia, humor, ironía y crítica, lo cual convierte a este libro en una lectura más que recomendada. La diversión y la reflexión están aseguradas por igual. Así que pasen, piensen y rían.

Ejemplo comentario dibujo

Ejemplo de comentario tras una visita

 

Bibliografía

AYÁN, X., GAGO, M., 2012: Herdeiros pola forza. Patrimonio cultural, poder e sociedade na Galicia do século XXI. 2.0 Editora, Ames.


MACDONALD, S., 2005: “Accessing audiences; visiting visitor books”. Museums and Society, 3(3), pp. 119-136.


RODRÍGUEZ TEMIÑO, I.; RUIZ CECILIA, J. I.; MÍNGUEZ GARCÍA, C., 2015: “Análisis de la visita pública a la Necrópolis Romana de Carmona entre 1885 y 1985”. Archivo Español de Arqueología, 88, pp. 263-282.


RUIZ ZAPATERO, G.; ÁLVAREZ-SANCHÍS, J. R., 1996-1997: “Prehistoria, texto e imagen. El pasado en los manuales escolares”. Arx, 2-3, pp. 149-164.


RUIZ ZAPATERO, G.; ÁLVAREZ-SANCHÍS, J. R., 1997a: “El poder visual del pasado: Prehistoria e imagen en los manuales escolares”. En MORA, G., DÍAZ-ANDREU, M. (eds.) La cristalización del pasado: génesis y desarrollo del marco institucional de la arqueología en España, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, Málaga, pp. 621-631.


RUIZ ZAPATERO, G.; ÁLVAREZ-SANCHÍS, J. R., 1997b: “La Prehistoria enseñada y los manuales escolares españoles”. Complutum, 8, pp. 265-284.


SAID, E. W., 2003: Orientalismo. Debolsillo, Barcelona.

 

 

 

 

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