ENTRE LINDE Y LINDE. 13 de mayo de 2014

JIA 2014: ARQUEOLOGÍAS SOCIALES, ARQUEOLOGÍAS EN SOCIEDAD

 

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Desde que hace siete años un grupo de estudiantes decidiera organizar en Madrid un encuentro en el que debatir e intercambiar ideas y conocimientos sobre Arqueología, las jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica (JIA) se han ido consolidando como una cita de referencia entre los investigadores predoctorales de la Península Ibérica. Este año le tocaba el turno a Vitoria-Gasteiz bajo el lema Arqueologías sociales, Arqueologías en sociedad (http://jia2014.blogspot.com.es/p/jia-2014.html).

 

Hay muchas cuestiones interesantes en las JIA. La primera y principal es la de ponerse en contacto con los estudiantes de grado, máster y doctorado de otras universidades, lo que sin duda permite enriquecer nuestras propias investigaciones. También lo es el hecho de que las jornadas son totalmente abiertas, de manera que, si bien la organización de cada año establece la temática general -suficientemente amplia como para dar cabida a propuestas de lo más variado-, las sesiones y las comunicaciones son propuestas por los propios participantes. Esto permite hacerse una idea de por dónde van los intereses entre las nuevas generaciones de investigadores en Arqueología. Y este año, de manera muy significativa, había mucho de que hablar en lo que a Arqueología Pública y socialización del patrimonio se refiere. Sesiones y mesas redondas como Asociaciones y nuevos movimientos sociales para el Patrimonio Histórico; Arqueología en tiempos de crisis y mecenazgo cultural; Arqueología de la contemporaneidad y contemporaneidad de la Arqueología; Las apropiaciones sociales del patrimonio; y Arqueólogo busca público: políticas de integración y el futuro de la Arqueología, coincidieron en poner de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre los vínculos entre Arqueología y sociedad bajo una gran diversidad de perspectivas.

 

A lo largo de los tres días que duraron las jornadas se generaron debates de gran interés. Uno de ellos fue el del asociacionismo, sus funciones y sus límites. Aunque todos coincidimos en valorar no sólo lo positivo, sino lo fundamental de este tipo de organizaciones, se plantearon algunas controversias, sobre todo cuando estamos hablando de asociaciones integradas principalmente por arqueólogos: ¿hasta qué punto lo que se hace "por amor al arte" acaba sustituyendo un trabajo profesional que debería ser remunerado? ¿Cuáles son las funciones y los límites del asociacionismo?

 

En una línea muy ligada a la anterior, se planteó la singularidad de un fenómeno que viene popularizándose en los últimos años: el de subvencionar intervenciones arqueológicas mediante el crowfunding. ¿Tiene más de positivo o de negativo? Se trata, sin lugar a dudas, de un arma de doble filo, pues por un lado está permitiendo llevar adelante proyectos que carecían de subvención, al tiempo que ayuda a generar unas prácticas democráticas en las que es la propia sociedad la que decide en qué invertir el dinero; pero, por otro lado, su generalización puede conducir al desentendimiento de las administraciones respecto de sus funciones básicas, entre ellas garantizar la preservación y difusión del patrimonio. Como en todo, no existe una respuesta unívoca, y cada caso merece de su propia contextualización y valoración. Lo que resulta evidente, y así se hizo constar en diversas ocasiones, es que cada vez más la sociedad está buscando sus propias maneras de acercarse a, relacionarse con e intervenir en su patrimonio. En diversas sesiones se habló de la importancia de prestar atención a las visiones e interpretaciones surgidas "desde abajo" (folklore, medios de comunicación, discursos identitarios) y a generar procesos más inclusivos y participativos a la hora de gestionar el patrimonio. Estos planteamientos, entre otros muchos, ponen de manifiesto las inquietudes de las nuevas hornadas de arqueólogos, preocupadas por una profesión realmente afectada por la crisis. Y precisamente sobre esta coyuntura global se planteó un debate francamente interesante: ¿ha servido la crisis para replantear el sentido de la Arqueología? ¿Podemos hablar de unas repercusiones positivas en un contexto rotundamente negativo? Muchos lo tenían bien claro: la crisis no ha sido positiva en ningún sentido para la Arqueología. Es evidente que la caída de los presupuestos y el fin del boom de la construcción ha supuesto un descenso radical de las intervenciones y proyectos arqueológicos, tanto a nivel académico como de la llamada arqueología profesional. Y una de las consecuencias de esto ha sido la de buscar otras salidas, entre ellas la divulgación y la socialización, una palabra que parece empezar a ponerse de moda. Pero, tal y como se dijo -muy acertadamente-: ¿es esto real o, por el contrario, se trata de un nuevo parche? ¿De verdad hay un interés por llegar a la sociedad a través, entre otras, de la divulgación, o simplemente nos estamos subiendo al carro de un sector que, dadas las circunstancias, se presenta como uno de los menos afectados dentro de la Arqueología -o al menos eso se cree, precisamente por la escasa valoración que ha merecido tradicionalmente-? Todavía más: ¿qué consecuencias puede tener este interés generalizado cuando a menudo flaquean las aptitudes y, sobre todo, la formación en este campo? Es evidente que, en términos generales, no se está haciendo una buena divulgación, y a la vista están los resultados. Y haciéndolo extensible a ámbitos más complejos: ¿está siendo también la Arqueología Pública y el interés por socializar el patrimonio una simple moda fruto de un contexto determinado? ¿O realmente las cosas están cambiando? Como bien señalaron varias personas, la Arqueología requiere de una reflexión global sobre su razón de ser, sus pretensiones y sus implicaciones, y no de soluciones transitorias. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

 

Éstas son sólo algunas de las preguntas y reflexiones que se plantearon durante las JIA de este año. Y creo firmemente que es una buena señal. Como bien señaló Jaime Almansa, uno de los fundadores de las JIA y presente en todas sus ediciones, entre el primer año en que se celebraron y la presente edición se ha producido un cambio sustancial: de unos primeros y tímidos pasos en los que nociones como Arqueología Pública sonaban extraños y difusos, se ha pasado a unas jornadas en las que de doce sesiones cinco han girado en torno a ella. Sin lugar a dudas las JIA se han convertido, junto al reciente sOpA (http://sopa14.redsopa.org/?page_id=51), en uno de los foros de referencia para hablar de Arqueología Pública en el contexto español. Esperemos que ese camino siga construyéndose en futuras ediciones.

 

 



 

 

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