ENTRE LINDE Y LINDE. 3 de octubre de 2013

 

LA EXPERIENCIA DEL SOPA'13FOTO CONGRESO

Antonio Vizcaíno Estevan

 

Entre los días 18 y 21 de septiembre tuvo lugar en Malpartida de Cáceres el I Congreso Internacional sobre Educación y Socialización del Patrimonio en el Medio Rural; el SOPA para los amigos. Un congreso que prometía tanto por los contenidos, pues es el primer congreso de esta temática que se celebra en el Estado español, como por la estructura: a las tradicionales sesiones de ponencias y posteriores debates se añadían talleres con niños y barferencias (sí, es lo que estáis pensando: conferencias en bares, cervezas en mano). Y lo cierto es que el congreso estuvo a la altura y dejó un muy buen sabor de boca. De alguna manera tuvimos la sensación de que el SOPA estaba marcando un antes y un después: encontrarse con un grupo de personas, algunos conocidos y otros desconocidos, mayoritariamente jóvenes y con ganas de cambiar las cosas, de entender el patrimonio y la arqueología de un modo diferente al habitual, le hacía a uno sentirse como parte integrante de un cambio.


Es cierto que a lo largo de las sesiones pasaron proyectos de muy diverso tipo que, sin duda, pusieron de manifiesto las (muy) distintas maneras de entender conceptos como "socialización" o "participación", frecuentemente utilizados durante las intervenciones. Sin embargo, también es cierto que por encima de esa disparidad de ideas existía un propósito común: el de acercar el patrimonio a la sociedad, hacer que ésta sea partícipe de aquél. Sin duda la diversidad enriquece, y creo que todos salimos de allí planteándonos muchas cuestiones, repensando conceptos y asentando ideas.


Uno de los aspectos más interesantes del congreso fue, en mi opinión, constatar que la preocupación por la socialización del patrimonio está surgiendo desde sectores diversos: empresas, universidades, asociaciones, museos; lo cual quiere decir que las reflexiones se están generalizando en todos y cada uno de los sectores implicados, si bien, lógicamente, de manera desigual (siempre hay sectores más reticentes al cambio...).


Es evidente que los temas, conceptos y propuestas tratados en el congreso no son nuevos, y de hecho hay proyectos que llevan años funcionando de esta manera. Sin embargo, el SOPA sirvió para poner en común experiencias, para conocerse y, sobre todo, para generar redes de contacto y de trabajo. Porque el SOPA no acabó el 21 de septiembre, con un sol de justicia en plena dehesa extremeña; el SOPA no ha hecho más que ponerse a caminar y a medida que avance se irá haciendo más y más grande. Para ello se ha creado una red, la #redsopa, que pretende servir de punto de encuentro de personas y proyectos.

 

Los pros: la intensidad con que se vivieron los días del congreso, dentro y fuera del programa oficial; haber coincidido con un grupo de personas con ganas de trabajar y de darle una vuelta de tuerca al patrimonio, con quienes se creó un ambiente familiar que hizo que los escasos cuatro días acabaran pareciendo un mes.


Los contras: la estructura del grueso del congreso, quizá demasiado clásica para el tipo de contenidos que se estaban tratando; convendría potenciar los debates y los talleres para trabajar sobre conceptos que siguen estando poco definidos y para intercambiar ideas y experiencias de una manera más fluida.

 

Sin duda habrá que estar pendientes de la edición del próximo año en Galicia, territorio que, hoy por hoy, está marcando el camino en los procesos de socialización del patrimonio.

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