LA LINDE, 3-2014

Arqueología Pública:

 

ARQUEOLOGÍAS PÚBLICAS EN LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS 

DE GALICIA 

 

Xurxo M. Ayán Vila*, arqueólogo (GPAC, EHU/UPV)

*Investigador postdoctoral contratado, Programa Juan de la Cierva, en el Grupo de investigación en Patrimonio Construido,

Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. 

 

En el siglo XXI, si no tenemos audiencia ni credibilidad, no valdrá la pena mantenernos en pantalla. Mientras, Belén Esteban expondrá las fases de la Historia en el Salvamé Diario, presentando un discurso alineante y vacuo del pasado que ‘alimentará’ desde los medios a millones de personas. ‘La televisión es nutritiva’ advertían El Aviador DRO y sus obreros especializados ya en aquel ambiente subversivo de los 80, cuando cuestionaban la realidad mediante imágenes futuristas. Ojalá llegue el tiempo de una Red Organizada de Mutantes, que, adictos al pasado, cuestionen el presente. Porque, parafraseando a mis colegas, quizás “más allá de la arqueología pública” simplemente no haya arqueólogos.

(Comendador 2011: 65).

 

Como en las grandes ferias de promoción turística, el I Congreso Internacional sobre Socialización del Patrimonio (Malpartida de Cáceres, 18-21 de septiembre de 2013) sirvió de escaparate para la Arqueología Pública que se está llevando a cabo en Galicia. El gran número de comunicaciones presentadas sobre experiencias desarrolladas en nuestro país, la concesión del premio SOPA a la empresa gallega Xeitura, el cierre del simposio con la exhibición del documental O’Neixón: historia viva dun castro (2008) y la organización en Celanova (Ourense) de la edición 2014 son factores que contribuyeron a modelar una idea que empieza a ganar fuerza en la Arqueología española más joven. Como se reseñaba en esta propia revista: Sin duda habrá que estar pendientes de la edición del próximo año en Galicia, territorio que, hoy por hoy, está marcando el camino en los procesos de socialización del patrimonio (Vizcaíno 2013).

 


Figura 1Cartel promocional del SOPA’14 que se celebrará en Celanova (Ourense) en septiembre de 2014.


¿Estamos ante la enésima resurrección de la campaña Galicia Calidade? ¿Podemos hablar de una Arqueología Pública a la gallega, del mismo modo que se ha atisbado una a la española (Almansa 2011)? ¿Podemos hablar de un modelo gallego de Arqueología Pública como en su día se habló de un modelo andaluz de gestión del patrimonio (Salvatierra 1995)? Lógicamente la realidad es mucho más compleja y, sobre todo, más modesta, en un contexto de crisis como el actual. El presente artículo intentará responder a estas preguntas adoptando un enfoque internalista que haga hincapié en las condiciones en las que surge este fenómeno y que analice el papel jugado por los distintos agentes implicados. En este sentido, no abordamos un trabajo analítico sistemático, sino una diagnosis fundamentada en nuestra experiencia en Galicia en el ámbito de la Corrección de Impacto arqueológico de obras públicas y en el mundo de la puesta en valor del patrimonio a lo largo de estos (casi) últimos veinte años. En este sentido, al final del artículo tenéis un listado de aquellos proyectos de Arqueología Pública desarrollados en Galicia (finiquitados y/o en activo) con sus respectivos links, para que conozcáis casi de primera mano esas experiencias.


Antes de seguir, avanzamos lo que para nosotros define un proyecto de Arqueología Pública, para evitar malentendidos:
• Proyectos ejecutados por arqueólogos y arqueólogas profesionales.
• Proyectos que manejan una total transparencia informativa y procuran divulgar en tiempo real el desarrollo de los trabajos y los resultados.
• Proyectos que abren al público los espacios arqueológicos durante el transcurso de las investigaciones.
• Proyectos que defienden la participación activa, la integración e inclusión de las comunidades locales.
• Proyectos que admiten en sus filas a voluntariado.
• Proyectos que buscan una rentabilidad científica y económica abogando por la conversión del yacimiento o área arqueológica en un recurso patrimonial.

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De aquellas lindes vienen estos aires 

Le pregunto a un profesor de Arquitectura si hay alguna asignatura específica que adiestre en la construcción de muros. No, me dice, pero gran parte de la arquitectura que se está haciendo tiene forma y espíritu de muro. Está encofrada con hormigón, acero y miedo.

Manuel Rivas, Los muros.


En Galicia, desde los tiempos de la Ilustración, el peso de la Iglesia ha sido notable en el desarrollo de las primeras exploraciones arqueológicas. El anticuarismo y la erudicción regionalista fueron de la mano del tradicionalismo, dando lugar entre siglos a auténticas escuelas como la del presbítero Marcelo Macías en Ourense, la de López Ferreiro en la catedral de Santiago de Compostela o la escuela jesuítica de Camposancos (A Guarda, Pontevedra), estrechamente vinculada a la universidad de Deusto. Entre los muros de este instituto se formó el padre del galleguismo cultural de preguerra, el agrarista y carlista Antón Losada Diéguez, padre ideológico de la denominada Xeración Nós quien se animó a excavar el castro ubicado en la finca de verano de su mujer en Montealegre (Moaña, Pontevedra) (Losada 1927). El estamento eclesiástico y esta hidalguía decadente consolidaron una visión elitista de la cultura que va a tener continuidad en el desarrollo de las Humanidades en Galicia a lo largo del siglo XX.


Esta actitud fue asumida por el otro pilar de las élites que dirigieron el país en la Restauración, la burguesía mercantil e industrial, clase emergente que estimuló todo un proceso de patrimonialización desde sus palacios y residencias de verano. En este contexto burgués y urbano cabe encuadrar el surgimiento de un asociacionismo cultural en el que comienza a acrecentarse el interés por las antigüedades y los restos arqueológicos, al ritmo de los procesos de reordenación urbanística de las viejas urbes medievales gallegas, con la demolición de murallas y antiguos monumentos, en aras del Progreso que daba nombre a la calle principal de los nuevos ensanches. A este respecto, resulta paradigmático el caso de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra (1894-1911) fundada por Don Casto Sampedro y Folgar en un intento de salvar de la demolición lo que quedaba del antiguo convento gótico de Santo Domingo en cuyos terrenos desamortizados se había construido el Instituto Provincial y el edificio de la Diputación. En su minucioso reglamento se establecía como finalidad primordial el estudio de las Ciencias arqueológicas, la adquisición y conservación de todos los objetos de algún mérito, y el fomento de esta clase de estudios (Filgueira 1948: 18).


En el despacho de Casto Sampedro se reunía una conocida tertulia en la que se daban cita anticuarios, folkloristas, coleccionistas y literatos pontevedreses, todos vinculados al movimiento regionalista. Esta colaboración dio como fruto la organización de exposiciones arqueológicas en 1895, 1896 y 1910 a las que contribuyeron los coleccionistas Ricardo Blanco Cicerón, Alejandro Cerdá, Luis Rodríguez Seoane y el anticuario Francisco Pazos. Asimismo la participación de la Sociedad Arqueológica en la Exposición Regional de Santiago de 1909 fue verdaderamente importante, orientando Casto Sampedro la parte arqueológica, a la que contribuyó con numerosas piezas recogidas en toda la provincia (Acuña 1981: 78-9). Además de estas actividades que hoy denominaríamos de divulgación y de difusión, la Sociedad Arqueológica desarrolló un conjunto de líneas de trabajo acordes con los intereses culturales del regionalismo. Así pues, durante la existencia de la Sociedad, se realizaron los siguientes trabajos de recopilación y sistematización, muchos de ellos publicados en las décadas posteriores: Colección de música popular gallega, Leyendas populares de Galicia, Diccionario de la jerga de los canteros, Colección de cantares populares gallegos, Corrección y Aumento del Diccionario Gallego y estudio de Juriconsultos y Derecho de Galicia.


Resulta evidente el peso del enfoque romántico que inunda el ideario regionalista y la estrategia de reivindicación de la cultura tradicional gallega, de acuerdo con la importancia de los estudios folklóricos en la España de la Restauración. Todos estos estudios etnográficos necesitaban datos que se recopilaban durante la realización de excursiones a diferentes zonas del rural pontevedrés.

 

 

 

Figura 2 Excavación arqueológica promovida por la Sociedad Arqueológica de Pontevedra a fines del siglo XIX (Arquivo do Museo de Pontevedra).


Pero lo más importante para la historiografía de la arqueología gallega es que entidades como la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, al igual que el Centre Excursionista de Catalunya (1890) potenció la investigación arqueológica, llevando a cabo exploraciones de prospección y excavaciones en yacimientos de la provincia. En los archivos de la Sociedad, conservados en el Museo de Pontevedra, y por referencias de Filgueira Valverde, conocemos las excavaciones realizadas en las necrópolis de Tomeza y Bouza (Mourente en 1895, en Salcedo en 1897, y en castros como el de San Porfins (1896), el del Viso, San Cristóbal y Vistalegre, en Vilagarcía (1905). Así mismo se supervisaban hallazgos y restos exhumados fortuitamente como la necrópolis de Toiriz, explorada por el párroco don Francisco Tallón en 1898 (Filgueira 1948: 38-41). Estas exploraciones arqueológicas se seguirán haciendo en Galicia en los años 10-20, por eruditos y asociaciones locales, por individuos sin formación propiamente arqueológica, correspondientes de alguna de las Academias que prospectaban zonas que coincidían con sus lugares de veraneo, fundamentalmente.


En todo este trabajo de investigación, la gente del común era un convidado de piedra, un sujeto colectivo sin voluntad elevado a la categoría de objeto de estudio, de esencia de los valores espirituales y materiales de la Región. Desde la ciudad, la burguesía que elaboraba el relato histórico, organizaba expediciones que expoliaban sistemáticamente el rural con vistas a crear un Museo provincial.


En nuestra opinión, podemos hablar de una apropiación patrimonial de clase en el primer tercio del siglo XX. La alianza burguesía-hidalguía dicta lo que es bueno para el pueblo, a través de un determinado concepto de Modernidad y de Progreso. La burguesía indiana fue uno de los agentes sociales que más y mejor manejó este paternalismo hacia la cultura popular. El lobby de guardeses que se hicieron ricos en Puerto Rico fueron los capitalistas que financiaron las primeras excavaciones arqueológicas sistemáticas en la citania de Santa Trega (Pontevedra) entre 1914 y 1923. El evergetismo indiano fue el causante del propio descubrimiento del yacimiento, a raíz de la construcción de una carretera a lo alto del monte, para mejorar las prestaciones de la romería anual en honor a la santa. Las piedras celtas confieren prestigio a la élite que redime el país (Villa 2004). Un obelisco en honor a los galaico-portorriqueños fundadores de la Sociedad pro-monte Santa Tecla comparte protagonismo con la capilla. Con el capital indiano, la investigación arqueológica va a ser liderada por eruditos eclesiásticos vinculados a la citada escuela de Camposancos. A este respecto, las primeras notas publicadas se debieron a individuos como Juan Domínguez Fontela, chantre de la catedral de Ourense, Ignacio Calvo, sacerdote afecto al Cuerpo de Archiveros del Estado y miembro del Museo Arqueológico Nacional, y al jesuita Celestino García Romero. El patrimonio en manos de emigrantes, burgueses, indianos, hidalgos, frailes y curas. Los campesinos gallegos actúan de mano de obra, como figurantes y escalas humanas en las fotografías de las memorias de excavación, como buenos indígenas (Ayán 2014).


Estas clases subalternas se hallan fuera del discurso. Lo que hoy denominaríamos patrimonio era un ámbito de actuación de las clases dirigentes, una extensión material de su dominio social, un elemento más en su visión romántica y paternalista del paisaje y del paisanaje gallegos (González 2008). Desde los pazos y las residencias de verano, estas clases dirigentes se apropiaban materialmente del pasado de Galicia. Como muestra traemos tres ejemplos que no son para nada excepcionales.

 

Salvaje El regionalista y el buen salvaje. Ángel del Castillo de excusión etnográfica por Os Ancares, 1914 (Arquivo do Reino de Galicia).


El burgués de origen catalán Tomás Mirambell Mirestany construyó a comienzos del siglo XX un lujoso chalé de verano frente a la isla de Toralla, al lado de la ciudad de Vigo. La finca alberga los restos de una villa romana a mare. En la década de 1920, la familia llevó a cabo exploraciones arqueológicas en las que participaban eruditos invitados por los Mirambell a pasar las vacaciones veraniegas en la finca (Hidalgo y Costas 1982; Fernández 2003: 29, fig. 14). Entre ellos, Martín Echegaray, los arquitectos galleguistas Gómez Román y Antonio Palacios, Martín Barreiro, Manuel Sanjurjo, Salvador Alonso o Braulio Echegaray (Hidalgo 2010). Los huéspedes se llevaban a sus casas como regalo parte de los objetos encontrados. Del mismo modo que nobles y burgueses privatizaban islas (Martín Echegaray se adueñaba de la isla de Toralla, el marqués de Revilla de la isla de Sálvora, Alfonso XIII de la isla de Cortegada) también adquirían las antigüedades galaicas para formar parte de sus colecciones privadas.


Los señores y las señoras de los pazos y los curas párrocos rurales en sus casas rectorales no se quedaban atrás. Hoy en día aún se puede ver el ara en honor a la diosa Bandua Lansbricae de pie de mesa del belvedere del pazo abandonado de As Eiras, de la familia Tizón, en las proximidades del oppidum de San Cibrán de Lás (Ourense). También el visitante puede ver la colección particular de los dueños del pazo de Tor (Monforte de Lemos, Lugo) de la que forma parte un brazalete celta encontrado en un túmulo megalítico por un labrador que se lo regaló a su señora. El patrimonio de los subalternos era gestionado por la tradicional clase dirigente, aquella formada por Os señores da terra (Otero Pedrayo, 1928), incluso en aquellos casos en que se luchaba desde la hidalguía por el bien público.

Figura 4

Florentino López Cuevillas y Vicente Risco en la citania de San Cibrán de Lás, en los años 1920 (Arquivo do Museo de Ourense).


Este fue el caso del médico José López Suárez, Xan de Forcados, administrador de los bienes de la casa de Alba en la provincia de Lugo quien desde su pazo de Lamaquebrada se convirtió en uno de los principales defensores del patrimonio histórico de Galicia del siglo XX (Fandiño, 2004). Gracias a sus contactos, gran parte de la élite intelectual gallega pudo disfrutar de becas de la Junta de Ampliación de Estudios en las décadas de 1920 y 1930. Así mismo contribuyó a la realización de campañas arqueológicas en el marco de la labor hecha por la Comisión de Estudios en Galicia. Gracias a él se preservó la propia muralla de Lugo (hoy Patrimonio de la Humanidad), que estuvo a punto de ser desmantelada en la dictadura de Primo de Rivera. Legó gran parte de su colección particular de antigüedades a instituciones como la Diputación de Lugo o el Museo de Pontevedra. En su O Saviñao local actuó como un cacique bueno, financiando obras públicas, carreteras, campos de la fiesta y demás infraestructuras.


Tanto el expolio, como la destrucción o la protección del patrimonio arqueológico fueron ámbitos de actuación propios de las clases dirigentes a lo largo de todo el siglo XX. En nuestra opinión, el franquismo no hizo más que consolidar este modelo patrimonial, condicionando de hecho cualquier tipo de enfoque social en la Arqueología gallega hasta la transición democrática. Como hemos planteado en otras ocasiones (Ayán y Gago 2012), el galleguismo cultural y político contribuyó a sentar unas claras lindes patrimoniales (reales y simbólicas), dejando al campesinado literalmente fuera del mundo de los monumentos y los yacimientos arqueológicos.

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Entre los BICS y el 1 % cultural: parques y aulas arqueológicas como revulsivos turísticos 

La principal intuición de San Francisco de Asís radica en tener fe en la evolución colectiva y creer en una iglesia dinámica capaz de ir restaurando esperanzas poco a poco. Debemos encontrar en el ejemplo de San Francisco de Asís una referencia de futuro que permita reeditar en el siglo XXI la renovación de la sociedad que él siempre predicó en su trayectoria.

Alberto Núñez Feijoo, 15 de mayo de 2013.

                   


En el tardofranquismo y durante estos treinta años de autonomía ha sido la Administración la dueña y señora de la gestión del patrimonio arqueológico gallego. La figura de Manuel Fraga Iribarne dio continuidad en nuestro país a la visión folklorizante y turística de Galicia que venía de la década de 1960. Un nacionalcatolicismo de nuevo cuño encontró en los años Xacobeos la herramienta perfecta para supeditar el patrimonio arqueológico a las necesidades impuestas por el Turismo (Ayán en prensa). Cuando hablamos de nacionalcatolicismo nos referimos a la rapidez de la Xunta de Galicia a la hora de ofrecerse para reconstruir el carbonizado santuario da Nosa Señora da Barca (Muxía), su entrega a la campaña Tu Catedral te necesita o su apoyo económico al 800 aniversario de la visita de San Francisco de Asís a Compostela (evento declarado Acontecimiento excepcional de interés público) (vid supra). En este contexto, el Consorcio del casco histórico de Santiago va a restaurar con fondos públicos el Hotel-Monumento de San Francisco y la estatua dedicada al santo. La Dirección Xeral de Turismo se ha volcado con este año franciscano.


Como vemos, sólo su trasfondo religioso o su papel de recurso turístico salva en contadas ocasiones los monumentos y los yacimientos arqueológicos en Galicia. En el resto de casos, la depredación urbanística y la peculiar economía política gallega se bastan por sí solas para marginalizar, invisibilizar y destruir el patrimonio arqueológico gallego.


A este respecto, la realidad del presente obedece a un modelo establecido décadas atrás. El caciquismo imperante y la especulación urbanística son dos caras de la misma moneda, son los dos pilares en los que se asienta la corrupción generalizada en la clase política gallega. El control cada vez más riguroso sobre los fondos europeos, la crisis económica y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y de la construcción ha llevado a este sistema de corruptelas a diversificar la oferta y buscar nuevos nichos de negocio. Dos recientes ejemplos nos servirán para ilustrar esta realidad.


Figura 5Visita oficial del presidente de Galicia al PACC de San Cibrán de Lás el 5 de marzo de 2014 (fot. de B. Lorenzo, Faro de Vigo).


En 2014 se inauguró, por fin, el Parque Arqueológico de la Cultura Castreña (PACC) en San Cibrán de Lás (Punxín, San Amaro, Ourense). Como en el caso del Parque Arqueológico del Arte Rupestre (Campolameiro, Pontevedra), la gestión de estas dos infraestructuras recayó en una empresa (Espiral Xestión Cultural) propiedad de familiares directos de cargos del Partido Popular de Galicia. La adjudicación, sin concurso público, asciende a 1.2 millones de euros (Leyenda 2014). Esto sí que es poner en valor el patrimonio… de algunos.


Hasta hace muy poco el patrimonio era visto como un estorbo por las promotoras gallegas. Este enfoque era asumido por un gran número de alcaldes, alcaldesas, concejales y concejalas. La crisis cambió las tornas y ante el descenso del volumen de negocio, las constructoras se han visto obligadas a postularse para proyectos de puesta en valor del patrimonio. Así se explica que en 2013 las grandes intervenciones arqueológicas en Galicia, como las del castillo de A Rocha o el castro de Elviña se hallasen en manos de constructoras. A la hora de escribir estas líneas (febrero de 2014), una nueva operación anticorrupción (la Operación Patos) comienza a desvelar los secretos de una trama en la que constructoras compraban a políticos locales para ganar proyectos de puesta en valor del patrimonio, de jardinería, césped de campos de fútbol e ingenios gimnásticos para jubilados en parques rururbanos de Galicia. La constructora Eiriña y el ayuntamiento de Santiago de Compostela, agentes implicados en la excavación arqueológica de A Rocha Forte, están siendo investigados.


Infraestructuras como el PACC de San Cibrán de Lás y proyectos arqueológicos como los del castro de Elviña o el del castillo de A Rocha encuentran su razón de ser en la captación de recursos foráneos (el maná de 1% cultural del Ministerio de Fomento o fondos europeos) para incentivar la consolidación de recursos turísticos. Así definió el presidente de Galicia, Núñez Feijoo, el PACC en su visita oficial: un revulsivo turístico1.
Figura 6

Rías Baixas, década de 1990: autonomía, política, turismo, contrabando y narcotráfico (fuente: El País).


En todo este engranaje, la generación de conocimiento es lo de menos y el papel concedido a las comunidades locales es el de ser entes mudos y no ciudadanos. Siempre que se han levantado aulas didácticas y centros de interpretación en Galicia, las administraciones nunca han contado ni siquiera con la opinión de los vecinos. Este dirigismo en la gestión del patrimonio es consecuencia directa del autoritarismo que sigue vigente en la política gallega desde el tardofranquismo. La democracia lo único que hizo fue perpetuar un sistema de modernización simple caracterizado por la ausencia de planificación, por el autoritarismo político, por la optimización electoral, por la primacía de intereses personales frente a colectivos, por el fomento de beneficios a corto plazo, por la desvertebración territorial y por la dependencia de intereses económicos foráneos (Barreiro 2013: 147-8).


A comienzos del siglo XX, la burguesía y la hidalguía se apropiaban del patrimonio porque les confería un cierto valor de prestigio. Una crátera romana de la villa de Toralla en un domicilio particular algo decía sobre la sensibilidad y la cultura de su propietario. A comienzos del siglo XXI, la clase política y la plutocracia gallega se apropian del patrimonio como un recurso más, sino les queda más remedio. También los narcotraficantes de las Rías Baixas compran y levantan residencias con forma de fortaleza medieval o quinta portuguesa (Santos 2014). Estos narcopazos se enmarcan en la misma tónica que las recreaciones históricas de los castillos gallegos en la década de 1960 y de los paradores nacionales. Estos narcopazos (al lado de los yates) son todo un símbolo del proceso de patrimonialización desencadenado por las élites dirigentes de Galicia. El propio presidente Suárez llegó a veranear en la torre de la finca Atlántida en la península de O Grove. Este veraneo confirió pedigree a la zona y contribuyó al boom urbanístico de la costa, llevándose por delante yacimientos arqueológicos como gran parte de A Lanzada (Ayán et al. 2010a; Rodríguez et al. 2011).

 

 

Figura 7Arqueología Pública en A Lanzada en la década de 1970. Visita guiada a las excavaciones, bajo la amenaza de la inminente destrucción de parte del área arqueológica por el crecimiento urbanístico (Rodríguez 2010).

 


Desde 1936, tanto los prebostes franquistas como los políticos demócratas consideraron y consideran este país (y su patrimonio) como una inmensa embarcación de recreo.

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De movida con plataformas: la irrupción de la arqueología social de salvamento 

Como se verá a actuación xorde a partir de inquedanzas polo seu patrimonio dun grupo de veciños de Pontedeume e Miño. É dicir, trátase dunha iniciativa xurdida dende a sociedade mesma, o que xunto a outras moitas propostas deste tipo que están a desenvolverse nos últimos anos cuestionan axiomas que os arqueólogos, e outros profesionais vinculados á conservación dos bens culturais escoitamos decotío e que normalmente tratan de xustificar a falta de atención ou de inversión dos poderes públicos neste ámbito aseverando que á xente non lle interesan estas cousas.

(Méndez et al. 2011: 184).

 

En el contexto de la lucha obrera del tardofranquismo, el ayuntamiento de Fene, parte esencial del hinterland de la ciudad de Ferrol, fue el escenario de un pionero proyecto de protección patrimonial surgido desde la propia sociedad civil, con motivo de la destrucción del castro de Cardoeiro o Perlío, consecuencia de la construcción del puente de As Pías. El arrasamiento de este sitio arqueológico es un ejemplo pionero de la dinámica seguida en la costa gallega en relación al patrimonio hasta nuestros días. De yacimientos como el castro das Pías apenas queda una ficha patrimonial señalando su desaparición y referencias orales a hallazgos en superficie. Sin embargo, la memoria colectiva preservó el recuerdo de actitudes que buscaban modelos alternativos para la protección y difusión del patrimonio. Citaremos a continuación un reciente texto publicado por Xosé Manuel Galdo en su blog (2012):


Somos xa poucos os nativos de Perlío que podemos reconstruír desde os recordos da mocidade, como era a realidade orixinaria da nosa fisonomía territorial polo bordo litoral do noroeste da parroquia […] Esta fronte litoral á ría, tiña o encanto que achega esa veciñanza permanente do mar coa terra, a frescura do seu predominante verde boscoso, asucado de senllas sinuosas sobre unha pronunciada orografía onde se localizaban as ”pías megalíticas” determinantes do seu topónimo, que ademais, achegaban un fulgor de maxia pola súa connotación coa espiritualidade castrexa. Sen paixón narrativa, hei de dicir que era unha contorna suxestiva un lugar que pola súa beleza, até resultaba gratificante perderse adrede.


Para o lector, por concreción de emprazamento, dicir, que As Pías, era unha franxa contigua á ribeira fenense da ría, que polo Leste, formaba un continuo litoral con O Regueiro hoxe desaparecido baixo o recheo de San Valentín, para crebar dirección Sur, e proseguir o seu encontro coa Ostreira actualmente dormente baixo terreos de Navantia. Na súa elevación prominente empolicábase o arquitectónicamente emblemático chalé de As Pías, que fose estancia estival de José María González Llanos, fundador de ASTANO e posteriormente, residencia habitual da familia Beceiro Ballester, xente entrañable e moi apreciada pola miña banda. Aquelas “pías megalíticas” baleiradas directamente sobre os penedos sobresalientes no lugar, no meu recordo, débil pola temperá idade e o paso do tempo, aínda así e a todo, teño presente que seus ocos ademais de distinta profundidade, tiñan unha tipoloxía xeométrica variada, elípticas unhas, rectangulares outras, e unha por única, centraba a atención pola súa forma de pirámide investida, que nós dabamos en chamar o funil. A distribución heteroxénea e a súa profusión reiterada pola ladeira litoral desta necrópole celta era a característica deste enclave, que por afinidade apuntaba vinculación co castro de Cardoeiro, localización próxima, anexo á igrexa de Perlío, que tamén fora desmontado parcialmente daquela para recheo do estaleiro.


Na excavación deste enclave castrexo en épocas onde a protección destes xacementos era inexistente, é obrigado recoñecer a sensibilidade demostrada polo acreditado profesor don Emilio Marín, quen «de motu propio» baixo tolerancia dos promotores, erixiuse en coordinador á fronte dun nutrido grupo de estudantes, que baixo a súa dirección, recollemos un importante referente dos restos arqueolóxicos existentes para o seu rescate e catalogación.


Na década dos 60 aquela necrópole prehistórica, pola acción das excavadoras e o transporte dos camións, pasou a formar parte do leito mariño da ría e agora xace baixo os talleres de Astano, e toda esa entrega, ese sacrificio, todo esa renuncia ao noso patrimonio histórico e ao noso medio ambiente natural, ao final, deu de si o cruel resultado dun estaleiro infrautilizado e inactivo, polo visto, aquel desmonte cambiou de localización, pero non perdeu a súa condición de necrópole.

 

En este hermoso texto vemos reflejado un recuerdo de juventud de un ciudadano concienciado que hace su propia valoración arqueológica de los restos encontrados en el difunto castro de A Pías [Figura 8]. Es cierto que no se trataba de ninguna necrópolis ni de pías megalíticas prehistóricas, pero no desmerece la historia que nos cuenta: un maestro heroico intenta recuperar lo que se pueda con la ayuda de sus alumnos, en plena dictadura desarrollista.

Figura 8

 Labores de desmonte en la zona del castro de Perlío en 1969 (Galdo 2010).

 

Contamos, a su vez, con otra versión de la historia en un documento colgado en la Red (Aguilar 2008). En estas breves notas encontramos nuevos datos sobre este pionero proyecto de Arqueología de Urgencia:

Hace años que se descubrió en el yacimiento cerámica neolítica, con motivo de unos desmontes efectuados por la antigua Astano (hoy Navantia) para llevar el arcilloso del montículo a la cercana marisma, con el objeto de ganar al mar espacio para la construcción de nuevos talleres. Era un mes de abril de 1969 cuando un grupo de niños al servicio del grupo 326 de la llamada Misión Rescate de Radio Nacional de España, dieron la señal de alarma -Manuel Fernández y Santiago Martínez- al ver que una potente excavadora metía su enorme cazo en el Castro. Ni un solo vaso, ni un ánfora, ni una urna cineraria pudieron salvarse, íntegros, ni una sola vasija pudo recomponerse. De entre el fango, enfangándose los niños solamente pudieron rescatar algunos restos, de trozos de vasija pequeña con una decoración elemental, con líneas zizzagueantes, con espacios angulares profundamente pinchados o con espigados alternos, como es corriente en los distintos yacimientos de la cultura ‘cástrese’ hallados en la región. Cabe hablar también por separado del hallazgo de varios trozos de un plato circular de arcilla amarillenta, con una decoración de una banda de incisiones curvas y paralelas. Este ejemplar extraído en el castro de Perlío, parcialmente reconstruido, debe estar en la real Academia de Bellas Artes, si no se ha extraviado. Aunque los habitantes de los castros debían conocer la cultura del bronce, no tenemos noticia alguna de la aparición de restos metálicos de armas o utensilios.

 

Esta historia de las Pías que vencieron a Franco, la destrucción del castro de Cardoeiro ejemplifica el modelo de gestión del patrimonio arqueológico vigente en Galicia durante décadas. La épica protagonizada por los niños y niñas de la Misión Rescate de Fene no tuvo apenas continuidad en Galicia. El modelo colonial y depredador de la dictadura seguía vigente. Un modelo que daba lugar a situaciones estrambóticas: declaración del castro de Elviña (A Coruña) como Monumento Nacional para acto seguido plantar una torre de alta tensión en pleno yacimiento; inventario y catalogación de puentes e iglesias que al poco tiempo son anegadas por los embalses del franquismo; destrucción sistemática de edificios modernistas en contextos urbanos, como el edificio Castromil de Santiago de Compostela para habilitar una plaza que es un auténtico monumento al hormigón; destrucción sistemática de yacimientos del litoral en aras del turismo estival…

 

Lamentablemente, en la segunda mitad del siglo XX no existió una Sociedad Arqueológica que intentase evitar el impacto crítico de esta segunda oleada modernizadora. Únicamente eruditos e intelectuales tolerados por el Régimen (Xesús Ferro Couselo, Manuel Chamoso Lamas, p.e.) eran quien de convencer a las autoridades para aminorar los efectos del expolio, como así ocurrió en la década de 1950 en el castro de San Cibrán de Lás que estaba siendo saqueado con el objeto de extraer piedra para el acondicionamiento de calles en O Carballiño.


Si en las décadas de 1970 y 1980 los Museos provinciales poco podían decir o hacer en el contexto de las obras públicas, menos capacidad de acción tenía todavía los movimientos sociales de base. En esa época la resistencia popular se centró más que nada en la lucha contra los últimos embalses y la apertura de infraestructuras (como la Autopista del Atlántico) o en la denuncia de empresas contaminantes como Celulosas de Pontevedra (Lanero 2013). La democracia abrió el grifo para la protesta social, condenada anteriormente. Sin embargo, el patrimonio cultural nunca aparecía como objeto de reclamación de estos movimientos de base. A nuestro modo de ver, el elitismo del galleguismo cultural y político tuvo bastante que ver en esta actitud colectiva.


El desarrollo de la autonomía y la configuración de un nuevo marco legal conllevaron el surgimiento de un mercado laboral en Arqueología, la profesionalización de la Arqueología de gestión y la burocratización del control arqueológico de las obras públicas. Se levantaba así una nueva linde entre la sociedad y las comunidades locales por un lado, y la Ciencia y las administraciones por otro (Ayán y Gago 2012). Nuestra propia experiencia en este ámbito nos permite analizar esa realidad de las décadas de 1990 y 2000. En los años 90 la construcción de autovías, gasoductos y oleoductos fueron un marco de actuación en el que las comunidades locales únicamente entraban en juego para ser expropiadas. En ningún caso que conozcamos el patrimonio arqueológico fue un recurso utilizado por los propietarios en la negociación de esas expropiaciones. Una vez alcanzados o impuestos los acuerdos, lo que pasaba dentro del tramo vallado era cosa de los burócratas y los técnicos. El hermetismo, la invisibilización y la confidencialidad fueron y son desde entonces las cartas de presentación de esta Arqueología de Urgencia.


A mediados-finales de la década de 1990 emergió una nueva problemática inédita que afectaba de lleno a la ordenación del territorio, la preservación del medio ambiente y el patrimonio cultural de Galicia: la implantación de parques eólicos en sierras prelitorales y montañas del interior, todas ellas espacios naturales de gran valor. El Plan Eólico de Galicia obligaba a la comunidad arqueológica a darse de bruces con dos cuestiones espinosas y conflictivas: por un lado, la mayor parte de la Academia veía con malos ojos la integración de la Arqueología universitaria en el marco del control de las obras públicas (no se consideraba investigación… volveremos sobre ello más adelante); por otro lado, algunas organizaciones políticas y movimientos ecologistas se enfrentaban a la política energética que daba lugar a los parques eólicos. Ética, moral, corporativismo, activismo o mero trabajo técnico, eran algunas de las cuestiones y dilemas que presentaba la arqueología en ese contexto de modernización (Barreiro 1997, 2000; Criado et al. 2000).


Esta Arqueología implicada en las obras públicas, al menos la desarrollada desde instancias académicas, siempre tuvo como objetivo la divulgación científica de los resultados de estos trabajos de control. No obstante ahí acababa lo que se conoce como divulgación y difusión. La década de 2000 va a suponer un segundo estadio en este proceso. Asociaciones comienzan a reivindicar el uso público del conocimiento generado por intervenciones financiadas con el dinero de todos. Esta realidad se pudo constatar de lleno en el Programa de Control y Corrección de Impacto Arqueológico de la Autopista Santiago-Dozón (2001-2002) (Prieto y Criado 2010) o en el del Corredor de O Morrazo (2003-2004) (Criado y Cabrejas 2005). Este último caso es paradigmático en este sentido. El trazado afectó de lleno la propiedad de la finca de Montealegre (aquella en la que Losada Diéguez había hecho excavaciones en los años 20). El trato que la administración fraguista dispensó a esta familia hidalga poco tuvo que ver con otros conflictos más populares generados por el trazado. En contra de ese modo tradicional de hacer las cosas, emergió de nuevo una demanda social que en O Morrazo se remontaba a la década de 1970. Vecinos y aficionados habían colaborado entonces en excavaciones arqueológicas, formaban parte del Grupo de colaboradores García Alén del Museo de Pontevedra, etc… Si bien la profesionalización de la Arqueología los había echado al otro lado de la linde, ello no significaba que no tuviesen derecho a conocer lo que pasaba con su patrimonio. Aquel proyecto conllevó un programa de difusión y divulgación con visitas guiadas a las excavaciones, ciclos de conferencias, exposiciones temporales y publicaciones de alta divulgación de los resultados (Aboal y Castro 2006).


De todos modos, esta experiencia ha seguido siendo excepcional en el contexto gallego. En la última década se ha agudizado el conflicto. Por un lado, las administraciones siguen manejando un acérrimo hermetismo en lo tocante a las obras públicas y, por otro lado, las asociaciones culturales se rebelan contra esta política oscurantista del poder. Este ha sido el caldo de cultivo en el que han germinado plataformas por todo el país a comienzos de esta nueva década. A diferencia de lo que pasaba a fines de los años 70, en los que los movimientos tenían un claro signo político, ahora nos encontramos con plataformas reales y virtuales que consiguen aglutinar ciudadanos y ciudadanas al margen de credos políticos.

 

Como muestra de este proceso de patrimonialización analizaremos el caso de la necrópolis de Ventosiños (Coeses, Lugo) documentada en el marco de la construcción de la autovía Lugo-Santiago (A-54). Sin duda, constituye un auténtico hito fundacional en lo que podemos denominar el surgimiento de una Arqueología social de salvamento en Galicia, con sus luces y sus sombras. En el caso Coeses confluyen diferentes actitudes. Por un lado, la política dirigista de las administraciones (estatal y autonómica), cómodamente asentadas en el discurso tecnocrático, al margen de cualquier polémica que tenga un mínimo de proyección social. La obra debe continuar su curso por los derroteros burocráticos. Por otro lado, los trabajos arqueológicos son realizados por una empresa, Arqueoloxía do NW, con amplia experiencia en estas lides y lindes en Galicia. La política de esta empresa de arqueología ha sido siempre la misma (ya sea aquí, en Castrelo, Laxe, A Coruña, o en el castro de O Cociñadoiro, A Coruña): ejecución técnica de los trabajos, control absoluto de la información y divulgación de los resultados en congresos y publicaciones científicas (Piay 2014). Esta línea empresarial es perfectamente legítima ya que se adecúa al marco legal vigente. Las administraciones no obligan a los arqueólogos a divulgar en tiempo real su trabajo, ni a abrir los yacimientos al público ni a dar conferencias a los vecinos.


Este doble hermetismo contribuye a que cunda la desinformación, a que se incrementen las suspicacias y a que se genere un notable descontento social. El activismo cultural a través de las redes sociales fue un catalizador para la creación de un estado de opinión que comenzó a generar la idea de un atropello histórico (Uz 2013) y que culminó en la creación de la plataforma Salvemos o xacemento de Coeses formada por Lugo Patrimonio, Mariña Patrimonio, Cultura do País, Amigos do Patrimonio de Castroverde y ADEGA (Varela 2013). Esta dinámica es la que está dando lugar en Galicia a otras plataformas como la recién creada Plataforma en Defensa do Castelo de Monterrei a través de la cual la ciudadanía reivindica su papel a la hora de adoptar decisiones técnicas sobre la rehabilitación, destrucción y/o puesta en valor de bienes patrimoniales.

Figura 9

Campaña en defensa del yacimiento de Coeses (Fuente: www.culturadopais.blogaliza.org).

 

Desde un punto de vista técnico, cualquier profesional se da cuenta de que el control de impacto arqueológico de la autovía Lugo-Santiago se ha llevado a cabo de acuerdo con los protocolos de actuación. Al pasar el trazado cerca de un castro se establece una cautela arqueológica. La supervisión de la zona permite documentar un área arqueológica desconocida hasta el momento. El impacto crítico que supone la obra sólo se puede compensar de dos maneras: o desviando el trazado (algo muy difícil en una autovía, pero que aquí se ha propuesto ya dos veces) o llevando a cabo una meticulosa excavación en área. Lógicamente un yacimiento constituido por estructuras en negativo no se puede musealizar en condiciones. Esta secuencia operativa es correcta y es algo que desconoce gran parte de los implicados en esta plataforma. ¿Por qué? Porque la Administración, la Academia y la arqueología profesional siguen empeñadas en un control absurdo de la información y en una falta total de transparencia. El vacío dejado por la Arqueología es cubierto en las redes sociales por discursos que en muchos casos carecen de validez científica. De este modo, podemos consultar blogs, páginas webs y grupos de facebook en los que se defienden hipótesis de lo más variopinto sobre Coeses. A pesar de su inconsistencia, este trabajo de divulgación ha generado una serie de tópicos, prejuicios e ideas que son ya de uso común. Este relato es el que moviliza a parte de la ciudadanía y la lleva a reclamar y defender posturas que carecen de viabilidad técnica alguna y menos de fundamentación científica.

 

Figura 10Campaña en defensa del yacimiento de Coeses (Fuente: www.culturadopais.blogaliza.org).


El escapismo de la Arqueología profesional ha dado lugar a toda una deserción social con respecto a la Arqueología oficial hasta el punto de radicalizar la práctica reivindicativa. El joven arqueólogo director de la intervención paga los platos rotos por la Xunta, Fomento y el ocultista empresario arqueológico. Sufre presiones y coacciones de todo tipo por cuestiones que nada tienen que ver con su capacitación como técnico. Este es el precio que se paga por el modelo de gestión arqueológico que venimos denunciando.


Hace poco, una activa asociación cultural quería diseñar y publicar unos trípticos sobre los castros de su comarca. Los socios y socias hicieron un trabajo encomiable a la hora de visitar y registrar yacimientos. Al solicitar nuestra colaboración, les comentamos que podíamos echarles una mano a la hora de llevar la valoración arqueológica de los sitios que habían documentado, ya que no todos esos recintos fortificados eran castros. Los miembros de la asociación consideraron que eso ya lo hacían ellos.


Esta es la situación actual. Para evitar esta deserción hemos reclamado hace nada ir más allá de la Arqueología Pública (Ayán et al 2010) y desde otros ámbitos de la Academia se ha reivindicado una Arqueología más inclusiva (Ruiz Zapatero 2013). Pero parece que ya es demasiado tarde. Las plataformas y asociaciones actúan como comunidades autónomas que se han independizado de la Arqueología oficial. Y no son los únicos agentes sociales que lo han hecho.


Para cerrar este apartado queremos mencionar otro proceso de patrimonialización surgido desde abajo ante la indefinición legal, la invisibilización patrimonial y el pasotismo de la Arqueología académica y de la clase política. Nos referimos a la arqueología y la memoria histórica. Asociaciones, fundaciones y particulares van a impulsar en Galicia iniciativas arqueológicas centradas sobre todo en la exhumación de represaliados del franquismo. Las demandas de ciudadanos gallegos han sido atendidas mayoritariamente por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), la Comisión pola recuperación da Memoria Histórica de A Coruña y el Instituto de Estudios Miñoranos. Esta última entidad ha desarrollado todo un programa de verdadera Arqueología pública a escala comarcal (Vilar y Méixome 2003; Méixome 2012).


Esta es la situación en Galicia a día de hoy. La arqueología de la guerra civil española está en manos de unos pocos arqueólogos locales y foráneos que colaboran con asociaciones de recuperación de la memoria. La Arqueología académica ni está ni se le espera. Existe una falta de entendimiento o incomprensión entre ambos ámbitos, como se pudo comprobar en la mesa redonda con que finalizó el VII Congreso de Investigadores sobre el franquismo celebrado en Santiago de Compostela en noviembre de 2009. La intervención de Emilio Silva, cofundador de la ARMH, dio pie a críticas encendidas de historiadores profesionales que llegaron a rechazar en público el hecho de que la sociedad marcase la agenda de la investigación. Este es el argumento esgrimido por los profesionales opuestos a la Arqueología Pública en Galicia, como veremos más abajo.

Figura 11
Exhumación de guerrilleros en el atrio de la iglesia parroquial de Teilán (Bóveda, Lugo) en septiembre de 2012. ARMH. (Fot. de Rachel Ceasar).


Mientras se dan estos conflictos entre ciencia y sociedad, mientras el gobierno y el parlamento autonómicos miran para otro lado, mientras se mantiene en el cajón un nuevo proyecto de Ley de Patrimonio Cultural de Galicia, la cultura material de la guerra civil desaparece por el desdén de las administraciones, la especulación urbanística y los intereses espúrios de empresas y particulares. Como en el caso de los castros y los petroglifos, surgen organizaciones de ciudadanos para defender los vestigios de la guerra y la represión, incluso al margen de cualquier compromiso político. En esta línea acaba de crearse la Asociación pola Defensa do patrimonio histórico-militar de Galicia. Muy activa en las redes sociales como también es el caso del colectivo Acción Directa de Recuperación de Espazos Públicos. Ambas entidades han desarrollado actividades de socialización como la limpieza con voluntariado de baterías de costa abandonadas2 o la búsqueda de información sobre elementos patrimoniales desaparecidos3.

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Isto é noso: la gobernanza patrimonial local como práctica de autodefensa 

España es un país de agricultura, cuya riqueza está en el campo y en el campo viven sus mejores hombres, los que atesoran las cualidades humanas más altas. Las virtudes de la raza son virtudes campesinas. La caballerosidad,la conducta sobria, la resignación, los ímpetus heroicos se alumbran en cualquier páramo… Por otra parte, grandes zonas campesinas se mantienen libres de cualquier lacra.

J. C. Vilacorra, verticalista pontevedrés, 1946 ; . en Santidrián 2013: 108-9).

 

Alguén dixo que a Illa era para os lagartos, pero na illa hai lendas nas que os lagartos comen as víboras.

Pancarta en una manifestación de los ex colonos de la isla de Ons en 2011.

 


La prolífica escuela de Historia Agraria de la Universidad de Santiago de Compostela lleva años estudiando la historia contemporánea del campesinado gallego, sus relaciones con el poder y sus estrategias de consentimiento, resistencia y supervivencia (Boquete 2000; Fernández y Sabucedo 2004; Cabana 2006, 2013; Lanero 2013; Santidrián 2013). Esta investigación transdisciplinar permite considerar los grupos rurales gallegos no sólo como clases subalternas (Ayán 2014) sino como entes activos con voluntad política per se. En este sentido se revierte la visión sumisa e idealizada tan grata a la dictadura, sobre todo en la etapa más fascistoide del régimen.


Dentro de la España franquista, los Planes de colonización se plantearon con la intención clara de intervenir en las zonas latifundistas del Estado en donde el conflicto por la propiedad de la tierra había generado una honda conflictividad social. Para el Nuevo Estado la sombra de la reforma agraria de la IIª República era muy alargada. Contra ese modelo, la colonización se vio como el mecanismo para incrementar la productividad y mejorar las condiciones de vida del campesinado sin tierra. Así se explica que los grandes proyectos colonizadores se desarrollasen en la mitad sur peninsular (Plan Jaén, Plan Badajoz, p.e.) mientras que en el norte atlántico y minifundista no se establecieron colonos, salvo en el caso excepcional del NW. En ocasiones, la necesidad de reubicar a poblaciones expulsadas de sus casas por la construcción de embalses fue la causa para generar poblados ex novo como Portomarín (Lugo) o Posada del Bierzo (León). Sin embargo, la región también sirvió de marco para cuatro experiencias colonizadoras: la red de irrigación de la Terra de Lemos, la desecación de la laguna de Antela (A Limia, Ourense) (Zapata 1967; Martínez Carneiro 1997; Fernández Soto et al. 2011), la repoblación de la isla de Ons (Pontevedra) (Dabezies y Ballesteros 2013) y la colonización de A Terra Cha (Lugo (Cardesín 1987, Cabana 2008).

Figura 12

Proyección en la parroquia de Cereixa (A Pobra de Brollón, Lugo) por responsables del INC encargados del proyecto de irrigación de la Terra de Lemos (década de 1960).


Este último proceso en A Terra Cha (1954-1973) fue el único caso real en Galicia que conllevó la instalación efectiva de poblaciones; tras la previa expropiación forzosa de 2.800 Ha de monte comunal pertenecientes a parroquias de los ayuntamientos de Cospeito y Castro de Rei, 189 familias de colonos fueron reasentadas en cuatro Centros Cívico Cooperativos de nueva planta (Cardesín 1987). El impacto de esta política colonizadora en el paisaje rural tradicional fue parejo al generado por otras iniciativas totalitarias como la construcción de grandes embalses. La colonización, junto con la repoblación forestal y la concentración parcelaria, fueron iniciativas modernizadoras que levantaron la oposición de las comunidades locales, privadas de sus derechos históricos y obligadas a abandonar sus prácticas participativas y comunitarias (Cabana 2008). La colonización buscó la capitalización del rural y su incardinación en la lógica de mercado capitalista, pero se encontró de lleno con el proceso de desarticulación de las comunidades campesinas de la zona a partir de la década de 1960 (especialización ganadera, abandono del campo, emigración, envejecimiento).


La Terra Cha tuvo que ser colonizada con contingentes foráneos, procedentes incluso del Norte de Marruecos, ante el rechazo mostrado por la población local. El campesinado gallego, desde la instalación del Estado liberal, articuló estrategias de resistencia contra aquellas medidas gubernamentales que suponían una merma en sus derechos consuetudinarios, en la explotación colectiva de sus bienes comunitarios. La lucha por la devolución de los montes en mano común4 es un hito en este proceso de resistencia campesina en Galicia, contra el que nada tuvo que hacer la propia dictadura (GEPC 2006; Freire 2011, 2012). La imagen tópica de las mujeres enfrentándose a los guardias civiles durante los procesos de expropiación no es una estampa etnográfica que nos ponga en la pista de la posible existencia de un matriarcado gallego, sino el ejemplo más preclaro de la utilización de las armas del débil, verdaderas estrategias del arte de no ser gobernados (Scott 2009), un arte que hace uso del sabotaje, la falsa ignorancia o la exposición ante el sistema represivo de los más débiles de la comunidad.


El Estado español, ya fuese el liberal, el fascista o el democrático, si que sin reconocer la parroquia como entidad jurídica, nada más y nada menos que el referente identitario por antonomasia de la gens galaica. El Estado y la Xunta siguen actuando con paternalismo hacia un rural envejecido que sólo interesa como nicho de votos. A cambio, la clase política concede actividades lúdicas como las festas dos maiores, las sesiones de gimnasia o los talleres de memoria. Lo que los dirigentes no acaban de comprender es que los paganos del rural tienen mucha memoria, y ésta se ha convertido en un activo en el siglo XXI.


Figura 13Área arqueológica de Monte Lobeira (Vilanova de Arousa, Pontevedra), propiedad de la Comunidad de Montes de András.


Antes, las parroquias se unían para luchar por el monte vecinal, para negociar unos mejores ingresos con la repoblación forestal o los parques eólicos, para captar de ayuntamientos y diputaciones infraestructuras y subvenciones. Ahora, cuando ya nada se espera del poder establecido, con las instituciones saqueadas por la crisis y la corrupción, las comunidades locales autogestionan su presente, su futuro… y su pasado.


En estas coordenadas cabe encuadrar el proceso de empoderamiento patrimonial desencadenado en las comunidades locales de Galicia. El patrimonio medioambiental y arqueológico emerge como un recurso más dentro de la economía política de las parroquias, las asociaciones y las comunidades de montes [Figura 13]. Así se puede comprobar en recientes movimientos de protesta como los protagonizados por los comuneros de Cabral (Vigo) en contra de la instalación del macrocentro comercial Porto Cabral (Franco 2013) (Santiago y Quintía 2011) o por los comuneros de Salcedo, Lourizán y San Xulián a favor del uso racional, la puesta en valor de los montes comunales y la creación de un espacio natural y arqueológico (Santiago y Quintía 2011). Así mismo, asociaciones vecinales y diferentes comunidades de montes de todo el país se han convertido en promotores de proyectos de puesta en valor de su propio patrimonio. Buenos ejemplos de esta dinámica son el proyecto de conservación y puesta en valor del área arqueológica de A Cabeciña (Mougás, Oia, Pontevedra) financiado por los comuneros de Mougás (Varela et al. 2013), el proyecto de Torre dos Mouros-Castro de Mallo (Gago et al. en prensa) o el proyecto del castro de As Croas de Niñóns (Ponteceso, A Coruña) promovido por la asociación A Nosa Señora do Faro de Niñóns, Brántuas e Os Anxos (Ayán 2014: 131-4).


Como bien han señalado las compañeras responsables del proyecto de A Cabeciña, la cuarta parte del territorio gallego, más de 700.000 Ha se corresponden a monte vecinal en propiedad comunal, gestionado por 2.800 comunidades de montes; esto viene a demostrar que esta figura no sólo tiene importancia como señal de identidad y de la cultura de nuestro país, sino también como indicador económico y productivo (Varela et al. 2013). Este proceso de patrimonialización está generando una demanda que ayuda a explicar, en parte, el impulso que la Arqueología Pública y en comunidad está viviendo en Galicia hoy en día. 

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Asco y vergüenza arqueológicas: inercias y tendencias en la Arqueología académica y profesional 

A divulgación científica, que permite á xente saber o que coñecemos e, aínda máis, o que queda por descubrir, é a única maneira de facernos comprender o mundo que nos rodea e poder xulgar criticamente o que nos din, o que é igual a ser máis libres.

Ángel Carracedo (2011).

 

Genericamente, podemos olhar a prática arqueológica a partir de três grandes niveis: o da Arqueología preventiva e de salvamento, eminentemente relacionada con processos de avaliação e de minimização de impactes decurrentes da concretização de proyectos de obra passíveis de afectação patrimonial; o da Arqueología relacionada con proyectos de valorização de sítios integrados em estratégias de protecção e de abertura ao público visitante; e o da Arqueología de investigação, por príncipio praticada em função de agendas próprias aos questionários de processos de conhecimento científico. A pesar das suas intrínsecas especificidades, todas têm (ou deveriam ter) como fundamento comum, o processo de conhecimento do passado humano assente em fontes arqueológicas e sua respectiva transmissão.

(M. Lago 2005).

 


La democracia conllevó la aparición de una Arqueología autónoma para una nueva Comunidad Autónoma. En 1981, mal que bien, se hizo realidad el gran sueño del Partido Galeguista, la consecución de un gobierno autónomo para el país, objetivo presente siempre en la práctica de la Arqueología galleguista en la preguerra y el franquismo, y al que contribuyó notablemente legitimando desde el punto de vista histórico la naturaleza de Galicia como hecho diferencial. Este nuevo marco institucional coincide con el fallecimiento de los grandes popes de la Arqueología y Etnografía gallegas, quienes a su vez dejaron todo atado y bien atado. Los Taboada, Ferro Couselo, Bouza Brey… habían ejecutado la política arqueológica en Galicia durante la dictadura, ejerciendo sus cargos vinculados a la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, institución que aprobaba –junto con la Dirección General de Bellas Artes- los sucesivos Planes de Excavaciones Arqueológicas en Galicia (Chamoso 1975: 269). Su función dentro de esta estructura jerárquica y centralizada se complementaba con el fomento de los respectivos Museos Provinciales, que definían sus planes locales de excavación y nucleaban en torno a ellos grupos de colaboradores que van a tener un protagonismo señero en la actividad arqueológica de la década de 1980. El Museo de Pontevedra o el Museo de Ourense, por ejemplo, contaban con sus propios planes de investigación y sus publicaciones especializadas, gozando de una notable autonomía dentro del sistema centralista vigente. Esta circunstancia explica que tras la muerte del general Franco, la Arqueología gallega, entendida desde el punto de vista institucional, estuviese conformada, en igualdad de condiciones, por la Sección de Arqueología e Prehistoria del IEGPS, el recién creado Museo do Pobo Galego, los cuatro Museos provinciales y el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad compostelana creado en 1979.

Figura 14Excavaciones arqueológicas en la década de 1960 en A Lanzada (Sanxenxo, Pontevedra) (Arquivo do Museo de Pontevedra).


La actividad arqueológica tanto de los Museos, como de la USC, como del IEGPS, estaba (y en parte sigue) dirigida por miembros de la generación formada en los años 60, discípulos de la Arqueología galleguista en la que se habían formado de la mano de, entre otros, F. Bouza Brey, X. Ferro Couselo o X. R. Filgueira Valverde, director del Museo de Pontevedra que sería nombrado Conselleiro de Cultura en el primer gobierno de la autonomía, presidido por F. González Albor, de Alianza Popular. Un antiguo miembro del Seminario de Estudos Galegos, escindido del Partido Galeguista en 1936, colaborador activo del franquismo, gestor en el Museo de Pontevedra del legado de Castelao, alcanzaba la dirección de la política cultural de la Comunidad Autónoma. Toda una metáfora de la historia política y cultural de Galicia en el siglo XX y todo un símbolo de la institucionalización de la vieja Arqueología galleguista.


El nuevo marco político conllevó la creación de una Dirección Xeral de Patrimonio y un Servizo de Arqueoloxía (1985) que a lo largo de la década de 1980 centró su actividad en la subvención y publicación de excavaciones arqueológicas en Galicia que eran llevadas a cabo por miembros de las entidades citadas (IEGPS, USC, y Museos). Cada una de estas instituciones tenía sus propios planes de investigación, con sus propias prioridades, por lo que la DXPC dejaba en manos de estas instituciones la investigación básica, garantizando su subvención anual y una publicación de mínimos en las series Arqueoloxía/Memorias y Arqueoloxía/Informes.


Esta Arqueología académica va a ver cómo a finales de la década de 1980 surge una nueva realidad: la creación de todo un mercado laboral en el que encuentran trabajo los licenciados universitarios formados en esa tradición investigadora. Nos referimos a la que se denominó Arqueología de Gestión, que se desarrolló plenamente en las dos décadas siguientes5. La Academia tuteló de alguna manera a estos primeros profesionales. De hecho, no es baladí que la sede de la primera y única Asociación Profesional de Arqueólogos de Galicia (1986) tuviese su sede en el Departamento de Historia I de la USC. La reacción académica a esta nueva realidad fue bastante generalizada no sólo en Galicia, sino en el conjunto del Estado.


Cuando algunos historiadores agoreros anunciaban el Final de la Historia tras la caída del Muro de Berlín ningún arqueólogo académico en su sano juicio apostaba por el final de la Arqueología ni en el Estado Español ni en Galicia. Por aquel entonces seguía funcionando una práctica arqueológica subvencionada, el café para todos, de acuerdo con un frágil equilibrio en el que cada investigador de la Universidad era financiado para llevar su campaña de verano en su yacimiento de turno. A los ojos de esta Arqueología cómoda, la aparición de una nueva demanda por la Administración, como fue la necesidad de gestionar el impacto arqueológico sobre el territorio de las grandes infraestructuras necesarias para el desarrollo del país (Autovías, Red de Gasificación, Oleoducto), era vista como un encargo para meros técnicos, y no como una posibilidad para avanzar en el conocimiento de Prehistoria y la Historia gallegas.


Para la Academia, prospectar el entorno de un castro, anticipándose a las máquinas y con cartografía de detalle en la mano proporcionada por los ingenieros de la empresa de turno, no figuraba en sus planes de desarrollo, entre otras cosas, porque no aportaba puntos ni el currículo necesario para mejorar esos emolumentos funcionariales cuantificados en trienios, quinquenios y demás. Por otro lado, en el contexto de los tradicionales y academicistas congresos galaico-minhotos, comparecer con una comunicación propia de la Arqueología de Urgencia no debía de ser muy bien visto. Desde entonces, un amplio sector de la investigación siguió viendo en la Arqueología del Paisaje y el Control de Impacto Arqueológico una estrategia perniciosa para el avance del conocimiento. La lógica se basaba en la ecuación: Arqueología de Urgencia=destrucción de yacimientos = no investigación = datos sin publicar (Acuña 2002). Esta postura es llevada al paroxismo de negar las evidencias del nuevo registro arqueológico recuperado en estos contextos, ya que se le niega validez per se, al no ser legítima la práctica arqueológica e interpretativa que lo exhuma.


A día de hoy, nadie niega en Europa la rentabilidad científica y económica de esa Arqueología de Gestión. Así lo demuestra el hecho de que aquellos jóvenes becarios y discípulos del profesorado del Departamento de Historia I de la USC que tanto denostaban el trabajo técnico que otros llevábamos a cabo a mediados y finales de los 90, han acabado todos en la década de 2000 en empresas –propias o ajenas- privadas de Arqueología cuyo volumen ingente de trabajo estaba formado por la evaluación, control y seguimiento de parques eólicos, gasoductos, autovías, canteras, etc… En estos casos, el supuesto remordimiento de conciencia se soluciona rápidamente contando como asesores científicos a los thinkers, profesores-tutores de Universidad que avalan las excavaciones de los diggers y expiden el certificado de calidad, pasando a convertirse esas intervenciones en investigación básica de pata negra, aunque se sigan sin publicar los resultados. Por aquel entonces muy pocos criticaban las condiciones de trabajo ni los fallos estructurales de ese sistema sociolaboral (Barreiro 2001, Díaz-del-Río 2000).


Galicia es un país minifundista en el que el localismo se presenta como el principal condicionante a la hora de abordar una política de país, vertebradora e inclusiva. Si ha fracasado la concentración parcelaria es fácil de entender que no haya cuajado ningún proceso aglutinador en el seno de los que se han dedicado y se dedican a la Arqueología en Galicia durante los últimos cuarenta años. El boom de la Arqueología de Gestión absorbió gran cantidad de mano de obra cualificada. El territorio gallego se convirtió en un reino de taifas virtual controlado por pequeñas empresas que llevaban a cabo los trabajos a escala local. La Arqueología urbana era un ámbito más democrático (abierto a todos) mientras los grandes proyectos de las administraciones implicaba a grupos universitarios o al puñado de grandes empresas de Arqueología que existían (y perviven) en el país.


Pero como diría Bob Dylan, Times are changin’. Los tiempos volvieron a cambiar, llegó la crisis económica y una Arqueología como la gallega habituada al continuismo se dio de bruces con una ruptura imprevista. El crack de 2008 tuvo las siguientes consecuencias (o no), para el tema que nos ocupa.


En primer lugar, no afectó para nada al sector mayoritario de la Academia, emparapetado en su torre de marfil y poco abierto a la divulgación científica aunque fuese dentro de los parámetros de la tradicional extensión universitaria. Si no se trabaja la alta divulgación, ya que el currículo académico no la incluye como producción científica (Comendador 2011: 64), no cabe esperar que desde este ámbito se trate con benevolencia la divulgación y mucho menos la socialización. En el ámbito universitario gallego, la Arqueología Pública sólo se ha desarrollado por la iniciativa particular de determinados docentes. Gracias a Alfredo González Ruibal (INCIPIT, CSIC) la Universidad de Santiago cuenta con un módulo específico en Arqueología pública6 en su Máster en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad (caso único en el Estado). Este investigador, a su vez, lidera desde Santiago un proyecto de Arqueología de la guerra civil española7 que ha apostado por la Arqueología Pública, la inclusión en las excavaciones arqueológicas de diferentes agentes (vecinos, aficionados, voluntariado, presos) y la divulgación en tiempo real en las redes sociales. Por otro lado, el impulso de la profesora Beatriz Comendador ha situado la facultad de Historia de Ourense (Universidade de Vigo) como un referente en el ámbito de la divulgación y socialización del patrimonio así como en la búsqueda de un modelo universitario renovado (Comendador 2012; 2013).


Figura 15
Celebración del Castelo de San Xoán en el castro de Castrolandín (Cuntis, Pontevedra) en 2013. La Asociación de Amigos dos Castros y la Comunidad de Montes de Castrolandín decidieron en el año 2000 recuperar el yacimiento como espacio social.Desde entonces permanece abierto al público y perfectamente cuidado. Un modelo en las antípodas del hermetismo de la Administración y la Academia, empeñadas en construir lindes (Fot. de Helena Cerviño).


En segundo lugar, la crisis, unida a una determinada voluntad política, supuso el desmantelamiento casi total de grandes grupos de investigación como el nucleado en torno al Instituto de Ciencias del Patrimonio (CSIC) de Santiago de Compostela. Esta entidad contó con una Unidad de Cultura Científica8 que desarrolló múltiples actividades de Arqueología pública y en comunidad a lo largo de los últimos diez años (González et al 2007; Otero y Vilariño 2008; Ayán et al 2010a, 2010b; Barreiro 2013: 197-205). En este marco, la Arqueología Pública comenzó a ocupar espacio docente en las ediciones que tuvieron lugar del Curso de especialización en Evaluación y Gestión del Patrimonio Cultural (2000-2002) y del Máster en Técnicas de Gestión Integral del patrimonio Cultural (2005-2007). Estos cursos de formación no tuvieron continuidad, del mismo modo que la inversión en promoción de cultura científica del CSIC en Galicia se redujo al mínimo.


En tercer lugar, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y el modelo del ladrillazo se llevó por delante todo el mercado arqueológico creado en torno a la evaluación y corrección de impacto arqueológico (Parga 2009, 2010, 2011). Las consecuencias no se hicieron esperar: la inmensa mayoría de empresas de arqueología desaparecieron, los arqueólogos y arqueólogas de Galicia han abandonado la profesión, se han reconvertido o han emigrado (Gorgoso 2013). La crisis ha desmantelado una Arqueología profesional gallega que podemos definir históricamente como desestructurada. Toda una metáfora de la propia realidad de la Galicia invertebrada. Curiosamente será ahora, en este proceso de eliminación, cuando surjan iniciativas como la Asemblea Xeral de arqueólogos/as y la firma en 2009 del Convenio Colectivo de ámbito autonómico de Galiza para a actividade arqueolóxica con la patronal Asociación Empresarial Galega de Arqueoloxía.


Este proceso de defensa a ultranza de la profesionalización arqueológica ha derivado en actitudes ya no escépticas hacia la Arqueología Pública sino directamente contrarias a la inclusión de voluntariado en los proyectos arqueológicos, al papel activo de las comunidades locales o a iniciativas ciudadanas que emergen al margen del gremio arqueológico. Este estado de opinión se ve reflejado en el principal portal de debate de la Arqueología gallega a día de hoy, el grupo abierto de Facebook bajo el indicativo título de Asco y Vergüenza Arqueológicas, toda una versión futurista del Nós, os inadaptados de Vicente Risco (1933). Porque este ambiente contrario a la Arqueología integradora es producto, a nuestro modo de ver, de la inadaptación al nuevo ciclo marcado por el modelo capitalista que depreda el país. Una vez más, se confunde al enemigo. En su día el diablo fue la Arqueología de Gestión, hasta que aquélla pasó a convertirse en la fuente de subsistencia de la Arqueología gallega. Ahora el peligro es la que algunos llaman redundantemente Arqueología social, un nuevo ámbito que en poco tiempo será asumido devotamente por aquéllos que ahora la critican.

Figura 16

Viñeta publicada por la empresa Citania S. L. en su página de facebook (14 de marzo de 2014). En los comentarios que siguen un internauta afirma que la Arqueología con voluntarios lleva a una Arqueología nazi (sic).


En este contexto de crisis están surgiendo nuevos procesos y demandas sociales que, a su vez, generan oportunidades para la profesión arqueológica. Lo que no vamos a esperar es que aquéllos que no concebían la Arqueología Pública en el modelo de negocio del boom, lo contemplen ahora. Antes de cambiar el chip (antes los clientes eran promotores y administraciones, ahora son comunidades y asociaciones) un sector de la extinta Arqueología profesional gallega dispara contra el pianista, secuestra al mensajero y apuesta por actitudes corporativistas, en nuestra opinión, negativas para la proyección social de la Arqueología. Como señala B. Comendador (2011: 63): El discurso fluye, se comparte, se intercambia, se reelabora, se reescribe…, provocando un radical cambio en los juegos de poder basados en la propiedad de la información. De hecho, estos aspectos han comenzado a modificar el equilibrio sostenido que legitimaba la indiscutida primacía social del discurso histórico oficial sobre todos los demás y al cuestionamiento abierto de la actividad arqueológica por su alejamiento de la realidad social, por su escaso impacto y por la insatisfacción de las más variadas demandas sociales. 


Como intentamos defender a lo largo de este trabajo, no existe una Arqueología gallega y sí varias Arqueologías gallegas. Así pues, también se comprueba la existencia de otra actitud hacia esta nueva realidad por parte de jóvenes y no tan jóvenes formados en las Universidades gallegas y que han puesto a andar empresas9 de Arqueología, Antropología y/o Restauración. Estos y estas profesionales, pragmáticos, pero también comprometidos, son los artífices de esa Arqueología Pública gallega que comienza a tener algo de relevancia en el conjunto del Estado. Una Arqueología que ha pasado de una puesta en valor del patrimonio basada en el diseño e instalación de sinalécticas y el vallado de yacimientos, a una Arqueología inclusiva que busca una real socialización del patrimonio público. 

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Consecuencias: galician Monuments men (and women) 

Ante la petición de los responsables de la revista La Linde para acercar al público español lo que se está haciendo en Galicia, hemos intentado mostrar el contexto social, institucional y político en el que se produce la Arqueología Pública en esta esquina de la Península Ibérica. Bajo nuestro punto de vista, el recorrido historiográfico que hemos abordado ayuda a comprender ciertas inercias de la Arqueología gallega, que hemos padecido y reproducido nosotros mismos.


El elitismo de la Arqueología galleguista coadyuvó de manera importante a consolidar la linde entre investigación académica y sociedad. En este sentido, el desarrollo de la autonomía no supuso un cambio en las condiciones de producción de una Arqueología Pública en Galicia. El saber era campo vedado de unos arqueólogos universitarios que fueron incapaces de vertebrar, articular y legitimar su campo científico, su profesión. Esta carencia acrecentó un cierto complejo de inferioridad con respecto a otras corporaciones. Este carácter engreído, elitista y hermético, así como este complejo, explican en parte que en 2014 sigan primando, en algunos casos, actitudes de falta de respeto y menosprecio hacia la acción de la ciudadanía preocupada por su patrimonio. En puridad, los miembros de la arqueología académica y profesional se siguen considerando los tutores, cuando no los propietarios, de los yacimientos arqueológicos y del saber generado.


Esta patrimonialización metaarqueológica se ha visto acrecentada con la integración de la profesión en el ámbito de una Arqueología de Gestión marcada por el hermetismo y la falta de transparencia de la que hacen gala las administraciones. En la época del boom la inmensa mayoría del gremio arqueológico asumimos sin ambages su papel técnico dentro del sistema, evitando cualquier tipo de compromiso ético o discurso de carácter crítico. En un país invertebrado con pocos recursos, la Arqueología se supeditó sin mayor problema a los intereses del sistema caciquil imperante. Basta con echar un ojo a los procesos selectivos que tienen lugar en Galicia para adjudicar plazas de arqueólogos. La concesión en 2006 del puesto de arqueólogo en el Centro Arqueolóxico de Neixón (Boiro, A Coruña), los contratos como guía de la cueva del Rei Cintolo y arqueólogo municipal en Mondoñedo (Lugo) o la externalización de los parques arqueológicos de Campolameiro (Pontevedra) y Lás (Ourense) son ejemplos magníficos de cómo funciona la economía política galaica.


La crisis no ha hecho más que acrecentar este enfoque, sobredimensionado con las ansias de una profesionalización de la disciplina que ha llevado a profundizar en el foso entre arqueología y sociedad. Es por ello que muchos arqueólogos se llenan de orgullo cerrando los yacimientos al público, estableciendo cautelas e invirtiendo tiempo y recursos en aspectos formales. No por llevar un chaleco amarillo, un casco y tener un certificado de cursos de seguridad e higiene (impartido por el colega-empresario) se solucionan los problemas endémicos de la profesión y se genera conocimiento por ciencia infusa.


Los vallados de las áreas arqueológicas de A Rocha Forte, del castro de Vigo y del castro de Elviña son las imágenes perfectas de esta involución social marcada por la alianza entre políticos, constructoras adueñadas del mercado patrimonial y profesionales segmentados del común de los mortales.


Esta Arqueología encarcelada (Martín 2014) ha abandonado el espacio y el debate público, por lo que el vacío dejado por la ciencia es ocupado por activistas culturales, plataformas ciudadanas y asociaciones. La desinformación y falta de transparencia es combatida por prácticas alternativas. Si el archivo de la DXPC no es de acceso público, patrimoniogalego.net inicia un catálogo social del patrimonio gallego abierto a todos. Si la ciudadanía se moviliza criticando malas prácticas, no habrá arqueólogos comprometidos, pero sí especialistas de otras disciplinas y activistas virtuales y reales que consiguen canalizar demandas para recuperar áreas arqueológicas10 (Gago et al. en prensa). Si la Academia y la Xunta de Galicia hacen caso omiso a las demandas patrimoniales, las comunidades locales cuentan con individuos que movilizan el sentir popular y son quien para generar las condiciones óptimas para llevar a cabo proyectos participativos de puesta en valor.


Como hemos visto a lo largo del texto, nuestro pequeño país rural y minifundista ha vivido desde siempre movimientos de resistencia articulados a partir de un ideario comunitario muy propio del campesinado. Participando de esta dinámica emergen auténticos Monument men and women por todo el país que promueven la revitalización de bienes patrimoniales que siguen siendo importantes para la gente, como referente identitario, como recurso económico o como espacios lúdicos para sus nietos. Estos ciudadandos y estas comunidades actúan cada vez más con autonomía e independencia, moviéndose, como siempre han hecho, en los márgenes del orden establecido, de un sistema que muchas veces los ha tratado como buenos salvajes colonizados.


Figura 17
Modelando el futuro de la Arqueología Pública en Galicia. Talleres de Arqueología experimental para todos los públicos organizados por la Fundación Terra Termarum en el castro de Castrolandín, San Xoán de 2013 (fot. cerámica Castrolandín).


El semiólogo Umberto Eco llegó a decir que conocía de primera mano la Edad Media pero que la realidad del presente sólo la conocía por la televisión. Los arqueólogos y las arqueólogas de Galicia deberemos decidir si queremos engrosar las filas de estos Monument Men and women o resignarnos a enterarnos de lo que se hace con el patrimonio gallego por la televisión y las redes sociales.


Los arqueólogos y arqueólogas de Galicia deberemos decidir si queremos ser como esos respetados ingenieros sin complejos que están diseñando vallas más altas y efectivas en la colonia de Melilla, o si queremos contribuir a desactivar, musealizar y poner en valor los lindes que nos separan de nuestros conciudadanos.

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Notas: 

1. http://www.xunta.es/notas-de-prensa/-/nova/0741/feijoo-sublina-que-parque-arqueoloxico-san-cibrao-las-que-investiron-millons

2. http://recuperaciondeespazospublicos.blogspot.com.es/2013/05/limpeza-da-bateria-de-outeiro.html

3. Un excelente ejemplo es el vídeo de la campaña ¡Hemos perdido un cañón! http://www.youtube.com/watch?v=b5NR6jms90U

4. Los montes en mano común son aquellos montes de naturaleza especial que, con independencia de su origen, pertenezcan a agrupaciones vecinales en su calidad de grupos sociales y no como entidades administrativas y vengan aprovechándose consuetudinariamente en mano común por los miembros de aquellas en condición de vecinos (definición en Varela et al. 2013).

5. Una buena síntesis de la evolución de la arqueología profesional en Galicia puede verse en Comendador 2012: 174-8).

6. http://www.usc.es/es/centros/xeohistoria/materia.html?materia=78959&ano=64 

7. www.guerraenlauniversidad.blogspot.com

8. Heredera de la unidad de puesta en valor del Grupo de Investigación en Arqueología del Paisaje (posteriormente Laboratorio de Arqueología y Formas Culturales) de la Universidad de Santiago de Compostela. Esa unidad estaba codirigida por Matilde González, Mª del Mar Bóveda López y Carlos Otero Vilariño (véase Bóveda 2000; González 2000). 

9. Podemos citar los casos de Xeitura, Cool-Touring, Rock Art Conservation, Tesouros Novos o Alicerce.

10. Véanse los proyectos que ha desarrollado en los últimos años el periodista Manuel Gago desde capítulo 0.

 

 

Agradecimientos:
A todos los arqueólogos y arqueólogas que han hecho el trabajo sucio en las dos últimas décadas para mejorar la imagen social de la Arqueología gallega y se han dejado la salud en las trincheras: obras públicas, campos de trabajo, casas de vecinos, charlas para dos personas, visitas guiadas, talleres para niños, excavaciones con voluntarios…

 

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- Proyecto arqueológico de A Lanzada (2010-2011). www.alanzada.wordpress.com
- Proyecto arqueológico del Alto Támega (Ourense). www.urdinheira.blogspot.com
-Proyecto arqueológico de San Vítor de Barxacova (Parada de Sil, Ourense). http://sanvitordebarxacova.wordpress.com/
- Proyecto arqueológico de O Señoriño (Armea, Allariz, Ourense). www.proxectoarmea.wordpress.com

- Proyecto arqueológico de Monte do Castro (Besomaño, Pontevedra). www.montedocastro.wordpress.com
- Proyecto arqueológico de A Cabeciña (Mougás, Oia, Pontevedra). 

http://acabecina.blogspot.com.es/ y https://www.facebook.com/pages/Proyecto-de-puesta-en-valor-del-Complejo-Arqueol%C3%B3gico-de-A-Cabeci%C3%B1a/476778015738113
- Proyecto arqueológico de As Croas de Niñóns (Ponteceso, A Coruña). http://croasdeninhons.net/
- Blog del proyecto arqueológico de Torre dos Mouros-Mallou (Carnota, A Coruña). http://croasdeninhons.net/ y http://castrodemallou.net/
- Página web del proyecto de puesta en valor del castillo de A Rocha (Santiago de Compostela, A Coruña). http://rochaforte.info/
- Patrimoniogalego.net
- Página del Instituto de Estudos Miñoranos. http://www.minhor.org/

 

Blogs personales:
- Arqueoloxía viva no Castro de Elviña. O día a día nun xacemento aberto (páxina persoal de Xosé Mª. Bello) (2009-2012). http://diariocastroelvina.blogaliza.org/
- Vigo Arqueológico. Arqueología de Vigo. Blog de J. M. Hidalgo Cuñarro. www.vigoarqueologico.blogspot.com

 

Documentales:
-Lukas Santiago, Xurxo Ayán y Leonardo González. 2008. O’Neixón: historia viva dun castro. Concello de Boiro y CSIC.
-Lukas Santiago y Rafael Quintía. 2011. Sete Camiños: encrucillada no tempo. Faro de Ons Produccións y Sociedade Antropolóxica Galega.
-Xisela Franco. 2013. SOS Comuneiros de Cabral.

 

 

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