LA LINDE, 3-2014.

 Hay que conocer:

 

 

HERDEIROS POLA FORZA 

 

de Xurxo Ayán y Manuel Gago

 

Una brillante reflexión sobre las relaciones entre la sociedad gallega y su patrimonio

 

Antonio Vizcaíno Estevan, arqueólogo

Herdeiros portada

AYÁN, X. y GAGO, M. (2012): Herdeiros pola forza. Patrimonio cultural, poder e sociedade na Galicia do século XXI,

2.0 Editora, Ames

 

Hace no mucho escuché, por boca de un arquitecto, una expresión que me pareció francamente evocadora. Hablaba de las "intervenciones-paracaídas", es decir, aquellas intervenciones arquitectónicas en las que no se tienen en cuenta ni el entorno ni las personas que lo habitan, sino que simplemente se llega, se actúa y se desaparece. El paralelismo con la arqueología es inevitable. ¿Cuántas veces los arqueólogos aparecen como caídos del cielo, ejecutando intervenciones arqueológicas que no establecen contacto alguno con el entorno más allá de lo estrictamente necesario (es decir, alguna palabra en un bar cercano o con un vecino curioso)? Siendo sinceros, diríamos que la mayoría. Sin entrar en la dialéctica de las acusaciones, pues aquí todos los sectores implicados tienen su parte de responsabilidad, recalcaremos, tal y como ya hace tiempo que señalan muchos profesionales identificados con la Arqueología Pública, que como profesionales debemos realizar un ejercicio de autocrítica, pues actualmente seguimos perpetuando unas prácticas arqueológicas y unos modelos de gestión del patrimonio cultural más bien elitistas y conservadores. ¿Acaso nos preguntamos de manera regular sobre el impacto que tienen los proyectos arqueológicos, sean del tipo que sean, sobre la población local? Es más, ¿nos planteamos siquiera que esa población tenga algo que decir? ¿O que existen otras maneras de conectar con el patrimonio más allá de las que como profesionales podemos defender, y que son igualmente válidas? Pues bien, Xurxo Ayán y Manuel Gago, arqueólogo y periodista respectivamente, han acertado de pleno al reflexionar sobre éstas y otras muchas cuestiones en su magnífico libro Herdeiros pola forza, publicado en 2012 por 2.0 Editora.


A través de una metáfora bien ilustrativa, en la que se equipara la sociedad gallega a la figura de los herederos forzosos -aquellos que asumen a la fuerza el patrimonio legado por sus predecesores-, los autores se internan en las frecuentemente tormentosas relaciones entre ciudadanía, patrimonio cultural, profesionales y administraciones. Y lo hacen mediante un compendio de escritos breves articulados en cuatro grandes bloques (Prehisteria, Histeria, Xentes e Pedras, A luz nos camiños) en los que recogen con una crítica mordaz y un fino sentido del humor temas tan variados como la propiedad del patrimonio, su destrucción, su uso político, la opinión pública, el expolio, el imaginario popular, las clientelas y el sectarismo profesional, etc.


El discurso parte de un planteamiento fundamental, y es que en nuestros días el patrimonio cultural, en especial el arqueológico, sigue entendiéndose más como un problema que como una oportunidad, tanto por buena parte de la sociedad -aún y siendo la verdadera heredera del patrimonio-, como por las administraciones, que son, en teoría, las garantes de su protección, conservación y difusión. Para acabar de arreglarlo, entre los profesionales el problema a menudo es atribuido a la sociedad, a la que se le tacha de no ser capaz de entender la importancia -científica, claro- de lo que tiene a su alrededor. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta situación?


Ayán y Gago se internan en los modelos de gestión construidos a principios del siglo XX y durante el Franquismo (lo que ellos llaman La Prehisteria) para luego señalar que su pervivencia en Democracia (La Histeria) es la que, precisamente, ha desembocado en una falta total de entendimiento. Es más, tal y como afirman los autores, el proceso de profesionalización y regularización de la arqueología en Galicia, planteado desde una óptica conservadora, ha supuesto la desvinculación de las comunidades locales respecto de su patrimonio en un proceso que ellos califican sarcásticamente de apartheid patrimonial. Efectivamente, primar los intereses científicos y las imposiciones burocráticas desoyendo las visiones de la ciudadanía ha acabado convirtiéndonos en expertos en confiscar materiais, fosilizar o pasado e converter espazos vivos en ruínas arqueolóxicas (69). Porque por mucho que a menudo no nos demos cuenta, el patrimonio arqueológico -el visible- tiene vida antes de la llegada de los arqueólogos, y en Galicia ha experimentado una gran diversidad de apropiaciones -físicas y simbólicas- debido a su visibilidad; por ejemplo como delimitador del espacio, o como parte integrante de un paisaje en el que reconocerse, o como escenario de una riquísima tradición de cuentos y leyendas populares (Xentes e pedras).

 

Xurxo Ayan y Manuel Gago

De lo que no hay duda es que la perpetuación de unas formas de entender y gestionar el patrimonio marcadamente conservadoras y desfasadas, incapaces de adaptarse a las nuevas realidades sociales y culturales, ha enturbiado las relaciones entre sociedad y patrimonio y ha convertido la profesión en poco más que una fuente de obstáculos, cuando no directamente conflictos. Como bien dicen los autores al equiparar el mundo de la arqueología más tradicional con los abstraídos científicos de la pintura Lección de anatomía de Rembrandt: se seguimos negando a realidade, será demasiado tarde cando nos decatemos de que o cadáver que estamos diseccionando é, precisamente, o da propia arqueoloxía como ciencia social (44). Evidentemente, si como profesionales no somos capaces de detectar y afrontar esta situación proponiendo nuevas soluciones, serán otros los que lo hagan. La sociedad ya lo está haciendo por sí misma a través del asociacionismo y de las redes sociales, denunciando, reclamando y, sin saberlo, generando nuevos procesos de patrimonialización que en Galicia está empezando a proporcionar buenos resultados (A luz nos camiños). Mientras tanto, la arqueología oficial y las administraciones siguen adoptando una actitud paternalista muy alejada de las necesidades reales de la sociedad.


Ante este panorama, en Herdeiros pola forza se hace una llamada de atención. Ayán y Gago abogan por nuevos modelos de gestión patrimonial verdaderamente democráticos en los que conceptos como comunidad local, comunidad virtual y participación ciudadana se den la mano, y en los que las visiones locales y el saber tradicional se combinen con la perspectiva científica. En definitiva, se trata de dar nueva vida al patrimonio fomentando la inclusividad y el diálogo continuo con el entorno en el que éste cobra sentido. De otro modo, como ya venimos comprobando desde hace años, los espacios patrimoniales acaban convirtiéndose en lugares abandonados, olvidados, sin memoria.


El libro suscita muchas reflexiones. A mí, inevitablemente, me ha hecho pensar en lo que tengo más cerca, en la también problemática realidad valenciana. A menudo las propuestas más innovadoras surgen como revulsivo ante horizontes más bien poco halagüeños. En Galicia, como en el País Valenciano, ha habido tiempo para los fastos y el despilfarro, para modelos de gestión desactualizados, para una práctica arqueológica rígida e inmovilista. Sin embargo, desde hace unos años están surgiendo nuevas maneras de entender y trabajar con el patrimonio en sintonía con los contextos en los que se interviene que, tal vez -o quizá no, todo se verá- auguren un futuro esperanzador. Tal y como comentábamos en el Entre Linde y Linde referido al SOPA 2013 (La experiencia del SOPA'13), Galicia está despuntando en los nuevos modelos de socialización del patrimonio. Lo que cabe preguntarse es por qué aquí, en el País Valenciano, todavía no somos capaces de darnos cuenta de que las cosas deben comenzar a cambiar si de verdad pretendemos asegurar un futuro favorable entre el patrimonio, la sociedad y nuestra profesión. Todavía queda mucho por hacer. Hay muchos paracaídas por desechar -por seguir con el símil con el que habíamos comenzado- y no es algo que vaya a cambiar de la noche a la mañana. Pero no debemos encantarnos. Quizá para ir despertando podríamos, entre otras cosas, empezar por leer Herdeiros pola forza; en mi opinión, uno de los libros más interesantes en cuanto al análisis y la reflexión en torno a las relaciones entre sociedad y patrimonio, y que sin duda puede servir como referente para pensar sobre nuestra profesión de un modo distinto. Y convendría acabar como lo hacen Ayán y Gago, con una pregunta -algo muy gallego, por otra parte-: E agora que?

 

 

 

 

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