LA LINDE, Nº 3-2014
El Rincón de las Rarezas (o no tanto): 
 
 
 
EL AVE DEL ESCUDO.
 
Escudo de familia desconocida en una alquería de la Huerta de Valencia.
 
 
Paloma Berrocal Ruiz y Víctor M. Algarra Pardo. Arqueólogos.
 

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En un lugar de la... Huerta, de cuyo nombre... no conseguimos acordarnos, ha tiempo que descubrimos una antigua alquería, cuyo estudio mural tuvimos el honor de poder realizar...
Una vez dentro, descubrimos un mundo de vestigios de épocas pasadas que nos llevaron a revivir la vida cotidiana de una familia cualquiera, hortelana, de las inmediaciones de la ciudad de Valencia, desde el renacimiento tardío hasta nuestros días.


En esta casa, de buenos labriegos, la religiosidad era un sentimiento que se vivía de forma ostensible, a la manera de aquellos tiempos en los que las manifestaciones simbólicas equivalían a una pancarta que, cual ventana abierta al mundo, gritara a los cuatro vientos lo muy católico que cada uno era.


Estos símbolos religiosos se hallaban en todas las casas y se manifestaban de muchas maneras posibles, desde una pequeña imagen en el interior de una hornacina o un grabado que se guardaba en el cajón hasta un oratorio, pequeño o grande, que presidía las mejores piezas de la casa, ya fuera el salón o el dormitorio.


La vida de los dueños de cualquier alquería se hacía en el primer piso, quedando reservada para almacén, lagar, caballerizas y un largo sinfín de usos agropecuarios la planta baja. Algunas alquerías albergaron incluso espacios de carácter señorial, al convertirse en ocasionales villas de recreo para los amos que vivían en la ciudad.


En aquellas alquerías señoriales las estancias más suntuarias se situaban en este primer piso: gran salón, dormitorios, despacho... y el oratorio al que hemos hecho referencia que, a veces, llegaba a ser una capilla privada de ciertas dimensiones. Esta capilla se destinada a dar rienda suelta a la devoción de sus moradores, fundamentalmente de la señora y sus hijas que solían, incluso, recibir la visita periódica de algún párroco o fraile que las oyera en confesión semanal y al que, después, no debía faltarle nunca el almuerzo o la merienda y, quién sabe si también, algún que otro cotilleo fresco y recientito.

 

Puerta de frente

En el caso de nuestra alquería, la capilla era una pieza ornamentada, a la que se acedía desde el salón, a través de una elaborada puerta en arco, decorada con motivos arquitectónicos y vegetales en relieve ejecutados con maestría sobre piezas de yeso.


Las jambas presentaban dos cartelas, decoradas en relieves con dos grandes acantos, uno a cada lado. Estos acantos se hallaban bajo un friso que servía de base al arranque del arco y que estaba decorado con acanaladuras que le daban el aspecto de un capitel dórico.


El intradós del arco, por su parte, se hallaba decorado con una secuencia de casetones encadenados en relieve con formas muy variadas, rectangulares, circulares y losángicos.

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Arco y detalle de la decoración del interior de sus jambas. Dibujos realizados por Alejandro Vila Gorgé.

 

Para darle más vivencia al este espacio de devoción, el frente del arco tenía una arquivolta delimitada por dos bandas en relieve, que a modo de filacteria mostraban en su interior una leyenda que pertenece al salmo 50 y que dice: “MISERERE MEI DEUS SECUNDUM MAGNAM”. Esta leyenda estaba escrita con grandes letras capitales realizadas mediante fuertes trazos en pintura negra.

 

Posee paralelos en un retablo de Vicente Macip, realizado a principios del siglo XVI.


retablo 2 

 Retablo de ánimas, obra de Vicente Masip. Siglo XVI. Sacristía de la Iglesia de La Asunción de Onda (Castellón). Imagen tomada de "Historia de Valencia", Levante-Universitat de València, 1999, p. 325.


Sobre la filacteria, se dispuso un escudo nobiliar que, al igual que los motivos en relieve, estaba trazado sobre yeso.


Cuando nosotros lo vimos, estaba un tanto alterado. No se veía completo, sino que le faltaban el extremo inferior y buena parte de los elementos decorativos del marco de volutas que lo envolvía, alguna de las cuales había sido, incluso, torpemente recreada con escayola en algún momento cercano a nuestros días.

 

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La pieza muestra un blasón tradicional. Como le falta la parte inferior, entendemos que acabaría en punta o en forma redondeada. Está dividido en dos cuarteles: en la izquierda se presentan dos barras horizontales en relieve y en la derecha, también en relieve, la figura de un ave de perfil con las alas plegadas (tal vez una grulla o garza).


Esta ave se ejecutó con bastante maestría, puesto que se adivinan con facilidad las plumas y otros detalles del ojo y del pico que le dan un aspecto realista. Aún así, a nosotros, que conocemos poco del mundo avícola, nos resulta difícil saber qué tipo de pájaro es. Ésto, suponemos, no nos ayuda mucho a averiguar el apellido al que hace referencia el escudo. Y es que desconocemos la adscripción familiar del blasón, aunque, podríamos aventurar la hipótesis de que la familia dueña de la alquería estuviera emparentada con los Vich, ya que el escudo de armas del linaje Vich se representa mediante unas barras horizontales que, cuando comparten el espacio con otras figuras, forman dos barras horizontales, tal y como aparece en nuestro escudo.

 

No obstante, lo cierto es que, al no quedar documentación escrita sobre la propiedad de la casa en los siglos XVI o XVII, nos resulta sumamente difícil averiguar la familia a la que pertenecían tanto el escudo como la alquería misma. Es por ello que nos decidimos a presentar esta pieza aquí, con la esperanza de que cualquiera de vosotros, avezados estudiosos de la simbología heráldica y nobiliar, podáis ayudarnos a arrojar algo de luz sobre la devota familia que hizo representar su escudo sobre la capilla oratoria de su vivienda en aquellos tiempos lejanos en los que cada casa era un microcosmos fielmente reflejado de su sociedad.

 

 

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Gente en la conversación

  • Estamos de enhorabuena. Desde ayer tenemos no sólo la pista sino las primeras evidencias seguras de la filiación del escudo que preside la antigua capilla de la alquería.
    Y todo gracias a la suerte de haber contactado con Josep Mir Fenoll, genealogista que ha reconstruido la propiedad de esta alquería (nos resistimos a dar su nombre por temor a su expolio).
    Una mitad del escudo, en concreto la figura de la garza, corresponde a la familia García y, en efecto, desde 1592 la alquería perteneció a Pedro José García, como apunta Josep Mir. Así que, además, podemos confirmar su datación en la década de 1590, etapa a la que habíamos llegado a través del estudio arqueológico, cuando lo situamos entre finales el siglo XVI y principios del XVII.
    Queremos agradecer la información que aporta Josep Mir Fenoll que nos ha puesto en la pista para poder avanzar más en la historia de este edificio.

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