LA LINDE, 4-2015.

Arqueología de Gestión

ARQUEOLOGÍA, COLECTIVOS PROFESIONALES Y COLEGIACIÓN.

 

 

Entrevista a la Junta Directiva del Colegio Oficial de Arqueólogos de la Comunidad de Madrid.

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Colegio Oficial de Arqueólogos
Comunidad de Madrid

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Junta directiva del Colegio Oficial de Arqueólogos de la Comunidad de Madrid.

C/ Fuencarral, 101, 3ª planta, 28010-Madridhttp://www.colegioarqueologiamadrid.org/el-colegio/

 

Casi por las mismas fechas que en Madrid, aquí, por las tierras de Caloret, iniciamos también la andadura de la colegiación para los arqueólogos. Participamos en los primeros años de su organización y, por ello, somos conocedores de lo difícil que es organizar este colectivo. Nos decidimos a preparar esta entrevista tras la lectura de la declaración de intenciones de la nueva Junta Directiva del Colegio Oficial de Arqueólogos de la Comunidad de Madrid. De su lectura nos vino a la mente el curioso hallazgo de la tumba de un arqueólogo que Neil, el irlandés cabreado, nos relató por medio de uno de los integrantes de la actual Junta de Madrid. ¡Se trataba de un arqueólogo que estimaba a sus compañeros! ¡Algo insólito!

El Colegio de Madrid piensa en el colectivo como una “gran familia” o un “grupo cohesionado”, aunque apostillando “o deberíamos serlo”. Ya de por sí esta aspiración les merece un voto de confianza. Aquí radica una de las problemáticas del desarrollo de nuestra profesión: la dispersión de criterios y apreciaciones del ejercicio de la profesión, aspecto que, pudiéndose ser enriquecedor si ello genera debate, llega en demasiadas ocasiones al terreno de la descalificación.
Otro aspecto a reseñar de su arranque programático es la irrenunciable conexión de los arqueólogos con la sociedad, para que ésta, de una manera definitiva, sepa qué podemos aportar. Sólo de ese modo tendremos un verdadero futuro como profesión, de lo contrario seguiremos siendo considerados, en el mejor de los casos, unos románticos Indianas Jones o, lo que es peor, unos “tocapelotas”. Pero somos nosotros mismos los que se lo hemos de contar y demostrar ¡que nada surge de la nada, ni nadie tiene conocimiento por ciencia infusa!
Hablan también de derechos, destacaríamos el de tener voz, pero de nuevo somos nosotros mismos los que debemos “pillar” el altavoz. En fin..., tarea ardua la que tienen por delante los compañeros de Madrid.

 


- Empezaremos sin más preámbulos ¿Cuál es la situación actual del colectivo de arqueólogos en Madrid? ¿Cómo veis el panorama inmediato? ¿Y en relación con todo ello, cómo se encuentra el Colegio?

A nadie se le escapa que la situación que vive el colectivo es extremadamente delicada. En época de bonanza económica tuvimos una gran oportunidad de asentar unas bases firmes para la profesión, de hacernos visibles ante la sociedad y de vindicarnos como lo que somos, o como lo que deberíamos ser. Sin embargo, borrachos de trabajo y de logros económicos, perdimos un tren que ya no ha de volver.


Nunca fuimos un colectivo, nunca tuvimos interés por serlo. Las legislaciones, aun con más sombras que luces, nos brindaron la oportunidad de ser necesarios para la sociedad, de hacernos un lugar, a título propio, en el entramado cultural y económico del país. Interpretamos a la perfección la parte económica de la ecuación, pero a cambio de dar la espalda a todo lo demás.


La RAE, en una de sus voces, nos dice qué se entiende por colectivo: “grupo unido por lazos profesionales, laborales, etc.”. Si éste es el requisito básico para la identificación de un colectivo, nosotros nunca lo hemos sido, pues en la ecuación planteada, el concepto UNIÓN, suele ser cuanto menos una incógnita de difícil resolución.


El panorama que nos encontramos, tras recibir el apoyo de la mayor parte de la minoría que participó en nuestras elecciones el pasado mes de abril de 2014, era desolador. Y esto no es una crítica hacia el equipo que dirigió el Colegio antes de nuestra llegada, sino hacia la desidia del conjunto colegial, que conllevó una clara perdida de unidades en los últimos años, dejándonos arrastrar por la apatía, el derrotismo y sin una conciencia grupal definida. No se puede hablar de colectivo cuando estamos asentados en el individualismo.


Ante esta situación, nuestra propuesta, como Junta Directiva, pasa por recuperar, si es que alguna vez la tuvimos, la conciencia de grupo, aunando voluntades y desarrollando la identidad como colectivo.

 

 


- Duras palabras y con fuerte autocrítica, algo poco usual en los tiempos que corren ¿Cómo puede ayudar la junta a mejorar la situación que nos habéis descrito?

Entendemos que un Colegio Profesional debe ser el lugar de unión y reunión de un colectivo. Los últimos años hemos vivido la caída estrepitosa de un modelo sobredimensionado en el que aún estamos integrados. Con ella, paulatinamente, hemos vivido cómo languidecía la participación ante cualquier evento. Somos un grupo heterogéneo en muchísimos aspectos, hemos hecho un esfuerzo para aunar voluntades haciendo hincapié en los elementos comunes y no en los que nos separan.

 


- Unión, ese es el concepto que habéis señalado como paso previo e ineludible para definir un colectivo. ¿Cómo se vivió el tema de la unión (o desunión) entre profesionales “en los buenos tiempos” y cómo es ahora, con la situación tan difícil en la que estamos?. ¿Cómo creéis que puede enfocarse este tema y hacia dónde? ¿Es posible un corporativismo profesional en una economía que aboga por la competitividad e, incluso en algunos casos, por la competencia desleal?

Como ya hemos apuntado, en lo que consideráis como “buenos tiempos” tuvimos la oportunidad de conformarnos como un colectivo que tuviese algo que decir sobre el desarrollo de la profesión, pero no supimos o no quisimos aprovechar la situación, inmersos como estábamos en una vorágine mercantilista, cavando nuestra propia tumba, profesionalmente hablando. Ha primado el yo ante el nosotros, y el hoy frente al futuro.


Hacer grupo es necesario, sería lo ideal y en ello, esta junta colegial, está plenamente comprometida. Nuestro interés estriba en conseguir que la actividad profesional no corra como un caballo desbocado, que no todo valga y que el peor enemigo de los profesionales seamos nosotros mismos.


Consideramos que competitividad y colectividad no tienen por qué estar reñidas. Podemos competir en formas de entender la profesión y en el desarrollo práctico del mismo, pero partiendo de unos mínimos comunes, lo que redundará tanto en nuestro trabajo y resultados, como en beneficio de nuestros posibles receptores de servicios y, por ende, en toda la sociedad.


La competencia desleal es una verdadera lacra para los profesionales que intentamos conseguir un panorama laboral más justo, donde la actividad que desarrollamos esté debidamente considerada en cualquiera de sus facetas, tanto económica, como cultural o de reconocimiento/visibilidad social, etc.).


En esta línea estamos trabajando con otros colectivos que llevan tiempo colaborando con esta institución, como puede ser AMTTA, con quien fuimos de la mano en el pasado proceso legislativo que sufrimos en Madrid. Por aquel momento dos de nosotros formábamos parte de aquella asociación y la implicación con el colectivo fue esencial para dar este paso adelante. La puerta está abierta a todos los profesionales, porque sólo juntos podremos salir adelante y nuestro compromiso es con TODOS.

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- Las secciones de arqueología de los CDLs y los colegios profesionales como el vuestro nacieron por el compromiso de defensa a los arqueólogos. Después de la deriva profesional de los últimos años ¿creéis que está todavía vigente esta aspiración?

Si nosotros mismos no nos defendemos, tal y como se están desarrollando las cosas, sobre todo desde instancias políticas, nadie lo hará. Resulta harto significativo que nuestra profesión no exista como tal, ya sea en los registros del IAE o en los de la Seguridad Social.


Cierto es que este asunto sólo afecta a los colegiados que ejercen en lo que eufemísticamente llamamos arqueología profesional, de gestión, pública, etc. Sin embargo, una mayoría de los individuos que formamos parte de este colegio nos encontramos, de una u otra forma, en estas circunstancias. Y no es menos cierto que los males que aquejan a este colectivo, terminarán por afectar al conjunto total de los profesionales que nos reconocemos como arqueólogos.


Implicar a todo profesional que desarrolla cualquier tipo de actividad arqueológica, y que cuenta con la titulación que así lo homologa, es vital para conseguir nuestros intereses. Primeramente comenzaremos con los colegiados, el grupo que ha depositado su confianza en nosotros, pero nuestro interés es conseguir, al menos, la complicidad del mayor numero de arqueólogos, y si con ello los atraemos hacia la colegiatura, más fuerza tendremos.

 


- En la vorágine profesional del pasado reciente que antes denunciabais y que nosotros suscribimos, pensamos que se echó mucho en falta la formación en aspectos específicos. Como colectivo se nos demandaron ciertas actividades para las que no teníamos la formación necesaria, la profesión ha ido más rápida que la formación académica. ¿Cómo consideráis este tema?, ¿es posible activar programas de formación en el seno de los profesionales mismos y convenios con empresa?, ¿es posible hacerlo en tiempos de crisis?

Se puede, se debe y, de hecho se está haciendo. Ya anteriores juntas directivas iniciaron este camino con los “cursos de formación permanente”, que han cosechado dispares resultados. En un nuevo paso, la junta que nos precedió firmó un acuerdo con una empresa privada, que a su vez también había firmado con el Museo Arqueológico Regional, para el desarrollo de cursos de interés para los colegiados con un cierto descuento sobre los precios de mercado. En el momento actual, nos encontramos renegociando estos convenios, abriéndolos a otras empresas, buscando una mayor oferta y unos costes más reducidos para nuestros colegiados.


Precisamente el Museo Arqueológico Regional ha sido, es y seguirá siendo un compañero de viaje valioso para la formación de los arqueólogos madrileños. A través de cursos y publicaciones, como la serie sobre cerámica que llevamos a cabo desde hace unos años, tenemos la oportunidad de extender las posibilidades de reciclaje de nuestros colegiados y otros profesionales del sector. Además, a través de otros cursos en el propio colegio, así como seminarios y charlas, ofrecemos nuevas vías de formación y divulgación que están resultando de utilidad para el colectivo.
Todos somos conscientes que es en tiempos de crisis cuando tenemos que ampliar nuestra formación, abriéndose a nuevas formas de hacer, nuevos campos de actuación, nuevas tecnologías a aplicar. Sin embargo, no hemos de perder de vista los estudios básicos, útiles para las nuevas generaciones de profesionales que se integran a esta dura y competida vida laboral, donde habrán de combinar labores profesionales y de investigación.


La profesión arqueológica ha sido un tema candente desde la llamada ‘profesionalización’ de nuestro trabajo hace ya varias décadas. La falta de un título propio que ya se ha hecho realidad en algunas universidades, indefinió nuestro perfil, pero ya no es una excusa. Sin embargo, título en mano, seguimos teniendo la misma perspectiva que hace una década, más clara si cabe tras la dura crisis que hemos sufrido. La innovación en arqueología nunca ha sido un problema y adaptamos día a día nuevas corrientes e ideas que se van abriendo camino en la práctica de nuestro trabajo. Hay lugar para la esperanza pese al negro panorama que solemos pintar.

 


- En este número de LA LINDE, contamos con diversas colaboraciones que hacen patente la diversidad de campos de actuación, vertientes y especialidades en nuestra profesión. Pasamos de un momento inicial, allá por las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, cuando los arqueólogos servían un poco para todo, a un panorama en el que hay profesionales de la arqueología comercial especializados en materias dispares: arqueología de la arquitectura, de la muerte, moderna, contemporánea, pero también de arqueoturismo, didáctica, socialización patrimonial o arqueología pública, por citar algunas ¿cómo se conjuga esta situación?, ¿cómo puede atenderse a esta diversidad?, ¿qué es lo que nos separa y lo que nos une?


Aquí hemos de separar la arqueología que se desarrolla como actividad profesional o pública de la que se desarrolla en los centros de investigación/docencia.


Todos los arqueólogos, a nivel individual, nos vemos representados bajo algunos de los parámetros que apuntáis en el enunciado. Nos especializamos por distintos y variables epígrafes, unas veces de índole cronológico, cultural, político, empírico o epistémico, etc. Sin embargo, el ejercer trabajos de gestión provoca que aparte de los campos de especialización, seas capaz de abarcar un espectro mucho más amplio, al menos con un cierto grado de suficiencia. Lo ideal sería contar con distintos especialistas dependiendo de las necesidades del trabajo. Y a eso debemos tender. Hemos de conjugar afinidades y disparidades, estar abiertos al trabajo en equipos amplios, interdisciplinares o transdisciplinares y transversales, decantándonos por una eficiencia grupal y no por una linealidad ya obsoleta.


Debemos tender a que lo que nos separa, sea lo que nos una. Especialistas en diversas disciplinas y campos trabajando conjuntamente con un fin común, siempre enriquecedor tanto para el desarrollo de cada individuo, como para los fines buscados por parte del colectivo.


Si elaboramos una encuesta sobre los campos de especialización que habitualmente emplea un grupo de arqueólogos, nos encontraríamos ante una panoplia de variables que, actualmente, contemplaría trabajar en aspectos que sobrepasan el estricto ámbito de lo que venimos entendiendo como arqueología. Estamos haciendo investigación, estamos haciendo ciencia.008-150x150

 

- En fin vemos que tenéis las ideas bastante claras, ¿queréis apuntar algunas reflexiones finales que guíen vuestras actuaciones en un futuro próximo?

Cuando pensamos en hacer colectivo y en qué hacer por el colectivo, muchas veces miramos más allá de nuestras fronteras. El aparente éxito del CIfA en el Reino Unido nos plantea algunas ideas para consolidar una institución como la nuestra. No olvidemos que la asociación británica ha alcanzado en 2014 el nivel institucional (oficial) que tenemos desde que se fundó la sección hace 25 años. Pero podemos buscar otros ejemplos más orientados a la acción.


El compromiso de los colectivos profesionales en América Latina se hizo patente con el acontecimiento del Dakar en tierras chilenas, momento en que el Colegio de Arqueólogos de Chile lanzó una feroz y eficiente campaña de descrédito hacia la organización del evento, y especialmente enfocado al desconocimiento y absoluta falta de conciencia por parte de los participantes y de la organización. Es un espejo perfecto de lo que está sucediendo en la actualidad en el mundo. La destrucción de parte de las murallas de Nínive, o el saqueo de yacimientos en Afganistán, aceptando el trasfondo bélico de estos países, no es sino la etiqueta de la sinrazón que vive el mundo con respecto al Patrimonio Histórico mundial. Y mientras otros colectivos como en Francia luchan por los derechos de los arqueólogos, en España aún estamos más pendientes de publicar una nota de prensa firmada por uno, dos o cien colectivos, algunos de ellos tendenciosos y politizados. Quizá debamos aprender más de lo que pensamos de nuestras viejas “colonias”.

 

 

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