LA LINDE, 4-2015.

Cómo está la profesión...!

 

LA SOCIALIZACIÓN DEL PATRIMONIO:

 

Aclarando conceptos, centrifugando ideas.

              

Juanjo Pulido Royo. Underground Arqueología

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www. underground-arqueologia.com

 

 

 

RESUMEN.- A partir de la definición de “socialización” del patrimonio no como un proceso de acercamiento del mismo a la sociedad una vez éste ya ha sido determinado, sino de co-partipación ciudadana desde el inicio mismo de su gestación, se reflexiona acerca del cambio teórico y metodológico en la forma de abordar la aproximación al patrimonio y al núcleo del propio debate ¿qué patrimonio se ha de socializar y a instancias de quien?

PALABRAS CLAVE.- Patrimonio, socialización, ámbito rural Congreso sOpA.

ABSTRACT.- From the definition of "socialization" of the heritage not as a process of rapprochement of it to society, once it already has been given, but for the co-participation of citizens from the beginning of their creation itself, we reflect on a theoretical and methodological change on how to approach the heritage and the importance of its debate: Which part of the heritage needs to socialize and who has to take care of it?

KEY WORDS.- Heritage, socialization, rural area, sOpA Congress.

 

 

Cuando lo del rescate a la banca se habló de socializar la deuda, es decir, la mala gestión de unos pocos debíamos pagarla entre todos. Extrapolar este concepto de socializar al patrimonio cultural podría parecer a priori exagerado, pero no va del todo desencaminado. Últimamente hemos podido comprobar cómo las políticas sobre patrimonio cultural han tenido mucho de eso, de política. Acertadas en algunos casos, en muchos otros abocadas al rescate y no monetario precisamente. Entonces, ¿qué significado le damos al concepto de socialización cuando lo vinculamos al patrimonio?

Es complicado establecer una definición clara. A mí me gusta especialmente la que aportan los amigos de LA PONTE, como sinónimo de “apropiación” de los procesos de patrimonialización por nuevas redes de sujetos patrimonializadores (LÒPEZ, FERNÁNDEZ y ALONSO, 2013), frente al concepto de “sociabilización” en torno a un patrimonio ya definido, es decir, “acercar” una suerte de “democracia cultural” que va acorde con un concepto idealista del patrimonio como algo que es bueno porque sí, y por tanto también es bueno mostrárselo a la gente, independientemente de lo que la gente opine.

 

FOTO 1 LA PONTE El proyecto La Ponte-Ecomuséu, http://www.laponte.org/ en el Concejo de Santo Adriano, Asturias, es una iniciativa ciudadana que surge de las inquietudes de un grupo de personas que vive en Los Valles del Oso. Se trata una propuesta comunitaria, autogestionada y abierta a la colaboración con otras organizaciones, concebido como un elemento de interpretación de ese territorio y un motor para fomentar la investigación, difusión y conservación del patrimonio cultural.

 

 Ya aportamos en otro artículo que si las premisas formuladas por la Arqueología Pública son necesarias y deberían formar parte de los presupuestos de todo proyecto arqueológico, la socialización del patrimonio supone la asimilación de esas premisas desde la adhocracia, es decir, responder a las necesidades sociales reales trabajando de forma transversal y horizontal, los profesionales de la cultura y los ciudadanos, construyendo y protegiendo los elementos patrimoniales construidos e intangibles, en nuestro caso la Arqueología, desde la memoria. Así, el papel del arqueólogo/gestor/investigador/científico debería ser el de mero intermediario entre las propuestas de socialización y la ciudadanía (WALID y PULIDO, 2014: 330).


La ciudadanía es el fin último de los procesos culturales, y son varias las formas en las que se relaciona con esos procesos: bien como consumidora de productos culturales, bien implicándose de forma activa tanto en el diseño como en la toma de decisiones sobre la programación cultural de su municipio, o bien formando parte de la generación del contenido cultural y del conocimiento sobre el patrimonio de su territorio cercano. Y esa participación puede vertebrarse a su vez desde tres grupos de agentes: de forma individual y no organizada, mediante asociaciones o colectivos vinculados a la cultura de forma amplia, o bien a través de instituciones públicas o privadas que intervienen en el ámbito cultural local (VV. AA., 2009: 67). No obstante, en la mayoría de los casos encontramos que los procesos de integración y difusión cultural se plasman en una participación de la ciudadanía sobre un producto cultural, que se presenta en bien de la sociedad, aunque esa sociedad, en la mayoría de los casos, no es integrada en la creación del discurso ni en el posterior diálogo. Público que ni siquiera espera poder entrar en esa gestión, comportándose tal y como se les presenta, como público (MACEIRA, 2007: 40).

 

FOTO 2 CINETNERE

 

El Proyecto CINETÍNERE, (http://cinetinere.blogspot.com.es/) es un ciclo viajero de cine sobre arqueología, patrimonio y etnografía (temas de difusión, puesta en valor, recuperación, etc.), promovido desde el Ayuntamiento de Malpartida de Cáceres, y gestionado por UNDERGROUND Arqueología, que se complementa con mesas de trabajo en las que se analiza la forma en la que se pone en valor el patrimonio cercano, así como una serie de actividades centradas en crear sinergias con los vecinos de los municipios para que luego ellos mismos generen sus propios recursos para la puesta en valor de su patrimonio y así crear una especie de “red de municipios con una gestión social de su patrimonio”. El proyecto fue merecedor del Premio Comunidad Sostenible 2013 por parte de UNESCO Extremadura.

 

 

Nuevos públicos, nuevos grupos de interés pasivos, espectadores de lo que hacen los gestores y artistas. La participación ciudadana se enfoca en las convocatorias de determinadas subvenciones para el desarrollo de proyectos culturales, cada vez más, en la exigencia de que esos proyectos sean presentados por asociaciones, colectivos o entidades que respondan a dos premisas: por un lado que representen a un determinado colectivo social y por otro, que no tengan ánimo de lucro. Desgraciadamente, y aunque sin generalizar, muchos colectivos, sin futuro empresarial o científico , han adoptado el formato de asociación para poder trabajar, muchas veces en precario, tanto en proyectos artísticos como en Patrimonio. Además, las administraciones locales ven lo asociativo como algo no productivo y no generador de riqueza (WALID y PULIDO, 2014: 327), lo que dificulta la interacción y el trabajo conjunto para el desarrollo de ese tipo de proyectos.


En procesos culturales relacionados específicamente con el patrimonio, tanto material como inmaterial, y sobre todo con el arqueológico, la problemática es distinta, incluso polémica. Suele considerarse que hay dos tipos de patrimonio cultural. Un primero, con una firme legitimación científica, técnica, histórica e institucional, difícilmente cuestionable, resultado, habitualmente, de un proceso de los denominados de «arriba-abajo», es decir, de procesos dirigidos desde una perspectiva jerárquica, vertical, de imposición y elitista (ARRIETA, 2009: 11). Por otro lado estarían las iniciativas de «abajo-arriba», que se darían en las activaciones patrimoniales del segundo tipo, es decir, de aquel patrimonio que puede ser gestionado socialmente, pero siempre con una intermediación profesional o científica que además tenga esa implicación con la socialización. En el ámbito arqueológico, existe un debate respecto a cómo en el pasado una élite detentadora del conocimiento científico, asentada en un sistema de saber-poder arqueológico excluía a las comunidades locales, a la hora de abordar la excavación del yacimiento de turno, o de divulgar los resultados de las intervenciones. Pues esta falsa dicotomía ciencia arqueológica vs cultura popular sigue vigente en amplios sectores de la arqueología académica y profesional de nuestro país (AYÁN, GONZÁLEZ y RODRÍGUEZ, 2011: 2). Si bien la transmisión, la comunicación o la divulgación de la información son necesarias en un proyecto patrimonial o museístico, consideramos que esas acciones no son suficientes si se quiere que el bien cultural sea de la comunidad, de la sociedad o de una parte considerable de la misma. Las activaciones patrimoniales y las iniciativas museísticas deben ser también una cuestión de participación. Proyectos en los que la sociedad, la población local, la comunidad o, al menos, aquellos colectivos o asociaciones que estén interesados por el patrimonio cultural puedan reflexionar, deliberar e implicarse en el modus operandi, más si cabe, cuando el objeto de la acción es el patrimonio cultural, es decir, aquello que simboliza la identidad de un colectivo social.

 

FOTO 3 TORRE DOS MOUROS

 

 

 

 

El Proyecto Torre dos Mourohttps://es-es.facebook.com/TorreDosMouros, en Lira, Carnota, A Coruña, tiene como objetivo hacer llegar a la ciudadanía, de forma transparente y entretenida, el proceso científico que se sigue a la hora de realizar una intervención arqueológica. Además, se han creado sinergias culturales y turísticas que permitirán rentabilizar socialmente al yacimiento desde el primer momento de la intervención. Por el momento, están diseñando conjuntamente con la administración local, una serie de estrategias de futuro, tanto desde el punto de vista puramente arqueológico, como desde el social y el turístico. El proyecto fue promovido por el Concello de Carnota, con la implicación de instituciones científicas como el INCIPIT o la Universidad de Santiago de Compostela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


FOTO 4 BIComnBIComún http://bicomun.niquelarte.org/ es una herramienta de diagnosis colectiva para experimentar modelos de gestión social del patrimonio, vinculada al espacio público ideada por Niquelarte. BIComún es una palabra liberada en la red para nombrar aquellos elementos patrimoniales que fruto de una reflexión colectiva decidimos conservar.

 


La acción social es el último estadio de un proceso que se compone de cuatro momentos consecutivos y firmemente interrelacionados: 1º Saber; 2º Querer; 3ª Poder; 4º Hacer (ZUBERO, 2012: 23), y es en esos estadios en los que podrían complementarse todas las “disciplinas” relacionadas con el patrimonio y la comunidad y así poder desarrollar estrategias de gestión social. Es evidente que el primero es el más importante.

SABER o conocer el patrimonio cercano posibilitará el interés de la comunidad en plantear estrategias propias de gestión. Esa generación de conocimiento, sobre todo cuando nos referimos al patrimonio arqueológico, debería producirse desde dos ámbitos: desde el académico o científico, con una información ya adaptada, y desde el propio conocimiento de los habitantes de ese territorio. Proyectos de difusión, divulgación, recreaciones históricas, recuperaciones virtuales, rutas, talleres pedagógicos, dan pie a ese contacto primario entre el conocimiento y la ciudadanía. Y es precisamente aquí donde echamos de menos esa interacción de la ciudadanía, que en la mayoría de los casos es mera espectadora de un producto finalizado. El que se produzca una interacción gestión/sociedad en alguna o en todas las fases del recorrido de esos proyectos es indudable que enriquecerá el mensaje y propiciará un compromiso de la gente con el mismo.


QUERER es el segundo momento. De nada sirve el intentar implementar cualquier acción si no existe una voluntad social de hacerlo por parte de una comunidad concreta. Para ello, siempre es necesario el trabajo de los referentes culturales del territorio o de aquellos que tengan algún tipo de vinculación al mismo, así como un trabajo diagnóstico exhaustivo para conocer voluntades y compromisos. Y cuando hablamos de comunidad también nos incluimos a nosotros, los gestores, porque muchas veces se nos olvida que también formamos parte de esa masa social que busca un cambio.


En cuanto al PODER, a la hora de socializar el patrimonio inmaterial o el relacionado con la memoria colectiva, es evidente que no existen muchas restricciones ni académicas ni administrativas, por no decir ninguna. Una asociación cultural de un pueblo cualquiera puede desarrollar un trabajo de recopilación de canciones populares de la localidad a través de la memoria colectiva para que no desaparezcan del saber popular y eso es socialización. Sin embargo, para la implementación de acciones relacionadas con el patrimonio arqueológico (o con el patrimonio construido) es un tema más complicado, porque ahí cualquier intervención, aunque no sea directa sobre el bien, debe pasar por el filtro administrativo y legislativo. Cuando hablamos más arriba del papel del gestor como intermediador, es en estos casos donde este asume más protagonismo, ya que este tipo de proyectos o acciones son las más problemáticas porque, o bien se diseñan sin el conocimiento de la legislación y a la hora de ejecutarse no pueden desarrollarse, o bien se llevan a cabo pensando que no es necesaria ningún tipo de autorización y una vez ejecutados pueden aparecer problemas legales. Para evitar estas situaciones, sería importante un diálogo fluido entre gestores y colectivos ciudadanos, y la propia administración para establecer una serie de directrices que abrieran la posibilidad de incorporar nuevas formas de gestión. Algunas de ellas podrían ser las siguientes:


- Desarrollo, en el marco de las leyes autonómicas de Patrimonio Histórico, de fórmulas de tutela concertada que optimicen el uso de patrimonio cultural como factor de desarrollo y la participación ciudadana como forma de gestión en aquellos casos que sea técnicamente posible.


- Formular la generación de propuestas de territorialización del patrimonio arqueológico coherente con los nuevos usos.


- Establecimiento de un programa de trabajo para la elaboración de documentos ejecutivos e instrumentos para la definición concertada de valores de uso del patrimonio arqueológico con todos los agentes culturales y sociales de los distintos territorios.


Y con ello no nos referimos a la participación activa de la ciudadanía en el desarrollo de la actividad arqueológica, que quizás debería plantearse, por ejemplo, desde la Arqueología Pública, sino el poder de decisión sobre qué patrimonio debería gestionarse y como debería hacerse como forma de empoderamiento del patrimonio como bien común, y más aún si está en suelo público. De una forma u otra, el papel del gestor es imprescindible.


Y finalmente el HACER, que entiendo que no hay que explicar mucho. Hacer, rehacer, replicar y comunicar para conocer, reivindicar, decidir e implicar.

 


FOTO 5 PROYECTO MAILA

 El PROYECTO MAILA (http://mailamalpartida.blogspot.com.es/) tiene como objetivo dar a conocer el yacimiento romano de Los Barruecos, en Malpartida de Cáceres, así como del resto de asentamientos y elementos arqueológicos de ese enclave natural, de una forma colectiva, colaborativa e implicando a todos los ciudadanos del entorno como forma de hacer suyo ese bien patrimonial y poder compartirlo con el resto de la sociedad.



Una vez que hemos planteado de qué estamos hablando cuando nos referimos a socialización, y cuáles serían las fases o momentos de su desarrollo o implementación, debemos centrarnos en qué es lo que queremos que se socialice. ¿Estamos hablando de socializar una disciplina científica, o de una serie de vestigios con una cronología determinada y ubicados en un espacio concreto? Si consideramos que la Arqueología Pública se centra en el trabajo post-arqueológico (ALMANSA 2011:103), habría que considerar también todas aquellas acciones que permitan dar a conocer, proteger o asimilar aquellos sitios no arqueologizados, es decir, aquellos espacios no documentados mediante la disciplina arqueológica . Hasta la fecha, la decisión sobre qué patrimonio, digamos “arqueológico” o artístico se estudia, se pone en valor o se incluye en las estrategias culturales y turísticas de cada territorio la tiene la Administración, ya sea local o supralocal. En la mayoría de los casos, de forma acertada, esos elementos se corresponden con aquel patrimonio más espectacular, mejor conservado o el incluido en núcleos de población importantes, conjuntos históricos o formando parte de rutas y vías de comunicación históricas que integran en su recorrido una serie de bienes más o menos cohesionados. No obstante, en otras ocasiones, son otros los motivos que posibilitan que un bien, ya no solo se conserve y se dé a conocer, si no que se tenga en cuenta para algo, y estos suelen tener que ver con réditos políticos o con contraprestaciones de alguna empresa que necesita reponer algún daño causado. También están los bienes que directa o indirectamente son estudiados o gestionados desde el mundo académico o científico, que aunque de una forma u otra también están supeditados a la legislación vigente sobre patrimonio, tienen cierto margen de maniobra a la hora de plantear nuevas propuestas divulgativas o de gestión. No obstante, existe todo un patrimonio totalmente inabarcable que, o bien no interesa científicamente, o está en un territorio alejado de los “circuitos” turísticos, patrimoniales o arqueológicos, o no es lo suficientemente rentable como para invertir dinero o esfuerzo, teniendo en cuenta también el famoso lema de que “todo el patrimonio arqueológico y artístico es inabarcable como para que todo se excave, todo se restaure, todo se conserve y todo se difunda”.

 

FOTO 6 sOpA CONGRESS
Imagen del sOpA 14, celebrado en la localidad de Celanova, Ourense.


Comprobando que en todo este alentador panorama había un territorio que estaba especialmente desprotegido y perjudicado como es el rural y que había una voluntad ciudadana que tenía derecho a decidir y participar de la gestión de sus recursos patrimoniales, decidimos crear el sOpA . Con este encuentro pretendemos dar voz a los colectivos y agentes culturales que desarrollan su trabajo en ese ámbito y en esa forma de gestión del patrimonio, y además, dar visibilidad a aquellos proyectos que de una forma u otra promuevan la participación de la ciudadanía en el análisis y en el diseño de nuevos procesos relacionados con su legado cultural y patrimonial.


Y es que el rural es un ámbito que reúne una serie de características que condicionan los posibles procesos de socialización del patrimonio arqueológico y que tienen que ver con todo un universo de tradición y modernidad que va modelando una forma de conocer, trabajar y mantener su memoria, bastante alejado de los modelos tradicionales, sobre todo ahora, que empiezan a introducirse nuevos lenguajes culturales procedentes del medio urbano.


En este sentido, la cultura tradicional se concibe desde el exterior como un factor de dinamización social de los núcleos rurales, aunque estamos hablando de un elemento innato a su condición como entes independientes pero que forman parte de un territorio con una identidad propia como es el rural. Si con anterioridad el patrimonio rural, en este caso el arqueológico, y sobre todo aquel que no respondía a estilos artísticos o tenía una carga histórica significativa, se encontraba relegado al olvido, o era visto despectivamente por aquellas personas obligadas a abandonar sus poblaciones de origen, en estos momentos ha cobrado una relativa importancia al contemplarlo como posible fuente de ingresos ante la demanda de un turismo cultural y rural creciente (ARNÁIZ, 2003: 1). No obstante, ese valor recuperado desde fuera para esa cultura, es preciso devolverlo a esas comunidades pero no artificial e interesadamente sino de forma que parezca que nunca ha desaparecido. Y ese es un papel que debemos asumir los agentes culturales, sobre todo los de los propios territorios. ¿Problema? El miedo generado por la crisis económica ha creado un estado de ánimo donde parece que exigir más recursos para la cultura es una frivolidad ante otras prioridades (MARTINELL, 2014), por lo que los gestores culturales tenemos la responsabilidad de reivindicar ese vínculo de la cultura con el desarrollo socioeconómico de los pueblos. Para ello, debemos tener en cuenta ese papel nuestro al que hacíamos referencia anteriormente de intermediadores o “facilitadores”, a través de los procesos creativos, en todos sus campos, de la asimilación de los nuevos lenguajes culturales, y del mantenimiento de los tradicionales por parte de la ciudadanía y de las administraciones locales. Además, tenemos el compromiso de estimular el desarrollo del patrimonio arqueológico y cultural, material e inmaterial, para despertar un interés en la comunidad por el conocimiento a través de un acercamiento a su propio legado, en muchas ocasiones desconocido, y propiciar los procesos de socialización a través del don y del contradón.

 

FOTO 7 LaFbrika Detodalavida

 Ejemplo efectivo de la recuperación comunitaria de espacios patrimoniales para la cultura es el del colectivo LaFábrikaDetodalavida (http://lafabrikadetodalavida.org/), que se aloja en dos naves de una antigua cementera ubicada en Los Santos de Maimona, Badajoz. LaFábrika Detodalvida se define como una Fábrica para la Gestión Social del territorio y la Ociocultura en lo rural. Un espacio polivalente y heterogéneo con distinta capacidad de respuesta ante demandas sociales y culturales insatisfechas.

 

 

 

 

 

De todos modos, en ocasiones nos encontramos con casos en los que ese valor del patrimonio o la cultura tradicional no se incorpora en el diseño de políticas, planes y programas al desarrollo al considerarse como una variable imprescindible por la dificultad de considerarla como un beneficio directo. También por la necesidad de procesos más amplios y duraderos que y por la confluencia con otras dinámicas de otros ámbitos del desarrollo (MARTINELL, 2010: 10). En este sentido, tenemos que considerar que lo intangible en el desarrollo es un aporte que no surge espontáneamente sino que es fruto de un trabajo social y comunitario importante con gran impacto en muchas dimensiones de la vida social, por lo que es imprescindible la realización de un trabajo transversal entre todos los ámbitos administrativos y sociales de cada uno de los municipios.


¿Y cuál es el reto a partir de ahora? Supongo que no forzar esos procesos, pero a la vez no eternizar el discurso teórico. En la actualidad existen numerosas iniciativas en nuestro país que intentan acercar el patrimonio cultural a la ciudadanía, haciéndola partícipe en mayor o menor medida de las distintas fases de desarrollo. Y muchos son los ámbitos y los actores que lo facilitan, tanto desde el plano teórico como desde el práctico, desde el patrimonio arqueológico al artístico o al natural, antropizado o no. Podemos destacar desde la Universidad el trabajo de Beatriz Comendador en el GEAAT de la Universidad de Vigo, de Gonzalo Ruiz Zapatero en la UCM, o del grupo de investigación DIDPATRI de la Universitat de Barcelona o el del PEU de la Jaime I de Castellón; desde los centros de investigación el trabajo del INCIPIT en Santiago de Compostela; desde la didáctica el del equipo EYEDIG o el de PALEORAMA; desde la comunicación y el periodismo el de Manuel Gago en Galicia; el de Pablo Aparicio, Marta Castillo o Marco Antonio Aza en el mundo del patrimonio virtual y virtuoso; el de Xame Santos desde el mundo audiovisual; el trabajo desde la empresa privada vinculada a la gestión del patrimonio, como Xeitura, Rock Art Conservation, o nuestro caso en Underground Arqueología; o el de Jaime Almansa desde su mundo editorial de JAS, tanto con la edición de publicaciones relacionadas con la Arqueología Pública como con la visibilización de ideas y anhelos de arqueólogos y soñadores; o desde el asociacionismo, como Niquelarte, La Ponte en Asturias, el KUKU en Castilla y León, Cafès de Patrimoni en Cataluña, la Plataforma Salvem el Cabanyal en Valencia, Montenoso o la Plataforma en Defensa do Castelo de Monterrei en Galicia, o LaFábrika Detodalavida en Extremadura; desde el trabajo de Árbore, haciendo bello el patrimonio más nimio, o el de los “lobos solitarios” Tono Vizcaíno en Valencia, Panchi G. Quiroga en Galicia, José Señorán, Antonio Domínguez o José Morejón en tierras extremeñas, o el del mismo Xurxo Ayán como ente global y globalizador.

 

FOTO 8 CABANYAL

 

 

 

 

 

 

 

El barrio del Cabanyal es un Conjunto Histórico Protegido de la ciudad de Valencia, declarado Bien de Interés Cultural en 1993. Desde 1998 el barrio está amenazado por un proyecto municipal que pretende ampliar una avenida que atraviesa su parte central. La Plataforma Salvem el Cabanyal (http://www.cabanyal.com) se crea para oponerse a este plan. Además de defender el Cabanyal en los tribunales, las vecinas y vecinos del barrio y otros solidarios, han llevado a cabo, a través de actividades culturales y artísticas, utilizando espacios privados y recuperando espacios públicos, una reivindicación del valor del barrio que ha llenado las calles de arte y de vida. El trabajo de la Plataforma ha sido merecedor de un premio EUROPA NOSTRA.

 


En definitiva, pensamos que nuestro trabajo debe seguir poniendo el énfasis en aquellos aspectos que limitan el avance del desarrollo comunitario en su relación con su patrimonio como único escenario posible donde la ciudadanía puede realizar un trabajo que de manera consciente, integradora, participativa, planificada, organizada y eficazmente coordinada les permita mejorar la gestión de su patrimonio y la única forma de conseguirlo es el trabajo en común y la implicación de todos los agentes en nuestras comunidades y nuestros territorios.

 


Bibliografía


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AYÁN VILA, X., GONZÁLEZ VEIGA, M. y RODRÍGUEZ MARTÍNEZ, R.M., 2011: «Más allá de la Arqueología Pública: arqueología, democracia y comunidad en el yacimiento multivocal de A Lanzada (Sanxenxo, Pontevedra)». VIII Seminari d’Arqueologia i Ensenyament. Barcelona.


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WALID SBEINATI, S. y PULIDO ROYO, J., 2014: «Socialización del patrimonio, patrimonio expandido y contextualización de la cultura». REVISTA ARQUEOWEB. Nº15 pp 326-334. [última consulta 22-12-14. Documento en línea] http://pendientedemigracion.ucm.es/info/arqueoweb/pdf/15/Walid-Pulido.pdf


ZUBERO BEASKOETXEA, I., 2012: «Problemas del mundo, movimientos sociales y participación ciudadana». Educar para la participación ciudadana en la enseñanza de las Ciencias Sociales. Coord. por Nicolás de Alba Fernández, Francisco F. García Pérez, Antoni Santisteban Fernández, Vol. 1, 2012. pp. 19-36

 

 

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