LA LINDE, 4-2015.

Arqueología de la Guerra Civil:

 

TRAUMAS Y MEMORIA DE LA VIOLENCIA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LA DICTADURA FRANQUISTA

                                                      Helena Villasante Claramonte

Historiadora y documentalista del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia

 

 

RESUMEN.- La violencia en la guerra civil española y su prolongación durante la dictadura franquista provocaron profundos traumas en la sociedad española. Todavía hoy muchas personas tienen miedo a transmitir sus experiencias debido al dolor que les provoca recordar estos sucesos traumáticos. La imposición de una memoria oficial de la dictadura y otras formas de violencia están en el origen de muchas de las dificultades que existen hoy para superar el pasado reciente español, pues las políticas de memoria estatales parecen insuficientes para ello.

PALABRAS CLAVE.- Guerra Civil española, Dictadura memoria histórica, trauma.


ABSTRACT.- Profound traumas in spanish society were provoked by the violence carried out not only during the Civil War but also in Franco’s dictatorship. Even today many people are scared of transmit their experiences due to the grief provoked only by the memories of these traumatic events. An official memory imposed by the dictatorship as well as other ways of violence are the origin of many of the difficulties in getting over the spanish recent past, since memory policies seem to be insufficient.

KEY WORDS.- Civil War in Spain, dictatorship, Historical memory, trauma.

1 Entrevista Juan Flor

Entrevista a Juan Flor Rubio, hermano de José María Flor Rubio, cabo de ametralladoras de la 39 División Mixta, dado por desaparecido a finales de marzo de 1939 en la Sierra de El Toro. Fotografía de Miguel Mezquida Fernández.


Uno de los aspectos más significativos de la guerra civil española y la dictadura franquista es la violencia y la represión política que sufrió gran parte de la población. Esto ha creado profundos traumas que todavía hoy están presentes en la sociedad debido al gran impacto que dejó la violencia en los imaginarios y memorias colectivas.

No solo se trató de la violencia característica de un conflicto bélico, sino que una vez acabado éste el Estado continuó ejerciéndola de forma institucionalizada. La dictadura instaurada tras la guerra civil usó la violencia como mecanismo de control de cualquier oposición pero también como forma de prevención, puesto que muchas veces solo bastó una sospecha para ser víctima de la represión. Los testimonios que hablan de esta etapa dan cuenta de depuraciones, violencia física, explotación en campos de trabajo, juicios militares, coacción y marginación económica, desapariciones forzadas, robo de niños, interrogatorios o torturas, pero sobre todo de una cultura dominante de exclusión de los vencidos que se mantuvo muchos años después de la guerra. Por todo ello, estas personas tienen hoy un recuerdo doloroso grabado profundamente en su memoria que en muchos casos, les ha dificultado el desarrollo normal de su vida cuotidiana.


Memoria impuesta: una forma más de violencia
Además de esta violencia institucionalizada, otra de las razones que explican la gran duración del franquismo y de los traumas que éste creó en las personas es la imposición de una memoria oficial sobre la guerra civil. Para ello fue necesario silenciar el resto de memorias y experiencias, negándoles su presencia en el espacio público. De esta forma se consiguió imponer una versión oficial sobre lo ocurrido que negaba las vivencias de muchas personas que habían sido víctimas directas o indirectas de la violencia. La memoria oficial, además de deslegitimar el sistema democrático anterior, monopolizó el recuerdo de la guerra como acontecimiento fundacional de una nueva historia y de la verdadera identidad nacional representada por el Alzamiento y el Nuevo Estado: el discurso oficial del franquismo planteó ésta como una guerra entre españoles y extranjeros.


El Estado promovió una cultura de humillación del vencido y de terror que se instaló profundamente en la sociedad. El discurso de culpabilidad de los vencidos hizo que algunos tuvieran juicios negativos sobre las propias actitudes durante la República y la guerra, recayendo sobre muchas personas la vergüenza, marginación, extorsión y humillación, tal y como el régimen se había propuesto. Muchos llegaron a sentirse culpables por sus ideologías, algo difícilmente superable incluso pasados los años, pues el Estado invirtió muchos esfuerzos en aislar a los vencidos y mantener abierta una gran brecha en la sociedad (Bernecker y Brinkmann, 2009). Desde su entrada en los pueblos, los sublevados trataron de borrar el recuerdo de la tradición anterior, física y simbólicamente. La desmemoria se impuso con amenazas, estableciéndose una política de venganza y odio que acallara cualquier oposición e instalara el terror en la vida diaria de los ciudadanos. De forma constante el régimen inculcó un miedo feroz, obsesivo y omnipresente a la repetición de una guerra (Cit. en Reig Cruañes, 2009, p.43) violenta pero necesaria para salvar a la patria de la degeneración democrática republicana.


Las políticas públicas de memoria iban dirigidas a ensalzar la victoria, sus mártires y héroes, mediante la difusión simbólica e iconográfica continua en los lugares de memoria, además de la creación de un ciclo temporal mítico. Desde las placas que recordaban a los caídos por España en las iglesias, hasta la transformación de la toponimia y del calendario festivo, pasando por el nombre de las calles, monumentos y estatuas en el espacio público, desfiles, propaganda en carteles, el No-Do o la enseñanza de la historia en las escuelas. La memoria de la guerra se extendió a los años posteriores, y el recuerdo de la represión provocó que muchas personas se recluyeran en el ámbito privado. El régimen actualizaba el horror de la guerra, […] lo que permitía renovar fidelidades (Reig Cruañes, 2009), mediante instrumentos como la Causa general. Sólo de forma clandestina podían surgir determinadas conmemoraciones o espacios para las otras memorias en un contexto de monopolio memorístico por parte del Estado. Sin embargo fueron muy limitadas debido al miedo de la población a las represalias de un Estado manifiestamente violento y criminal.


2 Memoria por Los Cados en El Toro 3 Cruz Jos Antonio Cuenca

Memorial dedicado a “Los Caídos por Dios y por España” conservado en la fachada principal de la iglesia parroquial de El Toro (Castellón). Fotografía de Miguel Mezquida Fernández. Y cruz dedicada a José Antonio Primo de Rivera en la Catedral de Cuenca.

 

En la transmisión de esta memoria oficial la educación tuvo un papel fundamental, sobre todo durante los años cuarenta y cincuenta. Su objetivo fue el de imponer un mito claro y con fuerza dramática que legitimase la dictadura y reforzase sus valores culturales y políticos (Boyd, 2006, p. 85). El Estado debía asegurarse que se explicaban los crímenes de la República que habían derivado en la guerra de salvación y el glorioso movimiento y que la enseñanza del pasado inculcaba el mito nacional católico; el orgullo nacional que había que recuperar para proteger a los jóvenes de las herejías extranjeras como el liberalismo o el comunismo. Además el pecado omnipresente y el control de los hábitos trataban de modificar la moral y las relaciones sociales y personales, lo cual repercutió en la socialización de niños y adultos. Se creó un marco bien definido en todos los aspectos de la vida cuotidiana de los ciudadanos que establecía, según la moral católica y la tradición nacional española, lo bueno y lo malo; lo propio y tradicional frente a lo extranjero; lo moralmente correcto y lo degenerado, condenándose así a quienes no se ciñeran a ello.


Otro medio de transmisión de la memoria fue la propaganda, que incluye desde los medios de comunicación del régimen hasta el cine heroico. El No-Do, por ejemplo, fue un importante instrumento a la hora de transmitir el culto a los lugares de memoria, desde el inicio de la dictadura (aparece en 1943), hasta bien entrada la Transición (su última emisión es de 1981). Cumple una tarea básica en la sacralización de tres espacios esenciales para la mitología y memoria franquistas: el Alcázar de Toledo, el Valle de los Caídos y el Monasterio del Escorial. Los lugares de memoria contribuyeron a establecer un determinado pasado en la sociedad de forma física, para crear una memoria comunitaria. Estatuas ecuestres del dictador, calles y plazas dedicadas a personajes de la dictadura, poblaciones que cambian su nombre, placas, cruces y lapidas en iglesias y cementerios, son ejemplos de la invasión de la memoria oficial en el espacio público. Una incautación del pasado y también una anulación de la libre manifestación de las otras memorias (Ledesma, 2004) para imponer una lectura manipulada de la historia que condenara cualquier otra representación que no se ajustara a los cánones oficiales. El caso más destacable es el Valle de los Caídos que con gran monumentalidad contribuyó a mantener la división entre vencedores y vencidos y a silenciar a las víctimas de la represión por parte del Estado, mediante misas y conmemoraciones que desde muy temprano perpetúan la memoria oficial franquista.


Por otra parte, cabe señalar la importancia de los términos utilizados por los contemporáneos para definir el conflicto armado, como reflejo de la guerra total que hace de las palabras un campo de batalla más (Godicheau, 2006), pues el lenguaje es muy representativo a la hora de analizar experiencias y percepciones. Desde el inicio del conflicto, el mito del Movimiento Nacional se basó en la caracterización de la guerra como una Cruzada, una reacción patriótica ante la amenaza de la anti-España, materializada en la República y la democracia, que en última instancia eran las responsables del conflicto. Pronto se utilizaron conceptos como lucha de la España contra la anti-España, rojo-separatistas, glorioso alzamiento, barbarie roja, etc.


Tras la guerra, la batalla por las palabras no cesó, pues había que mantener y extender las identidades creadas durante aquella, caracterizar cada grupo social en relación al tipo de sociedad que se quería construir y mantener el maniqueo abismo social creado: nosotros-buenos y ellos-malos (Godicheau, 2006). La negación de la identidad de los otros agravó la situación del trauma, teniendo en cuenta que en una guerra civil el concepto ellos va acompañado de elementos emocionales porque no se trata de enemigos ajenos, sino de parientes, conocidos o familiares (Cit. en Ruiz-Vargas, 2007). La deformación de las memorias de los perdedores de la guerra fue tal que durante muchos años prefirieron el olvido de su identidad pasada, a la humillación pública y al peso de la represión en sus memorias (Richards, 2006). El efecto del miedo y del recuerdo violento de la guerra y del franquismo ha sido tan profundo que está muy presente en el imaginario colectivo en España, incluso en las personas que no la han vivido (Reig Cruañes, 2009). Esto, según el autor, refleja la eficacia de las campañas propagandísticas que trataban de introducir el miedo perenne en las personas como fuente de legitimidad y para conseguir la paz social.


A partir de los años sesenta, los historiadores coinciden en afirmar que se produce una renovación de la historia oficial de la guerra en un contexto de desarrollismo y con la mirada puesta en el ámbito internacional. Las fuentes de legitimación del régimen se modifican, aunque nunca se abandona el argumento de la victoria militar: el mito del milagro económico sustituye al de la cruzada. En lugar del discurso de la victoria, ahora prima el de los veinticinco años de paz y se sustituye el concepto de guerra de liberación nacional por el de guerra civil. Este cambio se debe fundamentalmente a la intención del régimen de diluir sus responsabilidades en la guerra manteniendo un discurso de guerra entre hermanos y de locura colectiva; se produce, según Michael Richards, el paso del mito a la propaganda (Richards, 2006). Los libros de texto de estos años, aunque mantienen el discurso de la guerra como algo inevitable, reflejan esta idea de tragedia colectiva, de tragedia nacional o lucha fratricida entre dos bandos, y se empieza a atribuir la responsabilidad de la misma a las minorías extremistas entregadas al terror y a la violencia (Boyd, 2006).


Sin embargo no hay que perder de vista que la propaganda mantiene una función esencial en la legitimación del Estado. Si antes el régimen había salvado a la patria de la democracia y el comunismo, ahora había conseguido sacar a su pueblo de las penurias económicas de posguerra. La educación, el NO-DO, las celebraciones en los lugares de memoria y las palabras del discurso político mantuvieron la criminalización de los vencidos sin permitirles la expresión pública de sus experiencias y memorias.

 

El trauma como consecuencia de la violencia
Teniendo este tipo de políticas de memoria llevadas a cabo, es posible comprender lo difícil que era que se produjera la reconstrucción del sentimiento de comunidad anterior en una sociedad tan polarizada. La maniquea división social estaba alentada por el propio Estado, impidiendo la reconciliación y la superación del dolor para evitar que quienes habían perdido la guerra se integraran en la sociedad y pasaran el duelo de sus pérdidas. La elaboración de una memoria sesgada que justificara la dictadura ha tenido profundas implicaciones en los imaginarios individuales y colectivos. Además de la historia, otras disciplinas como la psicología o el psicoanálisis se han interesado por cuestiones relacionadas con el recuerdo que las víctimas o testimonios tienen de ciertos acontecimientos. Se han planteado por qué algunos hechos quedan grabados en la memoria con tanta intensidad y detalle, reapareciendo cuando han transcurrido varias décadas. Sentimientos como el dolor, sufrimiento, la angustia o la pena fijan estos momentos en la memoria (Ruiz-Vargas, 2007), y provocan crisis emocionales al recordar y contar las experiencias. Estas crisis emocionales son difíciles de superar si, como en el caso español, el contexto social y político exige silencio a los vencidos e impone, como se ha visto, una memoria oficial tergiversada.


Si la guerra es uno de los acontecimientos que mayores traumas provoca en los testigos, cuando el conflicto es civil se produce una gran quiebra social pues, según Peter Waldmann, proceden de la ruptura de la cohesión interna históricamente construida (Cit. en Aróstegui, 2006, p.67), y la intensidad del daño se puede medir por su persistencia en la memoria. Estos traumas afectan a la colectividad, hacen surgir memorias compartidas que reflejan la ruptura violenta de pautas históricas e influyen en la proyección de futuro del grupo (Aróstegui, 2006, p.65).

4 Soldados Unin Gettysbrurg Timothy H. OSullivan
"La cosecha de la muerte". Fotografía de Timothy O'Sullivan. Tomada en la batalla de Gettysburg, Pensilvania, el 5 de julio de 1863, en plena guerra civil estadounidense. En la instantánea se pueden observar soldados unionistas muertos.


El trauma puede provocar que una persona se sienta indefensa, impotente e incapaz de afrontar situaciones cuotidianas ya que su percepción del peligro y de la amenaza se ven alteradas por la magnitud de la tragedia (Ruiz-Vargas 2007, p.9). Janoff-Bulman afirma que a partir de un acontecimiento traumático las víctimas sufren el derrumbe de tres pilares: la idea de que el mundo es seguro y que las personas de alrededor son buenas; que somos personas competentes y honestas y que todo lo que sucede tiene un sentido (Cit. en Ruiz-Vargas 2007, p.10). Las víctimas de un trauma quedan destrozadas al tomar conciencia de la fragilidad e inseguridad humana en el mundo, sumada a la pervivencia del recuerdo doloroso de por vida. Por ello, los expertos insisten en la importancia que tienen las terapias en la superación del trauma, pues muchas veces el dolor es tal, que las personas son incapaces de sobreponerse a él sin ayuda. Sin embargo, para que el recuerdo de este tipo de situaciones no determine la vida diaria y en definitiva, para superar el trauma es necesario poder transmitir las experiencias y sentimientos en un entorno predispuesto a escucharlas.


En el caso de quienes perdieron la guerra en España, se mezclan el destrozo moral de las experiencias bélicas y la humillación de la derrota, dificultando más la vuelta a la vida diaria en una comunidad muy polarizada; formada por vencedores y vencidos. Esto se agrava con el sistema de terror, represión y humillación implantado por el propio Estado que obligó a las víctimas a reprimir su dolor. Ruiz Vargas atribuye la reaparición continua de una situación traumática a la imposibilidad de superarla adecuadamente. Así no es difícil comprender que haya personas que todavía hoy sufren la rememoración de estos acontecimientos, afectando a los discursos y a las identidades individuales y colectivas.


Para superar un trauma es necesario el apoyo del entorno y la posibilidad de transmitir y exteriorizar experiencias y sentimientos, pero esto no les fue posible a quienes perdieron la guerra en España. Al volver de la guerra, muchos encontraron un ambiente hostil, sufrieron ajustes de cuentas, intimidación y venganza por parte de la nueva élite, ayudada por vecinos, para hacer méritos a través de delaciones y espionaje. Muchos tuvieron que huir o adaptarse al nuevo régimen, pero otros optaron por el suicidio, que aumentó en un 30% en relación a años anteriores debido al acoso social que sufrían (Cit. en Ruiz-Vargas 2007).

 

Los niños de la guerra: una generación traumatizada
Estas situaciones de violencia, miedo y silencio son percibidas de forma muy diferente según la edad de quienes las vivieron, que influye mucho en la memoria de los acontecimientos. En el caso de España, quienes eran adultos durante la guerra recuerdan probablemente más que otra cosa la escasez de alimentos durante el conflicto y en la posguerra. El pánico de saber que en las zonas ocupadas se realizaban fusilamientos masivos sin condenas judiciales, la desaparición de familiares o el sufrimiento de torturas y arrestos son recuerdos intensamente grabados en la memoria de quienes lo sufrieron. A diferencia de sus hijos, ellos eran plenamente conscientes de los conflictos que se producían y sus significados.


Fue su madurez la que estuvo marcada por la guerra y no la infancia, cuando los traumas pueden ser más profundos. Sin embargo tuvieron que combatir en el frente, gestionar la retaguardia, proteger a sus familias o tomar decisiones para superar la carestía de alimentos y seguir adelante. Además, tras la guerra se enfrentaron a la difícil reconstrucción económica del país y sobre todo, a la educación de unos niños y niñas muy afectados por la guerra y con graves necesidades básicas y miedo por el contexto incierto.


Sin embargo, la generación más afectada fue la de los niños de la guerra, pues tuvieron una infancia marcada por la escasez, el hambre, las pérdidas familiares, las sirenas de bombardeo, los uniformes y la incomprensión. Para ellos, la guerra fue de los buenos contra los malos (González, 2009, p.93) pues es lo que se transmitió en pleno conflicto y es la imagen que en muchos casos ha quedado en la memoria. Estos niños no tuvieron un desarrollo infantil y juvenil normal; la guerra les robó la infancia o la juventud imaginadas (González, 2009, p.95).


De adultos, esta generación se caracterizó por una memoria de reconciliación como forma de superación del trauma colectivo. Predominaron entre ellos valores de tolerancia, sacrificio, defensa del trabajo y apreciaron todo lo que no tuvieron de niños en un contexto de escasez y destrucción económica. El sufrimiento de la posguerra les dio más capacidad para superar posteriormente situaciones difíciles, pues es lo que quedó más profundamente marcado en su memoria. Lo más frecuente es que no reivindicaran la memoria de sus padres a través de la participación política, que tardaran en transmitir sus experiencias y sus memorias en el espacio público, lo cual muestra la capacidad del régimen para despolitizar a la sociedad (González, 2009).


Esta fue la generación que hizo la Transición, que rechazó la memoria oficial de la guerra, se identificó con una nueva política y trató de transmitir la necesidad de reconciliación a través valores como la paz, el diálogo y el nunca más. De hecho, los estudios sociológicos demuestran que a partir de los años sesenta hubo una des-identificación de la población con la dictadura (Aróstegui, 2006, p.65), lo cual tiene relación con el aumento de los movimientos de oposición en estos años.


5 Fosa represaliados Benifai Paterna

Diferentes generaciones de la familia Ortuño-Cuallado concienciadas en la recuperación de los restos de su pariente Bautista Cuallado Domenech, fusilado y enterrado en una fosa del Cementerio Municipal de Paterna. Fotografía de Miguel Mezquida Fernández.


Conclusiones
En la actualidad, todavía se pueden apreciar en la sociedad española, las huellas de los traumas del pasado reciente. Muchas de las personas que fueron víctimas directas o indirectas de la violencia de la dictadura quedaron decepcionadas con las políticas de memoria llevas a cabo durante la Transición. Amplios sectores esperaban que la democracia supusiera una mayor consideración y reconocimiento de las víctimas, pero las élites políticas optaron por dejando de lado ese pasado traumático para mantener la concordia entre los ciudadanos. Esto provocó que en muchos ámbitos todavía pesaran traumas y preguntas sin resolver, pues la violencia política se mantuvo en cierta medida como un tema tabú del que era mejor no hablar. Si se tiene en cuenta que la generación de los niños de la guerra creció en un contexto inseguro y violento cuyo mecanismo defensivo fue no hablar, se puede entender que en muchos casos se asumiera el silencio como un valor esencial en la construcción de la personalidad individual, lo que explicaría muchas de las actitudes de la Transición. Además, ésta fue una generación socializada en el desarrollismo, cuya mejora de la situación económica contribuyó a suavizar la imagen cruel y violenta de la dictadura.


Por otra parte, en estos años de cambio, estas personas, cuyo trauma todavía no se había superado, fueron incapaces de recordar todo el dolor sufrido y en muchos casos optaron por olvidar lo ocurrido para seguir adelante. Sin embargo los expertos en psiquiatría y psicoanálisis destacan la gran importancia que tiene la terapia para la superación de situaciones traumáticas. Muchas veces basta con la posibilidad de transmitir las experiencias a las personas cercanas y de mostrar en el espacio público la realidad personal. Para ello es fundamental que se sientan parte de una sociedad dispuesta a escucharlos y a valorar sus testimonios en la que tengan la libertad de expresarse para superar los traumas de la violencia. Saber que se valora y se reconoce el dolor de las víctimas es importante para que superen estas dificultades.


6 Trabajos Sierra de El Toro 14
Trabajos de excavación y exhumación de fosas de soldados en la Sierra de El Toro, financiados mediante la iniciativa de un curso de formación en Arqueología y Antropología Forense.


También es de gran relevancia la implicación del Estado en las políticas de memoria que reconozcan y reparen a las víctimas, algo que en España está todavía pendiente. Las tímidas iniciativas de memoria institucionales llevadas a cabo en los años ochenta dejaron muchos problemas sin resolver, que no se han solucionado a día de hoy. Actualmente, se paralizan las subvenciones que la ley de la memoria histórica establecía para las iniciativas memoriales. Por ejemplo, esta ley preveía ayudas económicas para las exhumaciones de víctimas de la violencia política que responden al derecho de los familiares de enterrar dignamente a sus muertos. Este proceso, que ha ayudado a tantas familias a superar sus traumas y pasar el duelo de las pérdidas, está bloqueado institucionalmente por motivos de financiación pero también por razones políticas.


Quienes buscan un espacio en este recuerdo pidiendo que no se olviden sus experiencias y sufrimientos injustos, no suelen hacerlo desde una postura de venganza o revanchismo. Tampoco tratan de imponer una memoria sobre otras. Solo reclaman el reconocimiento de los actos injustos llevados a cabo por el Estado franquista y que se haga justicia con quienes los cometieron. Dado que durante tantos años se silenciaron sus realidades, parte de la sociedad tienen una visión parcial de los hechos, condicionada por la memoria impuesta durante la dictadura. Por ello las iniciativas de recuperación de la memoria tienen una importante vertiente didáctica, pues insisten en la importancia de que se difundan las atrocidades para que sean conocidas por todos y sirvan para crear conciencia crítica y de antídoto frente a los intentos de manipulación. También el papel del historiador es fundamental para acabar con esa visión sesgada y mostrar al público los avances de la investigación.


En realidad, las víctimas no son solo quienes sufrieron la represión. También lo fue la sociedad española en su conjunto, pues todavía viven en ella los viejos traumas y conflictos internos e ideológicos que impiden un desarrollo democrático adecuado. Para que éste se pueda culminar es necesario que las víctimas sean reconocidas y reparadas, además de que se haga justicia con los crímenes cometidos. No es necesario haber perdido a un ser querido o haber vivido estos acontecimientos para sentir ese deber con la historia y con la sociedad.


Explicar todas las cuestiones que no están todavía claras es tarea de los historiadores, pero la sociedad ha de tener una actitud abierta al conocimiento histórico y estar dispuesta a superar ciertos traumas, algo que en absoluto es un proceso fácil. Si en la sociedad todavía persisten los traumas del pasado es porque no bastan las explicaciones que se han dado, sobre todo durante la dictadura y por ello ahora se reclama mayor investigación. Además se trata de evitar que se olviden hechos que tanta relevancia han tenido en las vidas de varias generaciones. Hay expectativas, como las de justicia y reparación, que no se han cumplido y el que no exista un reconocimiento institucional de las víctimas en muchas ocasiones les hace sentirse olvidadas por el Estado. Además, durante muchos años, no se les dio la oportunidad de pasar el duelo a quienes no han enterrado a sus familiares y en ocasiones, tampoco se les ha valorado cuando han contado sus experiencias. Si a esto se suma el que la financiación para políticas de memoria que preveía la ley de 20071 está paralizada, se produce una situación en la que parece que el Estado favorezca el olvido de los crímenes y de las víctimas.


Para empezar un nuevo capítulo en la historia se ha de cerrar el anterior, pero esto no significa olvidarlo, sino superarlo para que el recuerdo no sea motivo de sufrimiento. Olvidándolo solo se retrasa más su superación, pues las personas nunca acaban de enfrentarse con el pasado, ni individual ni colectivamente. Lo que ha de pasar es el trauma, no el pasado. Éste debe ser objeto de estudio de los historiadores, pero lo que la sociedad tiene que decir es importante y se ha de tener en cuenta. Por ello, el pasado y las víctimas deben permanecer en el espacio público, para que puedan servir de referencia y tengan un papel pedagógico en la sociedad.


7 Olivo de Borriol
La familia Balaguer-Valls junto al olivo recientemente plantado en el Cementerio de Borriol, lugar de la memoria, ya que contuvo la fosa de los represaliados José Valls Casanova y Luis Meseguer Pascual. Fotografía de Miguel Mezquida Fernández.

 

Notas:

1. Ley de Memoria Histórica 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura.

 


Bibliografía


ARÓSTEGUI, J., 2006: “Traumas colectivos y memorias generacionales: el caso de la guerra civil”, en ARÓSTEGUI, J. y GODICHEAU, F. (eds.), Guerra civil. Mito y memoria. Madrid, Marcial Pons.


BERNECKER, W. L y BRINKMANN, S., 2009: Memorias divididas. Guerra civil y franquismo en la sociedad y la política española 1936-2008, Madrid, Abada Editores.


BOYD, C.P., 2006: “De la memoria oficial a la memoria histórica: la guerra civil y la dictadura en los textos escolares de 1939 al presente” en JULIÁ, S. (dir.), Memoria de la guerra y el franquismo. Madrid, Taurus

.
ESPINOSA, F., 2006: Contra el olvido. Historia y memoria de la guerra civil, Barcelona, Crítica.


GODICHEAU, F., 2006: “Guerra civil, guerra incivil” en ARÓSTEGUI, J. y GODICHEAU, F. (eds.), Guerra civil. Mito y memoria. Madrid, Marcial Pons.


GONZÁLEZ, M., 2009: “La generación herida. La guerra civil y el primer franquismo como seña de identidad en los niños nacidos hasta el año 1940” en Jerónimo Zurita. Revista de Historia, dossier “Guerra Civil: las representaciones de la violencia, nº 84.


LEDESMA, J.L., 2004: “El lastre de un pasado incautado: uso público, memoria e historiografía de la represión republicana” en AA.VV., Usos de la Historia y políticas de la memoria, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza.


LEVI, G., 1999: “Sobre l’ús polític de la història”, L’Espill, segona época, nº 3 (1999), pp. 27-37.


Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura (B.O.E. nº310 de 27 de diciembre).


PEIRÓ, I., 2004: “La era de la memoria. Reflexiones sobre la historia, la opinión pública y los historiadores”, Memoria y civilización, nº7, pp. 243-294.


REIG CRUAÑES, J., 2009: “La construcción de la memoria dominante durante la dictadura”, Pasajes. Revista de pensamiento contemporáneo, Valencia, nº 31, p. 39-43.


RICHARDS, M., 2006: “El régimen de Franco y la política de memoria de la guerra civil” en ARÓSTEGUI, J. y GODICHEAU, F. (eds.), Guerra civil. Mito y memoria. Madrid, Marcial Pons.


RUIZ-VARGAS, J. M., 2007: “Trauma y memoria de la guerra civil y la dictadura franquista” en GÁLVEZ, GÁLVEZ, Sergio (Coord.), Generaciones y memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria, nº 7, (2007). Dossier monográfico de la Revista de Historia Contemporánea Hispania Nova, [http://hispanianova.rediris.es/6/dossier/6d012.pdf].


TRAVERSO, E., 2007: El pasado, instrucciones de uso. Historia, memoria, política. Madrid, Marcial Pons.

 

 

 

Vuelta al Índice

 

Deja tus comentarios

0
Faltan claves reCAPTCHA
terminos y condiciones.
  • No se han encontrado comentarios
Joomla 3.0 Templates - by Joomlage.com