LA LINDE, nº 4-2015.

Editorial:

TODO PARA EL PUEBLO, PERO SIN EL PUEBLO. CERRANDO UNA ETAPA

 

El concepto platónico de lo “lo bueno y hermoso” y, por tanto, “justo y verdadero” en sí mismo y necesario en consecuencia, sigue aplicándose al patrimonio sin más debate previo. Los ilustrados del patrimonio, guiados por la máxima de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, consideran que, siendo bueno, hermoso y necesario, debe ser recuperado y ofrecido.


Pero recuperado no cualquier patrimonio, ni a instancias de cualquiera. En principio, sí todo aquel que fuera a romperse. He aquí la Arqueología de Urgencia, que una vez en el box y tras un periodo de observación, se remite a reposo domiciliario y a remisión de expediente administrativo, así hasta el próximo ingreso.


Sin embargo, el patrimonio en mayúsculas, el que no pasa por las salas de urgencia, sino por los quirófanos de los grandes hospitales, ese, sí debe recuperarse sin objeción y exponerse en grandes convenciones. Porque sí..., porque es bueno y hermoso y porque los doctores del patrimonio así lo consideran.


Lo cierto es que tras la aplicación de leyes, por lo general bienintencionadas, en estos últimos treinta años, tras la recuperación de toneladas de patrimonio y con unos cuantos kilos de él convertidos en museos y centros de interpretación, al patrimonio que uno siente como suyo, el más próximo y tangible, tal vez poco atractivo o incluso repetitivo, a ese casi no se le hace caso.


Algunos tienden a pensar en lo ingrato que es el populacho ¡con los esfuerzos que se han hecho! ¡Y no sólo no lo mira, sino que además se permite el lujo de plantar un graffiti en la cara de Augusto o doblar un atril donde se explica el valor incalculable de ese fragmento de columna!!!!


La cuestión es: ¿alguien le ha preguntado al populacho si quiere ese regalo? ¡Toma hijo, te regalo la bicicleta porque ya has cumplido los diez años!


Los agentes que concurrimos en la gestación y gestión del patrimonio, sobre todo los que nos ensuciamos con la tierra, seguimos siendo considerados por la sociedad, tras estos últimos treinta años, como unos pelmas, que actuamos a golpe de legislación y que, la mayoría de las veces, tan sólo causamos molestias y derramas económicas.


El patrimonio no se ha interiorizado, pues, salvo raras excepciones, no se han acometido acciones para que se genere una demanda social, para que desde el seno de la misma ciudadanía surja el interés por el consumo de patrimonio, un patrimonio que fuera sentido como propio y no sólo impuesto como una dádiva.


Y hemos de darnos cuenta de que así nos estamos echando piedras a nuestro propio tejado. Cuando los proyectos que requieren someterse a las leyes no llegan, tampoco llega el trabajo y aquí estamos viéndolas venir, pues nadie llama a nuestras puertas por gusto.


¿Qué hacer entonces? Hay gente que está buscando soluciones. En la sección de “Cómo está la profesión…!”, no hemos querido, en esta ocasión, debatir acerca de lo mal que estamos, de cómo nos afecta la crisis o del poco apoyo que tenemos. ¡Pobres víctimas, los arqueólogos! Hemos querido fijarnos en propuestas de trabajo que, sin contraponerse al ejercicio clásico de nuestra profesión, pero desprendiéndose de ciertos prejuicios, avanzan de manera mucho más efectiva en la conexión entre el patrimonio, los profesionales del mismo y ese “público” (la ciudadanía) que lo consume y por tanto lo demandará una vez interiorizado.  No son en absoluto soluciones novedosas ni inéditas. Que nadie espere fórmulas mágicas. Todo comienza cambiando el chip “¿porqué ejercemos nuestro trabajo?, ¿para quién trabajamos?”.  En primera instancia para nosotros mismos y nuestros colegas, por supuesto, todos los días debemos alimentar al gusanillo del conocimiento del pasado que nos corroe. Pero, si gran parte de la sociedad no lo tiene o, más bien, no lo ha desarrollado, entonces ¿qué hacemos? Que se nos acaba la faena, así de sencillo y crudo.


El artículo “Buscando salidas” de Leticia Menéndez, David Guerra y Antón Montero abre la sección de “Cómo está la profesión…!”.  Este colectivo de jóvenes arqueólogos integrados en Antiqua Terra ejemplifica un quehacer de la profesión amplio mediante el arqueoturismo, la didáctica y la aplicación de las nuevas tecnologías como la virtualización, acciones que en todos los casos intentan acercar y hacer comprensible el patrimonio a cualquiera que se sienta interesado o “enganchado”. Creemos que los más jóvenes han comprendido a la perfección la necesidad de la diversificación ¡a la fuerza ahorcan! y que los más veteranos debemos  hacerlo también.


Le sigue el trabajo de Juanjo Pulido, “La socialización del patrimonio: aclarando conceptos, centrifugando ideas”. Qué decir de Juanjo y de Sabah de Underground Arqueología, un equipo iconoclasta, que siempre nos remueve las conciencias con todos sus textos. Caer del guindo, darse cuenta de que lo que uno hace no es tal vez lo que guste a la gente y, es más, que tal vez nadie nos ha pedido que lo hagamos..., no es tan fácil. Como dice Juanjo es momento de ponerse manos a la obra en la socialización y democratización el patrimonio.


Gemma Cardona nos deja helados con la pregunta del título de su trabajo acerca de la didáctica desde la visión de una joven investigadora “Pero…¿de verdad esto es importante?” La ignorancia que algunos muestran desde la academia nos recuerda mucho a otras preguntas que allá por el año 1994 nos hizo alguien ¿pero no te das cuentas de que haces intrusismo laboral? en referencia a los trabajos de arqueología de la arquitectura que iniciábamos por entonces o de ¿no te das cuenta de que éso es etnología? cuando defendíamos por las mismas fechas la necesidad de estudiar desde la arqueología a las sociedades contemporáneas... Pues eso.


Cierra la sección el testimonio, desde la honda experiencia acumulada en el campo de la didáctica, de Pedro Carretero y la empresa ERA Extremadura.


¿Y el resto del número? Nos han presentado un total de veinte colaboraciones, gracias desde aquí a todos los colegas y ya amigos, que nos han confiado sus textos. No reseñaremos cada uno de ellos. Decir que en todos se respira ese aire reivindicativo, crítico y cargado de argumentos que tanto nos gusta en La Linde.


En julio más y, a los que leáis estas líneas, ánimo y recordad que La Linde está abierta a vuestras colaboraciones.

 

En Valencia, a 28 de febrero de 2015
Paloma Berrocal Ruiz y Víctor M. Algarra Pardo

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