LA LINDE, 5-2015.

 Hay que conocer:

LA DESCOMUNAL

Revista iberoamericana de Patrimonio y Comunidad

http://www.ladescommunal.org/

 

Víctor M. Algarra Pardo. Arqueólogo, codirector de la Revista La Linde

 

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¡Extra, Extra! La DESCOMMUNAL, Revista Iberoamericana de Patrimonio y Comunidad! ¡Ha nacido una nueva revista!


Sí, sí, pero nace crecidita… Tiene razón Juanjo Pulido en la editorial del Número Cero al decir que no surge de la nada, pues es fruto de la evolución natural y del trabajo de un ya nutrido grupo de personas que, superando postulados teóricos, se han “arremangado” y están demostrando con sus proyectos que otro tipo de Patrimonio es posible y, lo que es más importante, que en su gestión caben todos, sobre todo aquellos que hasta ahora han tenido difícil su participación.

Los que hemos ejercido durante años y hemos visto ejercer de forma recalcitrante nuestro oficio de arqueólogo, y en general el de cualquier tipo de gestor o investigador del Patrimonio, de espaldas a la Sociedad (por no decir otra parte de la anatomía humana) no podemos más que alegrarnos de esta aventura editorial.


La alegría es mayor cuando descubrimos quienes están detrás. Son sobre todo los miembros de la redsopa, que tiene su máxima expresión en los sOpA, Congreso Internacional sobre Educación y sOcialización del pAtrimonio en el Medio Rural, con sus hasta ahora dos ediciones: el sOpA13 celebrado en Malpartida de Cáceres y el sOpA14 celebrado en Celanova (Ourense), junto al próximo sOpA15 previsto para el mes de noviembre en Benito Juárez (Provincia de Buenos Aires-Argentina). En la web de presentación de este congreso se manifiesta que “el objetivo principal del SOPA es educar en lo común, contactar, facilitar el acceso y la transmisión al patrimonio en el medio rural, propiciar una verdadera democracia cultural. Trabajar en el sentimiento colectivo, con gente que quiere comprometerse con la comunidad, que quiere cambiar las formas de relacionarnos con nuestra cultura. Emancipar el conocimiento mediante la expansión de los saberes y la co-creación de contenidos y metodologías”.


La revista pretende ser el espacio donde difundir estas ideas y los proyectos basados en ellas: “Desde hace años son numerosas las gentes y las iniciativas que vienen trabajando en patrimonio y comunidad desde múltiples frentes en territorio iberoamericano. Darle visibilidad a ese trabajo y a esa forma de reflexionar en común es el principal objetivo que pretendemos afianzar con esta publicación semestral”.


portada Y en este sentido, la revista es en sí toda ella un gran “Grito Descommunal” (como lleva por título una de sus secciones), que nos advierte de que el camino por el que tradicionalmente hemos ido, y por el que aún hoy va demasiada gente en la gestión del patrimonio, acaba en un precipicio o en el limbo, donde nada se mueve, nada se soluciona, nada se entiende, a la espera de nuevos impulsos dirigistas (muchas veces paternalistas, cuando no meramente electoralistas), que por lo general sólo satisfacen a una reducida élite cultural.


El Patrimonio, palabra poco apreciada por algunos de los que recalan en esta revista por sus connotaciones exclusivistas, se ha manifestado siempre como un Jano Bifronte, unas veces en su versión dura (pero al fin y al cabo sincera) de que la “miel no está hecha para todas las bocas”, de que el arte y las antigüedades gloriosas del pasado les pertenecen sólo a aquellos que tienen probadas capacidades de apreciar su valor. Otras veces en su cara blanda, pero un tanto hipócrita, que les permite su contemplación desde lejos y sin que se manoseen las “piedras”.


Otro efecto perverso a sumarse al “debe” de esta concepción es el silencio al que se aboca a todo aquello que no interesa a la élite patrimonialista, lo que comúnmente se considera “cultura popular” o tradicional, que habita por lo general en el medio rural, pero también en el urbano (en las ciudades no sólo hay catedrales y palacios, también hay otros “referentes culturales” y en su caso “arqueológicos”, como los define Leonardo Faryluk en uno de los artículos de La Descommunal). El silencio, al menos, puede ser rescatado para espacio de la Memoria, el problema es cuando se llega a la aniquilación de ciertas “culturas”.


Cuanto menos, estos modelos han de calificarse de fracasados (al margen de injustos, lo cual es obvio) si nos fijamos en la visión puramente mercantilista de esta nuestra sociedad. Como un subproducto del pelotazo inmobiliario, el Patrimonio Cultural-Histórico-Arqueológico se ha utilizado en demasiadas ocasiones como un valor más de ganancia personal o de supuesta inversión en la economía local. Resultado: “cultos” parques temáticos en ocasiones abandonados a su suerte, no todo lo sostenibles que debieran ser y sin el suficiente aprecio por la comunidad local.

 


Y es que si el patrimonio no es querido, si no se participa de él desde un principio, al vivir en una sociedad basada en la inmediatez, en la consecución rápida de proyectos que generen fáciles “pelotazos” con rendimientos económicos sólo para unos pocos, con programas cortoplacistas basados en los “cuatro años legislativos”, cuando todo esto pasa, el PATRIMONO se olvida y se abandona a su suerte. Nadie lo defiende, pues incluso a los que se les ofrecía como una “dádiva” por parte del generoso Estado-museo-universidad-cualquier centro de gestión con poder, lo ignoran porque NO ERA SUYO o no lo sentían suyo.


Ese es el grito que resuena en La Descommunal: el Patrimonio ha de transformarse en Común y, por tanto, el patrimonio ha de trabajarse en comunidad, como reivindican los miembros que componen esta revista y todos aquellos que participan en la Redsopa.


Es esta una aspiración que desde La Linde también perseguimos. No es casual que algunos de los miembros de La Descommunal, como Juanjo Pulido de Undergroung Arqueología junto a Sabbah Walid, o María Gómez Javaloyes hayan colaborado en La Linde. El vínculo es más que evidente. Su presencia en la Red nos gratifica, del mismo modo que alguien se alegra de los logros de un amigo.


Combatir prejuicios como el de la participación “amateur” o del “aficionado” en un patrimonio siempre “sensible”, si no es trabajado de forma global por “expertos”, es paralelizable con el debate actual de la participación ciudadana activa y comprometida en la gestión política de la sociedad. Los “miedos” son justificables, pues la inexperiencia puede ocasionar problemas puntuales de conservación. Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Seguir andando la misma senda elitista y exclusivista que aleja el patrimonio de la sociedad instalando enclosures en forma de bonitas vitrinas en el campo?


De la lectura de la Descommunal se puede apreciar que es posible traspasar la utopía y conjugar el trabajo técnico y fundamentado de los profesionales con el anhelo y las aspiraciones de aquellos que, haciendo “suyo” el patrimonio de su comunidad, colaboran en su construcción y aportan sentido a nuestro trabajo.


¡Ánimo y nos veremos junto a la linde de ese camino!

 

 

 

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