LA LINDE, 6-2016.

Arqueología de la Guerra Civil:

 

EL ÚLTIMO SOLDADO DE LA QUINTA DEL BIBERÓN.

Apuntes para la memoria histórica de Villarrobledo (Albacete).

 Luis E. Moreno Gento. Licenciado en Historia y Tco. Superior en Biblioteconomía, Archivística y Documentación. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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Introducción

Tengo ante mí a unos de los últimos soldados de la II República. En 1939, hace justo setenta y siete años, fue movilizado y entró a formar parte de un ejército que ya agonizaba.


Hoy cuenta con 95 años, y desde hace tiempo nos consideramos amigos a pesar del salto generacional que existe entre ambos.


Lorenzo Collado Osma nació el día 6 de febrero de 1921 en Villarrobledo (Albacete), donde reside. Pastor desde su infancia, maestro quesero antes de jubilarse, y ahora un nonagenario que disfruta realizando trabajos artesanos en esparto.


Lorenzo goza de buena salud, además de agilidad mental. Recuerda con precisión sus peripecias juveniles. Hoy estamos almorzando en un bar, como llevamos haciendo semanalmente desde hace un par de años. Está sentado frente a mí mientas anoto y grabo estas líneas que trascribo. Tiene el semblante propio de un campesino manchego, y más él, que ha sido mayoral de ganado en diversas fincas: es serio, reservado, parco en palabras y observador... goza de buen humor y tiene buena conversación, en la cual siempre salen a relucir dichos y refranes manchegos con los que sentencia a los demás contertulios: -“Luis, ¿has leído el letrero invisible que hay en la puerta del cementerio? Dice así: Hasta aquí los gustos, y ende aquí pa'dentro se terminaron los disgustos”.


Cuantos más campesinos he conocido en esta localidad, mejor he comprendido sus vidas, todas ellas aceptadas desde la resignación del inmovilismo social. La vida pastoril de Lorenzo ha transcurrido a lo largo del siglo XX como la de tantos otros trabajadores del agro, al servicio de los terratenientes; hay dos obras que reflejan perfectamente la época que vivió Lorenzo, la primera es de un autor local, Ventura Chumillas (1875-1943), quien en 1917 (tres años antes del nacimiento de Lorenzo) describió al campesinado villarrobledense de esta forma:

éste no puede ser más bueno ni de mejor pasta. Hay humildad, honradez y laboriosidad en los menestrales y campesinos. Los jornaleros agrícolas son sumisos, dóciles, sufridos y fieles como perros a sus amos. Se consideran dichosos cuando pueden comer unas gachas, un caldo de patatas o un ajo claro. ¡Pobre gente!” (Chumillas, 1917: 26).

La segunda obra es conocida por todos: Los santos inocentes, escrita en 1981 por Miguel Delibes (1920-2010) y llevada al cine tres años más tarde por Mario Camus (1935-); en ella se describe de manera magistral la sumisión del campesinado ante sus “amos” en los años del franquismo.

 


Entrevista (La presente entrevista se realiza en Villarrobledo -Albacete- el día 5 de enero de 2016. Se transcribe de forma literal, respetando los giros de la lengua propios del entrevistado)

 

Infancia y formación

 

-Lorenzo, vienes del mundo del pastoreo desde que eras pequeño. ¿Cuándo te pusiste a trabajar con el ganado, fuera del ambiente familiar?

 Pues yo... mi padre estaba en la Casa las Rejas1, que eso pertenece al término de Socuélamos [(Ciudad Real)]; y un señor de Socuéllamos que se llamaba Críspulo el Jabonero, compró un lote de corderas... ¡del ganao! Y se lo llevó a Socuéllamos, y le dijo a mi padre le mandara un pastor: -Pero hombre... yo no tengo-. -El muchacho ese tuyo-.


Total que mi padre me mandó con él. Y me fui con él a servir a Socuéllamos con 7 años [1928]. Y cuando íbamos por ahí con el ganao el mayoral2 que tenía [Críspulo] y yo, pos cuando llovía el hombre me tenía que subir al borrico porque yo me se llenaban los pies de barro y ya no podía andar ni seguirlas [a las ovejas].


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Diversas fincas de Villarrobledo con las que Lorenzo ha tenido relación

 

-¿Antes de los 7 años ya habías trabajado por cuenta ajena?

Con 5 años [1926] ya iba a vendimiar con mis hermanas; que tenía dos hermanas que iban delante de mí, y eran ya mayores; una se llamaba Juliana [14 años] y la otra Catalina [9 años]. Y íbamos otro hermano mío que iba detrás [4 años] y yo... íbamos con ellas, cada uno con una, y cuando llenábamos la espuerta de uvas, se iban ellas dos a vaciar y nosotros nos quedábamos cogiendo uva en la otra. Llevábamos dos bancos3, uno cada uno, cada espuerta un banco.


Y con 5 años, me llevó mi padre con él a las Lagunas de Ruidera, que tenía allí una finca el ama que estaba sirviendo, doña Enriqueta Sánchez que era de Las Mesas (Cuenca). Allí tenía una finca que le decían Las Haceillas, allí pegando a las lagunas. Me fui con él, y iba por allí con él... pues lo mismo que van los perdigones cuando salen del nido detrás de la perdiz, así iba yo detrás de él... ¿qué iba yo hacer? Mi padre era el mayoral, y allí sólo iba por los inviernos, en el verano y agosto lo pasaba aquí en Las Rejas, allí se iba para dos, tres o cuatros meses lo máximo... a lo mejor se iba... ¿qué te voy a decir yo?, vísperas de Los Santos4 o por ahí, y en cuanto empezaba el buen tiempo, que empezaba a salir hierba aquí en Las Rejas, se venía aquí.

 


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Lorenzo (primero de la izquierda con boina) junto a sus padres y hermanos: los padres Juan y Valeriana (sentados). De pie por detrás (izq. a dcha.): Lorenzo, Catalina, Juliana, Matías (con boina). Delante (izq. a dcha.): Francisco, la pequeña Bernabela y Sebastián.

 

-¿Pudiste ir a la escuela, Lorenzo?

[Hace una mueca] Mi padre me hizo un zurrón... eso fue cuando aprendí a leer algo. Mi madre me compraba cuadernos con muestras puestas5, y luego... como antes no había bolígrafos, era un tintero con pluma y un mango... ¡con una pluma!, bueno llevaba plumas de repuesto porque se estropeaban. Y mi padre me hizo un zurrón, metía allí el cuaderno y el tintero, pero el zurrón como era apastao6 y al meter el tintero, como eso era una cosa así [señala y hace el gesto de algo abultado]... hacía un bubón que me iba rozando todo el día y me hizo hasta herida en la espalda. Y así aprendí a escribir, pero no sabía leer lo que escribía. Y luego ya con el tiempo me fui instruyendo un poco y aprendí a juntar las letras. Y así aprendí a leer lo poco que sé. Esto... ortografía no tengo ninguna.

 


II República (en 1931 Lorenzo tenía 10 años)

 

-¿Qué recuerdas de la República?

Me acuerdo de algo, pero ya muy poco. Eso fue fatal. Estaba en el pueblo, porque estaba aquí con un señor el Cuco, el tío Ramón el Cuco, que tenía ganao y yo estaba con él. Y ahí donde está el parque ese de los Caídos... bueno que le dicen de los caídos que su propio nombre es: Parque de Joaquín Acacio7. Pues eso estaba que lo sembraba mi amo, el tío Cuco, lo sembraba de centeno y luego lo cogíamos con el ganao, y estábamos ahí en la huelga8 del 31.


Me pilló ahí precisamente donde está el parque, porque la casa del tío Cuco estaba mu cerca de ahí, donde tenía el corral en la calle Villar. Desde el parque, arriba por la calle Villar pues... ¿qué te voy a decir yo? desde donde tienes el coche a la esquina [15 o 20 metros] estaba el corral del tío Cuco.


Y estábamos ahí con el ganao, y estaba la puerta del cuartel [de la Guardia Civil] arrodeá de hombres así [señala con los hombres juntos y apretados] uno con otro, a la Guardia Civil la tenían acorralá que no podía salir.


Y tenían una puerta de escape por la calle de la Dolorosa... que eso antes fue un cementerio (el primer cementerio que hubo aquí en Villarrobledo estuvo ahí ande estaba el cuartel). Y se salieron por allí, si tenían dos, tres, cuatro o cinco caballos, no sé cuántos serían... salieron por la puerta esa de escape montaos a caballo y empezaron a dar vegajazos9 y ¿dices tú? Aquello se quedó limpio... [murmura] mecagüen la que se lió.


Nosotros tuvimos que salir corriendo a encerrar los ovejos y irnos a la casa del tío Cuco, que estaba un poco más arriba, en la misma calle pero un poco más arriba [del corral] en la otra cera10; y al encerrar el ganao nos fuimos a la otra casa ande vivía él.


Y estando allí encerraos empezaron a llamar al llamador, que me acuerdo que era un postiguillo11 con un llamador:  -Abra usted que vienen...- [balbucea], no dio tiempo. Había unas ventanas que daban ahí donde está el parque, aquí en la cera la Dolorosa, y había allí unas ventanas, se subieron uno o dos a la ventana que había y llegó un tío, un guardia con el caballo y el vergajo, [balbucea] el sable, y empezó allí a darles... buah!... [agacha el rosto entristecido] daba pena ver aquello, daba pena verlo [guarda un rato silencio].


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Antiguo edificio de la casa-cuartel de la Guardia Civil de Villarrobledo

 

Guerra (en 1936 Lorenzo tenía 15 años)

 

-¿Cómo viviste el estallido de la guerra el 18 de julio de 1936? ¿dónde te encontrabas?

En casa de don Miguel Córdoba12, en la finca El Árbol de Córdoba. Eso está cerca de carretera del Tomelloso, pero no en la misma carretera, está a un kilómetro o algo más de la carretera, a la izquierda yendo para el Tomelloso [Ciudad Real]. Allí estaba de muchacho, y el mayoral era un tal Pedro Parra.


Los enteramos que se habían levantado los señoritos13, pero mayormente nos enteramos porque como ya estaban segando, y los Córdobas tenían: El Árbol, que había un tajo de segadores, en Casa Vieja otro, en Las Olivas otro y en Las Isabeles otro14. Y el primero que empezó fue desde Las Isabeles que empezó a echar a toda la gente pa'acá, al pueblo, se vino... desde Las Isabeles se vino a Las Olivas, toda la gente la echó pa'lante, desde Las Olivas se vino a Casa Vieja y la gente pa'lante, y al llegar al Árbol la gente pa'lante, y nosotros que estábamos ocho pastores allí con el ganao dejaron tres... y uno, cuatro para sacar agua que allí había un pozo manantío15 y había que estar dos allí, uno para tomar los zaques16 del agua que subía y otro para arrear la mula que había para sacar agua. Y se quedaron cuatro allí y otros cuatro que nos vinimos, y entre ellos uno yo.


El hombre que no echaba pa'lante era un destacao del partido socialista, le decían el Rey, que estaba de capataz con una cuadrilla de segadores.


Cuando llegamos por ahí... ¿¡pero tú sabes la reata17 que traía el tío!? Una reata de carros, tres o cuatro galeras... y la gente. Y al llegar al pueblo, otros... los primeros [cuadrillas de segadores] y otros que iban al Árbol de don Fernando18 (que está casi enfrente), y había otra que estaba muy cerca en La Carrasca de los Ortegas19... y ya se iban para afuera porque al llegar al pueblo los volvieron, no les dejaron pasar que los señoritos todavía estaban en el mando [el pueblo estaba tomado por los rebeldes sublevados]. Los volvieron y al llegar por ahí enfrente de El Sol20 se chocan ese con un tal Luchana, Anastasio Luchana21 me paece que se llamaba, que iba también con un tajo de segadores del otro hermanico de don Paco [Córdoba], del Cuartón y de todo eso. Se enfrentaron allí: -que dónde vas?, -que ande iba?, -que tal y cual... y cogió el Anastasio un rabo de horca que llevaba... y se lo quitaron, que si no lo apaña; pero el otro se hacía más... más de saber y querer y poder porque llevaba una pistola el Rey.


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Miguel Giménez de Córdoba (1897-1936).

-Y tu familia ¿dónde se encontraba?

El 18 de julio que fue cuando explotó el movimiento: la guerra; pues mi padre tenía... había allí unas eras donde tiene ahora la bodega Ayuso, y mi padre la tenía alquilada, que no eran de él pero allí trillaba lo poco que tenía.


Estaban trillando y llegó el aparato y se agarró a bombardear ahí22, y a mi hermano pequeño Francisco (de los cinco que éramos el más pequeño) estaba trillando con él y le dio un trozo de metralla, le pasó el dedo... que luego se libró de ir al servicio por el brazo que no lo tenía... completo, no lo podía mover bien: los tendones.


El aparato bombardeó dende el puente pa'llá [puente de la carretera Barrax sobre la línea de ferrocarril]. Yo no sé qué pretendía.


Y como estaban así, mi padre y mi hermano allí, mi madre asustá en la esquina de mi casa (calle Alicante, que la bodega no existía ni había calle formá, sólo había una pared de traviesas de la vía). Mi madre sacó una sábana [se ríe] no tenía en aquel momento otra cosa y con un palo como pidiendo paz. Y se fue, ya se fue el aparato.


Luego durante la guerra vinieron dos veces a bombardear [la aviación franquista23]. Y una de ellas, mi padre se tiró al campo y estuvo toda la noche con la familia y los que había con él... estuvo toda la noche tirao en el campo hasta que se fueron. Que fue de noche cuando vinieron a bombardear.


Hubo un intervalo [de tiempo] y luego volvieron otra noche, como era por la tarde y por si acaso venían a la noche otra vez, enganchó un carro y una mula y se fueron los que había con él: mis hermanas y hermanos pequeños, se fueron ahí a Carrión24, que está de aquí dos o tres kilómetros, que tenía allí un familiar.

 

-¿Cómo pasaste esos primeros días de guerra?

Yo me fui aquí al pueblo, y otro hombre que estaba allí conmigo [en la finca El Árbol], que vivía en la misma calle que mis padres, a los tres días de estar aquí va el hombre a mi casa: -¿y qué hacemos? A mí me da idea de irnos-. Mi padre le dijo: -Claro que os tenéis que ir, ¿qué hacéis aquí?.


Nos fuimos andando al Árbol, y ya no nos molestaron, ya nos dejaron.

 

-¿Estuviste allí de pastor el resto de la guerra?

Lorenzo Collado: [Después del 25 de julio de 1936] yo me fui al mismo sitio, pero el mayoral Pedro Parra, este que te digo, tenía ahí dos que tenía así un poquito interés en ellos, y yo ya llevaba tres años con él, y uno de esos hacía tres o cuatro... pues mira... la guerra explotó en el mes de julio y él se fue en San Pedro25, allí con nosotros se fue (Ramón el Maduro).


Y cuando fueron los del Consejo Obrero26 a hacer el apaño para pagarnos, que se tardaron dos o tres meses sin pagarnos... ¡naaa! [hace una mueca] y acordó de poner al otro que me llevaba a mí un año no llegaba y a ese le puso de zagal y a mí de muchacho en la lista, y el muchacho es el que menos gana.


Como los ganaos los había requisado el Consejo Obrero, nosotros dependíamos de ellos, que era quien nos pagaba.


Vengo a mudar27 y me dice mi padre mira lo que ha hecho tu mayoral, que te ha puesto de muchacho y el jornal más pequeño es el tuyo. Digo: -ese que lleva cuatro días lo ha puesto de zagal, y yo que llevo tres años con él me pone de muchacho.

[…]


Estuve con el hermano Pedro... pues hasta que vine otra vez a mudar. Mi padre aquella mañana que te digo al poco de salir el sol ya estaba en El Árbol, y habló allí él con el mayoral y se vinieron los dos al pueblo haber si lo arreglaban; y le dijo el que hacía de jefe en el Consejo (el delegado del ganado), Pablo Díaz28, les dijo: -Lo que hemos arreglado ya está y no se puede, el mes que viene ya veremos si lo podemos arreglar-.


Y cuando vine a mudar, me dijo mi padre: -Haz lo que tú quieras hijo mío-, y le dije: -estoy muy harto del mayoral Parra, así que me voy a venir y que se quede allí con los Maduros

Me vine a mi casa y a los catorce o quince días de estar allí con mi padre, porque mi padre no quiso que me apuntara a ningún partido para trabajar, porque entonces había que ser socio de un partido. Y a los catorce día íbamos una mañana por aquí a Carrión [señala la dirección de la actual carretera de Barrax], que tenía mi padre una viña (mi padre ya no tenía ganao, trabajaba en lo suyo con una muleja y un burro... labraba tres o cuatro cebadales29 que tenía, una poca viña... con eso y con lo que ganábamos los demás [hijos] se iba él apañando y los otros pequeños [hermanos]). Total, que íbamos por el camino y el mayoral de Carrión que iba pa'l pueblo y se pararon a hablar, y le dijo: -es que tienes el muchacho desacomodao, si quiere que se venga conmigo-. Y estuve con él cuatro o seis meses.


Y mi hermano Juan (de los ocho que éramos él era el mayor) estaba con su suegro, bueno era novio aún, en Casa Nueva de don Pedro30 (en la carretera de la Ossa de Montiel, al entrar en el monte a la izquierda, una casa grande en lo alto de un morrete, eso es Casa Nueva). Al suegro, que luego fue también suegro mío, Vicente Martínez, le hicieron también jefe, para que corriera los ganados por ahí del Consejo. Fue cuando llamaron a mi hermano que estaba allí con él, se lo llevaron a la guerra, y yo me fui en su puesto porque tenía allí el piojar31 de ovejas, tenía veintitantas ovejas suyas. Y me fui allí con él.


Y luego acordaron, entre mi padre y mi suegro que no lo era entonces, acordaron de traerse los piojares que teníamos allí a Clavellinas32, que no había ganao para aprovechar los pastos y lo que vayamos sacando para nosotros. Él siguió en Casa Nueva con el ganao de don Pedro, bueno del Consejo era entonces [estaba requisado], y un hijo (mi cuñao Juan), mi padre y yo nos vinimos a Clavellinas con los piojares. Y allí estuve hasta que me fui a la guerra.

 


La guerra como soldado (en febrero de 1939 Lorenzo tenía 18 años)

 

- En 1939 eres llamado para ir a la guerra. ¿Cómo te enteraste?

En el Ayuntamiento van a la partida de nacimiento, saben cuando cumples los años y mandaron una carta a mi casa que me tenía que presentar.


Nos llamaron el 1º de año [1 de enero de 1939], yo no había cumplido los 18 años; yo los cumplo el 6 de febrero. Cuando explotó la guerra tenía 15 años.


Fuimos a la Caja Reclutas a Albacete, que está orilla del parque junto a Capitanía, y desde allí nos mandaron aquí a Villarrobledo a aprender la instrucción a todos los de la provincia.


-Entonces Lorenzo ¿de qué quinta eres?

De la quinta del 42. Nos incorporamos a filas los que cumplíamos los años en enero, febrero y marzo. Cumplíamos los 18, que cuando a mí me incorporaron tenía 17.

 

-Por tanto eras de los que llamaban de la Quinta del biberón, los nacidos entre 1920 y 1921. ¿Y los de la quinta del saco?

¡Del 15! Eran los mayores.


Casa Cuartel

Casa convertida en cuartel donde Lorenzo fue destinado en guerra


- ¿Cómo fue tu periodo de instrucción en la guerra?

Nos fijaron el cuartel de infantería en la casa de don Patricio Palomar33 en la calle Las Madres. Es una manzana, da a cuatro calles. Era el padre de don Ramón, lo que no sé es si habían o no partio todavía [la herencia].


Me acuerdo que era una cámara34 ande dormíamos, un granero encamarao y había unas vigas de recias como una hoja de puerta, aquello era de sabina... no se iba a ir alcontao35... bueno que yo no dormía allí. Los del pueblo no hacíamos noche en el cuartel, nos acostábamos en casa, pero a la hora de pasar lista por la mañana teníamos que estar en el cuartel.


Pasaban lista, nos daban el desayuno y íbamos a aprender la instrucción a los paseos de la Virgen.


Y estuvimos aquí... hasta que nos dieron de alta en la instrucción.

 

-¿Cómo era la instrucción?

[Se pone a reír] Una vez, o dos, o tres... ya no me acuerdo las veces que lo hice. Salíamos formados desde el cuartel por la calle de las Madres a buscar la calle de la Virgen, y pasábamos por la puerta del convento ese [Carmelitas], y aquello estaba... allí no había nadie, y estaba con las puertas abiertas y medio hundío aquello, y por dos o tres veces al pasar por allí nos quedábamos algunos y el instructor no se daba cuenta y no íbamos hacer instrucción [vuelve a reír].


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Desaparecido convento de las madres carmelitas de Villarrobledo

 

-¿Y tus jefes, los recuerdas?

Yo los jefes... sé que era uno asturiano y otro sé... de ese sí que me acuerdo porque era un... [aprieta los labios] ¡qué nadie de allí lo quería! De los que estábamos allí lo odiábamos tos porque era mu jodío, nos castigaba... hacía una pregunta y no lo sabías y (a mí no llegó hacerlo, pero na más que ver al que lo hacía...). Era de Socuéllamos [Ciudad Real], se llamaba Pedro Prada Castillejos y era sargento, y estaba allí de instructor con nosotros. Le hacía una pregunta a uno, y no la sabía, y pillaba lo sacaba al frente, lo ponía con las brazos en cruz con un libro en cada mano... y ¡ojo! lo tenía allí... a mí me se ponía una mala leche... el tío cabrón... bueno!.

 

-¿Donde estaban las cocinas de vuestra compañía?

La cocina la tenían en la iglesia de San Blas, encima del altar, donde está el altar, ahí tenían las calderas puestas.


A unos nos daban el rancho en San Blas, y a otros en cuartel de la Guardia Civil que estaba en la calle [de] la Estación, casi enfrente de un pozo manantío cerca de la Posada del Guardia.



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Plano de Villarrobledo
0. Lugar del bombardeo en 1936
1. Casa de los padres de Lorenzo
2. Casa de Patricio Palomar (cuartel)
3. Convento madres carmelitas
4. Paseos de la ermita (instrucción)
5. Parroquia de san Blas (cocinas)

 

- ¿Te acuerdas de más quintos tuyos que fueran de Villarrobledo?

Había muchos murcianos, pero del pueblo me acuerdo que estábamos un tal Enrique Caro, Sebastián Caro (que eran primos hermanos), estaba Gratiniano Marchín Lozano (que puso un puesto en la plaza de abastos pero luego se fue a Barcelona o por ahí cerca y ya no lo he visto más), y Alfonso Coleto36... de esos me acuerdo, si había alguno más ya no me acurdo. Había otro que le decíamos... no me acuerdo cómo se llamaba, le decíamos el Peque porque era así de alto [señala con la mano sobre un metro de altura], era Alcántara de apellido; pero ese muchacho murió muy joven.


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Quinto de Lorenzo y compañero de guerra:Alfonso Bonillo Coleto


El Sebastián Caro murió muy pronto, porque me acuerdo… todavía me acuerdo de que había muerto porque entonces todavía se estilaba aquí en Villarrobledo... la última que se celebró fue cuando yo... la quinta mía vino licenciá, celebraban la “fiesta de los soldaos”. Estábamos lo menos cuatro o cinco quintas... fue la última ya no han vuelto hacer otra. Me acuerdo que fuimos formaos a la puerta del cementerio a depositar allí unas coronas a cada uno de los que habían muerto de nuestra quinta. Formamos todas las quintas aquí en el campo de fútbol que estaba ahí pegando anca lo de Chiz37. Desde allí al cementerio, y desde allí al paseo de la Virgen que sacamos la Virgen.



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Última fiesta de los soldados frente a la ermita de la Virgen. Varias quintas se juntaron donaron un manto verde a la Virgen de la Caridad. Entre ellos estaba Lorenzo

 

- ¿Llegaste a ir al frente?

Sí, pero no entramos en combate. Estuvimos mes y medio de instrucción, y a mí me llamaron en enero... haz la cuenta, pues cuando la guerra estaba ya prácticamente terminada.

 

-¿Cuál fue vuestro destino en la guerra?

Montamos en el tren por parte de tarde aquí [Villarrobledo] casi de noche, y fuimos toda la noche andando [marchando en tren]. Salimos en un tren pa' Alcazar de San Juan [Ciudad Real] y desde Alcazar salimos en marcha y nos bajamos ya cerca de Puertollano... al pasar Puertollano que fuimos a un pueblo que le llaman Abrazatortas [Brazatortas en Ciudad Real].


Y ende allí, a otro día escogieron unos pocos (la mayor parte se quedó en Abrazatortas y a otros pocos nos escogieron a la compañía de ametralladoras (a mí y a otros pocos)... sacaron vintitantos... ciento... no sé... ciento y pico [titubea] y formaron una compañía de ametralladoras y nos llevaron a la Viñuela [pedanía de Almodóvar del Campo, Ciudad Real], que está unos tres o cuatro kilómetros de la estación de Veredas; que eso era una pedanía, entonces ahora no lo sé, que no tendría más de quince o veinte vecinos.


A otro día de estar allí vino una pava38 de esas de reconocimiento... y empiezan los instructores: -¡cuerpo a tierra!-. ¿Cuerpo a tierra? Hubo tíos que salieron corriendo al cerro, allí a cuatro o cinco kilómetros... ¡cualquiera paraba!


¿Tú has oído conforme van las pavas de reconocimiento? [señalo con la cabeza mi negativa] Pues eso da miedo, va: [imita un sonido ronco y monótono] ¡te pone los pelos de punta!


Estuvimos acuartelados en Viñuela tres días, porque nos iban a mandar a Madrid que se... cuando terminó la guerra como los comunistas no entraron de acuerdo con la terminación de la guerra se levantaron en Madrid [5-12 de marzo de 1939], y nos iban a mandar allí a sofocar aquello... pero luego ya se entregaron los comunistas y ya no fuimos.


Que si nos llegan a mandar allí habíamos muerto como corderos. Y tuvimos suerte que no nos llevaron.


Y allí estuvimos; nos daban instrucción, nos daban teórica y estuvimos hasta que se acabó la guerra el día 28 que dieron la orden de que ya había terminado la guerra.

 

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-¿Tú sabías cómo funcionaba una ametralladora? ¿te lo enseñaron en el periodo de instrucción?

¡Qué va! No les dio tiempo. ¡A mí no! Fue al llegar allí. La primera noche dormimos en Abrazatortas, pero ya la segunda mi compañía dormimos en Viñuela.

 

-¿Allí había línea de frente?

Un poco más pa dentro estaba la línea.


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Lugar donde Lorenzo estuvo durante la guerra

 

- ¿Cómo os comunican que la guerra ha terminado?

Una noche, estuvimos cenando, precisamente que ya había terminado la guerra, que les habían dado la orden de que había terminado la guerra y estuvimos cenando con tos los jefes que teníamos allí, pero anochecieron y allí no amanecieron.


A otro día por la mañana cuando fuimos allí al cuartel... allí no había nadie.


Eso fue el 28, la guerra tremió el 28, lo que pasa que luego le pusieron el 1º de abril, pero la guerra el día 28 terminó. Ya empezaron a bajar dende el frente gente andando, otros venían... el que tenía un mulo a su cargo venía montado en el mulo... y así.


- ¿Y te vienes para Villarrobledo al término de la guerra?

Nosotros nos bajamos los que estábamos aquí de Villarrobeldo, no sé si estábamos seis o siete... nos bajamos a la estación de Veredas y desde allí nos vinimos a Puertollano. Allí en la estación de Veredas estuvimos esperando que bajara un tren de Almadén.


Y ya bajó un tren, que por cierto ya venía tropa de Franco, y era un tren que ya traía material del frente. Yo puede subir... cada uno se buscó su apaño para subir al tren, y yo pude subir en un vagón descubierto que venía un carro y me tuve que sentar en el varal del carro, o sea en la rueda y agarrao al varal pa no caerme, así llegué a Puertollano y allí nos bajamos.


Estuvimos en Puertollano hasta que salió un tren. Un tren que salía desde Puertollano a Valdepeñas de vía estrecha, una vía... ¿qué te voy a decir? tendría un metro de ancho pizcas más o menos, era un trenillo muy pequeño.


Allí subimos todos los que pudimos. Total que ya arranca el maquinista y llegamos a un sitio que hacía un poco cerro, la vía -¿sabes?- en cuesta y la máquina se paró que no podía ya. Se bajó el maquinista y nos dijo: “como no se bajen ustedes a apretarle a los vagones la máquina no sube esto”. Y tuvimos que bajarnos, apretarle, y ya que subió la cuesta, paró el hombre, subimos y a Valdepeñas, que por cierto estaba lloviendo.


Llegamos a Valdepeñas y nos pudimos meter allí en la sala de espera en la estación, y yo pues... aunque no te lo quieras creer, pero estuve toda la noche arrimado a la pared dejándome de caer y no pude llegar, porque estaba... así estábamos uno con otro [señala con la mano y hombros el hacinamiento] y por la pared mirabas y corrían unos cordones de piojos que parecían nueces, unas cinchas negras... [se pone a reír].

 

-Una vez me contaste una poesía popular relacionada con los piojos.

[Vuelve a reír] Dice así:

Más de cuatro mil murieron
en el cuello de un camisón
Unos murieron a uñate,
y otros al retortijón.

- “Si me matas a uñate,
quizás me escape.
Si me matas a retortijón,
moriré o no.
Pero si me echas en candela...
¡¡cásate Micaela!!”

 


-¿Cómo salisteis de Valdepeñas?

Ya pasamos la noche, se hizo de día, salimos por allí a ver si en alguna bodega nos vendían o nos llenaban alguna de las cantimploras que llevábamos de vino... y no pudo ser... nadie nos quiso llenar aquello de vino, pagándolo claro con los cuartos de entonces que teníamos.


Salimos por la vía alante para Manzanares [Ciudad Real]. Y en Manzanares, antes de llegar, los que venían de Manzanares a Valdepeñas, que nos íbamos cruzando, ya nos advirtieron que había moros registrando. Y así fue, a mí me registraron dos o tres veces antes de entrar a Manzanares.

 

-Y en esos registros por los moros de Franco ¿te quitaron algo?

Bueno, lo di yo. Llevaba un pañuelo de estos de bolsillo doblaico todavía de mi madre, de mi casa, y lo saqué:


- Mira yo llevo un pañuelo, toma.
- ¡Hala! Tira pa'lante.


Bueno, ya pasamos al pueblo, nos registraron por allí... total, desde que entramos a Manzanares hasta que salimos un kilómetro o más de Manzanares nos hicieron doce registros los moros. Que en el último, había dos moros y un español. El español estaba abajo porque la vía hacía un poco terraplén, y los moros estaban arriba; el español yo pa mí que hacía de jefe dijo: - A ver si alguno lleva navaja, que no llevo!-. Yo me eché mano al bolsillo: - Yo llevo una-. Dijo: - ¡Hala! Tira pa'lante-. Y ya no me molestó más.


Pero a uno de aquí del pueblo lo quisieron violar allí los moros. Porque resulta que había sido teniente en las filas republicanas, y como en el ejercito republicano no eran estrellas lo que llevaban, que eran barras de esas plateadas; y claro él se las había quitado pero en el gorro las llevaba señalás por el asunto del sol, ¿me entiendes? la tela del gorro estaba ya de una manera y ande habían ido tapá la barra estaba de otra: -Es que tú, teniente, pegarme tiros-, decían los moros, -tú quererme matar a mí, yo te mato a tí-. Total que, allí, ya el español dijo: - Bah!, dejadlo que se vaya pa'lante-. Y nos fuimos.


Llegamos a la estación de Cinco Casas [Ciudad Real], eso está entre Manzanares y Alcazar de San Juan. Y desde allí, desde Cinco Casas salía una carretera que iba a Argamasilla de Alba. Y cogimos la carretera para Argamasilla. Llegamos a Argamasilla ya de noche. Desde Argamasilla cogimos la carretera para Tomelloso [Ciudad Real] que está nueve o diez kilómetros. Y uno de los que iba, de aquí de Villarrobledo, tenía un hermano casado en Tomelloso: -Vamos a casa de mi hermano-. Llegamos a la una de madrugá a Tomelloso.


Desde la estación de Cinco Casa nos variamos por Argamasilla a Tomelloso porque en Alcázar de San Juan había un campo de reconcentración y to el que iban pillando lo encerraban en el campo, y hasta que no mandaban un aval desde su pueblo dando informes no lo soltaban.


Llegamos... naa, mia tú!, llegamos hechos polvo. Yo... me juzgo por mí, llevaba unas vejigas39 en los talones de los pies [señala con la mano]. Total que la mujer que había allí sacó dos mantas, las tendió allí en las baldosas de la cocina y allí nos tumbamos los cuatro o cinco que íbamos. Yo creo que si a otro día por la mañana no nos llaman estábamos todavía allí durmiendo.



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Camino regreso de la guerra en 1939

 

-¿Cómo fue tu llegada a Villarrobledo?

Pues acuerda este señor, el hermano del que venía con nosotros que estaba allí casado, enganchar un carrejo que tenían allí y un burro de su suegro, y nos trajo pa'ca, pal pueblo. Vino a traernos a Villarrobledo por el camino del Tomelloso [paralelo a la carretera que une Tomelloso con Villarrobledo con un trazado recto] y pasa por la misma puerta de Las Rejas, Y allí ya paramos y había uno de mayoral que había estado yo con él, paramos un rato... una hora o media (no me acuerdo).


Salimos de allí y en la carretera, por donde está el cruce de la carretera que va dende Socuéllamos para Sotuélamos [El Bonillo, Albacete] me encontré con otro hombre que cuando explotó la guerra estaba con él, el mayoral de don Miguel Córdoba [Pedro Parra] y ya se paró el hombre y nos saludamos, le preguntamos cómo estaba la entrada en el pueblo y nos dijo: -¿la entrada? Está llena de moros, ahí no se puede andar de los moros que hay-. Y yo ya... como veníamos tan fastidiaos de los registros que nos habían hecho, salía un camino desde esa carretera de Tomelloso a la de la Ossa, que mi padre estaba con un poco ganao a orilla de la carretera de la Ossa en una finca que le llaman Clavellinas que eso es de los Acacios (de aquí del pueblo), y yo pensé en ir allí antes de entrar al pueblo con tanto moro como había.


Yo antes de entrar al río, al río Córcoles, viniendo desde Tomelloso ande están ahora los bidones del alcohol y to eso, salía un camino que venía a la carretera de la Ossa, orilla de la Casa del Río, ¿sabes cuala es?, pues ahí venía a salir el camino a la carretera. Cogí la carreterica alante y, al subir la cuesta que viene para el pueblo, se apartaba un camino a Clavellinas, y al llegar ahí dije: -parar, que yo me bajo aquí-. Me bajé y me eché el macuto que traía a cuestas.


Bueno, pues yo ya llego y doy vistas a la casa y estaban dos hermanos míos y un cuñado mío, estaban con el ganao, y al ver que uno se había apartado de la carretera (yo con el macuto a cuestas que llevaba), los chiquillos se pensaron que era algún moro o algo y se asuntaron, y se fueron a encerrar el ganao a media tarde [se pone a reír].


Total que llego allí, hice noche con ellos, y a otro día por la mañana pues me vine andando, ¡miento! Tenían allí la borrica de mi padre y me vine montado en la burra, me vengo al pueblo, y cuando llego a mi casa mi madre la pobre estaba en la estación esperando algún tren por si me veía venir. Y ya fue una hermana mía desde mi casa a la estación y le dijo que se viniera que ya estaba en casa.

 

-¿Cómo ibas vestido? ¿llevabas uniforme cuando entraste al pueblo?

Llevábamos la ropa que habíamos llevado de casa: pantalón de pana y una cazadora que me había hecho mi madre de pana, ¡de surcos! Pero llevaba más porque antes de entrar a Manzanares ya nos avisaron, porque aquello parecía lo mismo que los hormigueros: unos van y otros vienen. Pues uno de los que salían dende Manzanares para Valdepeñas nos dijo... nos informó que antes de entrar a Valdepeñas que estaban registrando a to el que entraba. Y nos pusimos... yo llevaba puesto dos pares de pantalones, dos camisas, dos pares de calcetines... en fin ropa doble llevaba que casi no podía andar. Y me quitaron poco.


¡Dinero llevaba, y me lo puse entre los calcetines! y no me lo quitaron.


-¿Tuviste que buscar alguien que te avalara? ¿sufriste algún tipo de represalia política?

No. No me avaló nadie, yo no lo necesité pero un hermano mío que estuvo en el frente sí. Era el mayor y a ese sí que lo avaló un hijo de una vecina que vivía junto a mi casa.


-¿En aquellos momentos las carreteras estarían llenas de soldados republicanos?

Aquello parecía... daba pena de verlo, porque terminó de la forma que terminó la guerra y... a lo mejor uno de Andalucía le pilló en el frente por Barcelona, el que era de Sevilla le pilló... en Asturias. Y aquello parecía un hormiguero, lo mismo que un hormiguero que unas van y otras vienen, así... la vía y las carreteras así iban, porque iban huyendo de los campos de reconcentración.

 

 

Servicio militar

 

- Luego te fuiste al Servicio Militar ¿cuándo fue aquello?

 

Yo me fui el día 22 de mayo del 42. Fuimos a la Caja de Reclutas a Albacete, que está orilla del parque, y en el mismo parque nos leyeron los destinos. Llegamos a juntarnos en el servicio cinto quintas, ¡no! siete, siete quintas llegamos a juntarnos. Y me licenciaron el día 25 de octubre del 45. Hasta que no terminó la guerra mundial no se empezó a licenciar quintas. Porque en Valencia, el cuartel mayor de entonces (no sé si habrán hecho más) era el cuartel del Almirante que estaba en el paseo Ruzafa, que era el cuartel de Ingenieros. Y yo iba algunas veces al cuartel ese y estaban las compañías con los candaos echados, porque a todo el mundo se lo llevaron a la frontera porque Franco ya veía que la guerra terminaba y la perdían los alemanes, y para que no se metieran en España, para no complicarlo a él, reforzó las fronteras para que no entraran; y a toda la tropa se la llevaron a la frontera.

 

 


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Zona de la Caja de Reclutas y parque de Albacete




- ¿Tú cuartel era el del Almirante?

No. Lo mío era un destacamento, en camino Real de Madrid: Parque Central de Ingenieros. Era un destacamento, la comandancia nuestra estaba en Madrid, en Villaverde Alto.
Cruz Cubierta 1930 ICC


Esto estaba en el mismo Valencia. ¿Tú sabes dónde está la Cruz cubierta? [asiento afirmativamente], pues bajando pa Valencia… no sé si te acordarás, o lo habrás visto, o ya ni existiría… una vieta40 estrecha que cruzaba dende el barrio de Patraix a la playa de Nazaret, un trenillo estrecho que cruzaba por allí; y cruzaba… la vieta, dividía la parte del cuartel mío con la parte civil. Y enfrente de mi cuartel salía el Camino de Tránsitos que iba al puerto.                                                                                                                                                                      

                                                                                                                                                                                                     Cruz cubierta. Valencia. 1930


-¿Siempre estuviste en Valencia?

Yo no salí de allí. Juré bandera y allí me licenciaron. Y luego, es que en la unidad mía fui ranchero mayor, mandaron fuera uno pocos de la unidad mía, pero a mí no me tocaron.


Era el jefe de la cocina y cobraba el rebaje del rancho41. Es decir que yo cobraba todos los meses 25 duros, 3 que eran las sobras que decían (nos daban dos reales cada día y al final del mes eran quince pesetas) y además la plaza que le llamaban el rebaje de rancho, si pertenecían 2, 3, 4 pesetas esas las cobraba yo, y comía de allí claro.

 

                                                                                                                                                                                       .
-¿Te gastaron alguna novatada? ¿cómo fueron los primeros días?

[Se ríe] Resulta que la primera noche que hice en el cuartel, los veteranos que había me tiraron la cama tres veces y ya estaba cabreao yo; en la última vez que me la tiraron ya me hice yo unas cuentas y me dije así yo solo: -como me la tiren no me levanto-. Era una tabla... eran camas que tenían un tablón así [señala el dedo] un somier con los alambres como el dedo, y tenía dos banquillos: uno alante y otro atrás. Ponían el banquillo con una pata na más (que le llamaban en su lugar de “descanso”) y en el momento que te movías el banquillo caía y tú... los pies... la cabecera no, pero los pies caían al suelo.

Bueno, pues me levanto a la que hizo tres veces y me hice la cuenta: -como se caiga, así voy a pasar la noche y ya me dejarán tranquilo-. La pongo bien, me acuesto, por cierto panza arriba y se había pasado un poco, estaba yo entre sueños y noto que me cogen así del traslape42 de la camisa. Me enderezo y le sagudo así una mandanga:


- Que soy el sargento!
- ¿Qué quiere usted?
- Naaa, que me des una poquilla merienda, que tengo ahí una fulana y tal y cual...

Me levanté, le corté medio pan, hogaza como les dicen de estos que cuecen en las casas, y le corté un cantero de queso también, que tenía allí un queso entero de 3 kilos, le corté un cantero y se fue:


- ¡Hala! A dormir

- Eso voy hacer

Y luego, cuando se incorporaban las otras quintas, cuando les estaba dando teórica a los quintos y pasaba yo por allí decía el sargento: -Ahí tenéis a Collado, que, la primera noche que hizo aquí, me casco una mandanga-.

 


-¿Allí fuiste ranchero mayor, verdad?

Ya verás por qué viene to eso. Estábamos en el periodo de instrucción, haciendo alambradas (de esos que tienen pinchos)… carretes de madera… de a metro… que íbamos ahí liando. Y una mañana llega ahí el teniente y empieza a preguntar: -¿Alguno de ustedes ha sido camarero?-. Allí nadie contestaba, -¿Alguno de ustedes es aficionado a la cocina?-. Y yo, ya me quedé algo pensativo, porque la verdad siempre me ha gustado un poco la cocina, pero allí le eché una mentira más gorda que la mesa esta [señala la mesa] al teniente, porque le dije una cosa que no lo había hecho en la vida; ya le solté:


-Mire usted, mi teniente, yo no soy cocinero, ni he sido camarero, yo lo único que he sido, que cuando salíamos los amigos (que no tenía ninguno) al campo de excursión (que tampoco había salido nunca), era yo el que rancheaba.

-¿Entonces es usted un poco aficionado a la cocina?

-Pues sí señor.

-Pues bueno, dende mañana se va usted, en vez de venir a la alambrada, se va usted a la cocina a ayudar al ranchero.


Pues ya me fui allí, pero llevaba en la cocina tres o cuatro meses ayudándole (de ayudante del ranchero), y llega una tarde por allí el oficinista y me dice:


-Collado vengo apuntando para hacer un curso de chóferes, te voy apuntar a ti.

-A mí no me apuntes, que yo no sé lo que es un volante de un coche.

-No, no… te apunto y tienes que ir.


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Lorenzo durante el servicio militar en Valencia

 


Pues me apuntó y me fui. Estuve allí pues como 15 o 20 días. Llegó el examen y no me aprobaron, me dijeron: -tienes que repetir el curso y, al segundo, ya aprueba usted-.

Y dije:
-Pero bueno, ¿yo no me puedo ir a mi unidad?

-Si quiere usted sí.

-Pues arrégleme los papeles que me voy, no quiero ser chófer.

 

Y me fui, pero el cocinero ya tenía otro ayudante. Y a otro día de llegar del Parque de Automóviles iba el comandante del puesto y el teniente, estaba yo de cuartelero, y pasan porque habían preguntado por mí -¿dónde estaba Collado?- dice:


-Collado, ¿usted ha sido pastor?

-Sí señor.

-¿Le gustan a usted los animales?

-Ea, si me he criado entre ellos…

-Pues váyase usted ahora mismo a la granja y hágase usted cargo porque hemos despedido al granjero (que era civil, no era militar).

 

Yo me fui allí, ya empecé hacer las cosas, a hacerlas bien y llevaba allí un par de meses cuando llega una mañana el teniente (serían las 10 o por ahí de la mañana):


-Collado.

-A la orden de usted.

-Váyase usted ahora mismo a la cocina que tiene usted que hacer el rancho para medio día.

-¡Mi teniente! Que estoy pez…

-Nada, nada… deje usted esto y váyase ahora mismo porque la caldera está en el fuego y el ranchero está en el calabozo.

 

Llegué, la cocina estaba sola porque el ayudante se había ido viendo la cosa… que no le pegaron al cocinero pero le faltó poco. Llamé al sargento semana: -¿Ande está el ayudante del ranchero? Que me han metido aquí…-. Ya vino y me ayudó… no estaba suelto en eso, pero me tuve que soltar… y así estuve, así, hasta que me licencié.

 

Bueno, hasta que me licencié no, porque poco antes de licenciarme le dieron a todos los quintos míos, me di quinta, les dieron tres meses de permiso, y ya no quedas más que yo. Y me dijo el de la oficina: -A ver qué piensas porque no quedas más que tú-. Viendo eso fui hablar con el jefe de cocina (el inspector que era el teniente), fui a la oficina y pedí permiso:


-A la orden mi teniente.

-Pase usted Collado. ¿Qué desea usted?

-Vengo a pedirle un informe porque me ha dicho el escribiente que no quedo más que yo de la quinta mía para disfrutar los tres meses de permiso.

-Yo te voy a decir lo que hay. La orden de licencia vuestra está en capitanía, ya, lo único que no le puedo a usted decir es cuándo va a venir, pero está ya en capitanía para darles la licencia. Si usted se para tres meses posiblemente no vuelva, y, si vuelve, va a ser para muy poco tiempo.

 

Total que me vine y cuando me cumplieron los tres meses volví, pero claro, ya al ranchero que había no lo iban a echar. Me dejaron allí… que por cierto en tres años y medio hice una guardia montá (que es con fusil), y fue cuando ya… ya estaba licenciao.

 


-¿Por qué meten al ranchero en el calabozo?

Yo te lo diré. Entre él y otros dos… tres, eran un poco flamencotes ellos; y allí, como aquello era como… un campo de reconcentración de todo lo que recogieron de los frentes, lo metieron allí… allí había tres o cuatro naves que estaban llenas de material de toas clases (que de to aquello que había metido, afuera, la gente civil no podía ni lo encontraba: armamento, cobre… cosas que valían mucho y no lo tenía na más que el ejército).

Y se pusieron tan flamencos que estando una noche uno de guardia, abrió una nave, y sacaron de allí lo que quisieron y por la pared que dividía la vieta con la pared del cuartel… por ahí blincaron y echaron unos rollos… de cobre… lo que quisieron. Y los pilló la Guardia Civil y dio parte, y a los tres los encerraron; que por cierto cuando nos licenciaron a nosotros ya se quedaron en la prisión como civiles, no como militares.

 


- ¿Te acuerdas cómo se llamaba tu teniente?

Don Pedro Estévanez Calderón (era el teniente inspector de cocina).

 


-¿Y el ranchero al que sustituyes? Me refiero al que meten en el calabozo.

Se llamaba Antonio Martínez… pero no me acuerdo del segundo. Era de Calasparra [Murcia].

 


-Ya para terminar, recítame esa poesía que aprendiste en la mili, la del soldado.

En el parque la otra tarde
me fijé con atención
que un militar a una niña
le enseñaba la instrucción.
La joven que no era torpe
para ser una aprendiz
sabe manejar el sable
mejor que Guardia Civil.
Y el militar molestado
luchando con la instrucción
le decía así a la niña:
-Qué cansado estoy yo.
-Es verdad, es floja tu fortaleza
y pocas tus provisiones
si en la primera descarga
te has quedado sin moniciones.
-No te apures vida mía,
que ha sido fuerte la guerra,
yo te enseñaré otro día
que llene las cartucheras.

 

 

 NOTAS

[1] Importante finca de labor al oeste de Villarrobledo. Pertenece al término municipal de Socúellamos (Ciudad Real).

[2] Existía una jerarquía pastoril: mayoral, zagal primero, segundo, muchacho… dependiendo de las cabezas de ganado que tuviese el dueño y por tanto de los que trabajasen para él; siendo el mayoral el encargado principal de la finca y el que rendía cuentas al propietario. Un terrateniente podía tener varios ganados repartidos en sus fincas y en cada una de ellas un mayoral con sus correspondientes trabajadores.

[3] Hilo o fila de vides correspondiente a cada jornalero. Antiguamente dos personas llevaban un banco con una espuerta; en la actualidad lo hace un trabajador con un cubo de manera individual.

[4] 1 de noviembre, festividad religiosa de Todos los santos. Los campesinos siempre han utilizados las referencias del santoral para medir el tiempo.

[5] Caligrafías.

[6] De forma plana.

[7] Antiguo solar del convento de los padres franciscanos, donde a partir de 1939 se convirtió en parque y se erigió el monumento a los caídos franquistas. Junto a él, en la calle La estación, se encontraba el antiguo cuartel de la Guardia Civil (hoy colegio Virrey morcillo).

[8] No se ha podido averiguar a qué huelga se refiere Lorenzo en 1931; o si a lo que se refiere tenía algo que ver con el fusilamiento en diciembre de 1930 de los militares sublevados en Jaca (Huesca) o a  las elecciones y proclamación de la II República en abril de 1931.

[9] Especie de fusta o látigo corto.

[10] Acera.

[11] Postigo: Puerta falsa que ordinariamente está colocada en sitio excusado de la casa (RAE).

[12] Miguel Giménez de Córdoba y Arce (1897-1936). Principal terrateniente de Villarrobledo junto con su hermano Francisco (1895-1937).  Este último además ejercía en la política, siendo alcalde en la última etapa de la monarquía (1930-1931) y presidente de la Diputación de Albacete cuando explotó la guerra. El primero fue asesinado víctima de represión incontrolada en los primeros días de la guerra, y el segundo fue fusilado en Albacete tras ser juzgado por Tribunal Popular.  

[13] El 18 de julio de 1936 los sublevados se hicieron con el poder en Villarrobledo. Terratenientes, grandes propietarios, guardias civiles, jóvenes falangistas y personas afines controlaron la localidad hasta el día 25 de julio, momento en el que las tropas leales a la República recuperaron el control de la ciudad hasta 1939. Los rebeldes controlaron los accesos, se apertrecharon y armaron en los núcleos más sólidos y encarcelaron a toda aquella persona que consideraron desafecta.

[14] Diversas heredades del término municipal de Villarrobledo, algunas de las numerosas fincas que poseía la familia Giménez de Córdoba.

[15] Villarrobledo es un pueblo de secano, sin río lo suficientemente caudaloso para abastecer a la localidad o a su término, por lo que abundan los aljibes. Un pozo manantío es un pozo que mana agua (manantial); existían pocos y el agua se encontraba a gran profundidad. 

[16] Odre o cuero para sacar agua de los pozos. Se hacía a partir de la piel curtida y tenía gran capacidad (siendo muy pesado a la hora de extraerlo lleno).

[17] Hilera de caballerías  que van atadas. En este caso caravana de personas y animales.

[18] Fernando Romero Sandoval (1883-1965), terrateniente de Villarrobledo.

[19] Pedro Ortega Domínguez (1876-1965), bodeguero y gran propietario.

[20] Restaurante en la carretera de Tomelloso que en 1936 no existía.

[21] Posteriormente, durante la guerra, fue delegado del Consejo Obrero encargado de los labradores (mulas, colectivizaciones agrícolas, etc.)

[22] Lorenzo se equivoca en la fecha. La República lanzó pasquines informativos y arrojó unas bombas en las afueras de la población para amedrentar a los sublevados la tarde del 25 de julio, horas antes de que estos se rindiesen y abandonasen el poder.

[23] No hay nada investigado al respecto, ni actas municipales que lo corroboren, solo algún testimonio oral. Muchos informantes indican que las tropas franquistas se equivocaron y bombardearon El Provencio (Cuenca) que dista 12 kilómetros por equivocación.

[24] Heredad de Villarrobledo.

[25] Día 29 de junio. Era tradición en Villarrobledo que los pastores se cambiasen y ajustasen con sus “nuevos amos” el día de san Pedro, mientras que los labradores lo hacían el día de san Juan (24 de junio).

[26] Consejo Obrero, principal órgano administrador y regulador de Villarrobledo durante la guerra; trabaja de forma paralela al Ayuntamiento, encargado principalmente de gestionar todas las posesiones requisadas a la Iglesia y a los terratenientes (casas, fincas, tierras, ganados, mulas…), así como la organización del estado de guerra en la retaguardia local (hospitales, subsidios, cuarteles, alojamientos…).

[27] Los campesinos de Villarrobledo tenía un domingo libre cada quince días, las llamadas quincenas, hasta que se estableció el descanso dominical muchos años más tarde. Era el día de “mudar de ropa” y asearse, ir a la barbería, comprar el avío, visitar a la novia, pasear o ir a un baile.

[28] Pablo Díaz Orozco y su hermano Eduardo eran socialistas y estaban vinculados de forma activa a la política local. Eran tratantes de ganados y poseían al menos una carnicería de renombre en Villarrobledo. El primero se exilió y murió en Francia, mientras que el segundo murió torturado a manos de las tropas franquistas al término de la guerra el 4 de mayo de 1939 cuando tenía 51 años.

[29] Bancal. Tierra relativamente pequeña que se encuentra cerca del municipio. Se usaba principalmente para sembrar cebada (comida principal de las mulas), de ahí su nombre, pero se podían encontrar con azafrán, viña u otros granos como centeno.

[30] Pedro Acacio Sandoval (1870-1936). Terrateniente y político de Villarrobledo víctima de la represión republicana en julio de 1936. Él, junto a su yerno Miguel Giménez de Córdoba (y el hermano de éste) poseían el mayor número de fincas rusticas del término. 

[31] El piojar era un grupo reducido de ovejas propiedad del pastor (entre 15 y 25) que el propietario de la finca y del ganado principal le permitía tener a su trabajador. Las ganancias de estas eran para el pastor (venta de corderos y lana) excepto la leche para el queso que le correspondía al “amo”.

[32] Finca de Villarrobledo que era propiedad entonces de Pedro Acacio. En la actualidad es de sus herederos convertida en la empresa Clagor (unión de las fincas Clavellinas y El gordo).

[33] Patricio Palomar González. Gran propietario de Villarrobledo.

[34] Especie de buhardilla para el almacén del grano o aperos.

[35] De manera rápida o fácil.

[36] Alfonso Bonillo Gallego Coleto (1921-2004).

[37] Antiguo almacén de grano, origen de la actual empresa Legumbres Caballero. Estaba situado cerca del cruce avda. Reyes católicos con calle San Ildefonso.

[38] La pava era el nombre dado por los soldados republicanos a los aviones (bombarderos) sin hacer ninguna distinción entre ellos. 

[39] Ampollas.

[40] El Trenet de Valencia fue una red de ferrocarriles de vía estrecha que conectaba la ciudad de Valencia la mayor parte de las localidades de su área metropolitana e incluso algunas más alejadas.

[41] La equivalencia sería: 2 reales = ½ peseta. 4 reales = 1 peseta. 5 pesetas = 1 duro (125 pesetas = 25 duros).

[42] Pechera de la camisa.

 

Referencias

ESPINAR, Virgilio (1998). Iglesias y conventos de Villarrobledo. Villarrobledo: Ayuntamiento.


LAGUÍA, C., Ventura (1917). Un manchego ilustre. Buenos Aires: Las ciencias.


PUELL; HUERTA (2007). Atlas de la Guerra Civil española. Madrid: Síntesis.


SANDOVAL, Agustín (1977). Marañas de familia. Villarrobledo: Imp. Cervantes.

 

 Historia de mi pueblo (1983).. Villarrobledo: Imp. Cervantes. www.ign.es

 

 

 

 

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