LA LINDE, 7-2016.

Construyendo Memoria Social:

 

LA CULTURA MATERIAL DEL FRANQUISMO: DECONSTRUYENDO LA MEMORIA HISTÓRICA

                                           

Andrea Moreno MartínAndrea Moreno Martín, Dra. en Arqueología y Gestora de Patrimonio. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Lorena Núñez SantaemiliaLorena Núñez Santaemilia, Conservadora y Gestora Cultural. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

 Fig.4

 

 

Resumen: Este artículo parte de la presentación de un proyecto expositivo "Quotidianitat i Adoctrinament: Objectes del Franquisme" y de las acciones que se llevan a cabo en Quart de Poblet a través del Ayuntamiento y su Comisión Municipal de Memoria Histórica, para analizar de manera transversal los conceptos de Cultura Material y Memoria Histórica franquista. El texto se estructura en diferentes epígrafes que abordan la definición conceptual de los términos, y la presentación del proyecto integral de memoria histórica que se ha puesto en marcha en Quart de Poblet. Para finalizar valorando la Memoria Histórica como praxis y como hilo conductor de las políticas y proyectos de construcción de la memoria social y colectiva contemporánea.

Palabras clave: Cultura Material, Franquismo, Museografía, Patrimonio, Memoria Histórica, Divulgación.

 

Abstract: The awareness of our recent historical memory is growing nowadays, while a demand and consumption of our cultural heritage by citizenship is perceived as well. This article presents an experience, we have developed in the town of Quart de Poblet (Valencia), which combines both themes (material heritage and historical memory) through a municipal and holistic project on the development and consolidation of a democratic and intergenerational historical memory.

Keywords: Material Culture, Franco dictatorship, Museography, Historical Memory, Divulgation.

 

 

LA MEMORIA HISTÓRICA: CONCEPTOS E HISTORIA

La Historia es una disciplina científica que se centra en el estudio, análisis y explicación de los hechos y acontecimientos relativos a nuestro pasado, ya sea éste remoto o reciente. En este sentido, el conocimiento científico de la Historia no se puede modificar: los hechos son los que son; no se pueden cambiar. Lo que sí suele cambiar (desafortunadamente) es el uso que se puede hacer de ellos. A menudo vemos cómo los discursos y narraciones elaboradas a partir de ese conocimiento varían o se eligen para defender, bajo distintos prismas e intereses, hechos o etapas pasadas. Esta manera de recordar y acuñar la historia tan subjetiva ha generado desde siempre controversia, al criticar algunos el poco rigor científico de una disciplina que dependiendo de quien la verbalice o redacte puede ofrecer discursos antagónicos.

 

¿Qué perdura? ¿Qué es destacado y merece, o no, ser recordado? A lo largo del tiempo, los discursos políticos de la historia (que no la Historia) se adaptan, se reformulan o incluso se alteran. Y es responsabilidad de los historiadores y de la ciudadanía reconocer y defender discursos integradores y democráticos, especialmente cuando tratamos de nuestro pasado más reciente, por lo sensible que resulta éste, al estar aún vivas distintas generaciones de agentes activos y participantes en esos hechos. En este escenario sale a escena otro concepto: la Memoria Histórica.

 

En la actualidad es una palabra que ha cobrado importancia mediática y social, especialmente vinculada en España al franquismo y la guerra civil. Sin embargo, la Memoria Histórica (MH) es parte de nuestra disciplina desde sus orígenes. Podríamos decir que si la Historia es ciencia y por tanto inalterable, la MH vinculada a usos y funciones sociales de la disciplina histórica, se puede elegir y construir.

 

La MH no es algo nuevo y exclusivamente vinculado al franquismo. La MH también tiene su propia historia. Si viajamos al pasado lejano, a la antigüedad, apreciaremos cómo aquellas civilizaciones (y en general todos los sistemas políticos y sociales humanos) generaron su propio discurso y su propia memoria. Egipcios y romanos, por ejemplo, representaban una visión interesada y oficialista de su propia Historia, ensalzando y justificando sus acciones. En la actualidad, a nadie se nos escapa este uso propagandístico de la Historia. Los relieves de las victorias de Ramsés o las columnas y arcos del triunfo romanos son un buen ejemplo. En este sentido, estas sociedades también se adueñaban de la Historia, y sus dirigentes (cabe recordar que no hablamos de regímenes democráticos) la reescribían censurando aquello que no consideraban lícito o representativo de sus intereses.

 

Volviendo al presente, resulta obvio que los poderes establecidos siempre pretenden justificar la existencia y legitimidad de su poder a través de discursos utilitaristas y propagandísticos. Ahora bien, si cada época o cada sistema político puede generar su particular discurso de memoria, en la actualidad (en nuestro contexto sociopolítico), no cabe más discurso que el del conocimiento crítico y democrático de la Historia. No se trata de borrar aquello que no compartimos o no nos representa; se trata de reflexionar, haciendo partícipe a la ciudadanía, sobre nuestra Historia (nuestro pasado y nuestro presente). Porque si la MH se puede elegir, se puede construir, debemos ser todos parte activa en este proceso y generar una memoria colectiva democrática, integradora e intergeneracional.

 

Después de la hecatombe de la II Guerra Mundial, las democracias occidentales plantearon una nueva MH, que suprimió de la vía pública y de la cotidianidad del día a día los signos que enaltecían el nazi-fascismo. Complementariamente, se conservaron y musealizaron los espacios de horror y de guerra para convertirlos en espacios de memoria, donde explicar y divulgar lo que allí pasó (buen ejemplo son los campos de exterminio nazi). Por otra parte, esta normalización de la MH generó un discurso oficial de respeto en pro de un pensamiento histórico crítico y de la convivencia.

 

Por el contrario, en España, la dictadura franquista, aliada del nazi-fascismo, perpetuó su discurso totalitario y una memoria antidemocrática hasta bien entrada la década de 1970. Paradójicamente, con la muerte de Franco, no se puso en marcha una ruptura total con el régimen militar sino un proceso de transición, que desembocó en la llegada de la democracia.

 

No pondremos aquí en cuestión este complejo proceso sociopolítico que se vivió en España hace apenas tres décadas y media; pero sí es pertinente aceptar que por lo que respecta a la creación de una MH democrática, el caso de España no es un ejemplo a tomar como modelo. Las razones son obvias, basta con citar algunas muy evidentes. No se juzgó a los responsables del régimen militar. No se reparó el honor de víctimas y represaliados. Tampoco se eliminaron de la vía pública y de la vida cotidiana monumentos, símbolos y un largo etcétera de elementos y conceptos de exaltación al golpe de estado, la guerra y la dictadura, que minó España durante casi 40 años. Y aún hoy se perciben resistencias, incomprensiones y algo tan de “sentido común” como la MH democrática es objeto de disputa política. Hasta el punto que incluso desde Europa y la ONU se llama la atención al Estado español por la negligente o nula gestión de un tema que no cumple la legislación internacional sobre derechos humanos. Y e que, según Jueces para la Democracia, España es con más de 100.000 desaparecidos, "el segundo país del mundo, tras Camboya, con mayor número de personas víctimas de desapariciones forzadas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados" (El País 09/10/2013).Fig.1

 

La Transición española, aún siendo fruto de un loable sentimiento de reconciliación y consenso, limitó la construcción de una MH democrática. En pro de la convivencia se decretó el olvido, y fue principalmente la sociedad civil, y no el Estado, quien asumió la recuperación de una memoria sistemáticamente negada por el Franquismo. Pareciera que aún hoy en día, en muchos casos, el tema tabú de Franco y la dictadura responda a esa frase de “no tocar peligro de muerte”.

 

En 2007 el gobierno español promulgó la Ley de Memoria de ámbito estatal. Ahora en 2016, en este inicio del verano, se ha presentado el borrador del anteproyecto para la futura Ley de Memoria Democrática y para la Convivencia de la Comunitat Valenciana. La Dirección General de Reformas Democráticas de la Conselleria de Justícia está elaborando un catálogo de vestigios relativos a la guerra y la dictadura aún presentes en los espacios públicos valencianos.

 

El Roto©

 

Además se ha propuesto la constitución del denominado “Instituto de la Memoria de los Derechos Humanos y de las Libertades Públicas de la Comunitat Valenciana”. Y a fecha de hoy, también contamos con la “Red de Municipios para la puesta en valor de la Memoria Histórica” de la Federació Valenciana de Municipis i Províncies; que acaba de echar a andar, pero que debería consolidarse como foro de sinergias y espacio de debate sobre los proyectos y las políticas de memoria de nuestros municipios.

 

Valorado el estado de la cuestión, debemos asumir que ahora, más que nunca, es el momento de culminar el proceso y construir una MH democrática, que elimine definitivamente la memoria generada y heredada del régimen, y que fundamentalmente, aporte elementos de juicio para un pensamiento político-social cívico y democrático. Y, en este sentido, la puesta en valor de espacios y lugares, la recuperación de testimonios, del patrimonio gráfico y documental y de los objetos del franquismo, deviene crucial para divulgar y explicar qué fueron y supusieron para España un golpe de estado, una guerra y 40 años de dictadura nacionalcatolicista.

 

 

COMISIÓN MUNICIPAL DE MEMORIA HISTÓRICA DE QUART DE POBLET

Quart de Poblet es un municipio valenciano pionero en la puesta en marcha de un Proyecto Integral de Memoria Histórica. Así, durante el pleno municipal del 28 de julio de 2015, todos los grupos políticos aprobaron por unanimidad la constitución de la Comisión Municipal de Memoria Histórica (CMMH). La Comisión, presidida por la alcaldesa, C. Martínez, está integrada por un representante político de cada partido con representación en el pleno municipal (Ciudadanos, Compromís, Partido Popular, Partido Socialista y Sí se Puede Quart) así como un grupo de 6 asesores técnicos e históricos (F. Aparicio; P. Gascó; P. Gascón, A. Moreno; C. Sancho y R. Puig).

 

Entre las acciones a llevar a cabo por la CMMH se acordaron tres bloques principales:

Uno.- La revisión de los nombres de calles, símbolos, edificios públicos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil, y de la represión de la Dictadura.


Dos.- Elaborar una propuesta, a partir de la información recabada con el asesoramiento técnico y jurídico pertinente, de los informes existentes y de aquellos que se estimara oportuno incorporar, para el efectivo cumplimiento de la Ley de la Memoria Histórica en Quart de Poblet.


Tres.- Impulsar la recuperación de la memoria histórica municipal desde la base, dándole voz y recursos a la ciudadanía para impulsar actuaciones desde la participación ciudadana.


A partir de estos tres ejes de actuación la CMMH ha puesto en marcha un proyecto municipal que tiene como finalidad, por un lado, cumplir con la legislación vigente; y a la vez, impulsar iniciativas para el desarrollo y la construcción de una memoria social e histórica local. Entre ellas destacan actividades y proyectos culturales que hagan llegar y participar a la población de los objetivos de la Comisión.

 

Los ámbitos de acción tienen su reflejo en la Ley 52/2007, aprobada el 26 de diciembre del año 2007, y conocida popularmente como Ley de Memoria Histórica. Esta ley establece las bases para que los poderes públicos desarrollen políticas que contribuyan al conocimiento de la historia y el fomento de la memoria democrática. De manera que, la Ley además de honrar a quienes sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil y la Dictadura, tiene el objetivo de facilitar el conocimiento de los hechos y las circunstancias acontecidas en este periodo histórico. Asimismo, pretende consolidar el espíritu de reencuentro y el robustecimiento de la democracia española en su conjunto, mediante la supresión de los elementos de división entre los ciudadanos y el refuerzo de los principios democráticos.

 

No se trata, por tanto, de eliminar ni de borrar la historia sino precisamente de estudiarla, conocerla y difundirla para no perpetuar algunos discursos e insensibilidades, que se han heredado tras cuatro décadas de franquismo.

 

En este sentido, la propuesta de actuación de la CMMH de Quart de Poblet contempla un Proyecto Integral de Memoria Histórica, que incluye:


• La retirada de símbolos de la vía pública.


• La normalización de los nombres de las calles y colegios.

• La puesta en valor del patrimonio documental.


• La reparación de la memoria individual y colectiva.


• El refuerzo y la potenciación de la convivencia democrática intergeneracional, mediante actividades de difusión pedagógica y didáctica que expliquen las medidas a tomar y las razones legislativas e históricas que argumentan las mismas.

 

Algunas de las medidas y acciones se iniciaron hace ya unos años, y ahora es la CMMH la que coordina y gestiona las intervenciones en esta materia. Así, ya en el año 2009 (dos años después de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica), el Ministerio de Defensa eliminó el escudo franquista del Hospital Militar de Quart de Poblet (Levante 2009/05/27). Ese mismo año, Esquerra Unida presentó una moción en el pleno municipal sobre la MH. Por su parte, los Servicios Municipales redactaron un informe técnico que compilaba los fundamentos normativos y legislativos vigentes, y argumentaba una primera propuesta de actuación para el desarrollo de políticas que contribuyeran al conocimiento de la Historia y el fomento de la memoria democrática en Quart de Poblet.

 

Fue en 2012 cuando se redactó un informe y estudio exhaustivo para promover acciones concretas. En consecuencia, el Ayuntamiento elaboró un inventario de los inmuebles que tenían placas (con el yugo y las flechas falangistas) del Instituto Nacional de Vivienda franquista, y se retiraron de las fachadas casi 300 unidades (una selección de los distintos tipos de placa se han catalogado y hoy en día forman parte del Fondo de Patrimonio Histórico Local).

 

Por otro lado, también se inició un estudio toponímico para normalizar los nombres de las calles y colegios del municipio. En este sentido, se procedió a una revisión del callejero de Quart, que incluyó un análisis de los padrones antiguos, la cartografía histórica y los libros de actas municipales. La intención era poder contextualizar la designación de los nombres de las calles y tener argumentos para valorar cuáles habría que renombrar. En este proceso, también se asumió que era necesario explicar a la ciudadanía no sólo la razón de la elección de esas calles, sino también el contexto histórico-político que las acuñó. De manera que a través de una conferencia se contextualizó cómo el gobierno de Franco inició una política de propaganda y de creación de una nueva memoria con el objetivo de dejar patente quien había ganado la guerra, y con la intención de censurar cualquier mención o recuerdo de la República. En nuestro ámbito territorial, esa política también implicó la “españolización” de la vida pública que se hizo extensiva en el callejero. Estos nuevos nombres censuraron la toponimia local y nombres y conceptos que el franquismo asociaba a la “Antiespaña”, y homenajeaban únicamente hechos, personas y símbolos del bando ganador: “la Presidencia pone de manifiesto la verdadera urgencia que requiere el cambio de nombre de las diferentes calles y plazas de esta localidad que todavía ostentan el título de nombres marxistas, procediendo que inmediatamente se designen los nombres de los que han de ser substituidos” (Actas Municipales Quart de Poblet, mayo de 1939). Entre otras, la Plaza de la Constitución pasó a llamarse Plaza del Caudillo (actual Pl. País Valencià); la Plaza de Don Juan Valldecabres substituyó a la Plaza de la República; la Plaza del Castillo se llamó Evaristo Perdido Grande; la Avenida José Antonio aglutinó a las calles Valencia, Blasco Ibáñez y Trafalgar.

 

Estos cambios continuaron en las décadas siguientes como se desprende de la consulta de los padrones municipales de 1940, 1950, 1960 y 1970. Fue en 1979, cuando el primer ayuntamiento democrático de Quart, aprobó el cambio de 33 nombres de calles por su clara vinculación con la dictadura. La democratización del nombre de las vías públicas de Quart continuó en 1981 y 1985 con 18 calles más. No obstante, en la actualidad aún quedaban algunas calles que la CMMH después de un estudio pormenorizado consideró que había que renombrar.

 

De cerca de 300 calles analizadas, la Comisión aprobó el cambio de diez vías: Antonio Iturmendi; Antonio Molle; Barón de Cárcer; Conde de Rodezno; Ernesto García Raga; Esteban Bilbao; General Lobo Montero; General Ordaz; Obispo Pildaín y Sargento Provisional; al comprobar que esos nombres/personas suponían una exaltación del régimen franquista. En este sentido, se elaboró un dosier biográfico de los mismos, compilando fechas y datos que confirman su vinculación directa con el golpe de estado y/o la ostentación de cargos de representación y autoridad durante la dictadura, que se hizo público en la web municipal.

 

La CMMH también está trabajando en el proceso de cambio del nombre de dos centros escolares (Ramón Laporta y Villar Palasí) así como de una comisión fallera (General Asensio-Marqués de Solferit). Aunque este tema es más complejo, pues la CMMH no tiene competencia directa al respecto y, de momento, lo que se ha puesto en marcha es la toma de contacto y comunicación con estas entidades.

 


Fig.2

Algunas de las actividades y acciones programadas por la CMMH de Quart de Poblet.

 

Este mismo año, 2016, se han realizado dos conferencias didácticas, impartidas por los asesores de la CMMH. Una sobre qué es la MH y para qué sirve (parte de la cual hemos incluido en el primer epígrafe de este artículo), y la otra sobre cómo afecta la implementación de la Ley de MH en Quart de Poblet y las acciones que la CMMH está llevando a cabo. Además en el mes de Junio se ha realizado un proceso participativo en el que la ciudadanía ha votado los nuevos nombres de las calles que se tenían que renombrar al ser elemento de exaltación del golpe de estado y la dictadura. Este proceso de consulta y votación ciudadana del nombre de las calles, celebrado del 6 al 11 de junio de 2016, ha sido ciertamente innovador. HUBcívico y la Universitat Politècnica de València desarrollaron mediante software libre, una aplicación digital exclusiva y gratuita para que la ciudadanía de Quart votara los nuevos nombres de las calles a través de la web del ayuntamiento, en dependencias municipales o incluso desde el teléfono móvil. Esta herramienta digital permitió un proceso de participación sencillo y garantizó una votación segura y secreta. La CMMH acordó algunos parámetros sobre edad (mayores de 16 años), requisitos (personas empadronadas en Quart) e incluyó en el proceso de votación a los miembros del Consejo Municipal de Infancia como muestra representativa de los niñas y niños de Quart. En la selección de nombres, los miembros políticos de la CMMH acordaron que se recuperaría la toponimia local censurada por el franquismo, en aquellas calles que tuvieran nombre antiguo. Y en las innominadas (con el Franquismo se urbanizaron muchas zonas nuevas del municipio) se acordó homenajear a mujeres. La Comisión elaboró un listado de 24 nombres de mujeres (locales, valencianas, españolas e internacionales y representativas de distintos ámbitos y disciplinas: ciencia, política, educación, cultura y artes), y se sometió a votación pública por parte de la ciudadanía (La Vanguardia 01/04/2016; El Mundo 31/05/2016; Levante-EMV 06/06/2016, web municipal de la CMMH de Quart de Poblet). Los 8 nombres más votados ya han sido ratificados en el pleno municipal para proceder a su oficialización (La Vanguardia 21/07/2016).

 

Uno de los debates que han surgido es si con esta acción “borramos la historia”. Desde nuestro punto de vista, no. La retirada del callejero de los símbolos y nombres que exaltan el franquismo no supone que se destruyan o entierre su existencia. Estos restos materiales (placas principalmente) que aún perduraban en Quart se han catalogado y pasarán a formar parte del Fondo de Patrimonio Histórico Local. Además, la CMMH y el Ayuntamiento han puesto en marcha y promovido acciones y actividades complementarias, destinadas a explicar la historia, reparar y homenajear a las víctimas, y poner el acento en discursos científicos e integradores que generen entre la ciudadanía una memoria democrática, crítica e intergeneracional. De manera que para que se conozcan los hechos y a esas personas, no es necesario que permanezcan sus nombres en la vía pública; aunque sí son protagonistas de nuestra historia, museos, libros, conferencias, etc.

 

El hecho de que los nuevos nombres sean, a excepción de dos, todos de mujeres, también ha generado algún debate, al argumentar algunos colectivos que los nombres franquistas deberían haber sido substituidos estrictamente por republicanos (algunos incluso puntualizaron “hombres republicanos” argumentando que fueron los que más murieron). La CMMH de Quart, sin embargo, consideró en base a un acuerdo en el pleno municipal (que pretende cumplir con el Plan Municipal de Igualdad) que la MH debería rendir homenaje a personas y colectivos que han sido marginados y silenciados a lo largo de la Historia. Y en este caso, las mujeres son un colectivo a visibilizar y al cual darle voz, ya que únicamente 6 calles de casi 300 tenían nombre de mujer hasta la fecha. Huelga decir que de 24 mujeres propuestas, muchas eran comprometidas activistas en pro de la lucha por la democracia y la libertad, y muchas de ellas fueron perseguidas y marginadas por el régimen, siendo también representantes de las víctimas y represaliados por el franquismo.

 

Como complemento a estas acciones en pro de la memoria, Quart de Poblet también ha llevado a cabo algunas actividades para poner en valor y explicar la II República española, el golpe de estado, la guerra y la dictadura. Buen ejemplo es la exposición “Objectes del Franquisme” que explicamos en este artículo; la edición de un CD con imágenes locales de época de la II República, pertenecientes al Archivo Fotográfico Municipal; la publicación de tres libros que tratan el tema de la memoria histórica y la guerra en el Quart de Poblet de 1936-1930 (Gascón, 2008 y 2012; Moreno y Olmos, 2015). El Ayuntamiento, a su vez, ha llevado a cabo algunas acciones para recuperar parte del patrimonio documental local, relativo a la Guerra Civil, con la compra de fotografías de Quart de Poblet a la Biblioteca Nacional; y que formaron parte posteriormente de una exposición en la Casa de Cultura: “La colonia escolar Villa Amparo 1936-1938” (Moreno, Olmos 2014a y 2014b).


Así como otros actos de homenaje y recuerdo a las víctimas y a los hechos ocurridos: el 1 de febrero de 2008 se celebró en a Casa de Cultura un homenaje a los trece vecinos de Quart fusilados por el franquismo; el 22 de enero de 2016 el investigador Wilson Ferrús dio una conferencia y presentó su último libro sobre la represión franquista sobre el magisterio en Quart de Poblet y en la comarca y el 15 de abril de 2016 se rindió homenaje a los que lucharon por la libertad y la República con la conferencia y presentación del libro “El desfile” del historiador local Pedro Gascón.

 

 Fig.3

Ejemplos de las actividades destinadas a explicar la historia, reparar y homenajear a las víctimas.

 

Este mismo mes de julio, con motivo del 80 aniversario del golpe de estado del 18 de julio de 1936, el Ayuntamiento de Quart ha emitido, a propuesta de la CMMH, una declaración institucional de condena del golpe de estado y de la violencia durante la guerra, la posguerra y la dictadura del general Franco (Levante 19/07/2016).

 

Por lo que respecta a la CMMH y todas las acciones que se llevan a cabo, se ha habilitado un espacio en la web municipal, donde se hace público todo el material y la documentación elaborada: entre ella un dossier biográfico de las calles a substituir; los acuerdos votados y debatidos en la Comisión y otros materiales informativos. De manera que para no extendernos en exceso al respecto, remitimos a los interesados a su consulta.

 

A continuación, presentamos con mayor detalle una de las actividades que hemos llevado a cabo en Quart y que es el punto de origen de este artículo, donde, como ya hemos comentado, nos gustaría abordar la construcción de la memoria histórica desde la materialidad. Así, a través de una exposición propusimos un recorrido que mostraba alrededor de 80 objetos y 37 fotografías, que forman parte del Fondo Municipal de Patrimonio Local (FMPL), con el objetivo de ofrecer una visión crítica, didáctica y pedagógica de la cultura material del franquismo. Se trataba de una propuesta que reflejaba la vida cotidiana, la educación en las escuelas, los roles de género y las políticas locales, a través de los objetos. Y que nos servía como caso práctico de estudio para abordar la construcción de la memoria colectiva.

 


COTIDIANIDAD Y ADOCTRINAMIENTO: UNA EXPOSICIÓN DE ALGO MÁS QUE OBJETOS

En enero de 2016 inauguramos en Quart la exposición "Quotidianitat i Adoctrinament: Objectes del Franquisme". 
Fig.4

 

La muestra, que aunaba los temas patrimonio material y memoria histórica, tuvo una acogida muy positiva tanto por parte de la ciudadanía, que disfrutó de visitas guiadas y actividades complementarias, como por parte de los medios de comunicación (Levante-EMV 12/01/2016; 15/01/2016; 16/01/2016).

 

 

 

 

Imágenes y materiales de la exposición "Quotidianitat i Adoctrinament: Objectes del Franquisme" (Fotografías: Hèctor Juan).

 

Aunque su título pudiera evocar simplemente una muestra de objetos, la finalidad de esta exposición se alejaba bastante de la mera cosificación de los restos materiales que conservamos de nuestro pasado más reciente. Y de hecho, la exposición nos planteó, como comisarias, algunos retos a la hora de elaborar el proyecto.

 

Tradicionalmente han sido objeto de estudio las culturas materiales etnográficas y prehistóricas. Sin embargo, poco se ha estudiado la cultura material del franquismo como periodo histórico y como movimiento político-social1. Precisamente, sus características como movimiento totalitario y militarista generan unos contextos y unas materialidades muy interesantes a la hora de analizar cómo se generan, se reproducen y se perpetúan la cultura, los valores y los principios en una sociedad no democrática con una idiosincrasia muy particular, como lo fue la España franquista.

 

 Nuestros objetivos para con la exposición eran principalmente tres:

 

Objetivo 1: La puesta en valor y divulgación del patrimonio mueble local

La exposición fue la última fase del proyecto de estudio, catalogación e inventario de algunos materiales, que forman parte del Fondo Municipal de Patrimonio Local (FMPL). Tras meses de trabajo, pudimos aislar una selección de objetos de naturaleza y funcionalidad diversa que tenían como criterio común su cronología espacio-temporal: el Quart de Poblet de 1937 a 1975.

Objetivo 2: La didáctica de la cultura material

Nos propusimos explorar cómo a partir del análisis de la materialidad podemos abordar los contextos y discursos que el régimen puso en marcha durante décadas para adoctrinar, censurar, reprimir y, si se nos permite la expresión, "domar" (es decir, amansar y hacer dócil a fuerza de ejercicio y enseñanza) a la población.

Objetivo 3: Llevar a cabo una actividad de difusión en el marco de la Memoria Histórica democrática sobre el franquismo

La idea era entroncar con la línea de trabajo y divulgación del proyecto que la CMMH de Quart de Poblet había iniciado en octubre de 2015.

 

La exposición se estructuró en cinco bloques temáticos, cada uno de ellos abierto con un plafón de texto, que introducía el tema a tratar, y que se complementaba con fotografías y objetos expuestos a la vista.

 

El discurso expositivo comenzaba por la contextualización del tema, haciendo un breve recorrido por la España de este periodo y su cronología de sucesos. Seguido de una breve explicación de corte ideológico del franquismo y, por último, de su comparación con otros sistemas totalitarios, dando respuesta a la pregunta: ¿Qué es el franquismo? Para ilustrar esta primera parte de la exposición, se seleccionaron algunas fotografías del Fondo Fotográfico Municipal de Quart de Poblet. A través de las imágenes el espectador podía conocer y contextualizar cómo era la localidad durante esta época, ciertos usos y costumbres, el inicio de la nueva urbanización, el desarrollismo industrial, etc.

 

El siguiente bloque temático se centraba en la caracterización del Nacionalcatolicismo. El régimen concentró la totalidad de los poderes estales, redujo y no respetó los derechos civiles y políticos ni las libertades públicas, instaurando nuevas formas de convivencia. Estas nuevas realidades, desde el “saludo nacional” al culto al Generalísimo, eran omnipresentes en calles, escuelas, monedas, sellos, etc. Y así lo reflejaban los objetos, documentos e imágenes expuestas.

 

Este bloque se complementaba con un maremágnum de relicarios, estampas, medallas y rosarios que sirvieron de testigos sobre la omnipresencia de la Iglesia en la vida cotidiana y más íntima de la población. Estos ajuares devocionales y votivos fueron la piedra angular de prácticas, ritos y tradiciones religiosas que reglaron el tiempo social y vital de muchas generaciones.

 

El itinerario expositivo continuaba con un repaso al ámbito educativo. La educación franquista lapidó al magisterio pionero e innovador que durante la República puso la educación al servicio de la sociedad. El franquismo empleó la educación como herramienta de adoctrinamiento político y religioso. La censura, al igual que en otros aspectos de la vida cotidiana, también llegó a la escuela, como se aprecia claramente en los libros y materiales escolares, que fueron pieza clave para publicitar e instaurar los principios del régimen durante décadas.

 

Fig.5

Cuaderno escolar manuscrito expuesto en "Quotidianitat i Adoctrinament: Objectes del Franquisme".

Fondo de Patrimonio Local de Quart de Poblet. (Fotografía: Lorena Núñez).

 

Entre los objetos expuestos, un amplio recopilatorio de material didáctico mostraba la obligatoriedad de las asignaturas de Religión o de Formación del Espíritu Nacional. El Estado delegó en la Iglesia y la Falange gran parte de la tarea educativa, formando así, no a ciudadanos, sino a súbditos, creyentes y patriotas, que asumían la jerarquía del régimen y la defendían como una religión o culto de estado.

 

En un cuarto apartado, se hablaba de la mujer. El franquismo supo adoctrinar a las mujeres españolas para que aceptaran su rol social. En esta estructurada estratagema, fueron mujeres como Pilar Primo de Rivera e instituciones como La Sección Femenina y el Auxilio Social, las que contribuyeron a perpetuar roles e institucionalizar la subordinación femenina al estado, al padre y al marido. A las mujeres se les asignó el papel de “mujeres y madres de la patria”. Un rol que se publicitaba como esencial, al ser su misión cuidar y gestionar la familia; y devenir, por tanto, pieza clave para perpetuar el régimen. A través de la recreación del espacio en el hogar se ilustró su rol social de subordinación. La mujer como ser dependiente e inferior quedaba relegada a las labores, la cocina y la economía doméstica, como se evidenciaba en la cantidad de enseres asociados al mundo femenino: materiales de costura, set de plancha, ajuares domésticos, etc. Así como el ingente número de publicaciones y panfletos que hablan de cómo debía sentir, pensar, actuar, vestir una mujer. Estas materialidades son un fiel reflejo del marcado dimorfismo social que los roles de género franquistas establecían entre hombre y mujeres. Así, se contraponían la esencia de la mujer, que debía emanar recato, decencia y feminidad frente a la virilidad y la predominancia que debía caracterizar al hombre.

 

Fig.6

Set de costura expuesto en "Quotidianitat i Adoctrinament: Objectes del Franquisme".

Fondo de Patrimonio Local de Quart de Poblet. (Fotografía: Lorena Núñez).

 

La exposición se cerraba con un último bloque que abordaba la política ultranacionalista y represiva franquista, que quedó reflejada en la cotidianidad de la vida local. Con el objetivo de la aniquilación gradual pero definitiva del enemigo, la dictadura franquista estableció un estado totalitario y policial, donde la represión contra todo aquello y todos aquellos contrarios al Movimiento Nacional, formaba parte de la maquinaria del régimen. Cartillas de racionamiento, documentos de movilización militar y adoctrinamiento político, el peso y la presión de Falange y del ejército en la vida de la población, la exaltación del golpe de estado y de la dictadura en la vía pública y en la totalidad de los ámbitos de la vida diaria, son ejemplos de cómo el franquismo se instauró y se enraizó en nuestra cotidianidad.

 

La exposición contó también con visitas guiadas, que se ofrecieron a los centros educativos de la localidad así como colectivos de edad adulta. El objetivo era dar a conocer, especialmente a las generaciones que ya han nacido en Democracia, una parte de nuestra historia reciente para potenciar el pensamiento crítico y los principios democráticos entre los ciudadanos. El segundo colectivo resultó especialmente interesante, ya que la cotidianidad de estos objetos, junto a su proximidad temporal, hicieron que las visitas resultasen muy enriquecedoras y participativas. La observación de fotografías, documentos, objetos o indumentaria de la época evocaba a las generaciones que vivieron en primera persona esa etapa de nuestro pasado reciente, recuerdos y memorias; lo que nos permitió recuperar testimonios e historias de vida de esos objetos. Algo sumamente importante para sobrepasar la mera materialidad y ahondar en la función más social de nuestras disciplinas.

 

Esta participación activa de los visitantes también tuvo una retroalimentación inversa, aquélla que ofrecían las generaciones de jóvenes que, ajenas a esos repertorios materiales, nos bombardeaban con preguntas para conocer para qué servía un escapulario, cómo se "compraba" comida con una cartilla de racionamiento o por qué las mujeres no se quejaban cuando les solicitaban un permiso marital para algo tan rutinario, hoy en día, como ir al banco.

 

Esta experiencia nos ha demostrado que los objetos son también excelentes cicerones para abordar nuestra historia más reciente. La proximidad temporal de los objetos y el hecho de que hoy en día sigan estando presentes en muchos hogares, despierta la curiosidad de la población, convirtiéndose en un reclamo para introducir un tema inicialmente complejo como un golpe de estado, una guerra y una dictadura. Mediante esta recopilación de objetos tan cercanos y de distinto formato (documentación municipal, material escolar, revistas, monedas, sellos, periódicos, material de costura, relicarios, etc.) el visitante podía adentrarse en la vida de una familia, contemplando cómo el régimen franquista, totalitario por definición, se servía de estos objetos para estar presente en la vida diaria y en la cotidianidad de los hogares.

 

DECONSTRUYENDO LA MEMORIA HISTÓRICA: LA CULTURA MATERIAL DEL FRANQUISMO

La historia, la antropología y la arqueología se dan la mano cuando ponemos en marcha proyectos de memoria. Las fuentes, la materialidad y el trabajo etnográfico de campo se imbrican para reconstruir episodios históricos, para analizar la cultura (material e inmaterial) que se generó entonces, y para recuperar testimonios y oralidades, que humanizan y ponen voz a la ardua tarea de la investigación de nuestro pasado más reciente.

 

En esta ocasión, nos hemos centrado en poner en valor la importancia de la materialidad, es decir, los objetos cotidianos que conforman la singular cultura material que se enraizó en la sociedad y amamantó a generaciones de españoles, durante los casi 14.000 días que Franco estuvo al frente de la Jefatura del Estado.

 

La cultura material conserva en su esencia un doble discurso empírico y epistemológico. El primero se desprende de su materialidad, como algo físico, tangible y alcanzable; y el segundo, como estudio teórico del conocimiento se infiere a partir del contexto histórico, político-económico y socio-cultural en el que se genera. Esta relación de la materialidad con su contexto también es dual, ya que la cultura material es por un lado fruto de ese contexto y a la vez vehículo para analizarlo. De manera que, analizar y poner el foco en los objetos también es una manera muy arqueológica y antropológica de explicar la historia y de construir memoria.

 

En este sentido, cuando hablamos de “Cultura Material” nos estamos refiriendo a los repertorios de objetos que nos permiten conocer y analizar la vida de una comunidad/sociedad. Los objetos nos aportan información sobre las personas y los contextos en los que fueron utilizados; representando así variables tan diversas como los valores, las creencias, las maneras de hacer y pensar y obviamente, las estructuras de organización socio-políticas de quienes los producen y emplean.

 

El régimen franquista se caracterizó por ser un movimiento y una dictadura represiva, fascista, ultrareligiosa y misógina. Y precisamente esta naturaleza hermética, tradicionalista y nacionalcatolicista generó unos discursos y una materialidad que transpiran adoctrinamiento social, político y religioso en cada detalle.

 

El análisis de esos repertorios, lo que hemos etiquetado como “los objetos del franquismo”, se revela como un planteamiento muy enriquecedor para abordar y explicar en clave democrática lo que fue el franquismo. Cómo se vivía, cómo se vestía, qué se leía, qué se estudiaba; y un largo etcétera de qués, de quiénes, de cuándos y de cómos, que generan por sí solos argumentos y discursos basados en la revisión y el pensamiento crítico sobre nuestro pasado más reciente. Y que ayudan a la construcción de una memoria histórica colectiva y democrática.

 

La Memoria Heredada: Materialidad y Discursos

No hay duda que el franquismo generó una “Cultura” propia (entendida aquí como concepto antropológico), basada en tres tótems: el ejército, la Falange/Movimiento Nacional y el nacionalcatolicismo. Además se adornó con pinceladas de los fascismos europeos contemporáneos: la represión violenta contra lo diferente y opuesto; el culto al caudillo, el totalitarismo como paraguas para un nacionalismo uniformizador, la religión como vehículo de legitimidad, etc. El régimen fue tan longevo y permeable, que con el paso del tiempo, el concepto “Franquismo” ha pasado a designar no únicamente una tendencia ideológico-política (el denominado por los sublevados como Movimiento de Liberación Nacional) sino también una etapa histórica de la España Contemporánea. El franquismo engendró discursos y principios de adoctrinamiento desde las esferas y escenarios más cotidianos; enlazando de tal manera la propaganda y la cotidianidad en la vida de los hombres, las mujeres y los más pequeños, que algunas conductas/actitudes, entendidas por el gran público como inocuas, son aún hoy en día difíciles de extirpar de la memoria colectiva.

 

Represión, muerte, violencia, purga, censura, cárcel, asesinato son sustantivos que acompañan al nacionalcatolicismo desde sus inicios. La maquinaria militar, política, judicial del régimen siempre se subraya en color oscuro. Sin embargo, al analizar su cultura material se evidencia que otros contextos, que parecieran más luminosos y coloristas como la escuela, la cotidianidad del hogar, la vida social en el pueblo/barrio, los ritos sociales de paso establecidos, etc. también son reflejo de esa maquinaria institucionalizada de propaganda, de censura y de represión, que en el fondo sólo perseguía la anulación del individuo como ciudadano libre y lo supeditaba a un régimen uniformizador y sectario. Visto en perspectiva antropológica, el franquismo ha generado (por imposición y en diacronía) un singular proceso de aculturación. Y es que, por un lado adoctrinó a sus agentes sociales coetáneos, y por otro, su herencia se ha mantenido aculturando a generaciones posteriores, sino en la defensa activa de sus valores, al menos sí en la indiferencia y la insensiblidad a la hora de convivir (ya en democracia) con ciertas herencias. De alguna manera, y analizándola desde el presente, la maquinaria del franquismo ha sido altamente exitosa al menos en lo que respecta a la perduración de roles, simbología y actitudes; algunas de las cuales siguen latentes aún en la actualidad.

 

Huelga decir que todavía hay muertos que siguen en fosas sin exhumar ni identificar; hay innumerables expedientes en archivos pendientes de ser estudiados; aún nos faltan piezas del puzzle histórico de 1936-1939, y de las casi cuatro décadas de dictadura. Es un tema sensible y aún poco interiorizado por gran parte de la ciudadanía, que a menudo no comprende por qué seguimos estudiando y divulgando nuestra historia reciente (la II República, el golpe de estado de 1936, la guerra y la dictadura). Es nuestra labor explicar, con discursos integradores y didácticos, que esto no es cuestión de venganza, de honrar a los tuyos o a los míos (, o de borrar la historia como hicieron por ejemplo los egipcios al picar los cartuchos con los nombres de faraones heréticos, o como practicaron los romanos con la damnatio memoriae. Sino todo lo contrario.

 

Fig.7

El Roto©

 

Hay que estudiar, deconstruir y divulgar entre la ciudadanía nuestro pasado más reciente para explicar porqué no podemos aceptar, en democracia, que aún se homenajee en nuestras calles a militares golpistas del 18 de julio de 1936, a cargos de representación de la Dictadura franquista; que es intolerable que aún se mantengan símbolos representativos del fascismo o que se puedan realizar con vehemencia proclamas que equiparen franquismo y II República, cuando uno fue un régimen militar nacido de un golpe de estado, y el otro, hay que aceptar (seamos republicanos o no) que fue un régimen de gobierno elegido por la ciudadanía en las urnas.

 

Para que se entienda inmediatamente cómo caló el mensaje de los golpistas - que definía la República como la AntiEspaña- y cómo la dictadura grabó a fuego no sólo en las consciencias de los españoles sino también en los libros, documentos y demás soportes propagandísticos estas ideas, valga comentar dos ejemplos. Por un lado, en la actualidad perdura la denominación de “alzamiento nacional” cuando se habla del golpe de estado; incluso los medios de comunicación lo utilizan, cuando este concepto obviamente es un término cargado de significación política. Y por otro lado, aún hoy en día se mantiene la estigmatización de la República como una etapa funesta, revolucionaria y caótica, donde la violencia, el anticlericalismo y la anarquía eran la tónica dominante; aunque esta extrema simplificación del régimen republicano poco tenga que ver con su dinámica y su compleja evolución en la España de los años 30. Pero como comentábamos al inicio, los hechos son los que son, por mucho que algunos discursos (como el franquista) quisieran reescribir la historia. La República, sin embargo, fue (y es) simplemente un sistema político, un tipo de organización del Estado, elegido democráticamente por la ciudadanía en las urnas, y que en el caso español estableció un régimen no monárquico, donde convivían diferentes partidos políticos (conservadores, socialistas, comunistas, etc.) y de tendencia heterogénea (republicanos centralistas vs. federalistas). El estado español, en la actualidad, es una monarquía parlamentaria; pero países de nuestro entorno como Alemania, Francia, Italia o cruzando el charco Estados Unidos, son repúblicas consolidadas y no precisamente sospechosas de revolucionarias ni radicales. De manera que esta imagen peyorativa de la República a la española y lo que ella representa es, sin duda, otra herencia más de la memoria reescrita por el franquismo; que se ha perpetuado como una memoria social adoctrinada y adoctrinadora durante generaciones.

 

La propuesta entonces es obvia si la falta de discursos alternativos, enfocados y presentados de manera didáctica y científica (y no tanto política) es una de las causas de la desinformación y de las preconcepciones erróneas y maniqueas de nuestra historia reciente, pongamos entonces en marcha la educación, la divulgación y la activación ciudadana como catalizador para la construcción de una nueva memoria más democrática y crítica, que permita la convivencia intergeneracional. Porque únicamente deconstruyendo la memoria social heredada, seremos capaces de construir una nueva MH más crítica, más conciliadora y más democrática.

Fig.8

 

El olvido paradójicamente está lleno de memoria (ya lo decía Benedetti). Y por largo que sea ese olvido, la historia no desaparece; está siempre ahí esperando aletargada. El olvido y el silencio sólo la esconden, la sepultan y la oscurecen. Olvidar y enterrar lo que pasó solo contribuye al desarrollo de complejos y patologías dignas del psicoanálisis más freudiano. De cómo un país no conoce su historia, de cómo familias y pueblos enmudecieron durante décadas, de cómo aún en democracia no es posible el consenso y el acuerdo unánime por asumir lo evidente, y por reclamar lo que reclamamos sin recelo para otros países; pero no para el nuestro. Es entonces tiempo de descubrir, exhumar, dar luz y poner voz a nuestra historia desde la academia y la profesionalidad, pero también desde la calle y desde los ayuntamientos y las instituciones.

 

 

El Roto©

 

 

 REPENSANDO EL CONCEPTO DE MEMORIA HISTÓRICA

Al inicio del artículo ya hemos propuesto que no es lo mismo Historia que Memoria Histórica. Y ahora, una vez presentado nuestro caso de estudio, nos gustaría finalizar planteando nuestro planteamiento teórico-metodológico sobre la MH.Fig.9

Como comentábamos en epígrafes anteriores, nuestra experiencia en Quart de Poblet tiene como una de las líneas base, la construcción de una memoria histórica democrática y conciliadora. Desde nuestro punto de vista, la Memoria Histórica no debe ser solo discurso político sino praxis: una acción colectiva entre la ciudadanía, los profesionales y las instituciones. En su acepción más amplia (y no únicamente vinculada al franquismo), la MH es una acción para la reparación y para paliar la invisibilización histórica y la discriminación política, religiosa, de género, etc. de hechos, colectivos y/o personas.

El Roto©

La MH debe refutar la manipulación de la historia basada en discursos políticos no integradores ni democráticos que defiendan una única verdad oficial. En este sentido, la MH como constructo deber ser pública, social y democrática; y nunca puede sustituir a la Historia como discurso científico.

 

Si tuviéramos que enunciar cómo conceptualizamos la Memoria Histórica del franquismo en una ecuación, nosotras lo resumiríamos así:

 


M. Histórica = Investigación Científica + Activismo Social + Marco Jurídico

 


Reiteramos de nuevo, que con estos discursos y estas prácticas de memoria, no pretendemos borrar la historia sino divulgarla y democratizarla. La memoria es recordar; pero a menudo la memoria social, histórica y colectiva que tenemos, es fruto de discursos e intereses determinados que nos han sido impuestos o que hemos heredado. Nuestro objetivo es ofrecer herramientas y vías para que la ciudadanía genere su propia opinión y potenciar así el pensamiento crítico, cívico y participativo; en un proceso de empoderamiento donde las personas asuman las decisiones y los recursos.

 

La creación de una memoria social y democrática es y debe ser uno de los grandes retos de la sociedad actual. Un Estado y una sociedad democrática no pueden permanecer indiferentes ante un pasado reciente totalitario, violento y anticonstitucional. La herencia de la dictadura militar que aún pervive lo hace en forma de insensibilidad entre la ciudadanía respecto a ciertos símbolos, personajes o ideologías claramente antidemocráticas. Pocos dudan de los horrores del nazismo, del fascismo italiano, del estalinismo o de las dictaduras del cono sur; hasta conocemos sus nombres y efemérides sin ser oriundos de esos países. Entonces, ¿por qué nos negamos a nosotros mismos como país y como historia? ¿Por qué no somos capaces de acuñar esa memoria crítica de nuestro propio pasado más reciente?

 

Consideramos necesario seguir dando a conocer nuestra historia y hacer partícipe a las personas para potenciar la reflexión y la convivencia. Y es que, aunque nosotros (los profesionales) lo sepamos, la historia hay que continuar contándola y explicándola. Y no nos referimos a memorizar fechas, nombres y efemérides. Es una evidencia que los discursos y debates estrictamente académicos y profesionales sólo generan distanciamiento con la ciudadanía, que se siente ajena y poco representada en ellos. Desde nuestro punto de vista, la divulgación y la acción participante ponen a la gente en primer plano y generan un sentimiento de pertenencia y representación que hace más fácil la asimilación y la participación crítica. En este sentido, los proyectos en espacios acotados (pueblos, municipios, comunidades, barrios) permiten un canal comunicativo bidireccional y muy directo; pues la gente percibe y siente en primera persona. Por lo tanto, esas historias, objetos y anécdotas se visualizan en padres y abuelos, y por ende se asumen como propias, como parte de la memoria vital personal y local.

 

Renombrar una calle franquista, exhumar una fosa, eliminar un monumento de exaltación al franquismo son actos necesarios de reparación y dignificación. Pero igualmente importante es, en cualquier caso, no solo colgar una placa nueva -que al fin y al cabo a menudo pasa inadvertida para la gran parte de la ciudadanía-, sino explicar quiénes eran, donde están, porqué murieron o porqué se renombran. Pues solo haciendo participe a la gente, conseguiremos que esas acciones se asuman como representativas de todos. Y en consecuencia tendrá éxito la construcción de la memoria social e histórica que queremos.

 

Si pretendemos educar en civismo, si queremos una ciudadanía comprometida y crítica, hay que dar este paso adelante para culminar un proceso participativo de democratización de la memoria histórica, social y colectiva. Y en este caso, no debemos olvidar la importancia de la divulgación. En cualquier disciplina científica, la divulgación es una fase más, y no secundaria, del trabajo científico. Tan importante es llevar a cabo nuestras investigaciones, como explicar a la gente qué hacemos, cómo y porqué. Porque sólo así, nuestro trabajo como disciplina social tiene sentido y porque sólo así se completa nuestro cometido como profesionales. Quizás, debiéramos pensar que los historiadores, arqueólogos y antropólogos también somos en esencia gestores culturales y del patrimonio. Y que al fin y al cabo, hay una parte de nuestra disciplina que, entendida como producto cultural, debe tener presente prácticas de comunicación, de didáctica y de trabajo con distintos sectores y públicos, que hoy en día permiten que nos comuniquemos con la ciudadanía cómo antes no se había hecho.

 

De manera que, obviamente, desde nuestro punto de vista, la MH no se trata sólo de renombrar calles. Se trata de culminar un proyecto conjunto e integrador entre grupos políticos, la ciudadanía y los profesionales para poner en marcha prácticas pioneras y modélicas en la creación de una memoria democrática e integradora.

 

Notas:

1 Algunos planteamientos muy acertados sobre la materialidad de la guerra civil y la postguera los plasma Alfredo González-Ruibal en su último libro (2016).

 


Referencias:

Portal de la Ley de Memoria Histórica del Ministerio de Justicia de España.


Portal de Memoria Histórica de la Conselleria de Justícia i Reformes democràtiques de la Generalitat Valenciana


Páginal web Comisión Municipal de Memoria Histórica de Ajuntament de Quart de Poblet

 

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2016/04/01: “Los vecinos de Quart elegirán ocho nuevos nombres de calles”. La Vanguardia.


2016/05/31: “Los vecinos de Quart votarán el nuevo nombre de 8 calles franquistas”. El Mundo.


2016/06/06: “Arranca el proceso para cambiar ocho calles franquistas de Quart de Poblet”. Levante-EMV.


2016/19/07: “Quart condena el golpe militar de Franco”. Levante-EMV.


2016/21/07: “Las 13 Rosas y otras mujeres renombran calles franquistas de Quart de Poblet”. La Vanguardia.




 

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