LA LINDE, 7-2016.

 Nos interesamos por:

 

CONOCER PARA PLANIFICAR.

 

El espacio de la antigua huerta de

 

Les Escoles de Malilla.Valencia.

 

¿Un Camí del Pouet (II)?

 

 

Víctor Algarra Pardo. Arqueólogo.  Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Basura 6

RESUMEN.- Es evidente que todos los ensanches de Valencia desde finales del siglo XIX hasta la actualidad se han realizado necesariamente a costa de la Huerta. Pero lo inaudito es que se hayan producido ignorándola y borrándola del territorio y de la memoria colectiva. Esta reflexión se hace para manifestar que el paso previo a la toma de decisión sobre la conservación o no de ciertos espacios y elementos es el “conocimiento” profundo. Sin él no puede existir “planificación”, pues sólo cuando conoces algo y aprecias sus valores es posible integrarlo y mejorarlo, adecuando el territorio a las nuevas necesidades que cada sociedad tiene en su tiempo.
 
PALABRAS CLAVE.- Huerta de Valencia, conocimiento, planificación del territorio, memoria social.

 

ABSTRACT.- It’s obvious that all of the expansions the city of Valencia has experienced since the end of the XIX century to the present have been at expenses of “la Huerta”. But the outrageous thing is that this happened by ignoring it and erasing it from the map and people’s memories. This article has the goal of making sure we all know that the first step as to whether some spaces and elements should or shouldn’t be preserved is the profound “knowledge”. Without it there can’t be such a thing as “planning”, for only when you know something and you can appreciate its value is it possible to integrate and improve your territory for the new necessities that each society has at different times.

KEY WORDS.- Huerta of Valencia, knowledge, planning of the territory, social memory.

 

 

INTRODUCCIÓN

La huerta, como las fallas o la paella, son iconos de Valencia siempre presentes en el imaginario colectivo y en apariencia inmutables. Sin embargo, para el caso de la huerta que rodea a la ciudad de Valencia no es así. Aunque la implantación urbana sobre antiguos territorios de huerta es un fenómeno que de forma intensiva existe desde principios del siglo XX, no fue hasta las últimas tres o cuatro décadas cuando se manifestó este fenómeno de manera casi “finalista”, hasta el punto de que a día de hoy la huerta del municipio de Valencia se reduce a unos cuantos retazos, pequeñas bolsas y “recortes” en el plano de planeamiento urbano de la ciudad, a excepción de las mayores reservas que todavía hoy se mantienen en las pedanías del norte (Massarojos, Poble Nou, Carpesa, Cases de Bàrcena, Borbotó, Benifaraig, Vistavella, Mahuella, Tauladella) y por el sur las zonas de arrozal de Castellar y Pinedo.


Fuera de la antigua ciudad amurallada de Valencia, lo que hoy conocemos como el distrito de Ciutat Vella, el término se dividía en cuatro cuartos de extensa huerta, los llamados “quarters”, de ellos el cuarto noreste fue el que primero se colmató casi por completo de suelo urbano. Lo ocupaba la huerta de Benimaclet, que se extendía entre el Jardín de los Viveros al oeste, El Cabanyal al este y el límite con Alboraia en la partida de Vera al norte. La Avenida Blasco Ibáñez fue la columna vertebral de la urbanización de esa antigua huerta, planificada en sucesivos planes entre finales del siglo XIX y la década de 1930, pero que, salvo su comienzo a la altura de la Facultad de Medicina, no comenzó a ser una realidad hasta casi la etapa del tardofranquismo. De hecho entre las décadas de 1960 y 1970 (e incluso la de 1980 para la mitad más oriental) la huerta seguía presente en lo que ahora son calles de trazado ortogonal. Hoy en día, el único testimonio huertano son dos pequeños reductos de tierra en los sectores del Camino de Farinós y de Vera en el límite con Alboraia.


Misma suerte han corrido los “quarters” sudoeste y noroeste. Al sudoeste, de la huerta de Patraix nada, sin excepción, queda de ella, sólo el recuerdo de gentes que como yo íbamos al colegio entre campos de maíz, cebollas y patatas en la década de 1970. La reciente urbanización del PAI de Patraix (en buena parte frustrada por su anulación por parte del Tribunal Supremo por falta de “transparencia” en la adjudicación1) ha borrado cualquier huella de la huerta, aunque sólo una parte del PAI está ocupado por fincas, mientras la otra corresponde a solares cubiertos de malas hierbas. El cuarto noroeste es la huerta de Campanar, Beniferri, Benicalap y Benimàmet. Aquí el expolio ha alcanzado cotas muy altas de profundo impacto medioambiental, patrimonial y humano, llevándose por delante, además de la tierra, alquerías, molinos, acequias y caminos islámicos y bajomedievales. El Pouet de Campanar es el ejemplo más sangrante y al que dedicaremos algunas líneas por servir de comparación con el área de Les Escoles de Malilla, objeto de esta reflexión.


El último de los cuarteles es el de Russafa, al sudeste, uno de los más extensos y también de los más castigados en sus partidas de la Font de Sant Lluis, Nazaret, La Punta2, Camí d’En Corts y Malilla. Restan arrozales y algunas huertas en torno al Castellar y el Oliveral y más al sur en Pinedo, el Perellonet y el Saler.


Lo lamentable en todos estos casos es que la planificación se hizo desde la ignorancia y, no diría desprecio, pero sí escaso aprecio, por el territorio y el legado que conllevaba, sin existir un proceso de documentación exhaustiva (y mucho menos de consulta y participación ciudadana) para poder integrar en las nuevas urbanizaciones la esencia del territorio y aquellos elementos que verdaderamente merecieran una preservación.


LA HUERTA DE MALILLA

En el último de los “quarters” citados, el de Russafa, se integraba la huerta de Malilla. La Huerta de Malilla es un término del pasado. Bien poco es lo que queda de ella y lo que perdura se encuentra abandonado y desarticulado a la espera de su definitiva eliminación. Como fichas de dominó, han ido cayendo parcela a parcela, casa a casa, acequia a acequia, no sólo en el olvido físico, sino lo que es aún peor en el de la memoria, ante la carencia de estudios generales y específicos que recuperaran, para ser contada, los pormenores de una historia milenaria.

PLANO SITUACIN

La antigua Valencia tras sus murallas sobre la trama actual y algunos de los caminos que partiendo desde ella recorrían la Huerta Sur. En el centro, el camino viejo de Malilla y la Alquería de Felip en el extremo inferior de la fotografía, en el entorno de Les Escoles de Malilla.


Malilla, entre los poblados de Patraix y de Russafa, se incluía en l’Horta Sud, amplia área del municipio de Valencia situada en el sector occidental del distrito de Quatre Carreres, limitada al oeste por el Camino Real de Xàtiva y posteriormente de Madrid, actual calle de San Vicente Mártir, y por el este hasta alcanzar una franja anterior al antiguo Camino de Castellar, desde donde se extiende la antigua Huerta asociada a La Font de Sant Lluís.


El lloc o pueblo de Russafa, hoy un barrio de Valencia, tuvo entidad municipal propia hasta finales del siglo XIX y abarcaba un término muy amplio, pues además de la propia Russafa incluía Nazaret, Mont-Olivet, La Punta, Pinedo, El Saler, El Palmar, La Font d’En Corts, La Font de Sant Lluís, el Castellar y El Oliveral, el Forn d’Alcedo y Malilla. En este territorio, Malilla no llegó a formar (al menos a partir de la época bajomedieval) una pequeña agrupación de poblamiento más o menos concentrada, como era corriente en numerosos puntos de la Huerta, sino más bien componía una extensa partida rural de origen islámico, donde existió un importante poblamiento en régimen disperso. Para la época islámica, el ámbito estaba repartido en dos “alquerías”, la propia de Malilla y la de Benimassot, al norte y al sur, respectivamente del barranco de la Rambleta.


La arteria que vertebraba de norte a sur este territorio era el Camí Vell de Malilla, que partía del Portal de Russafa en la ronda de la antigua muralla de Valencia, pasaba junto al poblado de Russafa, cruzaba los principales brazos y filas derivadas de la acequia de Favara (Braç de Jesús, de les Monges y de la Gàbia) y alcanzaba el Camino de Castellar. En las inmediaciones de este camino y acequias se desarrollaba el poblamiento de Malilla, pudiendo considerar uno de sus centros el entorno de la todavía en pie Alquería de Felip, situada en el tramo donde el Camí de Malilla va en paralelo con la Fila dels Negrets (del Braç de la Gàbia) y que podría asimilarse con el ámbito aproximado de la antigua alquería de Benimassot.


Centraremos en este punto nuestros comentarios, pero antes debemos advertir que este territorio, desde la Avenida Peris y Valero hasta la Ronda Sur está ocupado en su totalidad por la trama urbana, vertebrada por la Carretera de Malilla. Este eje, consolidado ya en el Plan General de Ordenación de Valencia y su Cintura de 1946, es el primer elemento exógeno que permitió una nueva reparcelación mediante vías rectas paralelas y transversales a él, rompiendo con los antiguos trazados. Al otro lado de la Ronda Sur, el nuevo complejo hospitalario de La Fe y las instalaciones ferroviarias del Centro de Tratamiento Técnico en la llamada ciudad del Transporte ocupan buena parte del anterior parcelario agrícola.

General mirando al norte 03

Campos baldíos de la huerta de Malilla. Al fondo, el nuevo hospital La Fe.


Como decíamos arriba en relación a todo el término municipal, sólo pequeñas bolsas de tierra perduran, todas ya incultas, muchas convertidas en vertederos, y con las casas y alquerías ocupadas por grupos y familias con desarraigo social.


EL CAMINO DE LES ESCOLES DE MALILLA

Una de estas bolsas es el Camí de les Escoles de Malilla, en el borde mismo de la autovía V-30 de Circunvalación Sur que va en paralelo al Nuevo Cauce del Turia. Seguidamente aportaremos algunas referencias para señalar los singulares valores que todavía presenta este entorno (aunque ciertamente ocultos por el fuerte impacto ambiental al que se ha sometido el área).


El valor fundamental de este pequeño reducto de antigua huerta reside en que todavía son visibles los distintos rasgos que determinan un paisaje histórico huertano: acequias, caminos, parcelas y edificaciones rurales con su doble función de vivienda y de producción agrícola, algunos de los cuales comentaremos con cierto detenimiento.

 

A. La acequia de la Fila dels Negrets. La esencia de la Huerta es, sin duda, la secular explotación agrícola, base económica fundamental de Valencia hasta prácticamente nuestros días. La unidad de riego al sur del barranco de la Rambleta (y su encauzamiento histórico conocido como Séquia del Rei) estaba presidida por el Braç de Gàbia3, uno de los brazos principales de la acequia de Favara. En concreto, el área se regaba con las derivaciones de la Fila dels Negrets y los brazos de Els Comunets.


La Fila dels Negrets, en la zona que estamos estudiando efectúa su recorrido primero junto a las Alquerías del Volante (edificio del s. XVIII que se conserva milagrosamente), Mantot (s. XIV-XV), Vilata, Patach y Domingo, todas habitadas por ocupas, y al alcanzar el Camí Vell de Malilla, en su tramo conocido como de les Escoles de Malilla, camino y fila se funden en una bella simbiosis con un trazado sinuoso, donde el agua corre por el lado izquierdo de la vía en uno de los ya escasos testimonios de acequia tradicional de cajero de tierra.

alquera del Volante

Alquería del Volante

 

Acequia

Alquería de Vilata y acequia de la Fila dels Negrets

 

Fila Negrets 09

Acequia de la Fila dels Negrets y camino de Les Escoles de Malilla


En líneas generales, la Fila dels Negrets se caracteriza por mantener hasta nuestros días, en un porcentaje elevado de su recorrido, el antiguo cajero de tierra al aire libre con algunas zonas reforzadas con obra. El cajero tipo observado entre los distintos tramos conservados es el de un canal con sección en cubeta exvasada de considerable anchura entre 1.80 y 2.00 m y una profundidad de 0,80 m, de los cuales la lámina de agua no solía superar los 30 cm, característica habitual en las acequias tradicionales de cajero ancho y poco profundo.

Fila Negrets 12 Fila Negrets 14 acequia de tierra

Fila dels Negrets. Ejemplo de acequia tradicional de cajero de tierra.


El paisaje hidráulico se completa con el Braç del Comunet Primer o de Fora, el único de los tres brazos conservados dels Comunets (los otros dos fueron anulados por la construcción del Nuevo Cauce del río Turia), que llega a situarse casi en paralelo con la Fila dels Negrets, a la que se aproxima considerablemente a la altura de la Alquería de Felip. Es éste también un cajero tradicional excavado en tierra, que como particularidad conserva en ciertos puntos de su recorrido estacas o postes de madera hincados en uno de sus márgenes, antigua práctica para reforzar y entibar las paredes de las acequias.

 

cajero de tierra

Cajero del Braç del Comunet Primer


B. El Camino de les Escoles de Malilla. El segundo gran elemento en la formación de un territorio es la red de caminos, en el caso de la Huerta de Valencia el resultado final es una densa, tupida y jerarquizada retícula de caminos y sendas que pone en comunicación no sólo las diferentes casas y alquerías, sino la totalidad de las parcelas. Como se ha indicado, en el tramo conocido como Camí de les Escoles de Malilla, la vía y la acequia de la Fila dels Negrets van de la mano sin mediar obra alguna de separación entre ambas. El camino se encuentra en la actualidad asfaltado, pero con motivo de las obras del Canal de Acceso de la entrada del AVE a Valencia en el año 2010, tuvimos la oportunidad de efectuar un corte transversal que permitió una lectura arqueológica de su estratigrafía.

 Camino Malilla 04 Camino Malilla 05

Camino de Les Escoles de Malilla


Según esta lectura, el actual camino de asfalto sobre nivelación de zahorras tiene una anchura de 3,80 m y queda sobre-elevado respecto al nivel de camino anterior en más de 70 cm. Bajo él se halló otro firme ligeramente más estrecho (3,45 m), que mantiene la direccionalidad y que fue datado a partir de los fragmentos cerámicos recuperados en el siglo XVIII. Consiste en un estrato de tierra areno-arcillosa con la superficie compactada y con un fraguado natural que le confiere un aspecto de hormigón por la alta presencia de gravas, cantos de río, fragmentos de ladrillos y otros escombros de construcción generalmente seleccionados y machacados. Esta es la tipología habitual de los firmes de caminos de la huerta de Valencia. Finalmente, este firme del s. XVIII se asienta sobre el camino original de tierra, aún más bajo, excavado en el nivel natural con una sección en cubeta por tratarse de un camino ligeramente hondo. A pesar de no hallarse materiales asociados, este nivel debe considerarse con gran probabilidad el camino medieval de Malilla.

 

 

Foto corte camino CORTE CAMINO

 Corte con la secuencia estratigráfica del camino de les Escoles de Malilla.


C. Poblamiento de Alquerías, casas y barracas. El verdadero valor del Camí de les Escoles de Malilla reside no sólo en su antigüedad y en la armonía compositiva con la acequia que lo acompaña, si no en su coherencia paisajista, que remite, por un lado, al acceso a las parcelas de cultivo vecinas y, por otro, a la articulación de un poblamiento que se distribuye a lo largo de él.

PLANO REA ESCUELAS MALILLA

Camino de Les Escoles de Malilla y los edificios históricos que se le asocian.

 


El poblamiento del Camí de les Escoles de Malilla se sitúa a caballo entre los pequeños núcleos con una mínima agrupación, tan comunes en el entorno de huerta de Valencia, y el hábitat disperso que en distintas etapas históricas se fue asentando a lo largo de un determinado camino o una acequia.


Es, sin duda, un conjunto de gran valor histórico-arquitectónico-paisajístico. A nivel individual cuenta con piezas de gran antigüedad, como es el caso de la Alquería de Felip, y con edificios que son representativos de las diferentes tipologías de casas rurales e, incluso, con una de las cada vez más escasas muestras de barracas. En conjunto, su valor reside en constituir un poblamiento homogéneo que, aun contando con innumerables agresiones, sigue articulándose a lo largo de ese eje simbiótico que representa el Camí de Malilla y la Fila dels Negrets, con los campos de cultivos anexos, la mayoría de ellos abandonados o muy degradados.


De este a oeste, en el primer tramo recto del camino se encuentran las casas de Quino y Moncofa en el margen izquierdo y las antiguas barracas hoy casas de Dionisio, Tana (que sí conserva barraca) y de Minguet en el derecho.


La Casa de Quino es el resultado de una gran reforma efectuada hacia mediados del s. XX de estilo racionalista, que supone la reedificación de su cuerpo principal, manteniendo cuerpos traseros más antiguos, que podrían datarse hacia mediados del s. XIX.

Casas de Quino 06

Casa de Quino


La Casa Moncofa, vecina de la anterior, también parece haber experimentado una importante ampliación hacia mediados del s. XX en el solar de una casa anterior del s. XIX, conserva además una sebera (pequeña construcción de madera con forma de barraca para almacenamiento de cebollas) abandonada.

Casas de Quino 09 casa enfrente

Casa Moncofa


En el parcelario del año 1929-1944 se sitúa un edificio conocido como Barraca de Dionisio, donde hoy existe una gran casa compacta, que consta de un cuerpo principal de vivienda con fachada principal al este de planta baja y piso con cubierta a dos aguas, construida en fábrica de mampostería listada de cara vista con los vanos adintelados. Esta tipología y fábrica nos remite a las décadas de 1910-1920.


En la primera de las curvas de este tramo del Camí de Malilla se sitúan unos modestos conjuntos de casas y una barraca, conocidas como Barraca de Tana y de Minguet. La Barraca de Tana se encuentra reformada (como otras tantas de la huerta) mediante la sustitución de su antigua cubierta vegetal por otra de nuevos materiales, como en este caso, de placas de Uralita. Al exterior está enlucida, pero por lo demás parece conservar su estructura original. La Barraca o Casa de Minguet es una sencilla construcción que presenta, no obstante, una tipología antigua de dos crujías con cubiertas a aguas enfrentadas y a distintas alturas, que podría deparar alguna sorpresa en cuanto a su cronología.

Recorte Camino Malilla 13

Barraca de Tana y Casa de Minguet


La Casa de Severina es otra modesta construcción situada frente a la Alquería de Felip, de estructura sencilla de dos crujías paralelas a fachada con planta baja de vivienda, organizada a dos manos, y planta superior para cambra. Con vanos adintelados y puerta de arco rebajado.

Camino Malilla 01 Felip

Casa Severina, a la izquierda de la imagen, y Alquería de Felip, al fondo.


La Alquería de Felip es, a priori, el edificio de mayor antigüedad de este tramo del Camí Vell de Malilla y, aun habiendo experimentado fuertes transformaciones a lo largo del siglo XX, todavía da testimonio de un gran edificio rural, propio de las alquerías de la huerta, entendidas como centro de una gran unidad de explotación agrícola. La estructura original consta de dos cuerpos de una crujía que forman una "L" en los laterales este, hacia el camino, y norte, de planta baja y piso con cubiertas a un agua hacia el exterior, construidos con obra de ladrillo y sillería en la esquina noreste. Por la tipología arquitectónica y las técnicas constructivas la estructura que se observa desde el exterior puede situarse en torno a los siglos XVI-XVII, aunque no sería descartable un origen todavía más antiguo.

Alquera Felip 02

Alquería de Felip


Pasada la curva de la Alquería de Felip sigue un nuevo tramo recto donde se localiza la Casa del Agüelo y Casa Cosme, hasta alcanzar otra curva, emplazándose allí antiguamente las Escuelas de Malilla, ya demolidas, y la Casa de Colau y más al oeste las de Castillo, Garrofó, Cabrera y Maltés.


La Casa Colau es otro ejemplo de casa compacta, que podría datarse entre los siglos XVII y XVIII, a la que se ha llegado por la adición de diversos cuerpos en torno al edificio original y su patio.

Casa Colau 04

Casa de Colau


La Escuela de Malilla consistía en un edificio de planta cuadrada de 20 m de lado con patio central, a modo de claustro, dividido en dos mitades, la derecha para escuela de niñas y la izquierda para niños. Se inscribía en un patio de planta trapezoidal, delimitado por una tapia, único elemento que se ha conservado parcialmente. La tapia es de fábrica de mampostería listada, que datamos en los últimos años del siglo XIX.

Foto area localizacin


Por lo expuesto, el poblamiento en su estructuración final se ha de centrar en la etapa de la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX4, cuando se experimenta el gran desarrollo de la huerta de Valencia, que como ocurre en este sector de Malilla supone la puesta en explotación de todas y cada una de las parcelas en beneficio de una nueva agricultura de corte capitalista y el incremento inusual de población y con ello de viviendas.


CONSIDERACIONES FINALES

A día de hoy, el área presenta una calificación en el PGOU vigente de Valencia de suelo urbanizable y existe un proyecto urbanístico, de momento no desarrollado, para la edificación de fincas y edificios comerciales. A la hora de escribir este artículo no me movía un afán de abanderar una postura de defensa de la total conservación de los pequeños o grandes espacios de huerta (en funcionamiento o en proceso de degradación), que impida la urbanización en este tipo de áreas. Esto es un debate de una gran complejidad que requiere profundos análisis que no se pueden reducir a unos pocos parámetros. Los valores paisajísticos, históricos, arquitectónicos e inmateriales han de ser argumentos de peso, pero también la viabilidad de los usos tradicionales del suelo de huerta, poniendo en el centro del debate a las personas que habitan y explotan este territorio y, por supuesto, en la balanza deben incorporarse las necesidades reales de suelo (urbanizable o no) que una ciudad como Valencia pueda tener en la actualidad o en años venideros. Pero como digo no eran esos los motivos que me han movido a escribir estas líneas. Son mucho más modestos y orientados directamente a las consideraciones de base que cualquier planificación a gran escala o puntual debería tener: la de conocer para planificar. Un conocimiento profundo que puede y debe permitir un plan integrador y respetuoso con el pasado del territorio y las personas que allí vivieron y trabajaron.


Se hace inevitable llegados a este punto echar la vista atrás y remontarse unos veinte años para recordar el doloroso acontecimiento de la destrucción de la Partida del Pouet de Campanar. Son muchas las semejanzas que observamos entre los espacios de Malilla y Campanar. De nuevo en el Pouet un camino (que tuvo la mala suerte de no seguir un trazado recto, como gusta a muchos de nuestros actuales urbanistas) vertebraba un territorio milenario destinado a la explotación de la huerta con acequias como las de Tormos, Mestalla y Rascanya, que nutrían con su trazado arborescente de indiscutible origen islámico todas las parcelas, y un poblamiento que acumulaba más de una docena de alquerías de contrastada construcción bajomedieval, incluso con restos de época islámica (s. XII), además de un molino y una barraca. La diferencia fundamental entre el Pouet y Les Escoles de Malilla es que en esta última las parcelas hace unos cuantos años que ya no se cultivan y los huertanos han huido ante la inmundicia del entorno y la llegada de otros inquilinos con un fuerte desarraigo y ningún amor por un entorno que al que nunca han pertenecido y en el que están de paso. En el Pouet, sin embargo, muchos de los campos siguieron cultivados hasta el momento de entrar las máquinas excavadoras y las personas fueron expulsadas de sus casas.


Ahora, como en el caso del Pouet de Campanar, en los deseos “factibles y reales” de muchos de los que vivimos de una manera u otra aquel episodio de amputación territorial a finales de los 90, no está la reversión total del plan urbanizador, pero sí la de acomodar unas supuestas necesidades de construcción de nuevas fincas (después de 20 años todavía queda algún solar por construir en el Pouet) con la preservación de un conjunto con un probado valor patrimonial y, sobre todo, dar la oportunidad (que no se dió a los vecinos del Pouet) de mantener sus casas y forma de vida.


Lo del Pouet se llevó a cabo desde el más grande de los desprecios y la ignorancia, y tuvo como resultado el borrado con saña de todo cuanto allí había existido (también y sobre todo de las personas). La línea recta, la solución más fácil para unir dos puntos, se impuso y hoy “disfrutamos” de un barrio impersonal, eso sí, bien adaptado al tráfico de coches.


Por eso, si llegara el caso de urbanizar Les Escoles de Malilla sería imprescindible reflexionar y no cometer el mismo error que en el Pouet. Urbanizar, si es verdaderamente necesario, sí, pero no a cualquier precio. La línea “no recta” también existe en la paleta de herramientas de Autocad y la ciudad actual puede aprender a convivir con la trama del pasado, en este caso de huerta. Una huerta donde podamos borrar las actuales huellas del abandono y del estercolero en el que se ha convertido este bello paisaje.

indigente

Basura 1 Basura 2

Basura 3 Basura 4

Basura 5 Basura 6

 

Notas.

1. En junio de 2012 el Tribunal Supremo ratificó la sentencia del TSJ de Valencia a la que en 2008 había presentado recurso el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat Valenciana en uno de los PAIs de mayor superficie de Valencia, donde según el fallo del Tribunal se vulneraron "los principios de no discriminación y libre concurrencia" del agente urbanizador. http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/06/26/valencia/1340728841_304587.html

2. Para el caso particular de La Punta y su profundo expolio para la construcción de la ZAL del Puerto de Valencia véase la publicación AAVV, 1999: Els valors de La Punta. 18 arguments en defensa de l’horta. Universitat de València. València.

3. El Braç de Gàbia se dividía de Favara en un punto hoy ocupado por el Nuevo Cauce del río Turia. En su recorrido hacia el sudeste pasaba por medio de la desaparecida Alquería de La Closa, ocupada hoy por el Tanatorio Municipal.

4. En el plano de 1883 de Valencia y sus Alrededores y en el del Instituto Geográfico y Catastral de 1906 ya se citan todos los edificios que posteriormente se localizan en el catastro de 1929, por lo que, consecuentemente, al menos el origen de todas las casas que hemos ido mencionando tienen una antigüedad mayor o igual a la del último cuarto del siglo XIX. Un hecho interesante en las denominaciones de los edificios entre los planos citados, es que en el plano de 1906 muchos de ellos son calificados de barracas, cuando en el del 1929 ya se rotulan como casas. Este hecho podría ser indicativo de que el poblamiento anterior al siglo XIX pudo estar compuesto por un número más o menos elevado de pequeñas casas y, sobre todo, barracas para las familias de jornaleros y que tan sólo existía un número reducido de alquerías de grandes labradores o señoriales, como la de Felip o la de Colau, exponentes de un poblamiento más antiguo, adaptado al patrón que se gesta desde la época bajomedieval, una vez asentado el poder feudal tras la conquista cristiana del Reino de Valencia.




 

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