LA LINDE, 8-2017

Nos interesamos por:

Juan Carlos Barranco Nadal.

Historiador. Orientador laboral en la Fundación Secretariado Gitano. juan_carlos.barranco@gitanos.org

 

Puente de Los Gitanos. Elche. (Arxiu Històric Municipal d’Elx)

 

RESUMEN.- El siguiente trabajo realiza un acercamiento a la historia de los gitanos en tierras valencianas a través del análisis de la toponimia. Se trata de un avance, por lo que el estudio está aún incompleto, sin embargo ya ofrece datos interesantes sobre diversos elementos como el hábitat, posibles itinerarios y los asentamientos iniciales en las poblaciones principales. Partimos de una postura teórica en la que, de partida, los topónimos, cuyos protagonistas son los gitanos, tienen un referente real histórico, sin perjuicio de que haya componentes metafóricos o casuales en algunos de ellos por lo que, en ocasiones, se puedan seguir pistas falsas. La pretensión del artículo, además, del conocimiento histórico del pueblo gitano per se, tiene una finalidad social: la visibilidad de la presencia histórica de los gitanos en nuestro territorio durante casi 500 años

PALABRAS CLAVE.- Historia del Pueblo Gitano, toponimia, antigitanismo, Historia Social.

ABSTRACT.- The following work brings an approach to the history of the roma in Valencian lands through the analysis of the study of place names. This is an advance, so the study is still incomplete, but already offers interesting data on various elements such as habitat, possible routes and initial settlements in the main populations. We start from a theoretical position in which, from the outset, place names, whose protagonists are the gypsies, have a real historical reference, without prejudice that there are metaphorical or casual components in some of them so that, sometimes, false leads can be followed. The claim of the article, moreover, of the historical knowledge of the roma people per se, has a social purpose: the visibility of the historical presence of the gypsies in our territory for almost 500 years.

KEY WORDS.- History of the Gypsy people, Study of place names, anti-Gypsyism, social History.

Introducción. La reconstrucción histórica de los itinerantes

Cuando tratamos de abordar un estudio histórico sobre la minoría gitana, la generalidad de autores señala desde las primeras líneas el hecho de que la historia de los gitanos ha sido escrita por otros. Pero como reseña acertadamente Teresa San Román, el problema no es tanto que los gitanos no escribieran su propia historia, problema que tienen casi todos los sujetos de la historia, sino que ha estado escrita por sus enemigos (1997, p.1). Y es así, la reconstrucción histórica que se ha realizado lo ha venido siendo en base a los documentos de los genocidas. Para que lo veamos claro, estudiar la historia de los gitanos desde que tenemos constancia de su llegada a España en 1425 hasta “la gran redada” de 1749 es casi como estudiar a los judíos europeos con la documentación encontrada en los campos de concentración nazi. De hecho, la mayoría de estudios está relacionada con el amplio abanico de leyes que los sucesivos monarcas desplegaron bien para asimilarlos, bien para eliminarlos.

En el territorio valenciano, la primera fecha de que tenemos constancia de la presencia gitana es la de 1460 (Revest, 1964). En las últimas décadas del siglo XV nuestras tierras se convierten ya en espacio de itinerancia habitual para los gitanos. Y durante más de un siglo (los primeros registros oficiales de avecindamientos de gitanos datan de 1574 en Valencia y de 1595 en Castellón) sólo podemos constatar que los gitanos valencianos estuvieron nomadeando el territorio. La pragmática real de los RRCC de Medina del Campo (1499) inicia un proceso de legislación que tendría sus momentos álgidos de represión a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

El efecto de cada pragmática y su propia dinámica cultural interna lleva a que paulatinamente un número mayor de gitanos tome asiento, de tal manera que el número de andarríos vaya decreciendo gradualmente al contrario de aquellos sedentarizados.

En el siglo XVIII se considera que la mayoría de los gitanos ya están asentados en un territorio, siendo la gran preocupación del aparato represor el impedir las formas intermedias existentes entre nomadismo y sedentarismo. Estamos hablando de un proceso largo –normalmente de varias generaciones- y en el que hasta hace poco tiempo algunos núcleos familiares aún se encontraban en sus últimos coletazos. Podemos señalar en dicho proceso, no siempre lineal,  los siguientes estadios: itinerancias de largo recorrido, itinerancias comarcales teniendo como centro un lugar de referencia  -normalmente el lugar de nacimiento-, semiitinerancia ocasional, oficios que requieren desplazamientos habituales, cambios de residencia muy frecuentes.

Si en un principio la alternativa habitacional al nomadismo fue “la universalidad del vecindario” con el único requisito de que las poblaciones fueran mayores de doscientos vecinos, tras las pragmáticas de Felipe V de 1717 y Fernando VI de 1746 los gitanos fueron obligados al asentamiento forzoso en determinados lugares del reino. En el antiguo reino de Valencia, primero fueron San Felipe (Xàtiva), Alzira, Castellón de la Plana y Orihuela puesto que eran las que contaban con más de 1000 habitantes y a partir de 1746 el número de ciudades que podían recibir gitanos para avecindarse se amplió con Morella, Villareal, Valencia y Alcoy. Añadimos a éstas Villena y Requena, la una manchega y la otra castellana en ese momento.

De alguna manera, sin embargo el modo de vida itinerante no se perdió del todo. Sólo se adaptó. Aunque una proporción variable -según el momento histórico- de gitanos se vio amarrada a la tierra, muchos siguieron manteniendo unas ocupaciones que les permitía mantener –en esencia- la posibilidad de volver al camino[1]. Cuando las circunstancias se volvían adversas: guerras, desastres económicos o ambientales, etc… o cuando las posibilidades legales lo permitían la caravana se ponía nuevamente en marcha.

De este modo de vida itinerante no ha quedado gran cosa. Algunas familias gitanas, las de los últimos andarríos, conservan el recuerdo hasta los años 50-60 del pasado siglo en que los últimos itinerantes del estado español aparcaron definitivamente el carro en los suburbios de las ciudades. Cuando los últimos andarríos desaparezcan sólo quedarán las historias. Quizá en dos o tres generaciones éstas también desaparecerán. Con ellas parte de los mimbres fundamentales de la cultura gitana que tanto debe en sus valores esenciales al camino.

Muy probablemente, el modo de vida de estos últimos itinerantes no difería en lo esencial de aquellos andarríos que entraron en 1425 por Canfranc. Pero de éstos, ¿qué sabemos? ¿Cómo se organizaban socialmente? ¿Qué hábitos tenían para comer? ¿Qué remedios médicos utilizaban? ¿Cómo organizaban su espacio? ¿Qué hechos religiosos conservaban? ¿Qué relaciones tenían entre ellos?  Lamentablemente, es muy difícil obtener las respuestas a éstas y otras cuestiones. Los textos literarios de la época, escasos y llenos de prejuicios, nos dan una imagen distorsionada de su entramado cultural. Tan sólo podemos obtener conjeturas. Y aventurar al abrigo de las fuentes algunas hipótesis. Pero tal vez, al dar alguna luz a tanta oscuridad otros investigadores, ¿por qué no? gitanos de hoy en día consigan recobrar la historia de su pueblo. Aquella que se le hurtó junto con su idioma, sus costumbres de tantos siglos, su modo de vida, su folklore y sus oficios.

Qué nos puede ofrecer la toponimia. Por qué no se han estudiado los nombres de lugar referentes a los gitanos. Los gitanos en los márgenes de estudio de varias disciplinas. La arqueología y los gitanos. Los interrogantes sobre los topónimos gitanos.

La toponimia es una disciplina que puede ser abordada desde diversos enfoques. Habitualmente, ha sido sobre todo objeto de lingüistas que han podido de esa manera reconocer y valorar los diversos estratos lingüísticos de un territorio. Así, se ha logrado reconstruir el origen de una población o de un accidente geográfico.

También un arqueólogo ha podido gracias a los indicios que le da la toponimia averiguar en qué lugar se encuentran restos arqueológicos. El estudio de los nombres de lugar correctamente interpretados nos da información muy valiosa sobre el poblamiento histórico. De la causalidad de éstos se encarga el campo de la Etiología. “Pero el conocimiento de las causas supone el conocimiento de la Historia, escrita así, con mayúscula.” (Moreu Rey, op. cit en Terrado, 1999, p. 124). Historia y toponimia así, se refuerzan mutuamente.  Con el estudio de la toponimia el historiador se encuentra con las páginas de un libro en el que hay escritos multitud de elementos valiosos: las ruinas de su hábitat, las fuentes de aprovisionamiento, el entorno que explotaba para su subsistencia. La toponimia además, nos desvela otros hechos históricos no tan apreciables a primera vista: el deseo de dominar, sus miedos, la querencia por unos elementos naturales y no otros, sus alianzas, el deseo de vivir sólo o en comunidad, etc…

Pero si para un filólogo la motivación por la investigación toponímica se encuentra siempre asociada al pequeño enigma de la etimología, para un historiador los límites del estudio toponímico se encuentran más allá de ésta, más allá incluso que su valor semántico. Concebimos la toponimia como el resultado de un proceso histórico, como un hecho social. “El topónimo es un testimonio del contexto de su origen” (Dorion, 1993, p. 9). Podemos llegar a acercarnos a determinados aspectos de la organización social del espacio a partir del uso conjunto de la toponimia y la documentación escrita.

Por otra parte, el interés de los arqueólogos que se encargan de la cultura material rara vez supera la época moderna, salvo, claro está, aquellos que se encargan de la que se ha venido en llamar la arqueología industrial. Pero el objeto de esta rama de la arqueología es más “lo material”, fundamentalmente, la reconstrucción de un sistema productivo, por utilizar una de sus acepciones más restrictiva. La reconstrucción del modo de vida, de la vida cotidiana de los finales de la época moderna y de la época contemporánea, habitualmente, tiene otras fuentes diferentes a la arqueología.

Y sin embargo, cuando estudiamos la historia de los gitanos, aquellos indicios que normalmente están fuera del campo de interés de otras disciplinas son los que nos interesan a nosotros. Por ello, un estudio de la microtoponimia que hace referencia a los gitanos ha pasado inadvertido a los ojos de los investigadores. En primer lugar para los lingüistas, porque el significante de estos etnotopónimos no admite interpretación -siempre son topónimos transparentes-, en segundo lugar para los historiadores, porque la toponimia menor es ya de por sí una historia menor, y digámoslo también, porque los gitanos no han sido objeto de estudio de manera prioritaria de ninguna de las maneras. Pero además a la hora de abordar el estudio de la toponimia gitana en el País Valenciano nos encontramos con otros interrogantes: ¿en qué momento o momentos históricos se acuñaron estos topónimos? ¿Cuáles fueron fruto de una presencia continuada o de una habitación más o menos permanente y cuáles de un paso esporádico? ¿Cómo identificar aquellos frutos, únicamente de la casualidad o de imaginación de las gentes? Y en el caso de que fueran producto de la itinerancia ¿a qué actividades productivas obedecía esta itinerancia? Pero además, todavía nos encontramos con un problema añadido: ¿de aquellas personas a las que otros, llamaron gitanos, quiénes eran en verdad gitanos y quiénes no? [2]  Estas y otras cuestiones vamos a plantear en el siguiente trabajo del que ahora presentamos un avance.

Así pues, con el estudio de la toponimia que toma por objeto a los gitanos pretendemos acercarnos a la historia de aquellos que no pudieron escribirla, personas muchas veces anónimas que por razón de su modo de vida se vieron obligadas a transitar a lo largo de su existencia por caminos reales y caminos vecinales,  por cañadas, coladas, veredas y cordeles, por caminos de herradura y por sendas de animales, personas que tuvieron que malvivir alejadas del resto de la población en cuevas y despoblados y que sólo aparecen cuando ampliamos el zoom del teleobjetivo de la historia al máximo. Es la suya una huella humilde, la que deja el nombre en una fuente, en un cerro, en una barraca, en una cueva casi inaccesible, pero al fin y al cabo una huella, que en tanto fenómeno puede y debe ser objeto del conocimiento científico.

Se trata de un artículo de carácter prospectivo. Son muchos los interrogantes que quedan por desvelar. La datación de algunos de los topónimos, las regularidades que se puedan observar en la plasmación espacial de los topónimos, quizá en algunos casos, la pequeña historia que hay detrás de la fijación toponímica del término. Por lo tanto, el presente artículo es un avance de posteriores trabajos.

Muchas veces la historia explica los topónimos, pero nosotros queremos que los topónimos expliquen la historia. Debemos acercarnos de la descripción toponímica a la interpretación histórica, he aquí la verdadera dificultad. Quizá en este avance no traspasemos en la medida que quisiéramos la barrera de la primera. Pero quizá algún investigador espoleado por los datos que presentamos quiera completarlos o realizar una investigación análoga en otros territorios del estado español. Cataluña, en ambas vertientes del Pirineo, es extraordinariamente rica en topónimos que toman a los gitanos como protagonistas. Asimismo, aunque parece en un menor grado, lo es también Andalucía y Castilla-La Mancha. Si, como decimos motivamos a investigaciones en este sentido, indudablemente, el objetivo del presente trabajo estaría cumplido. Somos conscientes de la dificultad de la investigación, de la tendencia a la especulación en este tipo de estudios, de la dispersión de los datos por los diversos archivos municipales…

Queremos señalar un último hecho. Por lo que nosotros sabemos a través de la historia oral los gitanos no son conscientes de estos nombres en la actualidad. Los topónimos fueron dados por los otros, los payos, los sedentarios. Pero los gitanos tenían su propia geografía: los nombres de lugar de grandes poblaciones fueron traducidos al caló en siglos anteriores y utilizados así mientras pervivió su lengua. Los de la microtoponimia, de un alcance limitado a los itinerantes, nunca fueron escritos, permanecieron en la memoria de los viajeros y morirán con ellos. Pero los gitanos itinerantes no son el único colectivo que acuñaba nombres de lugar al margen de las “denominaciones oficiales”. Así, señala Riesco (2010, pag. 12) al referirse a la dehesa salmantina:

Es posible que existiera una capa de denominaciones efímeras, creadas por un estrato social muy humilde, formado por carboneros, cazadores, corcheros, colmeneros, cabreros, porqueros y serradores. Esta población flotante, generalmente asentada en chozas itinerantes y en majadas, tendría sin duda, su propio repertorio de denominaciones. Infelizmente, estos topónimos internos apenas han dejado huella escrita en apeos, testamentos o registros de hacienda, porque no ofrecían interés como elemento de deslinde o identificación (…)”.

 De esta toponimia gitana paralela hemos rescatado algunos merced a la historia oral: nombres dados a barrancos, a fuentes, a puentes, a lugares de pernoctación. Pero ello será objeto de otro análisis.

Historiografía. Las fuentes de los nombres de lugar

Las fuentes para el estudio de los nombres de lugar han aumentado progresivamente conforme avanzábamos el trabajo. En este estado no sabemos si en algún momento nos podremos ocupar de todas ellas, demasiado dispersas en el territorio y en los diversos archivos del estado español y del País Valenciano. Nos contentamos pues con señalar algunas de ellas.

En cuanto a la aparición en la cartografía, a lo largo de finales del S. XVIII y a principios del XIX nos encontramos con un importante número de planos de ciudades, zonas costeras (por interés estratégico militar y mercantil), fortificaciones, mapas itinerarios y regadíos que llegan a escalas de 1:10000 e incluso menores (Rosselló,  2008). Topamos además, con centenares de obras de agrimensores valencianos. Hemos estudiado las más de 600 unidades que constituyen los fondos “Mapas y Planos” del ARV sin ningún resultado reseñable. Si bien aún quedan multitud de planos y mapas en archivos municipales consideramos que en el ambiente extraordinariamente antigitano de finales de la edad moderna y dada la insignificancia de la mayor parte de microtopónimos será difícil encontrarlos. Una excepción son los urbanóminos, nombres de calles en el casco urbano. En el caso de la ciudad de Valencia, hemos localizado de esta forma, el camino, la senda o “Volta de los Gitanos” que ya aparece en el plano de València del P. Tosca (1704). Queda no obstante, pendiente el vaciado de este tipo de fuente de la manera lo más exhaustiva posible, así como los itinerarios cuya cartografía la realizaron ingenieros militares que podrían darnos algún resultado positivo.

Así, el tipo de topónimos que estamos estudiando se empiezan a ver reflejados en los Mapas Topográficos Nacionales de escala 1:50.000. En el País Valenciano, que es nuestro campo de estudio, no comenzarán los trabajos hasta la segunda década del siglo XX. Sólo desde 1975 dicho Instituto publica la serie de escala 1:25000. En ocasiones, los topónimos que nos interesan aparecen sólo a veces cuando bajamos a la toponimia de escala 1:5000. Una interesante fuente han sido los borradores de los mapas topográficos del servicio geográfico del ejército -las minutas- ya que en estos hay más información de la que luego aparece en los mapas “militares” y que por falta de espacio o por ser demasiado repetitivos los topónimos quedaron fuera de la cartografía oficial. Si bien la mayor parte de topónimos no aparecen en los borradores, que como decimos son los antecedentes de las hojas del ejército de 1:50000, en ocasiones nos han permitido alguna datación o incluso desvelar el origen de algún topónimo, así como una primera aproximación toponímica diacrónica.

Por otra parte, la cartografía en la que aparecen la mayor parte de los topónimos es la del Instituto Cartográfico Valenciano, basados en los topográficos nacionales del Servicio del ejército pero “hay que tener en cuenta que el proceso de recogida de los topónimos valencianos a escala 1:10000 y aplicaciones posteriores del Instituto Cartográfico Valenciano se hizo prescindiendo de los nombres que ilustraban los 838 mapas en que está dividido el territorio a escala 1:10000. Se encuestaron de nuevo, por tanto los 545 municipios del territorio valenciano. El requisito es que habían de ser topónimos actualmente vivos y referidos a lugares físicos existentes y cartografiados” (Pérez i Piquer, 2001, p. 977).

Es obvio, que debió de haber más topónimos referentes a los gitanos, que ni se cartografiaron y que con el abandono de las itinerancias muchos debieron haber desaparecido en la nueva cartografía. Por su exhaustividad han sido de gran ayuda los vaciados toponímicos de los estudios locales, en los que en ocasiones los topónimos aparecen incluso con su fecha más antigua documentada. Otras fuentes consultadas han sido catálogos de cavidades, cuevas, diversos estudios urbanísticos e incluso rutas turísticas.

Una fuente que nos podría haber dado información sobre la fecha o la causalidad de estos nombres de lugar es el ingente trabajo del erudito Coromines. A lo largo de su vida, Coromines recogió la inmensa mayoría de los nombres de lugar de aquellos territorios en los que se habla el catalán y sus dialectos, aproximadamente 400.000 topónimos. El autor realizó la obra visitando en diversas etapas de su vida los territorios que estudiaba o cuando no podía utilizando colaboradores cercanos, como es el caso de M. Sanchis Guarner en el Antiguo Reino de Valencia. Sin embargo, su inmensa obra Onomasticon Cataloniae sólo ofrece la explicación de 45000 nombres de lugar. El resto de topónimos, que Coromines creía que eran de etimología clara y transparente permanecen inéditos en la Fundación Pere Coromines. Algunas monografías locales han sido publicadas posteriormente (Cortés, 85, Casanova, 2001) incorporando todo el corpus toponímico de comarcas o poblaciones. Los topónimos que Coromines dejó fuera de su publicación eran una parte considerable de la toponimia menor… entre los que se encontraban todos los topónimos que hacen referencia a los gitanos, que Coromines consideró que eran insignificantes y transparentes. Así pues, la utilización de esta fuente, que podría ser de utilidad, queda postergada para el futuro.

En cuanto a la historiografía sobre toponimia y gitanos, en realidad, son muy pocos los gitanólogos que se han preocupado por el tema de la toponimia. Quizá el que más ha señalado el tema es el francés Vaux de Folletier (1973, p. 196):

 “A menudo los cíngaros se contentaban con ponerse a cubierto bajo los arcos de un puente o un acueducto, en ruinas antiguas o medievales, (…) anfractuosidades de rocas, grutas o cavernas profundas han sido utilizadas con frecuencia como lo atestiguan pinturas o grabados, y como lo atestiguan asimismo los topónimos: la peña del Gitano, en España, en el camino de Salamanca a Ciudad Rodrigo; el Zigeunerfels, en Lorenam cerca de Obersteinbach, en un bosque los cíngaros vivían todavía en grandes compañías a fines del siglo xVIII, no lejos de allí, en el Palatinado, los Zigeunerfelsen, y en el País de Baden, la Zigeunerhöhle, vasta caverna habitada mucho tiempo por los cíngaros. En el Luxemburgo, en los alrededores de Echternach, uno de los peñascos del abrupto desfiladero de Halsbapach lleva el nombre de Zigeunerley”.

De igual manera, Vekerdi ha estudiado la toponimia como acercamiento al origen de la presencia de los gitanos en la zona de Transilvania y el norte de Hungría, si bien no ha obtenido resultados positivos (Vekerdi, 1985).

Asimismo, Antonio Gómez Alfaro utiliza en ocasiones, como fuente para los estudios sobre la población gitana, la toponimia, fundamentalmente la urbana, como en los asentamientos en las ciudades de Sevilla (en la Calle Gitanos) y Madrid: “Mesonero Romanos hablaba de una travesía de los gitanos que figura en los conocidos mapas urbanos de Teixeira y que debemos ubicar donde la calle Arlabán” (Gómez Alfaro 2006 b, p. 54). Algún otro autor (Riesco, 2014) ha tratado tangencialmente el tema al abordar la toponimia de los viandantes.

El corpus de topónimos. El problema de su datación. Las variables contempladas

Tras acercarnos al tema que nos ocupa, a continuación señalamos los 87 topónimos que en el País Valenciano hemos encontrado. Hemos agrupado aquellos que tiene la misma filiación o se encuentran relacionados. En ocasiones podemos facilitar una datación postquem o antequem significativa. Añadimos, pues, la fecha más antigua para el topónimo a continuación del mismo. Son los siguientes:

1. Altet de la Cova dels Gitanos (Monòver)

2. Barraca dels gitanos (Alpuente)

3-4. Barranc del Clot del Gitano (Alcalá de Xivert). 1908 y Camí del gitano (Alcalá de Xivert)

5. Barranco de la gitana (Cortes de Pallás)

6. Barranco de los gitanos (Cortés de Pallás)

7-8. Barranco de los gitanos (Godelleta) 1903 y Cañada del gitano (Godelleta) 1885

9. Bassa del Gitano (Castalla)

10. Bassa dels Gitanos (Vila-joiosa) 1897

11. Cala dels Gitanos (El Campello)

12. Calle de los gitanos (Elx) 1761

13. Calle de S. Isidro o de los gitanos (Carcaixent) Inicios del S. XIX

14. Calle gitanos (Aspe) Siglo XVIII

15. Calle Gitanos (Casas de Eufemia-Requena) postquem 1878 antequem 1922

16. Calle gitanos (Castellón) 1928

17. Calle gitanos (San Juan de Alicante)

18. Calle gitanos (Villareal) 1887

19-23. Camí o azagador de la Gitana (Artana) 1909,  Partida del Racó de la Gitana (Artana) y Partida del Racó de la Gitana (Betxí) 1868 Cova del Raco de la Gitana (Artana), Cova de la Gitana (Artana)

24-26. Camino de la Gitana, Corral de la gitana y Partida de la Gitana (Casinos) 1904

27-28. Camino de la Venta del Gitano (Villena)[3]  y Carretera de la Venta del Gitano a Ontiyent (Fontanars del Alforins) 1848

29. Carrer de la Santíssima Trinitat o Carrer dels Gitanos (Cocentàina)

30. Carrer dels Gitanos (Quart de Poblet)

31. Casa dels Gitanos (La Llosa)

32. Camí dels gitanos (Vistabella del Maestrat)

33. Caseta del Gitano (Sueca)

34. Caseta dels Gitanos o de les Hortes (Villores).

35. Casilla de los gitanos (Utiel) 1903

36. Casiquia de los Gitanos (Vilamarxant) 1903

37. Coll del Gitano (Atzeneta del Maestrat) o Tossal del Gitano (Culla) 1903

38. Collado de la gitana (Venta Gaeta-Cortés de Pallás)

39. Collado del Gitano (Teresa de Cofrentes)

40. Collado Gitano (Ayora)

41. Colada Senda de los gitanos (Alborache)

42. Costera del Gitano (La Romana)

43. Cova de la Gitana (Lucena del Cid)

44. Cova de la Gitana (Petrer)

45. Cova del Gitano (Albaida)

46. La Covassa o Cova dels Gitanos (Benassal) 1798

47. Cova dels Gitanos (Figueroles)

48. Cova dels Gitanos (Moixent)

49. Cova dels gitanos (Culla) 1569

50. Cova dels gitanos o Cova Negra (Vistabella del Maestrat) 1913

51-52. Cova dels gitanos (Gaianes), Barranc de la Cova dels Gitanos (Gaianes)

53. Cova de la Finestra o de la Gitana (Dénia)

54. Cuesta del Gitano Blanco (Enguera)

55. Cuesta de los gitanos (Villena)

56. Cueva de los gitanos (Toga)

57. Cova dels gitanos (Xàtiva)

58-59. (Partida de) El Gitano (Albalat dels Tarongers) y Bajada del Gitano (Albalat dels Tarongers) 1906

60. El Quarter de les Gitanes (Dénia) 1811

61. Escala dels Gitanos (Paterna)

62. Fillola de les Gitanes (Sueca)

63. Font de la gitana (Tabernes de Valldigna) 1950

64. Fosseta del Bomià (Culla) 1548

65-66. Fuente de la Gitana (Chelva) 1900, Partida de la Gitana (Chelva)

67. Gerea Gitana, Xerea Gitana, Gerea o la Gitana (Buñol) 1721

68. La Cruz del Gitano (Utiel)

69. Mas de la Gitana o Casa la Gitana (Penáguila) 1899

70. L’Avenc del Gitano (Simat de Valldigna) inicios del S. XX

71. Les casetes de les Gitanes (Dénia) 1812

72. Parany del Gitano (Almàssora)

73. Pont dels Gitanos (Albaida)  postquem 1893

74. “Pont dels gitanos” o Puente de Xátiva (Alzira) circa 1940

75. Pont dels gitanos o Acueducto de los Riegos de Levante (Elx) 1920

76. Pozo de los Gitanos (Segorbe)

77. Puntal del gitano (Bicorp)

78-84. Puntal de la Gitana (Tous), Barranco de la Gitana (Catadau), El Caballón de la Gitana (Tous) 1905, Caballó de la Gitana (Catadau), Camino de la Gitana (Tous). Corral de la Gitana (Tous), La Hoya de la Gitana (Tous).

85. Camino, Senda o Volta dels Gitanos (València) 1704

86. Tollo gitano (Jalance)

87. Vallejo del Gitano (Venta del Moro)

A lo largo de este trabajo vamos a dejar de lado la posible impericia de las personas que recogieron los nombres de lugar –que es mucho decir- y para las que género y/o número pueden ser hechos puramente accidentales y/o de escasa importancia y vamos a suponer que los topónimos recogidos son fidedignos.

La primera categorización que tenemos que hacer es la referente al género en los topónimos. Abundan aquellos en los que la mujer gitana, en singular, es protagonista: Corral de la Gitana, Partida de la Gitana, Fuente de la Gitana, Camí de la Gitana, Barranco de la Gitana, Puntal de la Gitana… Una primera explicación nos llevaría al hecho de la visibilidad más habitual de mujeres solas debido a la desgracia de sus compañeros, recluidos o muertos (o de vida furtiva), y este fenómeno habría dejado su huella en la toponimia.

Así, a lo largo de la historia el carácter de las penas, más duras para los varones que para las mujeres -aprovechando la necesidad siempre presente de “chusma” para las galeras- haría, en palabras Gómez Alfaro inevitable el furtivismo social (…) y a convertir definitivamente a las gitanas en vehiculadoras de las relaciones del grupo con la sociedad mayoritaria (…), así los gitanos varones se convierten a veces en sombras que huyen… (1998, p. 25)

Una segunda explicación plausible para alguno de estos casos es el carácter fantástico que una gitana pueda desempeñar en la imaginación de los sedentarios y su motivación por lo tanto para designar con dicho nombre a una peña o una cueva con un perfil característico… En seguida volveremos sobre ello.

Consideramos que el referente real, más o menos evidente, que se produce en la oposición singular/plural es más débil en la diferenciación de género en el topónimo. Cuando los topónimos pierden su carácter significativo -ya no significan, sólo designan- es más fácil que varíen. Si no hay un recuerdo claro del referente real del barranco del gitano, la evolución a barranco de los gitanos es meramente fortuita, y de ahí a darle dicho nombre a la cañada que corre paralela a dicho barranco no hay más que un paso. Este fenómeno, que ciertamente puede producirse, no debe llevarnos a error: el hecho de que un topónimo se refiera en singular –no por obvio hay que dejar de indicarlo- en principio refiere a un individuo en concreto, gitano o gitana (o así llamado) que habitó ese paraje, cueva o cabaña y dio lugar a el topónimo, mientras que un topónimo colectivo fillola de las gitanas, barranco de los gitanos… nos indica la utilización del mismo de manera repetida o intensiva por un grupo de nómadas.

De igual manera, no podemos despreciar el componente accidental, la metáfora, que en toponimia es fundamental. Una fuente puede ser “del soldado” porque una vez vieron uno bebiendo de ella, sin que medie mayor relación con el ejército ni sirva a aprovisionamiento de ella. La fuente de una gitana puede ser un hecho puramente accidental fantasioso, como la cueva de la mora o de los judíos o tener relación con la forma de una roca, etc… Sin embargo, la metáfora, como mecanismo productor de topónimos, no parece estar muy representada en un campo que en principio podría pensarse que está muy relacionado con leyendas, mitos, cuentos, etc.  Sí que consideramos que uno de los topónimos que manejamos mezcla elementos reales y fantásticos en la formación del nombre de lugar, nos referimos a la Xerea Gitana, Gerea Gitana, Gerea o la Gitana como aún se conoce a la partida en Bunyol. “El topónim al.ludeix, segins doc. (N) a una gitana llamada Gerea” que deixá “dos jornales de tierra campa de secano para celebración de missas rezadas por la misma” Aço ens fa pensar en un posible origen àrab d’aquest nom, tenint en compte l’existència d’un lloc anomenat la Xerea o Xerea on es celebraven les cerimònies del culte árab en les festes més importants. (Planells, Devís, 1986, p. 65)

Hay que tener en cuenta, asimismo, el principio de excepcionalidad (Dorion, Poirier, 1975, p. 93) el hecho de que, a menudo, los nombres de lugar tienden a reflejar las “características excepcionales” del medio, antes que las “características típicas”. Un lugar en el que es normal encontrar gitanos y estos no suponen un elemento extraño, tendrá menos posibilidad de que éstos aparezcan en los topónimos que en una zona donde escasean y son un elemento exótico. Es por eso, que tenemos que manejar los datos con bastante cautela. Creemos que dicho principio es la causa en el caso que nos ocupa, de la escasa presencia de topónimos, a excepción de algunos urbanóminos, precisamente en aquellos lugares en los que los gitanos han residido mayoritariamente en nuestras tierras; es decir en aquellos lugares en los que se decidió su asentamiento: Valencia, Xàtiva, Alzira, Castellón de la Plana, Orihuela, Morella, Villareal, Alcoy, Villena y Requena y, en general, en las llanuras costeras.

El siguiente análisis de los topónimos nos llevaría a una doble diferenciación, la de topónimos que nos remiten a inequívocos lugares de habitación de una cierta estabilidad (cuevas, casetas, casiquias, calles urbanas, casillas, barracas…) de otros que sugieren lugares de paso o estancias más cortas (caminos, cuestas, puentes, barrancos, cañadas). Bien es cierto que una cueva o un corral puede servir como vivienda durante una parte del año pero también para pasar una noche o dos en el transcurso de una itinerancia.

Vamos, asimismo, a contemplar otras variables como la distancia a los núcleos habitados o la cercanía a vías de comunicación o fuentes de aprovisionamiento.

Creo importante destacar que el presente trabajo en el momento actual tiene una importante limitación en la datación de los topónimos:

  1. Hay que señalar que las fechas de los accidentes geográficos serán seguramente muy anteriores a algunas de las indicadas en este momento, ya que para muchos topónimos sólo tenemos en este momento la constancia de las minutas de los mapas topográficos, que inevitablemente no van más allá de finales del siglo XIX, y nos falta gran parte de la investigación en archivos.
  2. Son diferentes las implicaciones de un topónimo datado en el siglo XVI en un momento en que la densidad del poblamiento gitano es mínima y la observancia de las leyes antigitanas tampoco debió ser muy estricta que otro fechado a mediados del siglo XVIII cuando los avatares políticos para los gitanos aconsejaban pasar inadvertidos para las poblaciones cercanas. Asimismo, tampoco es lo mismo un lugar de refugio a mitad de siglo XIX cuando el auge de la compraventa de animales para el tiro es indudable que en plena represión franquista. Seguramente de ello responde el lugar nombrado: la cima de un cerro alejada del pueblo vs la cercanía a una importante feria local.
  3. Otro hecho a tomar en consideración es la dificultad de encontrar dataciones fieles de los topónimos, ya que en el momento en el que aparecen en la documentación puede ser bastante posterior al hecho histórico que supone la consolidación de un término por el uso y consenso de los hablantes.

No hemos de perder de vista que los lugares frecuentados por gitanos no tienen por qué tener un topónimo que nos remita a ellos: hurtos de subsistencia pueden haber dado a topónimos como cueva de los ladrones, topónimos de una gran tradición no tienen por qué haber cambiado su denominación aunque sean profusamente utilizados por los nómadas.

De hecho, como nos comenta Gómez Alfaro (1999, p. 29) “para la pernoctación durante los viajes, recurrían normalmente los gitanos a los atrios de los lugares sagrados, con el objeto de beneficiarse de la inmunidad eclesiástica local en caso de topar con alcaldes o corregidores decididos a su captura. (…) La Santa Sede aceptaría en el concordatos de 1737 privar del asilo a las ermitas situadas en despoblado y, ya en 1741/1748, delegaría en los obispos la decisión de conducir a los refugiados gitanos hasta las iglesias de los presidios para que en ellas continuaran gozando inmunidad mientras se resolvían los “recursos de fuerza” interpuestos con motivo de alguna extracción controvertida.”

Ejemplos de refugio en sagrado no faltan ni en zonas urbanas ni en despoblados. Resaltamos algunos de Aguirre Felipe (2006, p. 302) “Por la ermita de Santa Margarita, entre estas dos poblaciones, límite de Navarra y Aragón habían pasado en dos años más de 300 gitanos y un número parecido (…) por la de San Ginés” y asimismo “Pascual de Iturbide (…) con una docena de miembros de su cuadrilla, había robado varias casas (…) llegando en su radio de acción hasta la ermita del Puerto de Santa María de Velate”. Así pues, las ermitas durante un periodo prolongado la historia fueron final de etapa en las itinerancias gitanas, obviamente sin que cambiaran su nombre, (nosotros no conocemos ninguna “Ermita de los gitanos” por más que fueran transitadas por ellos) si bien nosotros en el momento actual, aún no podemos completar de manera fehaciente un itinerario teniendo en cuenta dicho “final de etapa”.

Finalmente, los topónimos responden a la cultura dominante. Cualquier nómada puede ser identificado como gitano[4]  si coincide con nuestra visión estereotipada. Recordemos que hay un grupo itinerante muy numeroso y que aunque con menos frecuencia también nomadeaba por nuestras tierras: los mercheros, también llamados quinquilleros en razón de su oficio. No sabemos si los paisanos diferenciaban los diferentes grupos étnicos más allá del aparato legal que como decimos uniformaba bajo el nombre de gitano a cualquier nómada[5]. Quizá el oficio y la etnia se confundieran. O quizá sí diferenciaran ambos grupos: gitanos y mercheros; y quizá éstos últimos fueran más numerosos de lo que las fuentes nos muestran. En ese caso podrían ser también ilustrativos los siguientes topónimos: Barranco del Quinquillero (Villamalur), Coll del Quincaller (Pedralba), Barranco del Quinquillero (Navajas), Barranco de las Quinquilleras (Petrer), también Los Caldereros (Utiel) o Barranc dels Calderers (Borriol). Habida cuenta de que también popularmente se los conocía como “gitanos blancos” quizá también fuera esta la explicación del topónimo “La Cuesta del Gitano Blanco” (Enguera).

Finalmente, hay factores históricos que han influido seguramente en las itinerancias como la prohibición de asentarse en lugares de moriscos tras la expulsión de estos en 1609, o también factores de carácter económico (como la asistencia a ferias de ganado), climático, de aprovisionamiento de materias primas, o rutas de mercaderes, etc… que acaban por complicar este rompecabezas ya de por sí, incompleto. Pascual Riesco lo explica muy bien: “Las aparentes redundancias e incongruencias se entienden mejor desde la perspectiva del viaje lento, dominante en las sociedades tradicionales, que combina objetivos diseminados por todo el recorrido. En ruta a determinado objetivo lejano, una feria por ejemplo, puede ser deseable pasar por una huerta, detenerse en una fuente, visitar un sembrado, evitar un pueblo, pescar en un arroyo, pedir prestada una caballería: razones combinadas para preferir alguna de las diversas variantes disponibles  (Riesco,  2014, p. 28 ).

Hemos caracterizado a los topónimos con el único interés de presentarlos de una manera lógica, sin seguir de manera estricta las clasificaciones al uso: orónimos, hidrónimos, vías de comunicación, antropónimos, etc…

Caracterización de los tipos de topónimos: Lugares fronterizos. Lugares aislados

Los lugares fronterizos responden a un deseo de seguridad, de pasar inadvertidos… En momentos de apuro y persecución se podía pasar fácilmente la frontera. En nuestro caso la mayor evidencia se produce en las fronteras entre Aragón y Castilla.  “Las cortes celebradas el año 1604 en Valencia constatarían la presencia de gitanos “molt de ordinari y molt de numero” en diversos términos, y más concretamente, se imputa a los gitanos hurtos en los de Alpuente, Ares y Titaguas, desde los que, al ser fronterizos con Aragón, en caso de riesgo se podía pasar al vecino reino. (Revest, 1964, p. 15; Aguirre, 2006, p. 303). Seguramente podemos explicar de esta manera los topónimos Cova del Gitano y Camí dels Gitanos, separados por unos cinco kilómetros de malísimo camino en línea recta, y en la misma frontera de ambos reinos. En el primer caso basta sólo cruzar el río Montlleó para encontrarse en las relativamente seguras soledades del maestrazgo turolense, el segundo transcurre “sense arrimar-se al poble, per dins el barranc del Serrans” (Bernat, 2007). Es muy probable que ambos formaran parte de un mismo recorrido.

El Tollo Gitano (Jalance) parte, de igual manera, del río Cabriel, a unos 6 km de Castilla sin que medie ninguna población entre dicho camino y las tierras del vecino reino.

El Vallejo del Gitano en Venta del Moro se encuentra cerca de un pasillo natural que atraviesa longitudinalmente la sierra del Rubial hacia el paraje de las Hoces del Cabriel y Castilla la Mancha. Se puede seguir el camino que pasa por el Vallejo sin muchas dificultades hasta el paso del Cabriel por el camino de Vadocañas que lleva al puente del mismo nombre. No hay muchos vados sobre el Cabriel, por lo que la hipótesis parece viable, aunque queremos ser discretos en este punto, ya que prácticamente hasta 1851 este territorio era castellano, por lo que la funcionalidad puede ser dudosa. Como decimos el Vallejo del gitano de formar parte de un itinerario se nos antoja claro en el camino hacia Castilla-La Mancha.

Hay que tener en cuenta que la diferencia jurisdiccional que los gitanos utilizan ventajosamente durante algún tiempo para evitar ser perseguidos durante un tiempo en determinados territorios, va a ser afrontada desde el siglo XVII en la Pragmática de Felipe IV de 1633:

Que para ocurrir a las invasiones y latrocinios que hacen en los lugares y despoblados se da por ley comisión a todas las justicias así realengas como de señorío y abadengo para que puedan proceder contra ellos, y prenderlos fuera de su distrito, yendo en su seguimiento, y la mesma jurisdicción tengan los alcaldes, entregadores y jueces de la Mesta, y los demás de comisión que la tuvieran del Consejo, así en causas civiles como criminales, para que en los caminos y lugares por donde pasaren o residieren puedan prender así in fraganti como por información que estuviere hecha, o noticia que se les diere de semejantes delictos, y conozcan a prevención destas causas, y les entreguen a la justicia más cercana del lugar donde se hallaren (…)” (Sánchez Ortega, 2009, p. 79).

Sin embargo, a pesar de toda la legislación en contra los gitanos podían encontrar “suficientes intersticios dentro de los cuales podían mantener suficientes alianzas como para sobrevivir (nobles, justicias a menudo compradas por ellos, derecho al sagrado en las iglesias, etc.) lo que la crisis de 1640 acentuó (Aguirre, 2006, p. 307).

Un grupo importante de topónimos se encuentra señalando lugares aislados, separados de núcleos de población, normalmente lugares altos y solitarios, de difícil acceso. La baja densidad toponímica nos da cuenta del escaso uso de estos lugares. Responde obviamente al deseo de pasar desapercibido y evitar la persecución de las autoridades. Durante los siglos XVII y XVIII ésta fue una cuestión de vida o muerte:

 “Que ninguno de los gitanos que hoy tienen este nombre se atreva a salir del lugar en el que actualmente viviere y el que fuere aprendido por los caminos quedase por esclavo del que le cogiere” (Novísima recopilación de las leyes de España. Ley IV, en Sánchez Ortega, 2009, p. 32)

 “Y ordenamos, y mandamos, que si fueren aprehendidos juntos en cuadrilla (…) en el número de tres o más, con armas de fuego (…) aunque no se les pruebe otro delito, incurran en la pena de muerte, la cual se ejecute (…) Y en la misma pena incurran los que no habiendo sido hallados y aprehendidos de esta forma, fueren convencidos (…) de haber sido vistos en caminos, y despoblados, juntos a lo menos tres” (Pragmáticas de Carlos II de 1695 y de Felipe V de 1717 en Sánchez Ortega, 2009, p. 41 y 53).

Podemos señalar dentro de este tipo de topónimos el Coll del Gitano en Atzeneta del Maestrat, el Barranco de los Gitanos y el Barranco de la Gitana en Cortes de Pallás, el Puntal del Gitano en Bicorp, el Collado del Gitano en Teresa de Cofrentes o el paraje de La Gitana en Penáguila, entre otros. En muchas ocasiones detrás del nombre de la partida, alto o collado existe o existió algún tipo de refugio, normalmente corrales, cueva, casa de labranza, parideras o gañanías y por asociación, y con posterioridad, surgió el resto de nombres de lugar.

Aun cuando nuestro estudio se circunscribe a las tierras valencianas, unos de los mejores ejemplos de lugares altos, casi inaccesibles, se encuentran en Aragón. Señalamos tres orónimos muy cercanos y de semejante índole, en las mismas cumbres del sistema montañoso Gúdar-Javalambre: “El Alto de los Gitanos” en Gúdar, “el Alto de los Gitanos” en Alcalà de la Selva y el “Alto de los Gitanos” en Valdelinares.

También se podría situar dentro de esta tipología de lugares altos y aislados el barranco de los gitanos en Cortés de Pallas que parte del alto de la Canaleja, a casi 1000 metros de altura, muy cercano al Cinto de las Cabras, la máxima altura de la zona. Resulta tentador relacionarlo con el Puntal del Gitano (Bicorp) habida cuenta de que ambos están comunicados por el Camino de las Pedrizas a no mucha distancia. No hay muchos sitios hacia donde ir desde el barranco de los gitanos de Cortes de Pallás… como no se quiera cruzar la Muela de Cortes por el paso del Cinto de las Cabras hacia el Valle de Ayora. Allí se encuentra el Collado del Gitano (Teresa de Cofrentes) junto al macizo del Caroig. Añadiríamos a este conjunto de topónimos el Barranco de la Gitana, también en Cortes de Pallás. Y formen o no parte de un mismo itinerario los diversos elementos en común permiten relacionarlos… Son las vertientes montañosas del Caroig-Muela de Cortés, en torno a 1000 metros, con vacío casi absoluto de población entre ellas. Podemos señalar asimismo la extraordinaria abundancia de cuevas en toda la zona, si bien hemos de reconocer que ninguna que podamos relacionar por el nombre con nuestros itinerantes gitanos. Tampoco hay gitanos asentados de antiguo en las poblaciones del entorno, que nosotros sepamos. También formarían parte de esta categoría l’Avenç del Gitano (Simat) o la Cova de la Gitana (Petrer).

Es obvio que la datación de los topónimos puede aclarar muchos puntos y pasar de meras hipótesis a teorías más o menos contrastadas. No obstante, aún sin tener completo el panorama cronológico de los topónimos se observa que los de mayor antigüedad se encuentran en el interior norte del País Valencià.

Hidrónimos

Otro grupo de topónimos son aquellos que responden a cursos, balsas o fuentes de agua, es decir, los hidrónimos. Es indudable que hay que diferenciar aquellos que van secos la mayor parte del año, como ramblas o barrancos de estos otros que pueden representar una fuente de agua. Los primeros pueden llegar a ser una vía de comunicación. Los segundos una fuente de aprovisionamiento de agua para boca o para otros menesteres, como lavado de ropa o baño. Quizá el más conocido de todos es la Fuente de la Gitana en Chelva, la cual ya era muy utilizada de antiguo, existiendo material gráfico desde 1900, pero también podemos mencionar la Bassa dels Gitanos en Vilajoiosa (hoy arrasada), la escondida zona de baño del Pozo de los gitanos en Segorbe, la Bassa dels Gitanos de Castalla, el Barranc del Clot del Gitano (Alcalà de Xivert). Hay que señalar que los puntos de agua son asimismo necesarios para dar de beber a los animales de tiro y ganado y en algunos de ellos lugares donde se encuentran mimbreras, con las cuales elaboraban canastas y cestos. Así, muy cerca del Barranc del Clot del Gitano encontramos el Barranc del Salze o la zona húmeda Bassa Llona.

También hay que mencionar en este epígrafe dos fuentes urbanas con nombres populares que escapan al nomenclátor oficial. Es el caso de dos fuentes urbanas: Se trata de la “Fuente de los Gitanos” de Tavernes de Valldigna y otra con idéntico nombre en la Calle Francesc Eximenis, en el barrio del Cabanyal de Valencia. En ambos casos son la más cercana fuente de aprovisionamiento de agua al lugar de habitación de los gitanos. En Tavernes la fuente estaba cercana y abastecía las infraviviendas habitadas por gitanos que había en la zona en los años 50. En el caso de la “Fuente de los gitanos” del Cabanyal se trataba de una fuente de agua de manantial en las cercanías del mercado del Cabañal y anterior a la existencia de la calle Francisco Eximenis donde finalmente quedó ubicada tras la reorganización viaria del barrio. Se trata de la oficialmente denominada Fuente de Gas (o d’En Gasch) que nutría la acequia también llamada de Gasch, que ejercía de linde entre el Cabanyal y el Canyaveral. El topónimo Gas/Gasp/Gash/Gasch, profusamente documentado y con muchísimo uso durante siglos, aparece incluso en obras literarias (Blasco Ibáñez). Mucho debió de ser el empleo que de dicha fuente hizo la población gitana para que, al menos, alternasen las dos denominaciones, la de Fuente de Gas, más culta y de mayor tradición  y la de “Fuente de los Gitanos” que debió de gozar de popularidad a partir del periodo de postguerra. Seguramente la más antigua cronología de la Fuente de los Gitanos del Cabanyal, nos dará una fecha muy aproximada del asentamiento de los gitanos en el barrio marítimo. Dicha fuente fue clausurada en los años 70 y con ella desapareció el topónimo.

La presencia continua para los menesteres de lavado y adecentado de la ropa en los canales de riego y cursos de agua da también nombre a uno de los puentes de Alzira, el “Puente de Xàtiva” llamado por toda la población “Puente de los Gitanos”.  En las cercanías de dicho puente se establecieron en los años 70 una veintena de familias gitanas, si bien como se puede apreciar en la foto la afluencia de gitanos en sus márgenes es, al menos de inicios de siglo.

Pont de Xàtiva o dels Gitanos. Alzira. Inicios de siglo XX. Esta fotografía esta extraída de un libro llamado Alzira en Blanc i Negre del autor Alberto Bou Pérez Ed. Tivoli. Alzira 2015. Su título original es “Barranc de l’Alborxí amb l’assut del Molí de Montagud.

Un hidrónimo bien diferente es la Cala dels Gitanos en la Vilajoiosa, a falta en este momento de otra información, podemos señalar que dicha cala se encuentra en el final del barranco del Carritxal. Dos ventas, la de Lanuza y Venta Baeza, y diversos edificios en ruinas de antiguo, se encontraban en sus proximidades.

Construcciones. Lugares de habitación.  Cuevas y cavidades

Pasamos ahora a analizar los lugares de habitación, como decíamos arriba teniendo en cuenta la doble diferenciación de aquellos lugares de habitación más fugaces de aquellos otros que nos indican un poblamiento más estable.  Los más precarios de todos son los corrales, junto con los puentes, arquetipos de lugares donde se han refugiado los gitanos para acampar. No son sin embargo, demasiado numerosos, pudiendo contar solamente con dos: Corral de la Gitana en Casinos y Corral de la Gitana en Tous, ambos en ruinas. No obstante, si analizamos el entorno de la mayoría de topónimos de nuestro estudio que se encuentran alejados de los núcleos de población vemos multitud de corrales en las cercanías, cualquiera de ellos susceptible de ser utilizado para pasar la noche o descansar. Nada nos impide pensar, no obstante, que algunos de ellos hubieran podido servir como vivienda durante un periodo más largo, habida cuenta la situación penosa en la que se han visto abocados los gitanos durante buena parte de la historia.

Encontramos diversos paralelismos entre ambos topónimos. Ambos son anteriores a la confección de las minutas del ejército de principios de siglo, ya que aparecen en las mismas. El Corral de la Gitana de Casinos que ya aparece en 1904, seguramente dio nombre a la partida aneja, al camino de la gitana y a la loma del mismo nombre.

El Corral de la gitana en Tous se encuentra en la subida a “La Gitana” que es como la gente de la zona denomina al Caballón de la Gitana. Se trata de un corral en ruinas en el que se encuentra aneja una pequeña construcción de la primera mitad del siglo XX tal y como aparece en una pequeña inscripción en el vano de entrada. El corral propiamente dicho es bastante más antiguo, contiene grafittis de pastores, asimismo de la primera mitad del siglo XX. En la zona perdura el recuerdo de que la construcción aneja estaba habitada de manera permanente. Nada, que nosotros sepamos, sobre la gitana o los gitanos que dieron nombre a varios de los topónimos del entorno (puntal de la gitana, caballón o caballó de la gitana, barranco de la gitana y hoya de la gitana). En la minuta de 1905, no obstante, el Caballón de la Gitana es el único topónimo que aparece.

El lugar nos ofrece una dualidad muy señalada, por una parte se encuentra en el cruce de varias vías pecuarias como son La Cañada Real de Castilla, la vereda del Camino de Colmeneros y el Camino del abrevadero de Uchol. Así, en el paraje se encuentran un buen número de corrales abandonados, testigos de una época en que la trashumancia tenía una gran importancia económica. En las jambas de las puertas se pueden leer grafittis de los pastores desde finales del siglo XIX hasta los años 60-70 en los que la actividad pecuaria decayó definitivamente.

Por otra parte, el lugar sobrecoge por su soledad y aislamiento. No en vano se han refugiado en estos montes bandoleros desde finales del siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX. Entre los vecinos está la creencia de que por aquí estuvo escondido “El Lute”, aunque más llamativo es el hecho de que el Corral de la Gitana se encuentre a tiro de piedra del barranco la Romana, tristemente célebre en los años 90 por ser escenario del crimen de las niñas de Alcàsser.

Nuestra impresión es que el Caballón de la Gitana dio nombre al resto de topónimos del entorno, pudiendo enclavarlo dentro del grupo de topónimos que responden a lugares fronterizos y/o aislados.

En cuanto al Puente de los Gitanos en Albaida (cuya fecha de construcción se halla en torno a 1893) aún se mantiene vivo el recuerdo en la población del uso que los gitanos hacían de él como refugio y lugar de reunión, tras la llegada en tren o andando a las ferias o bajo condiciones climatológicas adversas.

También existe en Elche el popularmente llamado Puente de los Gitanos, que recibe en realidad el nombre de Acueducto de la Compañía “Riegos de Levante”.  Fue construido en la segunda década del siglo XX y en su lado de levante (la Teulera del Raval) se situaban asentamientos temporales de nuestros gitanos en su vida itinerante.

Acueducto de la Compañía Riegos de Levante o como popularmente se denomina Puente de los Gitanos con la imagen de un asentamiento de infraviviendas en el primer tercio del siglo XX. Arxiu Històric Municipal d’Elx. AF773 (autor desconocido) 1 fotografía marrón 186 x 166.El título original es “Acueducto de los riegos de Levante”. 1930.

Por lo que respecta a las cuevas y cavidades, este constituye el grupo más numeroso de topónimos, con casi una veintena de ellos. Son de variada tipología, desde abrigos o covachas a simas, cuevas inaccesibles o cuevas en las cercanías de las poblaciones, etc…

Siguiendo las grandes unidades de relieve de Norte a Sur encontramos en el maestrazgo castellonense la Cova dels Gitanos en Vistabella, Cova dels Gitanos en Culla, y Cova dels gitanos en Benassal. Todas ellas con presencia atestiguada de gitanos. La primera se encuentra en la parte baja del pueblo. Recoge Sarthou (1913: 612) sobre ella que “servía como refugio de los gitanos transhumantes que de vez en cuando se acercaban a la población”. También tenemos evidencias de que sirvió como refugio durante la guerra (Agramunt, 2013, p. 9) en el excelente artículo: Amagaments a cavitats a la guerra de 36/39. La Cova dels Gitanos en Culla es uno de los topónimos más antiguo del que tenemos constancia. También es conocida como Cova de l’Ullastre (documentada en 1548 y 1569 como Mallada de l’Ullastre). Se encuentra en las paredes de la Rambla Carbonera e inicialmente la cavidad fue utilizada como mallada para el ganado. Su utilización posterior por los gitanos que iban de paso para resguardarse de las inclemencias del tiempo llevó al cambio de denominación que es el que ha perdurado.

El siguiente grupo de topónimos de cuevas referentes a gitanos se encuentran en los bordes de las sierra de Espadán y Montordí. Son la Cova dels Gitanos en Figueroles y la Cova de la Gitana en Lucena del Cid y, ya en la Sierra de Espadán: La Cueva de los Gitanos en Toga y La Cova de la Gitana en Artana. La primera, de cronología incierta, recuerda otras cuevas cercanas al pueblo utilizadas de forma fugaz en el paso por el mismo. Se encuentra muy cerca de una zona con fuentes y cercana al río de camino a Lucena. En ambas aparece documentada su utilización por gitanos como refugio.

La Cueva de los Gitanos en Toga sigue la misma tipología que las anteriores, cercana a la población, en la rambla del río Millars y como muchas otras cavidades ha tenido diversos usos a lo largo del tiempo.

La Cova de la Gitana en Artana está situada en la partida del Rincón de la Gitana (o Racó de la Gitana) cruzado a su vez por el camino pecuario del Azagador de la Gitana. Se encuentra en la cumbre de la montaña Corona, habiéndose catalogado un yacimiento prehistórico en su interior. No podemos asegurar que la Cueva de la Gitana o del Rincón de la Gitana haya sido utilizada por nómadas a lo largo del tiempo. Quizá la clave esté en la doble denominación: Cueva de la Gitana o del Racó de la Gitana. La utilización de la zona por gitanos en tránsito o refugiados es plausible pero tal vez no lo sea la cueva que toma el nombre de la partida.

Caprichosamente, a poco más de un 1 km de distancia, ya en Betxí, unas cuevas profusamente habitadas por gitanos no tomaron el nombre de sus habitantes y se quedaron simplemente en « Les Covetes ». Parece que a los vecinos del pueblo no les gustaba que vivieran allí, por lo que las destruyeron hacia los años 50 (Remolar, 72, 2000).

Parece ser que las cuevas de la sierra de Espadán han sido utilizadas de manera profusa por gitanos itinerantes, con una ocupación más intensa durante la Guerra Civil Española.

En dirección sur, en la comarca de La Costera encontramos la Cova dels gitanos o del gitano (Xàtiva); más bien un abrigo, se encuentra en la Solana de Vernissa, junto al camino del Portet.

La Cova de la Finestra o de la Gitana, en Dénia, es una cueva de proporciones adecuadas para servir de vivienda, con varias estancias, todas ellas iluminadas por aberturas que hacen de ventanas. Es una atalaya de difícil acceso en la ladera norte del Montgó, cerca ya de la cima.

La Sima dels gitanos o L’Avenc del Gitano en Simat se halla en un lugar muy escarpado, en el punto de la sierra equidistante a Barx, Barxeta, Simat, Rafelguaraf, Benifairó. En realidad se trata de dos cavidades exploradas en los años 50. El topónimo data posiblemente de principios del siglo XX, ya que no aparece en nomenclátores más antiguos. No tenemos claro que haya sido un lugar de habitación, ya que el topónimo toma el nombre de la partida donde se encuentran situadas “El gitano (o gitanos)”

La Cova dels Gitanos en Moixent, se encuentra cercana al pueblo y aunque es un topónimo vivo no se encuentra recogido en los inventarios de topónimos ni aparece en los mapas oficiales.

La Cova del Gitano (Albaida) se encuentra en la rambla del río Albaida, muy cercana al puente de los gitanos, ambos a escasos cientos de metros de lo que debió ser la población en su día.

El Altet de la Cova dels Gitanos (Monóvar) a 1,5 km de Ubeda, muy posiblemente hace referencia a una cueva-vivienda de las que hay por toda la comarca. Hay que poner de relieve que Mónovar tiene una población de gitanos bien integrados en la vida de la población desde al menos la primera mitad del S. XIX y con presencia de algunas familias anteriores a la Pragmática de 1783. Pese a la alta cantidad de gitanos que han habitado cuevas-vivienda, me vienen al recuerdo Benimámet, Massamagrell, Villena, Mónovar, Paterna, en las partes altas de las poblaciones, o en los arrabales de las mismas, el Altet de la Cova del Gitano en Monóvar es por el momento el único topónimo que hemos hallado de estas características…

Finalmente la Cova de la Gitana (Petrer) se encuentra en la Sierra del Maigmó. Pertenece a la tipología de cuevas situadas en lugares escarpados, alejados de núcleos de población, con escasas fuentes de agua. En realidad, más que un lugar donde vivir parece un lugar donde esconderse.

El relativamente amplio número de topónimos relacionados con cuevas nos permite trazar algunas regularidades en la tipología de las mismas. En un primer análisis, y como decíamos al principio del epígrafe son de una variada tipología: abrigos o covachas, simas, cuevas inaccesibles o cuevas en las cercanías de las poblaciones, casa-cueva, etc… En una valoración más sintética son dos los tipos de cavidades que predominan, una es el de una supuesta vivienda en un lugar de difícil acceso lejos de las poblaciones del entorno; entre las de esta tipología podríamos señalar: la cova de la Gitana (Petrer), els Avencs dels gitanos en Barxeta, la Cova de la Finestra o de la Gitana (Dènia) o la Cova de la Gitana (o del Rincón de la Gitana) en Artana. Hay que señalar que dos de estas cavidades pudieron tomar el nombre del paraje en donde se encontraban y ser por tanto la denominación de la partida previa a la de la cueva.

La segunda tipología de cavidad es con mucho la más numerosa, se trata de una covacha o abrigo, poco profundo, cerca de la población y en la rambla de un curso de agua. Dicha cavidad ha sido utilizada además para otros usos con los que en ocasiones tiene una cierta adaptación como refugio, un muro de piedra seca en la entrada o un corral anexo. En este tipo de cavidad podemos incluir la mayoría de los topónimos: Cova dels Gitanos en Culla, Cova de los gitanos en Toga, Cova dels gitanos en Albaida o la Cova de los gitanos en Moixent. Escapan en parte a esta tipología la Cova dels gitanos (Xàtiva) y la Cova  dels gitanos en Benassal.

En cuanto a los topónimos que se refieren a edificaciones, en su mayor parte mantienen una misma tipología de vivienda con algunas variaciones entre ellas propias de las construcciones del entorno. Las denominaciones son idénticas al resto de construcciones del contexto lingüístico en el que se encuentran -como no podía ser de otra manera- según la zona de influencia del castellano, del catalán o incluso de términos procedentes del aragonés. Así: mas, caseta, casiquia, casilla, caseta o barraca son los apelativos que reciben las viviendas.  Ignoramos si todas ellas han sido habitadas o transitadas por gitanos. Nuestra hipótesis de trabajo es la de que, en su mayoría, así lo fueron y por ello recibieron el nombre. En el transcurso del resto de la investigación podremos corroborar o desechar dicha hipótesis.

Se trata casi siempre de viviendas aisladas, si bien cercanas a vías de comunicación y en el momento actual la mayoría están abiertas cuando no en franco estado de ruina. Se trata de construcciones humildes de una sola planta, de mampostería y tejado a dos aguas. Las examinadas tienen un tosco banco adosado a una de las paredes, chimenea y una pila para alimentación de los animales o espacio de almacenamiento. La Barraca de los Gitanos, en Alpuente, presenta refuerzo con piedras toscamente labradas en las esquinas, lo que no difiere del resto de construcciones similares de su entorno. Hay dos posibilidades principales en cuanto a su utilización, que correspondieran efectivamente a propiedades de alguna persona gitana, o bien que por su utilización, un tanto alejada de las poblaciones permitiera el alojamiento temporal de alguna o algunas familias de gitanos en su itinerancia.

La Casiquia de los Gitanos, primera de las examinadas, presenta una fecha de datación grabada en el enlucido superior al vano de entrada: Se construyó en 1903. Examinado su interior se encontraron multitud de grafittis, algunos de factura inequívocamente reciente, otros de dudosa cronología.  Algunos de ellos realizados con incisión sobre el enlucido de yeso representaban cuchillos en varios modelos. Vistos grafittis similares en diversos lugares como alquerías abandonadas o cárceles (Benavente, Burillo, Thomson, 2001, Algarra, Berrocal, 2010), daríamos una cronología un tanto más antigua si no fuera por la fecha aparecida arriba del dintel.

Del todo similar es la Casilla de los gitanos en Utiel. No aparece en la planimetría de 1903, pero seguramente la cronología será ligeramente posterior a esta fecha. En su interior hay algunos grafittis de cuchillos, de factura mucho más modesta que en la Casiquia de los Gitanos, pero de análoga apariencia. Hay que tener en cuenta que los grafitis aparecen en el enlucido de yeso y en la construcción de Utiel, éste es bastante exiguo.

Uno de los grafittis de cuchillos encontrados en la Casiquia de los Gitanos. Autor: Juan Carlos Barranco

Los cuchillos son una constante dentro de la tipología de grafittis en cárceles y podrían ser una marca de exclusión social. Desde un punto de vista psicológico tendrían también un significado de fortaleza, vigor, de carácter inequívocamente masculino. No queremos especular en este punto hasta tener más datos con el examen de otras construcciones similares y el inventario completo de los grafittis de las edificaciones. La Barraca de los Gitanos en Corcolilla, por ejemplo, no ha dado ningún resultado en este sentido.

No hay gran secreto en el Camino de la Venta del Gitano y la Carretera de la Venta del gitano a Ontiyent (Villena). Indefectiblemente llevan a dicha venta, aunque el primero se encuentra a ambos lados de esta zona fronteriza, tanto en Albacete como en tierras valencianas. En el primer tercio del siglo XIX se liberaliza la venta en posadas y ventas que no necesitan licencia del Real Patrimonio y muchos gitanos acceden a regentar este tipo de negocios. En realidad, ya se encuentran venteros y taberneros gitanos al menos desde mediados del siglo XVIII. Era el oficio de ventero considerado como poco honorable: “todavía en el inseguro medio rural regentar fondas significaba un peligro y una deshonra. (…) Ningún español honorable quería ser posadero o ventero (…) en muchas ciudades pequeñas y en los pueblos había que conformarse con las únicas que existían regentadas por buhoneros y gitanos” (Aguirre, 2006, p. 415).

Así pues, encontramos por toda la geografía española, fundamentalmente, en Castilla-La Mancha, Murcia y Andalucía, topónimos que nos remiten a este negocio gobernado por gitanos, con topónimos tan sencillos como reveladores: venta del gitano, venta de la gitana, venta de los gitanos…

La del Gitano en Caudete es tan antigua que  ya aparece en un Plano encargado por el Borbón Felipe V,  impreso en París, con el nombre de Venta  de Benito, y era una especie de portazgo o aduana donde se pagaba un impuesto que gravaba los derechos de tránsito de personas, mercancías o animales. Era un edificio imponente, señorial, bien orientado, con tres plantas y fachada al camino Real que llevaba a Madrid, con amplias cuadras y corrales en un lateral (Medina, 2013) Lo curioso de este caso es que sabemos por sus descendientes que, al menos desde inicios del siglo XIX, no fue regentada por ningún gitano. Sin embargo, ésta era la denominación que alternaba con la otra oficial de Venta del Angosto en los libros de itinerarios de la península hacia mitad del siglo XIX. La Venta del Gitano fue demolida en 1988.

Mención aparte merecen dos topónimos en el que varios autores hacen referencia a gitanos que encontraron la muerte en el camino. El primero es el topónimo histórico datado más antiguo con el que contamos: la Fosseta del Bomià (1547) en Culla (Peraire: 1992). Es el único con esta denominación que encontramos en el País Valenciano. Algo más abundante es en Catalunya. Así, lo encontramos en Tortosa: la “Cova dels Bomians” (1587) y en Olot “Prat dels bomians” (1726). En Manresa “El Pont dels bomians” (1679) dio lugar al Pont dels Bomiants (1680), posteriormente Puente de los gitanos (1815) y Pont dels Gitanos (1815) (Carreté, 1995). Este cambio de denominación de bomià a gitano es posible que se haya dado también en algunos topónimos de nuestras tierras, aunque nosotros no tengamos constancia de ello en este momento. En todo caso, bomians, además de ser la traducción catalana del término francés bohémiens, es un término más antiguo que el castellano gitano, y que rara vez supera el siglo XVII en las fuentes escritas.

El segundo de los topónimos que comentábamos anteriormente es La Cruz del Gitano (Utiel); podría hacer referencia a un enterramiento  como señala  con ejemplos similares Riesco: “la Cruz del Tenderín  marca el lugar donde un pequeño vendedor ambulante de comestibles, de regreso al atardecer sobre un borriquillo por el llamado camino Travieso, entre Forfoleda y Castellanos de Villiquera, fue asesinado (…).Análoga explicación pueden tener la cruz del Portugués  (Villamor de los Escuderos, ZA), la cruz del Maragato (S. Cristóbal de la Cuesta, SA), cruz del Soldado  (Cordovilla, SA),  cruz del Aceitero  (Blasconuño de Matacabras, AV),  la cruz del Gallego (Moreruela de los Infanzones, ZA)”  (Riesco, 2014:47).

Una explicación más plausible para nosotros sobre este tipo de topónimos es la proporcionada por Ripoll y Monescillo para quienes, tras estudiar topónimos similares en diversos territorios defiende la existencia de éstos como “la constatación de la existencia de elementos de amojonamiento y deslinde de verdaderas cruces de términos (Ripoll, Monescillo, 2009, p. 1)

No podemos evitar la tentación de señalar idéntico topónimo (Cruz del gitano), no muy lejos de allí (Villora), ya en tierras manchegas, en mitad de un agreste paraje.

Vías de comunicación. Caminos. Cañadas. Sendas

En cuanto al análisis de los topónimos de la red viaria nos proporciona asimismo un posible itinerario. Encontramos algunos que corresponden a vías pecuarias como la Colada Senda de los Gitanos (Alborache) que cruza transversalmente el término hasta llegar a la cruz de los términos de Alborache, Godelleta y Buñol. Resulta sencillo seguir por los caminos rurales sin mayor rodeo durante poco más de un kilómetro hasta la Cañada y el Barranco de los Gitanos, paralelos a la Cañada Real de Cuenca, ya en Godelleta. La asociación de ambos topónimos en un mismo itinerario parece evidente, pues. Presentamos simplemente los topónimos en un mismo mapa. Es obvio que para tener conclusiones irrefutables deberíamos obtener las pruebas en la memoria oral de las itinerantes, (cosa casi imposible ya que se trata de topónimos que ya existían al menos en el último tercio del Siglo XIX, como demuestran los amillaramientos de 1885) o encontrar fuentes escritas que identificaran en un mismo momento histórico ambos topónimos, y dieran en el origen de los mismos con la existencia de trayectos de gitanos chalanes o itinerantes.

Topónimos y posible itinerario en la Foia de Buñol. Elaboración propia.

Nos contentamos pues, de momento con unir en la retina ambos caminos y considerar la hipótesis como muy probable.

Cuesta mucho sustraerse a la idea de relacionar asimismo los topónimos la “Fosseta del Bomià”, la Cova dels Gitanos en Benassal y la población gitana asentada en Villafranca en la segunda mitad del siglo XVI. Los tres puntos apenas están separados por poco más de 15 kms de caminos vecinales. Aunque la fecha más antigua que tenemos de la Cova dels Gitanos en Benassal es de mitad del siglo XVIII, no tenemos ninguna certeza de que no tenga una datación mucho más antigua, ya que así lo están siendo los topónimos físicos del Maestrazgo castellonense. La Cova dels Gitanos de Benassal, cercana a la ermita, se encuentra muy cercana al camino vecinal de Benassal a Villafranca y próximo a dicho camino y a la población de Villafranca se encuentra precisamente la Fosseta del Bomià. Como ya hemos dicho, su cronología, datada a partir del Llibre Capítols d’Herbatge de la Tinença de Culla (Arxiu Municipal de Culla) nos arroja la fecha más antigua de 1548, apenas ligeramente más antigua que la familia gitana que estuvo habitando en Villafranca desde la segunda mitad del siglo XVI hasta al menos, el primer tercio del siglo XVII, los Montoya, quizá de las primeras familias avecindadas en el reino.

No sabemos en este momento si estas poblaciones formaban parte de una ruta más amplia, quizá hacia Alcañiz o Zaragoza, o ya se trataba de itinerarios comarcales. Lo seguro es que dicho camino estuvo frecuentemente transitado por los nómadas durante todo el siglo XVI, hasta el punto de que alguna familia se asentó -de manera temprana- en el segundo tercio de esta centuria en Villafranca del Cid.

El Barranco del Clot del gitano, y el Camino del Gitano (Alcalà de Xivert), que toma su nombre del anterior, corren paralelos al Camino dels Rebalsadors, pero tanto este como la Rambla de les Coves acaban llevando a les Coves de Vinromá o la Salzadella; podría ser, pues, una vía de comunicación con las poblaciones más interiores del Baix Maestrat.

Finalmente, encontramos en Sueca, la Fillola de les Gitanes, que conduce del casco de Sueca al Camí Vell de Cullera, sin que tengamos más noticias en este momento del porqué de dicho camino.

Urbanóminos. El final del camino

Hemos preferido dejar para el final los topónimos urbanos, calles, puentes y fuentes en el interior de las poblaciones. Es este un tema prolijo, ya que son muy numerosas las poblaciones que contienen el topónimo Calle de los Gitanos entre su entramado viario histórico y popular. No hemos querido ofrecer en este punto exhaustividad, sino simplemente sacar a colación algún ejemplo característico. Así, no las hemos incluido en el mapa de topónimos. Por lo que respecta a nuestro estudio marca el final del camino para los gitanos, asentados en los arrabales y en la cercanía de los caminos que habían transitado históricamente y certificando su segregación como grupo étnico.

A pesar de su cercanía en el tiempo tienen un interés indudable por cuanto nos suelen señalar los puntos iniciales de asentamiento histórico en las poblaciones valencianas.

 La mayoría de poblaciones decidieron cambiar las nominadas calles de gitanos a lo largo del siglo XIX, hoy por lo que sabemos sólo perviven unas pocas.

Hay que recordar la abundante legislación presente a lo largo de toda la Hª Moderna prohibiendo el asentamiento de las familias agrupadas en una misma calle para no crear gitanerías:

salgan los susodichos de los barrios en que viven con nombre de gitanos y que se dividan y mezclen entre los demás vecinos” (Ley 16, Título II, Libro 8 R1633 en Sánchez Ortega, 1976, p. 34)

Que los dichos gitanos avecindados no puedan habitar en barrios separados de los otros vecinos, ni usar de traje diverso del que usan comúnmente todos, ni hablar la lengua que ellos llaman jerigonza, so pena a los hombres de seis años de Galeras, y a las mujeres de cien azotes, y destierro del Reino” (Pragmática de 12 junio 1695, en Sánchez Ortega, 1976, p. 40)

Que se encargue muy particularmente a las Justicias de los referidos Pueblos no permitan a las familias que les cupiere según su vecindario, que vivan juntas en un solo barrio, antes bien las distribuyan en calles separadas, sin consentir en manera alguna, que haya dos en la misma calle” (Pragmática de 1746, en Sánchez Ortega, 1976, p.  64)

La existencia de la Pragmática Real de 1633 conminando a salir de los barrios en que viven agrupados, ya nos indica la creación en los siglos XVI y XVII de gitanerías en algunas ciudades en las que mayor tolerancia había, como Sevilla o Granada. En nuestras tierras, en Orihuela, en una fecha tan temprana como 1614, ya son 8 las familias gitanas que habitan la población (Ojeda, 2014). Los datos oficiales, los de los avecindamientos, demuestran la presencia de familias en Castellón al menos en 1598 (Sánchez Adell, 1976) y en Valencia en fecha anterior a 1578 (AHP). En Villafranca, una familia tenía casa y tierras de labor en 1580, pero era además la segunda generación en la población (Troppé, 2014).

 Pero el proceso natural de asentamiento, como hemos dicho, en los arrabales y la cercanía de los caminos y la expansión natural de las sucesivas generaciones por el proceso de expansión de patrilocalidad (San Román 1995, p. X) llevaron a barrios “naturales” de gitanos, en primer lugar  en aquellas poblaciones designadas por las leyes para el asentamiento forzoso que por su escaso número (ya las hemos mencionados más arriba) comportaba a la larga acumulación de gitanos en calles y barrios,  y en segundo lugar, en aquellos lugares que los mismos gitanos eligieron por libre elección tras la Pragmática de 1783.

Gómez Alfaro señala que a pesar de las pragmáticas de 1717 y 1743 se produjeron numerosas concesiones a título particular para que muchos gitanos ya avecindados continuaran en sus mismos pueblos “sobre ellos pendía la zozobra de una expulsión, según soplaran los vientos de la tolerancia en cada casa consistorial“(Gómez Alfaro, 1983, p. 67).

Este debió ser el caso de Elche con su “Calle de los gitanos” la cual aparece ya conformada a partir de 1761, según especifica Gaspar Jaén (1983). Situada en el Arrabal de Santa Teresa, cuya primera proyección data de 1689,  es un lugar con segregación espacial  del resto del pueblo, en el que se asentaban las familias más humildes de la población, debido a que los precios de la tierra -de secano- eran más baratos que en el resto de Elche.

En este caso vemos un hecho que posiblemente sea la tónica en el asentamiento gitano en nuestras tierras. En los lugares donde la corona había fijado el asentamiento obligatorio se estaba produciendo un excesivo número de familias para la explotación del territorio, es decir: competencia excesiva entre familias gitanas para el “mix” de oficios que habitualmente podían desempeñar y que llevaban a la saturación del mercado.  La expansión se produce en las poblaciones más cercanas cerca de los caminos que llevan a la población de origen. El Arrabal de Santa Teresa, está de hecho en el Camino de Orihuela y los apellidos parecen indicar el parentesco con dicha población (Gómez Alfaro, 1976, pp. 110, 187)

El hecho de que la “Calle Gitanos” no aparezca en el nomenclátor de 1761 es al menos curioso, quizá vivían en algún tipo de habitación más temporal y a partir de la pragmática de 1783 se les permitió una vivienda ex novo en el arrabal, dando nombre a la calle. De hecho, Gómez Alfaro (2000, pp. 24-26) recoge en el censo posterior a la pragmática de 1783 la indicación de la presencia anterior de cuatro familias, de las que se indica los datos personales, estado civil y así como las profesiones que ejercían.  Desde 1912 recibe el nombre de calle de Murillo.

“La calle de los gitanos” en Carcaixent (hoy actual calle de S. Isidro) formaba parte del Camino Hondo de Alzira, probablemente antiguo itinerario de la Vía Augusta a su paso por Carcaixent (Daràs, 2013) y una parte importante de su población gitana inicial se asentó en dicha calle procedente de las vecinas poblaciones de Xátiva y Alzira, poblaciones receptoras de población gitana desde 1783 y que tras la pragmática de Carlos III, podrán elegir el pueblo que mejor les acomode para asentarse. Aún es posible gracias al censo de 1783 establecer la filiación de algunas de las familias gitanas de Carcaixent con las de sus antecesores en Xátiva y Alzira.

En la práctica, y a pesar de tener la libertad legal para poder asentarse, tenían que recurrir en la casi totalidad de los casos a documentos que atestiguaban su buena vecindad en los sitios que abandonaban, firmados por párrocos, autoridades o caciques de la zona.

En el siglo XIX se produce un boom demográfico en la población gitana coincidiendo con la sedentarización de la misma. Las consecuencias demográficas de la vida itinerante (mayor mortalidad infantil, mortalidad en el parto, menor esperanza de vida, rigores climáticos, accidentes, mayor persecución y encarcelamientos los cuales provocan separaciones que inciden en el menor número de hijos) en la población gitana se atenúan. Ese y no otro debe ser el motivo para pasar de los 15000 gitanos de mitad del siglo XVIII a los 200.000 de mitad de los años 70 del siglo XX. Bien es cierto, que los matices de grises entre itinerante y sedentario son múltiples, como ya comentamos al inicio del artículo. La diferencia principal entre ambos es la presencia de un punto de referencia espacial fijo (o quizá varios, como un estadio intermedio).

La sedentarización de la población gitana tras la pragmática de 1783 lleva a la agrupación natural de las familias en una o pocas calles, siguiendo diversas pautas de territorialización interna gitana (seguridad frente a los payos u otros gitanos, búsqueda del dominio de nichos económicos locales por parte de algunas familias gitanas) siendo lógica la denominación popular de “calle de los gitanos” en muchos de los municipios en los que existía esta población. En ocasiones es ésta también la denominación oficial. Así, podemos señalar una “Calle gitanos” en 1869 en Aspe (Mejías, 2000) también en Villareal fue llamado así el Camí Real hasta 1887 (Heredia, 2007), en S. Joan de Alicante fue justamente la “Calle Gitanos” la primera de su callejero que  modificó su denominación mutando su nombre en 1873 por el de Calle del Carmen (Campello, 2008).

Como vemos con la mayor parte de ejemplos cuando las calles pierden su nombre popular y pasan a ser prerrogativa del poder –político y religioso- la tendencia es invisibilizar la presencia de la población gitana.

Una de las escasas calles en las que en tierras valencianas se mantiene en la actualidad el nombre de Calle gitanos es en Requena, en una aldea llamada Casas de Eufemia. En este caso el nombre procede de un asentamiento con tres viviendas del que tenemos constancia al menos en 1822 (García Monteagudo, 2014).

También hubo una “Senda de los Gitanos” o “Volta dels Gitanos” en la ciudad de Valencia que con la expansión de la ciudad en el último tercio del siglo XIX perdió su trazado, a favor de la prolongación de la Calle del Hospital por la Calle Ángel Guimerá (Teixidor, 1976, Algarra, Berrocal, 2003).

La primera fecha de la que tenemos constancia de este topónimo es la 1704, fecha de la elaboración del Plano de Valencia por el Padre Tosca. En la imagen del “Plano de Valencia” del P. Tosca se pueden ver cerca de una decena de construcciones sencillas a lo largo de dicho camino. Ignoramos si éstas son viviendas habitadas por gitanos en el siglo XVIII o se trataba de un lugar de paso tan frecuentado por la población gitana   que dio lugar al topónimo.  O quizá fueron ambas y la frecuencia en el paso dio lugar al asentamiento temporal y posteriormente, definitivo.

El Camino de Gitanos –en el centro de la imagen- y datado al menos en 1704 es la representación gráfica más antigua de los topónimos que hemos estudiado. Sección del Plano de Valencia del P. Toscá.

El Camino de Gitanos –en el centro de la imagen- y datado al menos en 1704 es la representación gráfica más antigua de los topónimos que hemos estudiado. Sección del Plano de Valencia del P. Toscá.

Seguramente el nombre tomó forma por la cercanía al lugar de residencia de la población gitana con lo cual estaríamos hablando de una posible continuidad en el poblamiento gitano en este arrabal de Valencia desde prácticamente el siglo XVII hasta la década de los sesenta del siglo XX, a expensas de lo que sucediera en los años inmediatamente posteriores a 1749,  fecha en la que se produjo el encierro indiscriminado de toda la población gitana española, en el penoso episodio histórico conocido como “La Gran Redada”.

Así, en esta zona es dónde residían la mayor parte de las familias del casco urbano de Valencia en los años anteriores y posteriores a la guerra civil –según la tradición oral- y que tras la riada de 1957 y la expansión planificada de las Grandes Vías se produjo su traslado por los nuevos extrarradios de la ciudad y las poblaciones cercanas.

Durante al menos el siglo anterior a dicho traslado, la residencia debió ser en corralones, de los que aún queda el recuerdo en las personas gitanas más mayores. Dichos edificios debieron de ser populares, pues Blasco Ibáñez los menciona en su cuento “Guapeza Valenciana” (1893) en los que narra una reyerta entre dos bandas rivales[6] (no es gratuito señalar que no se trata de un conflicto entre gitanos). Tal vez también influyó a fijar el nombre el hecho de que quizá éste fuera el camino habitual de entrada a Valencia que seguían los chalanes gitanos para dirigirse al mercado de caballerizas, que aunque con cambios constantes de lugar estuvo establecido en el último tercio del siglo XIX en la Ronda de Belén o de Santa Lucía, (Guillem de Castro). De hecho, la prolongación de la “Volta de los Gitanos” es el Camí de Torrent.

Conclusiones

En las páginas anteriores hemos tratado de acercarnos a la historia de los gitanos, a través del análisis de la toponimia. Los nombres de lugar, en algunos casos, nos han dado pistas muy valiosas sobre elementos históricos de un pueblo que intenta en estos últimos decenios de una cierta bonanza recuperar su historia. En este sentido, entendemos el topónimo como un testimonio del contexto de su origen (Dorion, 1993, p. 9). Así, hemos dado gracias al estudio de la toponimia con fragmentos de su hábitat, de las itinerancias, con lugares de refugio y de escondite, con pautas de expansión de la población, un enterramiento de inicio de la época moderna e incluso con indicios razonables de lo que puede ser un posible rasgo de expresión gráfica, como es el grafitti.

Las posibilidades futuras del estudio pasan por seguir complementando los datos con dataciones más precisas, para lo cual será necesaria la revisión de los amillaramientos, amojonamientos, libros de catastro, etc… y en general, de archivos, fundamentalmente, municipales. Pero además, las fuentes que hemos utilizado: escritas, geográficas, algunas encuestas orales, alguna visita a los archivos, se hallan huérfanas sin el aporte de las fuentes orales de los propios sujetos de la historia.

Durante la investigación hemos podido constatar algo que en nuestro trabajo diario de profesional y activista de lo social se muestra de manera implacable: la marginación y la invisibilidad a la que se ha sometido al pueblo gitano a lo largo de la historia. La toponimia, en su doble vertiente: denominaciones oficiales/denominaciones populares no ha sido una excepción. Muchos topónimos han permanecido en el habla popular, sin ser considerados oficiales: no han aparecido en la cartografía, en los callejeros, ni en registros públicos. Antes bien, la plasmación “oficial” ha sido de manera preferente de un topónimo con escaso uso antes que otro más popular, pero en que apareciera la palabra “gitano”. Son así frecuentes en nuestro estudio las dobles denominaciones.  Saludamos, en este sentido, la coincidencia con otros autores: “La doble denominación suele tener implicaciones sociolingüísticas, y es compatible con connotaciones valorativas o de menosprecio, según la forma toponímica elegida” (Riesco, 2010)

Así, el estigma del término “gitano”  ha llevado a cambiar los nombres populares de calles por otros más “respetables” del santoral cristiano.  Muchos topónimos cuyos protagonistas son los gitanos no aparecen en los nomenclátores actuales.  Pero hay algo peor, en el transcurso de las lecturas hemos topado con investigaciones que ante topónimos tan transparentes en lo lingüístico, le buscaban como vulgarmente se dice “los tres pies al gato”.

Respecto al topónimo gitano –lo solemos encontrar abundantemente en nuestras investigaciones sobre vías antiguas en la Mancha, y, aventuramos, quizá sea una deformación del latín quintana, u otro similar que aluda a estas obras de ingeniería, y esté relacionado con otros como chitana  -antiguo nombre de criptana- (Escudero, 2001)

Y también: “como apoyo a nuestra hipótesis, sugerimos que nos parece bien revelador el topónimo charco del gitano como alusivo a estas infraestructuras viarias y para intuir la antigüedad del trazado (Plaza 2009, página 21). En nuestro caso, coincide como ya se dijo, con un yacimiento romano aunque (…) no encontrábamos una explicación etimológica satisfactoria a semejante nombre. Por ello aventuramos si no estaría relacionado con el topónimo aventurero quintana (ob. cit.) aunque estamos elaborando una propuesta mejor, basada en un posible término hispanomusulmán.

 (…) Lo cierto es que encontramos ejemplos ad nauseam de este topónimo, repartidos por toda España y vinculados a vías con bastante pedigrí. Por ejemplo, tenemos una Vereda Carrilera o de la Gitana en un calzada clásica de (..) Toledo (…), un cortijo de la gitana asociado a una calzada (…) de Córdoba (…), una Cruz del Gitano dando nombre a un paraje cercano a Cardenete (Cuenca) y atravesado por uno de los trazados estudiados por Palomero (…) o una Venta del Gitano en Corral Rubio (Albacete) (…). Y no parece un hecho puramente local o regional pues (…) encontramos estos particulares caminos gitanos en puntos tan alejados como Quintana del Puente en Palencia, cuyo nombre ya es suficientemente revelador. (…) En suma, aún sin haber solucionado satisfactoriamente su etimología, se trata de un topónimo muy a tener en cuenta, y muy útil para identificar caminos antiguos, en concreto, calzadas romanas. (Plaza, 2010).

¿Quintana, Chitrana, términos hispanomusulmanes…? ¿No es suficiente la presencia durante 500 años de viandantes gitanos frecuentando caminos para fijar estas huellas en la toponimia? Claro que identifican caminos antiguos: aquellos solitarios y en desuso para los paisanos del lugar, para pasar desapercibidos, “disfrazados de noviembre para no infundir sospechas”, parafraseando a Lorca. Me viene a la mente una chica gitana, que recordaba a su padre evocando como la autoridad pertinente lo arrojaba a la cuneta del camino al pasar por su lado. O la historia tantas veces repetida –por reiterada- de la pareja de guardias civiles pateando una olla en la lumbre con el pobre guisado al final de la jornada, al descubrir a una familia de gitanos refugiándose para pasar la noche. Este es el valor añadido de las fuentes orales: no caer en la tentación de tomar el objeto de estudio histórico como algo inanimado, una mera conceptualización o una categorización teórica, sino devolverlo a lo que es en realidad: las vivencias de unas personas que transitaron, padecieron y lucharon por sobrevivir en una sociedad que les era ajena y hostil.

Así pues, la integración de la historia oral de los protagonistas de la historia en el marco del estudio de las itinerancias gitanas será uno de los retos para la continuación de nuestro trabajo.

Agradecimientos:

Quiero agradecer a Victor Algarra, Paloma Berrocal, Juan Escudero Escudero, Francisco Fustero Serrano, Rafael Mompó Tormo, Miguel Monsell  Liern y Vicent Sanchís García por sus valiosas informaciones en las búsquedas toponímicas.

Notas:

[1] Un “revival” del modo de vida itinerante –sin lugar de residencia de referencia- se produjo en Sudamérica a partir de los años 60 del siglo XX. Muchas de las familias gitanas que hacían “las Américas” como comerciantes ambulantes vivían sin domicilio fijo, realizando itinerarios, durmiendo en hoteles y pensiones y viajando en coche y medios públicos. Es de señalar que estas familias volvieron al modo de vida itinerante después de generaciones de vivir en España en domicilios fijos.

[2] Se ha asimilado en diversos momentos de la historia con el nombre de gitanos a aquellas personas que se les unían “en modo de vida” sin tener su condición por nacimiento. Posteriormente el término “gitano” pasó a ser sinónimo de un modo de vida errante, quedando incluidos dentro de este grupo los quinquilleros y muy posiblemente diversos colectivos como los trajineros y buhoneros.

[3] En este caso la Venta del Gitano se encuentra fuera de nuestro territorio en tierras de Castilla-La Mancha. Esta denominación al menos se remonta a finales del siglo XVIII.

[4] Y de hecho al menos durante más de dos siglos -XVII-XVIII- era simplemente el término utilizado para designar a un nómada, independientemente de su procedencia étnica.

[5] Y viceversa, cuando un gitano se asentaba y tomaba los oficios de la sociedad mayoritaria, el término gitano quedaba vacío de contenido y con grandes posibilidades de desaparecer. Durante la Prisión General de gitano de 1749, muchos gitanos lograron demostrar “que no lo eran” por su vida sedentaria, ordenada y útil a ojos de sus vecinos y así librarse del encarcelamiento. La estigmatización del término llega hasta hoy en día perfectamente caracterizada en la conocida frase “pero tú ya no pareces gitano” aplicada a una persona de vida normalizada.

[6] “El pequeño, extendiendo la diestra armada de ancha faca y cubriéndose el pecho con el brazo izquierdo, saltaba como una mona, haciendo gala de la esgrima presidiaria aprendida en los corralones de la calle Cuarte”.

 

Bibliografía

Aguirre Felipe, J., 2006: Historia de las itinerancias gitanas. De la India a Andalucía. Colección Estudios Institución Fernando El Católico, Zaragoza.

Algarra Pardo, V. y Berrocal Ruiz, P., 2003: “El territorio tradicional de la Huerta de Patraix o de Favara”. En Algarra (coord.) La Rambleta de la Huerta de Favara. Patrimonio histórico y natural de la Ciudad de Valencia. Ajuntament de Valencia, pp. 31-50.

Benavente Serrano J., Thomson Llisterri, T., y Burillo Albacete, F., 2001: Guía de la ruta de las cárceles del Mezquin-Matarraña. Bajo Aragón (Teruel). OMEZYMA, Teruel.

Barreda, P. y Peraire., 1999: Toponimia de Benassal. Cooperativa Agrícola Benasalense. 50 Aniversari 1949-1999.  Benassal.

Bernat Agut, J., 2007: “Excursió Toponímica”. Societat d’Onomàstica: butlletí interior 106-7, pp. 12-19.

Botella Planells, R., y Devís Gamir, M., 1986: “Toponímia de Bunyol”. X Col.loqui General de la Societat d’Onomàstica.  Universitat de València. Valencia, pp. 58-73.

Campello Quereda, A., 2008: Callejero Biográfico de Sant Joan d’Alacant. Ajuntament de Sant Joan, Sant Joan d’Alacant.

Casanova Herrero, E., 2002: “Les topografies toponímiques de Joan Coromines i L’Onomasticon Cataloniae. El cas de la Vall d’Albaida”. Congrés Internacional de Toponímia i Onomástica Catalanes. Universitat de València, Valencia, pp. 219-77

Coromines, J. 1989: Onomasticon Cataloniae. Ediciones Curial/ La Caixa, Barcelona.

Daràs i Mahiques, B., 2007: Els carrers i les places de Carcaixent. Història i anecdotari. Ajuntament de Carcaixent, Carcaixent.

De Vaux de Foletier, F., 1974: Mil años de historia de los gitanos. Plaza y Janés. Esplugues de Llobregat, Barcelona.

Dorion, H., 1993: “A qui appartient le nom de lieu?”. Onomastica Canadiana nº 75. Otawa,  pp 1-10.

Dorion, H., y Poirier, J., 1975: Lexique des termes utiles à l’étude des noms de lieux. Les Presses de l’Université Laval, Quebec.

García Monteagudo, D., 2015: Casas de Eufemia. Geografía y familias. Arcís Ediciones SL,  Requena.

Gavara, J., (coord.) 2003: El Plano de Valencia de Tomás Vicente Toscá (1704). Generalitat Valenciana, Valencia.

Gómez Alfaro, A., 2010: “Alicante: Gitanos de hace dos siglos”. Escritos sobre gitanos  (compilación). Asociación de Enseñantes con Gitanos,  Barcelona, pp. 67-71.

———. 2010: “Datos para la historia de los gitanos de Elche”. Escritos sobre gitanos  (compilación). Asociación de Enseñantes con Gitanos,  Barcelona, pp. 107-11.

———. 2006: “El 24 de mayo, una fecha idónea para convertirla en día del gitano madrileño”. Gitanos. Pensamiento y cultura., n.o 36, pp. 50-54.

———. 2010: “Gitanos de Valencia”. Escritos sobre gitanos  (compilación). Asociación de Enseñantes con Gitanos,  Barcelona, pp. 169-95

———. 2000: “La Historia de un pueblo que no escribió su propia historia”. Colección Actas, no 81, Diputación de Almería, pp.79-88

Heredia Robres, J. (coord.), 1986: Vila- Real. Calles y Plazas, Ajuntament de Vila-Real, Vila- Real.

Jaén i Urban, G., 1983: Guía de l’arquitectura i l’urbanisme de la ciutat d’Elx. Volumen IV. Barris dels segles XVIII, XIX i XX. Inédit.

J., Ripoll Vivancos P., y Monescillo Díaz, A., 2009: “Cruces y mojones: Cuando la cruz delimitaba territorios en el Alto Guadalquivir”. II Jornadas Histórico-Culturales «Augusta Gemella Tuccitana» La Orden de Calatrava en el Alto Guadalquivir. En prensa, Jamilena (Jaén).

Medina, F., 2013: “Las vueltas que da la vida: pendiente la rectificación de la enésima curva en la A-31 Alicante Madrid en el km 173, a la altura donde estuvo la famosa Venta el Gitano y que Fomento tiró al suelo en 1989”. http://elblogdejoaquinmedina.blogspot.com.es, Modificado: 16/07/2013, último acceso 04/12/2016.

Mejías López, F., 2000: “Apuntes para la historia del arte áspense”. Revista Bienal « La Serranica», n.o 44, pp. 94-102.

Ojeda Nieto, J., 2007: La ciudad de Orihuela en la época de auge foral (siglos XVI-XVII). Concejalía de cultura, Orihuela.

Peraire Ibañez, J., “Aproximació a la Toponímia Històrica de la Tinença de Culla (Segles XVI-XVIII)”. Butlletí de la Societat d’Onomàstica, n.o 48, pp. 115-57.

Pérez i Piquer, A., 2001: “El procés d’arreplega dels topónims valencians a escala 1.10.000 i aplicacions posteriors”. Congrés Internacional de Toponímia i Onomástica Catalanes. Denes editorial, València, pp. 977-985

Plaza Simón, A., 2009: “El Camino Real de Granada a Cuenca ¿Un itinerario romano entre la Celtibería y la Oretania, por la Mancha y el Campo de Montiel ? I”. El Nuevo Miliario, n.o 8 pp.16-29.

———. 2010: “El Camino Real de Gran ada a Cuenca ¿Un itinerario romano entre la Celtibería y la Oretania, por la Mancha y el Campo de Montiel ? II Recapitulación.” El Nuevo Miliario, n.o 10, pp. 41-66.

Remolar Franch, A., 1999:  Toponímia rural del Terme de Betxí. Editorial Begraf, Betxí.

Revest Corzo, L., 1964: “Gitanos en Castellón”. Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura XL, n.o  1, pp. 1-17.

Riesco Chueca, P., 2010: “Nombres en el paisaje: la toponimia fuente de conocimiento y aprecio del territorio”. Cuadernos Geográficos,  Nº 46,  Universidad de Granada,  pp. 7-35.

Riesco Chueca, P., 2014: “Viandantes en la toponimia de los caminos”. Revista de Folklore, n.o No extra 1, pp. 27-57.

Rosselló i Verger, V., 2008: Cartografia Històrica dels Països Catalans. Universitat de Girona, Girona.

Sánchez Adell, J., 1976: “La inmigración en Castellón de la Plan durante los siglos XV, XVI y XVII”. Cuadernos de Geografía, n.o 19, pp. 67-100.

Sánchez Ortega, MªH., 1977: Documentación selecta sobre la situación de los gitanos españoles en el siglo XVIII. Editora Nacional,  Madrid.

San Román, T., 1997: La diferencia inquietante: viejas y nuevas estrategias culturales de los gitanos. Siglo XXI,  Madrid.

Sarthou Carreres, C., 1913: Geografía General del Reino de Valencia. Provincia de Castellón.: Establecimiento Editorial de Alberto Martín, Barcelona.

Teixidor de Otto, MªJ., 1976: Funciones y desarrollo urbano de Valencia. Institución Alfonso el Magnánimo, Valencia.

Terrado Pablo, J., 1999:  Metodología de la Investigación en Toponimia. INO, Zaragoza.

Tropé, H., 2014: “Les gitans dans le Royaume de Valence aux XVI et XVII siècles”. Minorités ethniques et religieuses (XVe-XXIe siècles). Michel Houdiard Editeur, Paris, pp.119-153

Vekerdi, J., 1985: “La parola Zingaro nei nomi medievali”. LACIO DROM 3, p. 31.

Viciano Agramunt, J., 2007: “Amagaments a cavitats a la guerra de 36/39”. Berig, n.o 8, pp. 61-80.

———. 2013: “Amagaments a cavitats a la guerra de 36/39 (II)”. Berig, n.o 13, pp. 3-10.