LA LINDE, 8-2017

Construyendo Memoria Social:

Roberto Villegas Trapero.

Licenciado en Sociología (Universidad de Granada).

Especializado en Memoria Social y Relatos de Vida. robert.villegas86@gmail.com

 

RESUMEN.- La importancia del trabajo multidisciplinar en ciencias sociales es vital. Cuando hablamos del Proceso de Exhumación de Fosas Comunes, ya se convierte en un deber, en una deuda histórica, política y social. Desde la Sociología nos empaparemos de la experiencia que tiene el Antropólogo dentro de una excavación. Aprenderemos con los demás profesionales que participan en este proceso y lo haremos dejando a un lado las incongruencias aprendidas en la Universidad y hablaremos de lo más importante en este trabajo: La importancia de aprender de nuestra historia a partir de las emociones y los sentimientos que afloran tanto en los investigadores sociales como en las familias que buscan a sus seres queridos. Emociones y sentimientos, las variables prohibidas para el investigador. Demostraremos que son la base fundamental para acercarnos a nuestra historia.

PALABRAS CLAVE.- Sociología, Antropólogo, Memoria Histórica, fosas comunes, emociones.

ABSTRACT.- The importance of multidisciplinary work in the social sciences is vital. When we speak of the process of exhumation of mass graves, it already becomes a duty, a historical, political and social debt. From Sociology we will be immersed in the experience that the Anthropologist has in an excavation. We will learn with the other professionals who participate in this process and we will do it leaving aside the incongruities learned in the University and we will speak of the most important thing in this job: The importance of learning of our history starting from the emotions and the feelings that appear both in social researchers and in families seeking their loved ones. Emotions and feelings, variables forbidden for the investigator. We will demonstrate that they are the fundamental basis for approaching our history.

KEY WORDS.- Sociology, Anthropologist, Historical memory, mass grave, emotions

 

La Sociología tiene una labor igual de importante que cualquier disciplina que se encarga de llevar a cabo proyectos para abordar y solucionar fenómenos sociales (no resueltos); como es el caso del proceso de exhumación de fosas comunes. Podríamos decir que este proceso comprende tres fases: Investigación previa a la apertura de una fosa común, recogida de datos de todo lo que va ocurriendo alrededor de una fosa que se está excavando y trabajo posterior al cierre de la misma.

Debemos reconocer como investigadores sociales que el campo sociológico a la hora de abordar un problema social es abierto, amplio y variado. Es decir, nos encontramos con distintos formatos a la hora de investigar o incluso estos se pueden complementar. Trabajos de investigación usando técnicas cuantitativas (estadísticas y todo tipo de análisis en los que cruzamos variables para que obtengamos resultados matemáticos) o técnicas cualitativas (grupos de discusión, entrevistas y demás en las que obtenemos resultados que debemos interpretar). Todo esto, como ya sabemos es más amplio y más complejo de lo que expongo porque mi cometido es reflexionar sobre lo que a continuación pongo encima de la mesa. En cualquier investigación social, desde la Sociología y usemos la técnica que usemos debemos dejar a un lado la emoción, la empatía o los sentimientos en general. Es cierto que en las investigaciones cualitativas al investigador o Sujeto se le permite cierto acercamiento al Objeto de estudio (las personas a las que queremos acercarnos son objetos, tengamos en cuenta los términos para referirnos a personas dentro de la investigación social clásica), pero este acercamiento no debe estar relacionado con ningún tipo de sentimiento o emoción, sino que debe estar justificado por el interés de investigador. Nos encontramos frente a un problema social deshumanizados para poder ser entes objetivos. Ningún tipo de sentimiento nos puede abordar porque estaríamos desvirtuando y destruyendo nuestra investigación desde el principio. Al sociólogo nada le afecta, es un investigador social y por lo tanto no es persona.

Por otro lado, nos encontramos con un problema social y emocional a nivel histórico (Macrosocial) y a nivel intra-familiar (Microsocial): familiares piden que se busquen los restos de sus seres queridos que fueron ejecutados hace ochenta años, por el simple hecho de pensar diferente. Aquí hay mucho que reflexionar, mucho que pensar, mucho que investigar, mucho por descubrir y mucho por reparar.

Ese investigador que ha sido instruido para ser un ente superior, por encima de la investigación; todo es objeto de estudio y todo es objeto de todo para que nada le afecte y para que no se ponga en juego su piel y su pensamiento, eternamente objetivo y además alejado de sentimientos y emociones. Ese sociólogo tiene una labor muy importante en un cuarto cerrado, con un ordenador que le haga hacer análisis estadísticos y covarianzas para medir el grado de satisfacción del consumidor. Ese tipo de sociología no es la que necesitan los familiares que buscan los restos de sus seres queridos. Necesitamos una figura de un investigador que empatice con las familias y que le mueva una emoción y un sentimiento de reparación histórica. No hablamos de partidismo, hablamos de acompañar a familiares para esclarecer dónde están, qué les pasó y qué hacer para que no se olviden a sus seres queridos. El sociólogo se zambulle en la investigación y se empapa de emociones que transversal y generacionalmente nos atraviesan a todos y a todas.

Para dar ejemplo y no hacer pasar un mal momento al sociólogo clásico que pueda estar leyendo esto, le diré que parto de datos objetivos, palpables y sin ningún tipo de perturbación. Es el siguiente: En este país, a lo largo y ancho de las entrañas de la tierra de esta Patria y esta Democracia aún hay restos de personas enterradas que fueron ejecutadas y que todavía no han sido identificadas ni enterradas donde los familiares de cada uno deseen. Es decir, ciudadanos de este país piden ayuda a profesionales, ya que el Estado no lo hace, para que se hallen los restos de sus familiares y ser enterrados. Aquí el sociólogo encuentra un claro objeto de estudio: colaborar y poner sus servicios profesionales al servicio de estos familiares para solucionar un problema social y político que tenemos todos los ciudadanos de este país y para colaborar en mejorar una Democracia que necesita que todo esto se lleve a cabo para que el sistema democrático español no se sonroje cada vez que se le habla de muertos, fosas y cunetas. El sociólogo afrenta y enfrenta este problema como un ciudadano más, ya que entiende que no se trata de perturbar, configurar una investigación social en propaganda, ni señalar con el dedo a ninguna autoridad. El sociólogo no va a escarbar en la fosa con sus manos, pero va a escarbar en los datos, en lo que le cuenten de ella y va a escarbar la manera de mantener vivo el recuerdo democrático de la memoria de este país.

Por lo tanto, me dejo de cuestiones exclusivamente teóricas o de análisis demográficos y vamos a hablar de cada uno de los puntos en los que un sociólogo puede aportar su profesionalidad para ayudar a esclarecer lo que los familiares reclaman. Sería imperdonable para la historia de la investigación social que la Sociología se pierda en covarianzas y por lo tanto, se pierda la oportunidad de ver cómo la tierra removida saca a la luz el secreto de personas que fueron ejecutadas por defender valores democráticos. Puede que esto último esté sesgado, pero recuerdo al lector que yo ya me empapé de emoción al reflexionar el papel de la Sociología ante una fosa común. Para mí ya es tarde. La moda, la mediana y la media están en el último cajón de mi escritorio.

Placa que indica el nombre de una calle en el municipio de Dúrcal (Granada). Curiosamente, el paso y las inclemencias del tiempo han hecho de esta foto un vivo retrato con una realidad de gran peso. La Memoria sigue siendo un lugar oxidado y agujereado por el descuido o por quienes nunca quisieron repararla. Foto: Roberto Villegas.

 

INVESTIGACIÓN PREVIA A LA EXHUMACIÓN DE UNA FOSA COMÚN

En un primer lugar, son los familiares quienes se ponen en contacto con asociaciones de memoria histórica. Estas asociaciones se encargan de contar con profesionales que les puedan ayudar para recabar información acerca de lo que piden los familiares, en cuanto a dónde podrían encontrarse y quiénes o cuántos puede haber en determinada fosa.

Partimos de una realidad que hace difícil cualquier búsqueda o investigación previa a la búsqueda de una fosa común. En Andalucía se practicaron, como todo el mundo sabe, ejecuciones en caliente desde 1936 a 1939. Ejecuciones en el mismo lugar sin juicios, ni registro civil que recogiera alguna información. La peculiaridad que se da en nuestra tierra es que una vez ejecutadas estas personas eran trasladados a otros lugares y los enterraban en paraderos donde los familiares no pudieran encontrarlos. Con ello se buscaba la humillación a los familiares de las víctimas después, claro está, del dolor que supone perder a un ser querido asesinado.

Por lo tanto, con todo ello deberíamos acudir a la historia oral con todas las dificultades que trae consigo: Diferentes versiones, diferentes ubicaciones, miedo a hablar, los procesos migratorios andaluces en los años cincuenta dificulta encontrar a personas que puedan darnos información in situ. Curiosamente, se da el factor positivo de que en los cementerios, los sepultureros sí suelen saber dónde se pueden encontrar las fosas, si las hubiera, al igual que políticos o historiadores.

Podemos decir que el trabajo previo resulta en muchos casos una labor muy difícil de llevar a cabo. Tanto es así, que se dan situaciones en las que los familiares no consiguen saber dónde están sus seres queridos.

Sea como sea, la investigación se debe llevar a cabo desde un principio. En primer lugar atendiendo a datos históricos que hablen de la fosa en cuestión. A continuación, un acercamiento al Ayuntamiento de la zona que se quiere investigar para que nos proporcionen datos de censo, estadísticos o registros donde aparezcan datos de estas personas. Hablamos con vecinos, con expertos en materia y con los familiares. Todos esos datos que podemos sacar de ahí los podemos transformar en hipótesis cada vez más completas para acercarnos y cercar el territorio cada vez más.

En este caso, el Sociólogo se puede ocupar de acercarse a los organismos de administración (Ayuntamientos, registros, etc). Hablar con historiadores que conozcan bien la zona, hablar con vecinos y con familiares. Toda esa información la pone en común con el equipo de investigación. Y una vez que se tienen los permisos y las subvenciones para cubrir los costes de dicha exhumación, el trabajo se pone en marcha.

Lugar donde, según el estudio con su correspondiente prospección (que pronto estará accesible públicamente en la red) “ARQUEOLOGÍA DE LA GUERRA CIVIL. Víctimas y fosas de la represión franquista en el Valle de Lecrín” del compañero arqueólogo Alfredo Ortega López, junto con la colaboración desinteresada de José Antonio Peña Ruano y María Teresa Teixidó Ullod del Instituto Andaluz de Geofísica, se encuentra una fosa común en el Cementerio de Nigüelas (Granada). Foto: Roberto Villegas

 

INVESTIGACIÓN A PIE DE FOSA

Nos encontramos en una fosa común en la que se empiezan a vislumbrar esqueletos humanos gracias a nuestros compañeros arqueólogos. Ellos se encuentran dentro de la misma. El sociólogo se encuentra fuera de ella, atento a todo lo que ocurre dentro de la misma, pero más atento aún a lo que va ocurriendo fuera. Es decir, atentos a las reacciones de familiares y vecinos que se van acercando al lugar. El investigador social está atento a las reacciones de las personas que se encuentran cerca de la fosa.

Una vez que empiezan a vislumbrarse restos humanos, aparecen relatos emergentes de la gente que se congrega en el lugar. Ahí, el sociólogo va a acercarse a estas personas y va a recoger testimonios. Se buscan lo que llamamos discursos reposados, son discursos sosegados que han sido digeridos con el tiempo con gran carga emocional y de reparación, dejando a un lado las disputas o las venganzas. Es en ese momento en el que los familiares suelen mostrar documentos como fotografías o cartas de despedida de las víctimas que han estado ocultas más de ochenta años. Por ello, como investigador, también nos encontramos empatizando con la persona asesinada porque le ponemos cara, vemos evidencias que salen a la luz en la fosa como zapatos, medallas, etc. y además leemos sus últimas cartas. Leemos los últimos pensamientos de personas que ya no son anónimas para nosotros.

Trabajos de excavación y exhumación en la Fosa Común de Teófilo Alcorisa del antiguo Cementerio Civil de Valencia, donde podemos ver diferentes miembros del equipo de la Asociación Científica ArqueoAntro arropando a Pilar Alcorisa, hija del represaliado. Foto facilitada por Miguel Mezquida, miembro de ArqueoAntro.

Por lo tanto, nos encontramos que con la apertura de una fosa emergen relatos, evidencias personales de las personas asesinadas y recuerdos de sus familiares. Cuando se exhuma una fosa estallan los recuerdos, los documentos y las emociones de las personas que llevan toda una vida buscando a su ser querido.

Cuando emergen relatos, emociones o versiones nuevas de lo que pasó, ahí estamos reparando y haciendo justicia de alguna manera. El Sociólogo recoge testimonios y elabora genealogías para incidir más en el conocimiento de una fosa.

Claramente se originan procesos sociales a partir de la apertura de una fosa. Se despiertan memorias y se produce una “Lucha” de las mismas. Las memorias hegemónicas contra las memorias reales. Es decir, las victimas ya no son culpables porque hegemónicamente se les culpaba de su propia muerte y sus familiares, durante años tuvieron que convencerse de esto mismo. Cuando la apertura de la fosa se produce, la memoria hegemónica se diluye y la memoria real sale al paso como un nuevo proceso en el que se ve claramente cómo los asesinados han sido víctimas. Por ello, cambia la historia de la familia. Digamos que se repara y se sana la historia de la familia. Con todo ello, es evidente que se produce un notable cambio en la intrahistoria del pueblo. Cambian las sociedades cuando se reparan las memorias.

Cuando se abre una fosa, nos encontramos con el afloramiento de la parte emocional en el investigador. Como dije al principio, esto no se convierte en una traba para el sociólogo, sino que se convierte en una parte más de la investigación que no es, ni más ni menos, que la implicación sentimental por lo cual un investigador social decide dedicarse a este tipo de trabajos. Este afloramiento emocional ocurre porque cuando nos encontramos con un esqueleto nos estamos encontrando con nuestra propia historia en lo personal y en lo colectivo. Digamos que nosotros mismos podríamos haber estado en esa fosa si hubiésemos nacido ochenta años antes. Por ello no existe una distancia cronológica, porque empatizamos al momento. Nos encontramos ante un resultado de alivio social tras tantos años de silencio, después de una gran tragedia para miles de familias.

Aquí podemos ver en detalle la tierra que guarda una de las fosas comunes que se encuentran en el cementerio de Padul (Granada). Los compañeros de ArqueoAntro han desarrollado un gran trabajo para poder esclarecer lo que aquí pasó. Aún no tienen los permisos pertinentes para poder realizar la exhumación. La tierra sigue aquí intacta, alejada de burocracias y protocolos. Foto: Roberto Villegas.

INVESTIGACIÓN POSTERIOR A LA APERTURA DE UNA FOSA COMÚN

Como hemos dicho antes, mientras se está exhumando una fosa común aparecen relatos emergentes y el sociólogo se encarga de recogerlos. Estos y todo lo que ocurra, tales como reacciones, objetos personales, cartas, fotografías, etc. Una vez que los compañeros arqueólogos han dejado limpia la fosa nos encontramos con un hueco de tierra vacío, sin nada más que tierra. Pero allí no hay sólo tierra, allí está el lugar donde han estado enterrados unas personas durante mucho tiempo y la última solución no es taparla y olvidar.

Por un lado, una vez que esté la fosa vacía se suelen hacer actos de dignificación de las víctimas. Las personas allí presentes que quieran participar en ella lo pueden hacer (el sociólogo lo puede hacer siempre que lo desee pero no por la investigación, sino por él mismo). Se trata de meterse en la fosa tantas personas había dentro de ella y ocupar su lugar y su exacta posición en silencio, con los ojos cerrados, unos diez minutos. Lo que se hace con ello es visibilizar de manera gráfica que lo que allí habían no eran sólo huesos, había personas que esperaban moribundos, en algunos casos, a que le asestaran el tiro de gracia. Se trata pues de un acto terapéutico para los familiares y de dignificación para las víctimas ya que empatizamos con ellas en su último momento de vida.

Se suele también plantar tantos árboles como personas había allí dentro con la idea de hacer perdurar el lugar como algo que cuidar y recordar. Es decir, ese lugar debe quedar dignificado de manera visible mediante una placa conmemorativo con los nombres de los represaliados, plantar árboles como hemos dicho anteriormente o hacer lo que las familias estimen oportuno.

Cuando pasa el tiempo y los restos han sido identificados se les suele entregar a la víctimas en sus féretros allí donde fueron encontrados y en ese mismo lugar rendirle homenaje a las víctimas. En este tipo de actos el sociólogo puede ir o no ya que no es estrictamente necesario para la investigación que se encuentre presente. Pero sí es necesario que se encuentre trabajando con lo que nos encontramos después del cierre de la fosa. Ya tenemos toda la información previa a la apertura, tenemos la información que ha ido surgiendo durante la exhumación. Ahora es cuando toca dejar constancia escrita, mediante un observatorio de memoria histórica, de lo que allí ha ocurrido. Esto se puede hacer de varias formas:

  • Al Sociólogo se le encarga que haga un monográfico de lo que en ese pueblo ha ocurrido antes y durante la exhumación. También se puede añadir el homenaje posterior que se le han hecho a las víctimas. Queda constancia escrita para que los vecinos de aquel pueblo puedan siempre recordarla o para que investigadores del futuro acudan a ella si les hiciera falta información respecto al tema.
  • Por otro lado se puede hacer esto mismo pero a nivel provincial. Es decir, recoger todas las exhumaciones que se van dando en todos los pueblos de la Provincia en la que nos encontremos y elaborar un monográfico que señale cada pueblo, cada fosa y cada nombre de las personas que allí se encontraban. Claro está, hablando en cada una de las fosas del trabajo previo, durante y posterior de las mismas. Sería una especie de monográfico tipo “mapas de fosas” provincial a través de la cual se dignifique a cada una de nuestras víctimas y queden reflejadas.
  • También tanto a nivel provincial como a nivel municipal se pueden llevar a cabo relatos novelados acerca de lo que ocurrió allí. Es decir, no sólo un monográfico que se dedique a recoger los datos objetivos de lo que pasó (como decimos en el primer punto), sino que también se puede novelar la historia para hacerla más atractiva, más literaria, a la hora de leerla. Al fin y al cabo ese ese el objetivo: que se lea y se sepa.
  • Otra opción podría ser hacer realizar una obra de teatro con los vecinos del municipio para que ellos mismos, en su presente, empaticen con quienes fueron sus vecinos años atrás. Se “metan en el papel” de quien ya no está y así entiendan mejor al vecino o a la vecina que murió por defender unos ideales o simplemente por ser víctima de una acusación por envidias. Aquí el objetivo es que el pueblo recree las vidas de sus iguales y entiendan mejor la historia de su tierra y de la gente que allí vivió.

Esto es lo que el sociólogo puede hacer en cuanto a dejar evidencia escrita a través de monográficos que engloben a todos los pueblos o que se haga uno de cada pueblo al que acudimos a exhumar. Pero por otro lado, el investigador social puede colaborar activamente en un documental etnográfico de recuperación de memoria histórica en el cual, al igual que el trabajo escrito, se haga un documental a nivel global de la provincia o uno por pueblo. Sea como sea, el trabajo consiste en tomar testimonios orales de familiares y profesionales que se encuentran en la fosa, cartas, fotos de la fosa, fotos de las familias y obviamente grabar el proceso de las exhumaciones.

Aquí el sociólogo participa activamente con los profesionales que se encargan de recoger este tipo de archivos audiovisuales, proporcionándoles toda la información escrita que va recogiendo durante la exhumación de la fosa. Por lo tanto, aquí el investigador social, mientras nos encontramos a pie de fosa, se encarga de recoger los mismos datos tanto para su trabajo monográfico, para dejar constancia escrita y, a su vez, trabaja con esa misma información para trabajar con los profesionales que se encargan de la parte audiovisual.

Entrevista con Juan Flor (hermano de José María Flor Rubio, desaparecido en la Sierra de El Toro, Frente de Levante). En la cual diferentes miembros de la Asociación Científica ArqueoAntro y del Grupo para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valencia (GRMHV), pudimos escuchar su historia personal y tomarle muestras de ADN. En las imágenes junto a Juan podemos ver a María Benito (antropóloga ArqueAntro-GRMHV), y a Miguel Mezquida (arqueólogo ArqueoAntro-GRMHV). Fotografías de Javier Iglesias (antropólogo ArqueoAntro-GRMHV), marzo 2014.

Digamos que el Sociólogo tiene una labor de investigador social y de reparación de las memorias colectivas e intrapersonales de la historia de nuestra tierra. Aún nos encontramos con personas, colectivos o autoridades que no entienden el fin de “remover la tierra”. Ya sabemos que no sólo se trata de eso sino de todo lo demás. Aun así, hasta el simple hecho de remover la tierra tiene su parte fuertemente simbólica. La tierra removida tarda unos ciento cincuenta años en asentarse de nuevo. Cuando se está excavando en una fosa y de pronto la pala de la máquina se hunde rápidamente ya se sabe que ahí hay algo. Esto quiere decir que hasta la tierra tiene memoria y es nuestro primer testigo que nos ayuda a encontrar el camino para hacer justicia. Además, nos encontramos sanando histórica y emocionalmente a personas que lucharon por valores cívicos y democráticos.

No se pretende con este artículo atacar sin más a la Sociología clásica. Se trata de plasmar por un lado un problema social que históricamente no está resuelto. Por otro lado, se trata de contraponer lo que se hace clásicamente desde la Sociología, con lo que podría aportar esta disciplina científica-social si tomáramos un camino que tuviera más que ver con un acercamiento honesto y sincero hacia personas que andan buscando respuestas y soluciones a sus problemas; o si por otro lado seguimos acercándonos a estas personas con la simple idea de presentar un informe repleto de variables cruzadas pero vacío de nombres. Dicho esto, la Sociología clásica puede seguir en su línea. Personalmente como Sociólogo entiendo que tengo herramientas más que necesarias como para tomar vías que tengan más que ver con las personas.

Por lo tanto, espero que esto pueda servir como balón de oxígeno para quien busca en la Sociología una ayuda para poder aportar, construir y resolver la difícil búsqueda de restos humanos, de restos de hombres y mujeres que quisieron borrar de la memoria colectiva. Enterrar y hacer desaparecer a todas aquellas personas que supusieron un problema para una Dictadura. Aunque fueran asesinadas estas personas durante una guerra civil, fue la Dictadura la encargada de seguir enterrando y asesinando a quienes representaban un problema. El problema. El único problema de defender valores democráticos y cívicos. Representaban un problema porque se atrevieron a pensar diferente y a querer que su familia, su pueblo y su región vivieran en un país libre. Tenemos el deber como ciudadanos, como investigadores sociales y como seres humanos hacer todo lo posible por colocar en su sitio lo que quisieron enterrar para siempre. Eso es lo que buscamos y eso es lo que vamos a encontrar. Las razones por las cuales merece la pena trabajar desde la Sociología: Las memorias, las emociones y las reparaciones personales e históricas.

Me encuentro en una más que complicada tesitura. Termino el artículo y es mi voz sola la que habla. El ego se apoderó de mí y no cité a Marx, Weber, Durkheim, Comte, Locke, Giddens, y unas cuantas decenas de nombres que por obligación moral debo citar para que este artículo gane más peso intelectual y sea bien acogido. Ese es el deber intelectual del Sociólogo: apoyar todo lo que dice con frases que dijeron personas que murieron hace más de doscientos años. Pero no, no lo voy a hacer. Solamente voy a dejar la letra de un pasodoble de Carnaval gaditano y voy a enlazar vídeo para quien quiera escucharlo y verlo. Estoy de enhorabuena, este artículo ha tomado unas dimensiones enormes para la investigación social. Es un claro ejemplo de lo que no se debe hacer en Sociología y puede que se estudie en diferentes Universidades como modelo a no seguir. Yo me quedo mientras tanto haciendo sonar mis dedos sobre la mesa al ritmo del tres por cuatro y que sea Jesús Bienvenido quien termine de decir lo que se me quedó pendiente.

“Nuestras almas no pueden marchar

ni a los infiernos ni a la gloria,

si aún hay huesos por desenterrar

en la cuneta criminal de la memoria,

la memoria que se fusiló,

se sepultó en el olvido

con la libertad y el corazón

de los vencidos.

Aún sigue planeando sobre el recuerdo

el pajarraco negro de los verdugos,

siguen presentes el tormento de su flecha

y el dolor de aquella brecha

que abriera el yugo.

Sin preguntar, sin preguntar, sin preguntar,

sin justicia ni piedad,

nos secuestraron el credo,

los sueños y el alma,

y no volvimos con vida.

Quién preguntó, quién preguntó

si aquel disparo sonó.

Brazo en alto y cara al sol,

en nombre del dictador

de aquella patria podrida.

Y la “una, grande y libre”

por macabra y asesina,

en sus ansias de ser una

siempre estuvo dividida.

Los fantasmas de pasado, pasado

desde el fondo de la tierra

gritan por la dignidad.

Se abre una fosa, se abre otra fosa

y se abre otra fosa

y cierra esta herida,

que nos devuelvan la honra

ya que sabemos de sobra que no podrán devolver la vida.”

1ª Pasodoble Cuartos de Final “Nuestras Almas no pueden marchar”
Comparsa: La Comunidad
Autor: Jesús Bienvenido Saucedo
https://www.youtube.com/watch?v=2eD21qNvdxQ

Imagen de la Comparsa “La Comunidad” de Jesús Bienvenido caminando hacia el Teatro Falla para cantar su repertorio donde hicieron alusión a los represaliados por el franquismo y olvidados por nuestra democracia. Carnavales de Cádiz 2016. Foto: http://Miguel Jiménez.