LA LINDE, 8-2017

Nos interesamos por:

Belén Bengoetxea Rementería

Profesora del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHU. belen.bengoetxea@ehu.eus

RESUMEN.- Bajo diferentes denominaciones, las Arqueologías del Mundo Moderno y Contemporáneo están cada vez más presentes en los debates internacionales y también forman parte de la cotidianeidad de la Arqueología Preventiva. La cultura material de esas etapas es en la que más se interviene, aunque desde la Academia se critica en muchas ocasiones que esas actividades preventivas se limitan a la recuperación y documentación de los restos, sin llegar a convertirse en conocimiento histórico. Pero esta circunstancia tiene que ver también con el mundo académico, tanto en lo referente a la docencia que imparte como a la investigación que realiza. En este sentido, se ha analizado la presencia de las Arqueologías Moderna y Contemporánea en los planes de estudio de los Grados y Postgrados en Arqueología, por considerarla una cuestión clave de cara a la formación de los futuros profesionales de la Arqueología, y por lo tanto, también para el desarrollo de estas ramas de la Arqueología.

PALABRAS CLAVE.- Arqueología Moderna, Arqueología Contemporánea, Grado en Arqueología, Postgrado en Arqueología.

ABSTRACT.- Under different names, the Archaeologies of Modern and Contemporary worlds are increasingly more present in the international debates and also are part of the daily life of Preventive Archaeology. The material culture of those stages is in which it is working on the most, although sometimes the Academia criticizes that many times these activities are limited to retrieval and to the documentation of the remains, but it has not become historical knowledge. Nevertheless, this circumstance also has to do with the academic world, in relation to the teaching it offers and  to the research carried out as well. In this sense, it has been analyzed the presence of Modern and Contemporary Archaeologies in the curricula of grades and postgraduate degrees in Archaeology, as a key issue facing the formation of the future professionals in Archaeology, and therefore, also to the development of these branches of Archaeology.

KEY WORDS.- Modern Archaeology, Contemporary Archaeology, Archaeology, Postgraduate Degree in Archaeology.

Introducción

Diferentes circunstancias me han conducido a lo largo de mi vida profesional a dedicar gran parte de mis esfuerzos a las arqueologías de épocas más recientes. Así, hace ya más de una década, abordé lo que para mí era un reto importante: elaborar un análisis y un balance sobre el concepto, la evolución y las nuevas perspectivas que se abrían en una rama de nuestra disciplina que entonces consideré que estaba “en construcción”. Se trataba fundamentalmente de la Arqueología de época Moderna, y en aquella ocasión analizaba la situación en la Comunidad Autónoma Vasca (Bengoetxea, 2006).

Desde entonces ha pasado el tiempo, y aunque es verdad que algunas cosas han cambiado, y para bien, hay otras que siguen estando vigentes a día de hoy y además, marcan la naturaleza de estas arqueologías recientes. Así, por ejemplo, aún sigue siendo una realidad el hecho de que están mayoritariamente vinculadas a actividades de Arqueología Preventiva, de manera que en muchas ocasiones, los restos materiales de las etapas recientes son las más intervenidas, y sin embargo, las menos investigadas. La situación es compleja, e intentaremos analizarla en la primera parte de este artículo. Pero nuestra aportación no puede ser un recorrido historiográfico exhaustivo por la Arqueología Moderna y Contemporánea. Lo que trataremos de hacer es aclarar algunos términos que se hacen cada vez más frecuentes en la bibliografía que se ocupa del tema y dar algunas pinceladas al respecto. Este recorrido bibliográfico exhaustivo sería algo necesario en el futuro.

Tengo la convicción de que algunas de las deficiencias que sufre el desarrollo de la Arqueología Moderna y Contemporánea tienen que ver directamente con el papel de las universidades como instituciones en las que recae no sólo la tarea de formar a futuros profesionales de la Arqueología y de la Gestión del Patrimonio, sino también la de la investigación histórica, aunque esta última no sea en exclusiva. Es por esto por lo que hemos considerado interesante tomar el pulso a la formación universitaria de los futuros arqueólogos y arqueólogas midiendo la presencia o la ausencia de las Arqueologías Moderna y Contemporánea en los programas universitarios vigentes en la actualidad. Consideramos que este análisis podría ser útil para explicar algunas cuestiones que marcan la actualidad de la disciplina, y también para proyectar un futuro para estas arqueologías recientes.

Como no podía ser de otra manera, trazaré el panorama que acabamos de esbozar desde mi experiencia como arqueóloga dedicada fundamentalmente a la arqueología urbana, que en el caso de la CAV, debido a las características y evolución de sus Cascos Históricos, se traduce en muchas ocasiones en una arqueología tardomedieval y moderna, y también desde mi experiencia como docente del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHU, en el grado de Historia. Asimismo, tengo que reconocer que las labores de gestión universitaria en las que ahora mismo estoy inmersa ayudan a entender muchas cosas sobre los diseños y el seguimiento de los grados puestos en marcha hace ya casi una década. Intentaremos aprovechar todo este bagaje para cumplir nuestro objetivo.

Algunas precisiones en torno a la denominación y al concepto de Arqueología Moderna y Contemporánea

Dependiendo de diversas circunstancias se han empleado diferentes términos para hacer referencia al estudio arqueológico del mundo moderno y contemporáneo: “Arqueología Moderna y Contemporánea”, “Arqueología Postmedieval”, “Arqueología Industrial”, “Arqueologías de los Tiempos Recientes”, etc. Esta variedad de denominaciones se puede entender como una señal de indefinición de esta arqueología de período, por lo que es conveniente hacer alguna precisión al respecto, ya que según las diferentes tradiciones arqueológicas, puede cobrar significados distintos.

Quizás una de las definiciones más amplias, globalizadoras y aplicables a nuestra realidad histórica sea la planteada por Orser (2007), quien  entiende la “Arqueología de los Tiempos Recientes” como el conjunto de arqueologías que se dedican al estudio del lapso cronológico que arranca en torno a 1500 y acaba en el presente. Ciertamente, dentro de esa horquilla cronológica se desarrollaron determinados procesos históricos que dieron lugar a una nueva realidad, muy diferente de la medieval, a un nuevo “mundo”, ya que ocurrieron una serie de cambios que resultaron cruciales en todos los aspectos de la vida. Podríamos citar algunos de ellos, como la exploración y colonización de otros continentes por parte de los europeos, que conllevó la apertura de rutas oceánicas, cambios económicos profundos y también consecuencias catastróficas en las sociedades aborígenes. Evidentemente, no podemos dejar de hacer referencia a las novedades tecnológicas, económicas y sociales que se desprendieron de la “revolución industrial” o los conflictos mundiales que marcaron la primera mitad del siglo XX. En cualquier caso, hay que reconocer que es evidente que nos encontramos en esta amplia etapa reciente con espacios y ritmos de transformación distintos, que implican una materialidad que responde a realidades históricas diferentes. Quizás por ello, esta rama de la arqueología se caracteriza por una diversidad de enfoques que ha hecho que algunos autores hablen de indefinición conceptual al tratar sobre la misma. Así, para ubicar conceptualmente la Arqueología Moderna y Contemporánea, merece la pena hacer un breve repaso por las diversas formas de entenderla. En primer lugar, la que parece bastante marcada es la diferencia entre la tradición europea y la americana, no sólo a la hora de darle nombre, sino también de ponerla en práctica.

En Europa, con la excepción de la escuela francesa[1], se ha distinguido entre una “Arqueología Postmedieval”, ceñida fundamentalmente a la etapa preindustrial, y más concretamente, al estudio arqueológico de los siglos XVI-XVIII, y la “Arqueología Industrial”, que ha tenido diferentes acepciones, pero que se ha defendido, especialmente desde la escuela italiana, como una arqueología de la sociedad capitalista e industrial. En cualquier caso, en la práctica, y en general, esta Arqueología Industrial ha estado muy ligada al estudio de los edificios industriales y al Patrimonio Industrial, centrada principalmente en trabajos de catalogación y descripción del mismo y ha tenido grandes problemas para trascender ese ámbito y hacer aportaciones significativas a la investigación histórica.

Por otro lado, la idea de una “Arqueología Contemporánea” o de una “Arqueología del Pasado Contemporáneo” se ha ido desarrollando en los últimos años, entendida como aquella que estudia arqueológicamente el período histórico más reciente. En cualquier caso, dentro de ella, y dependiendo de las diferentes perspectivas y autores, también es cierto que hay diversidad de pareceres: para algunos puede tratar los últimos 50 años; para otros, los siglos XX y XXI; y también hay quien la concibe como la arqueología que estudia la etapa que empieza a mediados del siglo XIX en adelante. Comparada con otras arqueologías de período se trata de una temporalidad breve y cambiante, que complica el subcampo de estudio (González Ruibal, 2014: 361-362). Especialmente cuando se dedica a determinados acontecimientos muy recientes, como ocurre, por ejemplo, con el estudio de la Guerra Civil española, persiste aún la experiencia directa de los hechos que se estudian desde la perspectiva arqueológica, lo cual da a estos trabajos una carga política, social e incluso emocional. Al fin y al cabo, se trata de un pasado que aún está muy presente en nuestra sociedad. El estudio de este tipo de acontecimientos, ligados a guerras y conflictos se ha encuadrado también bajo la denominación de “Arqueología de la guerra o del conflicto”, que incluiría, en su sentido más amplio, el estudio de los campos de batalla, los edificios y estructuras vinculados con la represión, o la localización y excavación de sepulturas y fosas comunes (Herrasti, Jiménez, Etxeberria, 2014). Al hilo de esta tendencia, en Europa se han realizado importantes proyectos de recuperación de elementos y espacios relacionados con la Primera Guerra Mundial, y en Sudamérica también han tenido lugar estudios de este tipo, especialmente en Argentina. Dentro del estado español ha ido cobrando fuerza y presencia en los últimos años (González Ruibal, 2008; 2014).

La situación en el continente americano es algo distinta. De hecho, toda la “Arqueología Histórica” americana se entiende dentro de lo que en Europa se considera etapa moderna y contemporánea[2]. Es decir, se trataría del estudio de los procesos que dieron lugar a la formación del mundo moderno y a su evolución posterior hasta la actualidad, incluyendo aspectos como la génesis y el desarrollo del colonialismo, el capitalismo, el eurocentrismo, el racismo, etc. De hecho, el término “Arqueología Histórica” empezó a generalizarse en Estados Unidos a partir de un curso impartido por John L. Cotter en 1966 en la Universidad de Pensylvania (Montón, Abéjez, 2015). Un año más tarde surgió la denominada “Society of Historical Archaeology[3] y en 1969 vio la luz la revista “Historical Archaeology”.

Lo cierto es que la evolución de la Arqueología Histórica norteamericana ha estado ligada estrechamente a la agenda política de EEUU. Así, en un primer momento, se centró en el período de contacto entre europeos y nativos americanos, haciendo una distinción clara entre el estudio de la presencia europea por un lado, y el de los pueblos nativos anteriores por otro, considerados parte de la prehistoria. Así, la arqueología histórica americana se orientó entonces a conocer las huellas de los blancos en América mediante el estudio de las instalaciones coloniales. No en vano en 1976 se celebraba el bicentenario de su independencia, con lo que cobró interés el estudio de los orígenes de la nación americana.

Las décadas de los 80 y 90 del siglo XX se caracterizaron por la transición entre una arqueología centrada en los colonizadores hacia otra preocupada por las consecuencias de la colonización en las sociedades no europeas (Azkarate y Escribano, 2014).  En este caso, la agenda política estaba marcada por el quinto centenario del descubrimiento de América (1992), y también tuvo que ver en todo ello una atmósfera intelectual más incluyente. Es de esta segunda etapa la idea de una Arqueología Histórica global, planteada por Orser (1996), entendida como una arqueología que trasciende las diferentes escuelas y se convierte en una arqueología global –mundial- del mundo moderno. Es la fase de la renovación conceptual, con una clara influencia de la arqueología postprocesual norteamericana, que incide en la validez de las múltiples visiones del pasado (Azkarate y Escribano, 2014: 92).

Ya entrados en el siglo XXI, se aprecian en su evolución tendencias postprocesuales más sólidas y se reclama una localización de la Arqueología Histórica, una construcción de lo local a lo global, entendiendo que en realidad no es adecuado construir un pasado único y común a todos y reconociendo que existen sociedades distintas con espacios y temporalidades distintas (Azkarate y Escribano, 2014).

Pero en los últimos años, la Arqueología Histórica también ha prendido en la América del Sur, especialmente en Brasil y Argentina (Orser, 2007), donde ha tenido un importante desarrollo, y merecería un tratamiento aparte, que aquí no podemos darle.

Después de realizar estas breves precisiones conceptuales y terminológicas, pasaremos en el siguiente apartado a ver cuáles son las características del estudio arqueológico de las etapas moderna y contemporánea en el territorio estatal.

La Arqueología Moderna y Contemporánea en el territorio estatal

Al hilo de lo que ocurrió también en Europa, las arqueologías dedicadas al estudio de las etapas históricas más recientes han sido las últimas en surgir. Particularmente, la Arqueología de la Edad Moderna, denominada “postmedieval” en la tradición británica e italiana, entre otras, ha sido la última en suscitar el interés de los arqueólogos dentro de las arqueologías de período. Incluso la Arqueología Industrial, a pesar de tratar etapas históricas más recientes, surgió y se desarrolló antes. Esta circunstancia tiene que ver con las tradiciones de estudio de la Edad Moderna y de la Edad Contemporánea, vinculadas a las historiografías que investigan este período histórico. Por lo tanto, se puede decir que su desarrollo tardío y limitado tiene que ver con las dinámicas académicas, que han considerado el estudio de la etapa moderna y contemporánea como patrimonio casi exclusivo de la Historia construida desde las fuentes escritas. Es un hecho que a partir del siglo XV los documentos escritos abundan respecto a la etapa anterior, con lo que las fuentes materiales se han relegado a un plano muy secundario. Al fin y al cabo, lo que subyace es la idea de que las fuentes materiales y los estudios arqueológicos son válidos cuando no existen fuentes escritas, o éstas son muy escasas, pero son prescindibles para el estudio de las etapas con más documentos escritos disponibles. Esto también tiene que ver con la organización de las instituciones y Departamentos Universitarios implicados en la investigación histórica, que aún arrastran los defectos de una organización que pudo haber tenido sentido hace algunas décadas, pero que hoy ha quedado obsoleta.

En cualquier caso, ni la Arqueología Postmedieval o de época moderna ni la Arqueología Industrial surgieron del interés por el estudio de la materialidad de esta etapa histórica. De hecho, la Arqueología Postmedieval surgió en Europa de la mano de la Arqueología Urbana, que empezó a desarrollarse a mediados del siglo XX, especialmente en Gran Bretaña, y que sacó a la luz complejas estratigrafías que incluían estratos y fases postmedievales y contemporáneas, que hubo que documentar[4]. A día de hoy se podría decir que esa dependencia de la Arqueología Urbana, o mejor, de la Arqueología Preventiva, persiste en gran parte.

El hecho de que la Arqueología Preventiva haya sido mayoritaria en las últimas décadas, a partir de la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985, que abrió las puertas a este tipo de prácticas,  ha traído variadas consecuencias, y una de ellas tiene que ver directamente con el desarrollo de las arqueologías más recientes. Las intervenciones realizadas en Cascos Históricos y en otros contextos han multiplicado la aparición de estratificaciones y elementos materiales pertenecientes a la Edad Moderna y Contemporánea, que en realidad, son los mayoritarios.

Otro aspecto que hay que apuntar, ligado al anterior, es que la multiplicación de las actividades preventivas ha supuesto la creación de nuevas posibilidades de trabajo para los arqueólogos y el surgimiento de un nuevo sector de profesionales de la arqueología dedicado a responder a las necesidades de intervenir arqueológicamente en lugares en los que la destrucción del Patrimonio Arqueológico debido a la construcción de nuevos edificios e infraestructuras iba a ser inminente. La crisis económica que hemos padecido en los últimos años ha hecho mella en este sector de manera especialmente dura, precisamente debido a la relación directa entre el número de obras y el desarrollo de la Arqueología Preventiva (Parga Dans, 2011).

La excesiva dependencia respecto a la Arqueología Preventiva también ha tenido consecuencias en su evolución, como la escasez de proyectos planteados desde problemáticas afines a la arqueología, la falta de continuidad de algunos de ellos o las pocas excavaciones sistemáticas relacionadas con estas temáticas. En definitiva, se han recuperado muchos restos, pero en general, se ha investigado poco a través de ellos. Esto se traduce en una escasa difusión científica, sobre todo si comparamos el número de intervenciones con el de publicaciones (Solaun et al. 2009, pp. 530-531) y también se podría hablar de una falta de labores de divulgación al gran público. Evidentemente, hablamos siempre en general, conscientes de que existen iniciativas interesantes que se han ido poniendo en marcha en los últimos años.

En cuanto a las temáticas que se han abordado, lo cierto es que aparte de las que podríamos considerar “tradicionales”, como el estudio de las instalaciones protoindustriales e industriales, se han ido abriendo nuevos campos que se han desarrollado notablemente, como la Arqueología de la Guerra Civil, a la que ya hemos hecho alusión anteriormente. Asimismo, se ha trabajado en cuestiones fundamentales, que habían quedado relegadas hasta hace poco tiempo, como el estudio de la cerámica de la etapa moderna y contemporánea. Por lo tanto, se puede decir que se han producido avances indudables[5].

En síntesis, el estudio del pasado reciente desde la arqueología es una disciplina joven, nacida principalmente en el mundo anglosajón, y que en nuestro país se practica más de lo que se conoce y reconoce desde el mundo académico, tanto desde la historiografía tradicional como desde la Arqueológica. Es un hecho que gran parte de la Arqueología Moderna y Contemporánea ha quedado en manos de los profesionales dedicados a la Arqueología Preventiva y fuera de los círculos académicos, anclados aún en dinámicas y visiones muy clásicas en lo relativo a cómo se estudian e investigan las etapas históricas más recientes y también en lo referente a cuál es el campo de estudio de la arqueología. No es de extrañar que en el mundo académico español, salvo algunas excepciones, apenas haya debate referente a las arqueologías recientes. Curiosamente, la percepción de la opinión pública coincide con esta visión, que relega a la Arqueología al conocimiento de las sociedades sin escritura o con pocos documentos escritos. En cualquier caso, a día de hoy, parece que desde la perspectiva arqueológica se están cuestionando las rígidas etiquetas para la división del tiempo histórico y se proponen nuevas temporalidades alternativas, reivindicando el “tiempo de las cosas”; tiempo que puede coincidir o no con las narrativas y con las periodizaciones históricas convencionales (González Ruibal, 2014).

Las Arqueologías Moderna y Contemporánea en los planes de estudio de los grados universitarios de las universidades españolas

La situación en la que actualmente se encuentra la Arqueología moderna y contemporánea en el estado, a la que nos hemos acercado en el epígrafe anterior, tiene que ver con circunstancias y factores muy variados y en realidad se podría decir que sigue siendo de alguna manera una disciplina en construcción. Nos fijaremos en este caso en uno de esos factores, que consideramos fundamental: la presencia de las arqueologías recientes en el mundo académico; más concretamente, en los grados y posgrados de Arqueología que se han puesto en marcha en los últimos años en las universidades españolas a raíz de la redefinición de títulos que supuso la convergencia al Espacio Europeo de Educación Superior[6].

Empezaremos diciendo que en el ámbito universitario sí que han cambiado las cosas en los últimos diez años (al menos formalmente). El llamado “Plan Bolonia” ha traído consigo el diseño y la implantación de nuevos grados, entre ellos los de Arqueología, y ha obligado a rediseñar otras titulaciones más clásicas, como pueden ser la de Historia o Humanidades, cursadas tradicionalmente por aquellos estudiantes interesados en la Arqueología. Estos nuevos títulos se han puesto en marcha en la mayoría de las universidades a partir de 2010. Pero la necesidad de una titulación oficial en Arqueología era algo que ya se estaba apuntando desde años antes (Querol, 2001, 2005; Ruiz Zapatero, 2005, 2009). Era evidente que el desarrollo de la Arqueología Preventiva estaba generando una demanda de profesionales que necesitaba una formación específica para responder adecuadamente a la misma y por otro lado, la Arqueología como disciplina había ido evolucionado hasta convertirse en una materia compleja e interdisciplinar, que exige una preparación especializada.

En cualquier caso, antes del diseño de los nuevos grados hubo iniciativas previas que no consiguieron una licenciatura en Arqueología, pero sí títulos propios de segundo y tercer ciclo. Este fue el caso de la Universidad de Rovira i Virgili de Tarragona, que ofertó un título propio de segundo ciclo en Arqueología, y el de la Universidad de Barcelona, que ofertó un título propio de Tercer Ciclo entre los años 2000 y 2005  (Gracia y Fullola, 2005). También hay que mencionar la iniciativa liderada por Mª Ángeles Querol para solicitar al Ministerio una titulación de segundo ciclo de Arqueología, aunque el nuevo escenario “europeo” cerró las posibilidades a aquella petición (Querol, 2001, 2005).

Frente a esta situación, las universidades europeas, en las que la gran transformación de la disciplina en las dos últimas décadas había provocado interesantes debates en torno a la enseñanza de la Arqueología, ofertaban titulaciones específicas en Arqueología desde hacía décadas (Ruiz Zapatero 2010, 256 y ss).

En el estado español, a día de hoy, la arqueología se puede estudiar mediante dos vías: una de ellas es cursar un Grado en Historia, en el que se integran algunas asignaturas de arqueología, y posteriormente optar por un Master específico de arqueología; y la segunda posibilidad es cursar directamente un Grado en Arqueología.

El análisis de las características, defectos y virtudes de estos grados y posgrados ya se ha realizado en parte (Hernando y Tejerizo, 2011), por lo que en nuestro artículo nos centraremos exclusivamente en lo relativo a la presencia de las Arqueologías Moderna y Contemporánea en los planes de estudio y guías docentes de las asignaturas, cuando éstas son consultables, evidentemente. Al fin y al cabo, los conceptos de fondo en torno a la idea de Arqueología se reflejan en las ofertas, denominaciones y contenidos de las asignaturas.

Asimismo, hay que aclarar que a la hora de hacer el análisis, nos hemos fijado exclusivamente en la nomenclatura de las asignaturas ofertadas en estos grados. Es decir, a la hora de medir la presencia de asignaturas vinculadas directamente a la arqueología de las etapas moderna y contemporánea, se han tenido en cuenta aquellas en las que aparece en su nombre una mención explícita al período que tratan[7]. Queremos decir con esto que podría ocurrir que cuestiones relacionadas con las arqueologías cronológicamente más recientes se incluyan en asignaturas de carácter metodológico, que pueden y deben integrar la cultura material de las diversas fases históricas.  En cualquier caso, sin la presencia más evidente de las arqueologías modernas y contemporáneas en los planes de estudio, resulta difícil de creer que se integre el análisis de la cultura material de esas etapas en las asignaturas de carácter más transversal.

Aunque tiene una indudable relación de causa-efecto con la oferta docente que estamos analizando aquí, no entraremos a lo largo del trabajo en el análisis de la naturaleza y articulación de los Departamentos Universitarios y de los Proyectos de Investigación, aunque indudablemente sería un interesante campo a explorar que queda pendiente de hacer, ya que una más que probable falta de especialistas en estas arqueologías recientes, condiciona su presencia actual y su desarrollo futuro[8].

En definitiva, trataremos de ver en las próximas líneas, en qué medida las universidades españolas han diseñado sus titulaciones en virtud de la situación que se estaba viviendo durante estos años, marcados por una profesionalización creciente y un incremento más que considerable de los restos arqueológicos recuperados de épocas recientes y si el nuevo marco formativo que ofrecen los grados de arqueología responde a esa situación, o se repiten esquemas anteriores más tradicionales.

Las fuentes utilizadas en nuestro análisis han sido las páginas web de las universidades y de las propias titulaciones en el caso de los másteres, en lo referente al curso 2016-2017.

Los Grados en Arqueología

Aunque ya hemos señalado que los estudios de arqueología se pueden abordar también desde las titulaciones de Historia y Humanidades, en esta ocasión serán objeto de nuestro análisis sólo los Grados de Arqueología que se ofertan en las universidades españolas.

Actualmente se ofertan cuatro Grados en Arqueología dentro del territorio estatal: la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de Barcelona diseñaron sus titulaciones de arqueología al hilo de la reforma de Bolonia, y se comenzaron a ofertar en 2010, mientras que el cuarto grado de Arqueología es algo más peculiar, ya que se propone como una titulación interuniversitaria en la que intervienen tres universidades (Universidad de Granada, Universidad de Jaén y Universidad de Sevilla), y ha comenzado a ofertarse algo más tarde (2015). En las tres universidades andaluzas la oferta de las asignaturas obligatorias es igual, mientras que lo que varía es la optatividad en cada una de ellas: los estudiantes, a partir del tercer curso, pueden cursar la optatividad en cualquiera de las tres universidades, en función de sus intereses.

Los cuatro grados de Arqueología están articulados en cuatro cursos, y cuentan con un total de 240 ECTS, como ocurre con la inmensa mayoría de las titulaciones de Grado ofertadas en las universidades españolas. Están compuestos por créditos/asignaturas de diferente naturaleza: asignaturas básicas, concentradas en los dos primeros cursos, y que son comunes a otras titulaciones afines; asignaturas obligatorias, ofertadas en mayor o menor medida en los cuatro cursos, y que constituyen el núcleo principal de la titulación; y asignaturas optativas, de tercer y cuarto curso, mediante las cuales el estudiante puede trazar su propio camino en función de sus intereses o gustos. En algunas titulaciones, esas asignaturas optativas aparecen agrupadas, formando una “mención”, que constituye una primera especialización en una línea determinada. En otros casos, las asignaturas optativas aparecen sueltas, y es el estudiante el que escoge una u otra hasta alcanzar el número de créditos optativos que se requieren en esa titulación. Evidentemente, la oferta de optativas distingue realmente una titulación de otra, y depende muy directamente de la especialización del profesorado que imparte las asignaturas. En todos los grados es obligatorio realizar en Trabajo Fin de Grado.

Para medir la presencia de la Arqueología Moderna y Contemporánea en estos grados hemos considerado oportuno tener en cuenta una serie de indicadores que pueden ser significativos. Dada la diferente naturaleza de los créditos ofertados, hemos pensado que podría ser interesante conocer, por un lado, la proporción de los créditos básicos y obligatorios ofertados en esa titulación respecto a los créditos básicos y obligatorios dedicados a asignaturas sobre Arqueología Moderna y Contemporánea y hacer lo propio con los créditos optativos. Finalmente, hemos querido ver la presencia de estas arqueologías de las etapas históricas más recientes en las correspondientes menciones, cuando éstas existen.

Hay que aclarar que hemos excluido de la contabilización de las asignaturas sobre Arqueología Moderna y Contemporánea las dedicadas a la “Historia Moderna y Contemporánea”, normalmente consideradas obligatorias, ya que la orientación, en la inmensa mayoría de los casos, es documental.

Comparativa de los créditos básicos y obligatorios ofertados en total y los referidos a las Arqueologías Moderna y Contemporánea

En primer lugar, lo que aparece de forma muy visible en la gráfica es la escasa presencia de las arqueologías más recientes en los planes de estudio. De hecho, en dos de las titulaciones no se oferta ninguna asignatura relacionada directamente con estas arqueologías de período, aunque sí están presentes otras, que podríamos considerar más “clásicas”, como la “Arqueología de Roma” o la “Arqueología de Grecia”, llegando, sin superarla en sentido diacrónico, a la “Arqueología Medieval” en algunos casos. Por el contrario, las etapas moderna y contemporánea –y esto puede ser significativo- se hacen visibles únicamente en asignaturas de orientación histórica (“Historia Moderna”, “Historia Contemporánea”), pero no a través del estudio su materialidad, al menos de forma clara.

Los dos planes de estudio que incorporan alguna asignatura obligatoria referente a la arqueología moderna y contemporánea lo hacen mediante una única asignatura, denominada “Arqueología Medieval y Moderna”, en la que dependiendo de la especialidad del docente, la etapa moderna aparece más o menos representada, y en algún caso, atendiendo al temario incluido en la guía docente,  no se trata. Es llamativa también la ausencia total de asignaturas que tratan sobre la Arqueología Contemporánea en cualquiera de sus vertientes.

En definitiva, en ninguno de los grados analizados se le da peso e importancia al estudio arqueológico de las etapas históricas recientes en las asignaturas que obligatoriamente han de cursar todos los estudiantes, o dicho de otro modo, un estudiante podría ser un graduado en Arqueología sin haber cursado un solo crédito sobre estas arqueologías de períodos históricos recientes, que como hemos venido señalando anteriormente, son las que más se ponen en práctica en el mundo profesional.

Pasaremos ahora a hacer una comparativa similar con los créditos optativos, para comprobar si este tipo de asignaturas se han concentrado dentro de la optatividad, encaminada, como decíamos, a que cada alumno oriente su especialización.

Comparativa de los créditos optativos ofertados en total y los referidos a las Arqueologías Moderna y Contemporánea.

La gráfica vuelve a ser indicativa, ya que pone en evidencia la escasísima presencia de las Arqueologías recientes y en algún caso, su total ausencia en los planes de estudio. En cuanto a las menciones, sólo la Universidad de Jaén ofrece, de forma clara, la posibilidad de cursar una mención específica en Arqueología Industrial, compuesta por 30 créditos distribuidos en 5 asignaturas, como aparece en la tabla.

Universidades Menciones Mención en Arqueologías recientes
UCM 0 0
UAB 5 0
UB 0 0
Ugr, UJAEN, US 10 1
Tabla referida a las menciones ofertadas en los Grados de Arqueología de las universidades españolas.

 

Por otro lado, para un análisis cualitativo, nos hemos fijado en el nombre de las asignaturas dedicadas a las Arqueologías Moderna y Contemporánea y en las guías docentes de las mismas, en las que se especifica el programa, cuando ha sido posible su consulta. Todo ello queda reflejado en la siguiente tabla.

Universidad Obligatorias Optativas Mención
UCM
UAB Ciencia y Técnica en época Moderna

Ciencia y Técnica en Época Contemporánea

UB Arqueología Medieval y Postmedieval Arqueología de Época Moderna i de época Contemporánea
Ugr, UJAEN, US Arqueología Medieval y Postmedieval Arqueología Colonial de América (US) Arqueología Industrial (Jaén) 30 cred

–            Evolución de la tecnología y el desarrollo industrial

–            Interpretación y análisis del patrimonio minero-industrial

–            Diseño asistido por ordenador 3D aplicado a la Arqueología Industrial

–            Proyectos de recuperación y rehabilitación del Patrimonio Industrial

–            Puesta en valor de los paisajes industriales

Tabla con los nombres de las asignaturas dedicadas a las Arqueologías Moderna y Contemporánea y su naturaleza (obligatoria/optativa)

 

En este caso se puede ver que mientras que en las obligatorias se enlaza la Arqueología Medieval y la Postmedieval, en las optativas se hace presente la época contemporánea, y se incluye la perspectiva americana en el caso de la Universidad de Sevilla.

En lo referente a la única mención existente sobre arqueologías recientes, dedicada a la Arqueología Industrial, atendiendo a las asignaturas que lo componen, parece caracterizado por un componente técnico acusado, centrado en las actividades e instalaciones industriales, y no tanto en el estudio de la sociedad capitalista y contemporánea. Cuenta con asignaturas de carácter metodológico relacionado con la difusión y puesta en valor de ese patrimonio industrial, que resultan adecuadas para la formación de profesionales arqueólogos en ese campo. Ese componente técnico de las asignaturas relativas a la arqueología de esas etapas históricas también es evidente en las optativas ofertadas en el grado de la UAB.

En síntesis, a pesar de que en la introducción que las diferentes universidades hacen a las titulaciones de Arqueología que ofertan se alude a una doble vertiente de la disciplina, en torno a la investigación y a la profesionalización, y también a la idea de una arqueología diacrónica, que comienza en la Prehistoria y termina en la etapa contemporánea, lo cierto es que el análisis de la oferta docente nos lleva a otras conclusiones. Según hemos podido ir viendo en este apartado, la presencia de las Arqueologías Moderna y Contemporánea en los grados es muy limitada y esta circunstancia no responde a la idea de formar profesionales que se tienen que enfrentar casi diariamente a la recuperación e interpretación de la cultura material de estas etapas históricas. En realidad, es prácticamente contradictorio con las necesidades formativas de estos futuros profesionales y no responden a una demanda real. Sin formación histórica es imposible hacer nada más allá de una recuperación y un análisis descriptivo de los restos hallados. Así seguirá siendo imposible ofrecerles un contexto interpretativo.

Parece que los nuevos grados tampoco han conseguido integrar estas arqueologías recientes en sus planes de estudio, ya que en realidad, se han trazado desde perspectivas mucho más “clásicas”, dando peso a las etapas históricas antiguas (prehistórica y clásica, sobre todo). Muy probablemente esta circunstancia tenga que ver con un predominio abrumador de profesorado especializado en Prehistoria y en el mundo romano (Armada 2009, p. 248).

Los Postgrados en Arqueología

Los nombres de las titulaciones de Grado no plantean problemas a la hora de identificarlos, ya que se ofertan como “Grados en Arqueología”, pero en el caso de los postgrados o másteres, que son más numerosos, la nomenclatura es más diversa, y en este trabajo nos hemos centrado en aquellos que llevan en el título la palabra “Arqueología” definiendo de alguna manera su contenido, que en ocasiones va acompañada de la palabra “Patrimonio” o “Gestión del Patrimonio”[9].

La oferta en titulaciones de postgrado en Arqueología es bastante más amplia que la de los grados, como se puede ver en la tabla adjunta. A estos másteres se accede no sólo desde los grados en Arqueología, sino también desde otros afines, como Historia, principalmente, y Humanidades, entre otras. Esto significa que lejos de ser una formación especializada y específica, como cabría esperar de una titulación de posgrado, en muchos de ellos se percibe una filosofía generalista que se refleja incluso en el propio título del máster, como se aprecia en la tabla.

Este desequilibrio entre la oferta de grado y posgrado también indica una elección clara por la implantación de los estudios de Arqueología como parte de una cierta especialización, tras cursar un grado con contenidos más generales. Al hilo de esta idea, es importante señalar que la mayoría de estos másteres se diseñaron e implantaron antes incluso del diseño de los grados, lo cual es manifiestamente contradictorio. Es difícil adecuarse a la demanda si no se tiene claro el perfil de los egresados que pueden optar por un máster determinado.

En cuanto a las características de estos títulos de posgrado, hay que decir que todos ellos se organizan en un curso académico y constan de 60 créditos ECTS. En muchos de ellos se percibe como eje conductor el estudio de las características de la cultura material en función de las cronologías, lo cual es un reflejo de las formas de ordenación académica tradicionales, que no se corresponde en muchas ocasiones a la realidad que se estudia en el mundo de la arqueología profesional, ya que los tiempos aparecen divididos artificialmente.

Por lo demás, en lo relativo al número de las asignaturas ofertadas, al número de créditos obligatorios u optativos a cursar, a los posibles itinerarios de cada uno de ellos, al valor en créditos del TFM o a la obligatoriedad de las prácticas, se impone la heterogeneidad (Hernando y Tejerizo, 2011). Lo que sí aparece en varios de los planes de estudios de los másteres es la posibilidad de seguir dos itinerarios distintos: un itinerario profesional y un itinerario de investigación.

Universidad Denominación Itinerarios Arqueología Moderna y Contemporánea
Universidad Autónoma de Barcelona Máster en Prehistoria, Antigüedad y Edad Media
Universidad Autónoma de Madrid Máster Universitario en Arqueología y Patrimonio x
Universidad Complutense de Madrid Máster Universitario en Arqueología del Mediterráneo en la Antigüedad Clásica
Universidad Complutense de Madrid Máster en Arqueología Prehistórica
Universidad de Alcalá de Henares Máster Universitario en Arqueología y Gestión del Patrimonio en el interior peninsular Opción Profesional/Opción investigadora x
Universidad de Alicante Máster Universitario en Arqueología Profesional y Gestión Integral del Patrimonio x
Universidad de Cádiz Máster Universitario en Patrimonio, Arqueología e Historia marítima x
Universidad de Cantabria Master Universitario en Prehistoria y Arqueología
Universidad de Granada y Sevilla Master Interuniversitario en Arqueología Itinerario profesional/itinerario investigación x
Universidad de La Laguna Master Universitario en Arqueología x
Universidad de Murcia Máster Universitario en Arqueología Aplicada. Gestión profesional y estrategias de investigación en Patrimonio Arqueológico
Universidad de Santiago de Compostela Master Universitario en Arqueología y Ciencias de la Antigüedad
Universidad Rovira i Virgili Master Universitario en Arqueología del Cuaternario y Evolución Humana
Universidad Rovira i Virgili Master Interuniversitario en Arqueología Clásica
Universidad de Valencia Master Universitario en Arqueología x
Tabla con los títulos de los másteres en Arqueología ofertados en las universidades españolas.

 

En la tabla aparece reflejado otro dato, que es la presencia o ausencia de asignaturas vinculadas a la Arqueología Moderna y Contemporánea. En este sentido, cabe señalar que en aquellos másteres con una doble orientación (profesional / investigación) sí aparecen estas arqueologías recientes. Destaca el Máster Universitario en Arqueología Profesional y Gestión Integral del Patrimonio de la Universidad de Alicante, en el que uno de los cinco bloques temáticos de los que se compone está dedicado a la “Arqueología Moderna y Contemporánea”, en el que se desarrollan aspectos diversos sobre la caracterización del registro arqueológico de estas etapas, incluyendo cuestiones como su difusión y socialización.

Por su parte, el Master en Patrimonio, Arqueología e Historia Marítima de la Universidad de Cádiz, debido a su temática, dedica un módulo específico a la “Ciudad marítima”, incluyendo en él dos bloques temáticos (de seis en total) en los que se tratan asuntos vinculados con la Arqueología Moderna principalmente, como por ejemplo “La Ciudad Colonial Americana” .

Lógicamente, las arqueologías recientes no aparecen en los másteres que se ciñen a determinados períodos históricos, como la Prehistoria, o la época clásica, pero sí están más presentes en los postgrados más generalistas o en los que cuentan con un itinerario profesional. En cualquier caso, esa presencia es muy puntual en muchos casos, y queda reducida a una o a muy pocas asignaturas.

Parece evidente que a la hora de diseñar los postgrados no se dio, por una parte, una reflexión seria sobre las necesidades reales, y sobre la evolución y los cambios habidos en la Arqueología en los últimos años. Y por otro lado, hay que tener en cuenta que la readaptación que ha supuesto la inclusión en el Espacio Europeo de Educación Superior se ha hecho a “coste cero”, es decir, contando con los mismos departamentos universitarios y el mismo profesorado que impartía las titulaciones anteriores, con lo que es bastante lógico el resultado final. Es difícil romper el molde clásico en estas circunstancias, y parece obvio que el actual sistema de áreas de conocimiento y organización departamental de muchas universidades no permite un cambio sustancial en las titulaciones ofertadas[10] (Armada, 2009)

Conclusiones y perspectivas de futuro

Llegado el momento de presentar unas conclusiones y unas perspectivas de futuro, las resumiremos en los siguientes puntos:

  • En los últimos años se han producido avances en el desarrollo de las Arqueologías Moderna y Contemporánea: se han consolidado algunas de las temáticas de estudio y se han ampliado otras, pero aún es una rama excesivamente dependiente de la Arqueología Preventiva. Se echan en falta verdaderos proyectos de investigación en estos campos.
  • En lo relativo a la presencia de las arqueologías más recientes en la Academia y en las nuevas titulaciones de Grado y Postgrado en Arqueología, hay que decir que aún hay mucho por hacer, ya que la redefinición de titulaciones no ha servido para para incluir de forma significativa estas arqueologías en los planes de estudio. Faltan también especialistas en la arqueología de esas etapas históricas. Después de analizar las nuevas titulaciones, hemos podido ver que se han trazado desde perspectivas muy “clásicas”. Todo ello a pesar de que la cultura material de las etapas moderna y contemporánea es la que con mayor frecuencia se recupera en las intervenciones preventivas, que son las mayoritarias.

De cara al futuro, es absolutamente necesaria la difusión y la divulgación del trabajo ya hecho. Resulta fundamental llegar a la sociedad para hacer visible el estudio arqueológico de las sociedades modernas y contemporáneas y romper el tópico de que la Arqueología se ocupa únicamente de las etapas más remotas de la historia.

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Notas:

[1] La escuela francesa prefiere denominarla “Arqueología Moderna y Contemporánea”. Así, la revista francesa dedicada a este tipo de arqueología se denomina RAMAGE (Revue d´Arcjeologie Moderne et Generale)

[2] En Europa la Arqueología Histórica es la que estudia periodos que cuentan con fuentes escritas, de manera que abarca el estudio de etapas, sociedades y sistemas económicos muy diversos, lo cual ha obligado a parcelarla, con lo que se habla de Arqueología clásica, medieval, postmedieval, etc.

[3] SHA http://www.sha.org

[4] No es extraño, por lo tanto, que los primeros pasos en su desarrollo se dieran en ese mismo país, en Gran Bretaña, con la creación de la Society for Postmedieval Archaeology en 1966.

[5] En lo referente al País Vasco Sergio Escribano es el autor de una tesis doctoral sobre cerámica de época moderna.

[6] No forman parte de nuestro análisis los grados de Historia o de Humanidades en los que también se incluyen algunas asignaturas de Arqueología

[7] Tengamos en cuenta que en la mayoría de las titulaciones el eje principal es el estudio de las características de la cultura material en función de las diferentes culturas o cronologías.

[8] Se ha hablado en más de una ocasión de la endogamia y del fuerte corporativismo de nuestras universidades, que explican por qué algunas arqueologías han quedado sistemáticamente fuera de la academia, como es el caso de la Arqueología moderna o de la Arqueología Industrial (Ruiz Zapatero, 2005: 265). De hecho, en el ámbito universitario, suele ser la labor personal de algunos profesores, especialmente interesados en la temática, la que ha impulsado su presencia en algunos programas.

[9] Nos consta que existen otros posgrados que tienen contenidos arqueológicos, pero que no llevan el término que hemos definido como indicador de una titulación sobre Arqueología. Es el caso del Master que se imparte en mi propia Universidad: “Cuaternario: cambios ambientales y huella humana” o en menor medida, el denominado “Máster Universitario en Gestión del Paisaje. Patrimonio, Territorio y Ciudad”, también de la UPV/EHU.

[10] Quizás convenga recordar que las “Áreas de conocimiento universitarias” tal y como hoy las conocemos se crearon mediante el Real Decreto 1988/1984 (BOE de 26.10.1984), incluyendo Prehistoria pero excluyendo Arqueología del catálogo de áreas. Dos años después, el Consejo de Universidades revisó el catalogo definiendo un área de Prehistoria y otra de Arqueología, aunque separó de esta última la epigrafía y la numismática atribuyéndolas al ámbito de las ciencias y técnicas historiográficas. El objetivo del decreto de 1984 era solo regular “los concursos para la provisión de plazas de los Cuerpos docentes universitarios”; sin embargo, en la práctica, esta división ha marcado una forma concreta de entender la disciplina y ha sido fuente conflictos a la hora de distribuir docencia, crear plazas, etc. Por otra parte, el razonamiento cronológico que subyace a esta división -donde arqueología es casi siempre arqueología romana- ha bloqueado la consolidación de profesorado especializado en etapas más recientes,  y sobre todo, ha dificultado el encaje de “especialistas multiperíodo”, es decir, personas con especialidades muy concretas, como la bioarqueología, la arqueometría, etc., y con ello, ha limitado las posibilidades de la disciplina (Armada, 2009).