LA LINDE, 8-2017

Resultados:

Edurne Aguirrezabala LizarazuUPV/EHU. eaguirrezabala001@ikasle.ehu.eus

 


RESUMEN.- El objetivo de este trabajo es el análisis histórico de la fábrica de porcelanas de Bidania, (Gipuzkoa). Dada la poca información bibliográfica que hemos podido encontrar al respecto,  hemos optado por una metodología multidisciplinar, basándonos en el trabajo de campo en el análisis espacial y en la arqueología experimental. Las fuentes empleadas han sido de naturaleza variada: documentos escritos, testimonios orales y fuentes materiales. Gracias a toda esta información, hemos podido identificar la creación de la fábrica a principios del siglo XX y seguir su posterior evolución histórica, hasta llegar a su cierre en la década de los 70 del siglo XX. 

PALABRAS CLAVE.- Porcelana, Arqueología Industrial, Guerra Civil, Franquismo, Oteiza.

ABSTRACT.- The aim of this work is the historical research of the porcelain factory located in Bidania, Gipuzkoa. Thanks to the few information that we found about the building, we managed to use a multidisciplinary method in order to give additional information. As for that, we have used diverse types of sources such as the field work and spatial analysis, written and oral testimonies and the experimental archaeology. Thanks to data obtained from all these information, we have been able to study the creation of the factory in the early XX century, and the later historical evolution until the closure in the 70s.

KEY WORDS.- Porcelain, Industrial Archeology, Civil war,Francoism, Oteiza.

Introducción

Este artículo es fruto de un trabajo de fin de grado de la titulación de Historia defendido  en la UPV/EHU en el curso 2015/2016, que ahora publicamos gracias al apoyo de la revista La Linde y sus responsables.  Es una oportunidad para dar a conocer el trabajo que hemos llevado a cabo y a través de ello, iniciar algún contacto con profesionales que hayan estudiado algún caso similar y obtener así una visión más amplia de la problemática que supone el análisis de un establecimiento industrial de estas características.

El objetivo de este trabajo ha sido estudiar una fábrica de porcelanas ubicada en Bidania (Gipuzkoa) desde una visión interdisciplinar. Así, como iremos desarrollando a lo largo del texto, en nuestro estudio  ha tenido gran relevancia el estudio arqueológico  de los restos materiales conservados sobre la cota cero, pero también hemos podido manejar la información que nos ofrece la documentación escrita, la etnografía y la arqueología experimental.

A lo largo del trabajo hemos abordado varios temas relacionados de forma directa con la fábrica estudiada, integrados en una horquilla cronológica que va desde el siglo XIX hasta la plena actualidad. Temas como la emigración a América y el regreso de los “indianos”, cambios en la sociedad contemporánea vasca, el arte vasco y la figura de Oteiza, la guerra civil y el posterior franquismo, el papel de la mujer durante el régimen etc. son cuestiones que han ido apareciendo a lo largo del desarrollo del trabajo.

Para terminar el apartado de introducción,  quisiera agradecer la ayuda prestada, el trabajo y el esfuerzo de Blanka Gómez de Segura, directora del Museo de la Cerámica Vasca y de Belen Bengoetxea, profesora de la Universidad del País Vasco y directora de mi trabajo de fin de grado. También queremos agradecer a la familia Muñoa toda la ayuda que nos ha ofrecido y su interés por recuperar la memoria histórica. Sin su ayuda este trabajo no habría podido llevarse a cabo de la forma en la que se ha hecho.

Pasaremos ahora a desarrollar los diferentes puntos en los que hemos dividido el texto, empezando por una breve reflexión en torno al concepto de arqueología industrial y a cómo se ha puesto en práctica en nuestro entorno más próximo, la Comunidad Autónoma Vasca.

La Arqueología Industrial

En el marco de la arqueología tradicional ha habido cierto debate en torno a la arqueología industrial, tanto sobre los temas y la cronología que estudia como sobre la metodología y el interés que ha podido despertar. La bibliografía demuestra que ha habido una tendencia generalizada  a estudiar los restos relacionados estrechamente con el mundo del trabajo, en su mayoría sitios de producción directa. En el caso del País Vasco, por ejemplo, han cobrado gran interés los estudios de las producciones abandonadas de los Altos Hornos de Bilbao y otras grandes siderúrgicas (VILLAR, 1994,7).

Otra característica de la arqueología industrial ha sido la dificultad de establecer un límite cronológico, ya que la industrialización de cada país ha vivido ritmos diferentes. Así, en el Reino Unido, por ejemplo, varios autores identifican el comienzo de este proceso ya a principios del siglo XVII, mientras que habrá que esperar varias décadas para percibir los principales cambios y transformaciones en la Europa continental.

En cualquier caso, y a pesar de las primeras dificultades y debates, hoy se podría decir que la arqueología industrial se concibe de forma más amplia, y en definitiva, se entiende como el estudio de las sociedades capitalistas, por lo que no puede quedarse exclusivamente en el tratamiento de cuestiones relativas a la actividad industrial, sino que debe ampliar su perspectiva y contemplar los aspectos sociales y su evolución.

Por ello, se ha abierto un nuevo debate en lo que terminología se refiere, denominando la disciplina de una manera más amplia, como “Arqueología del mundo contemporáneo”. En este sentido se expresan autores como Cerdá:

 “Su objetivo debe ser interpretar –reconstruir- el modo de vida y las relaciones sociales del periodo industrial, un periodo que se caracteriza por la importancia que el capital tiene a todos los niveles- su posesión hace posible la propiedad privada, el control de los medios de producción, la producción misma, su distribución y comercio- desde la división social del trabajo y la división en clases sociales según el nivel de riqueza de las personas” (CERDÁ, 2008, 53).

En lo que a método arqueológico se refiere, también ha habido cierta ambigüedad. Muchos autores defienden la idea de no necesitar un método basado en el análisis de los restos materiales al abundar los documentos escritos referentes a la misma época. Esto es debido a que se ha entendido el estudio arqueológico como una práctica destructiva, en la que era necesaria exhumar los materiales de su contexto original para poder ser estudiados.

Hoy en día, el corpus teórico-metodológico ha evolucionado de tal manera que se pueden estudiar los restos materiales de varias maneras. El estudio estratigráfico de los edificios como el análisis espacial y material de los edificios ayudan a los arqueólogos a estudiar los restos materiales conservados. Además, la etnografía y los testimonios orales pueden resultar claves a la hora de esclarecer el pasado más reciente de las poblaciones, ya que el conocimiento y la tradición que se han transmitido durante generaciones pueden aportarnos muchísima información que de otra manera seria muy difícil.

El último punto metodológico que plantea el estudio del patrimonio industrial es la necesidad de un enfoque multidisciplinar, que puede abrir puertas inimaginables a los análisis arqueológicos.

A la hora de aplicar estos conceptos e ideas a nuestro trabajo, nos hemos encontrado con algunas dificultades que abordaremos en las siguientes líneas, pero el planteamiento general ha sido intentar consultar todas las fuentes que nos ofrecen información sobre la fábrica de Bidania para obtener una visión amplia de su historia y la de la gente que participó en su edificación y en la producción de la porcelana.

Metodología y fuentes consultadas

Teniendo en cuenta la naturaleza de nuestro estudio y la falta de información bibliográfica relativa al tema, hemos puesto en práctica una metodología que podría resumirse en los siguientes puntos:

1) Vaciado y consulta del Archivo Municipal de Bidania. Sobre todo nos hemos basado en tres carpetas generales: 80-03, 274-01 y 310-24.

Ya hemos señalado la escasa presencia de la fábrica que nos ocupa en la bibliografía referente al tema de la arqueología industrial. De hecho, hay dos únicas referencias a la misma: una de ellas aparece en la publicación codirigida por Ibáñez Gómez en 1990, en el libro titulado “Arqueología Industrial en Guipúzcoa” y la otra es más reciente, de 2009, en la obra de Mujica Goñi “Lozas y porcelanas vascas: siglos XVIII-XX”. Estas publicaciones hacen una mención muy divulgativa del edificio y sobre todo del horno que se encuentra en su interior. El trabajo de Ibáñez Gómez recalca de una manera más notable la importancia del horno que está en pie todavía, pero otra vez de manera muy breve.

En este caso, las fotos publicadas en los artículos nos han sido muy útiles, no sólo para apreciar la distribución espacial de la instalación productiva, sino también de los espacios de trabajo de la plantilla de trabajadores. Hay que señalar que  las fotos de Ibáñez Gómez fueron tomadas al cerrase la fábrica, con lo que nos ofrece una imagen inmortalizada de la misma (IBAÑEZ GOMEZ, 1990, 226). En cambio, en las fotos publicadas por Mujika se aprecia que el edificio sufrió en esos años un notable expolio en lo que a materiales se refiere (MUJIKA, 2009, 518).

Siguiendo con las fuentes escritas, los documentos consultados en el Archivo Municipal de Bidania aclaran tanto el origen de la factoría como su posterior evolución histórica. Cabe mencionar que los documentos concernientes a la guerra civil y el posterior franquismo son escasísimos. Esta situación es bastante común en los archivos, ya que el gobierno franquista pudo hacer desaparecer muchos de los documentos existentes. A pesar de estos inconvenientes, hemos podido encontrar documentos importantes que aclaran cuestiones como quiénes fueron sus propietarios o cómo se produjo el cierre de la misma. Además, se localizó un valioso mapa de la segunda fábrica que se construyó en el solar [1] 

2) Trabajo de campo en todo el edificio y sus alrededores. Así pudimos ver el estado de la fábrica y de los materiales que en ella se encuentran todavía hoy en día. El estudio exhaustivo de la planta baja no presentó ninguna dificultad  ya que el acceso es relativamente fácil, no así el de la primera, debido al desprendimiento del tejado, cuyos restos han cubierto esa planta superior. Por su parte,  la exposición al aire libre a hecho que la vegetación se extienda considerablemente, como se puede observar en la foto superior.

Estado actual de la primera planta con el tejado derrumbado. Imagen: Edurne Aguirrezabala, 15 de Febrero de2016

3) Una vez hecho este análisis in situ, se hizo un primer plano general del edificio para entender cómo era el proceso productivo, y también un inventario de los materiales que se encontraban todavía dentro la fábrica. Evidentemente, se procedió a realizar un reportaje fotográfico de las estructuras y de los materiales que aún se conservaban. Lo cierto es que había abundante material sobre el terreno, por lo que se recogieron muestras en su contexto original para poder analizarlas posteriormente y definir su uso.

4) Otra fuente de información esencial han sido los testimonios orales. Al ser una fábrica que funcionó durante casi todo el siglo XX era un tema bastante conocido en la localidad. Pero en este caso, nos hemos topado con reticencias a la hora de hablar sobre la producción de porcelana en Bidania debido a que durante la Guerra Civil y el Franquismo la fábrica fue desahuciada a la familia Muñoa para después venderla en subasta pública.

Los testimonios que nosotros hemos podido recuperar provienen sobre todo de la familia Muñoa, que fue exiliada en Francia durante años. Los familiares supervivientes son de una tercera generación y por lo tanto, no tienen demasiado conocimiento respecto a este tema en concreto. Los vecinos no nos han podido facilitar mucha más información, ya que todavía estos temas referentes al franquismo son tabúes sociales.

5) Por último, con la ayuda de Blanka Gómez de Segura y el Museo de Cerámica Vasca hemos podido aclarar las cuestiones más técnicas como la producción de porcelana, distribución espacial de este tipo de factorías, funcionamiento del horno, dificultades técnicas, patrones estilísticos y de consumo etc.  Gracias a los hornos que hay en el museo hemos podido procesar las muestras que tomamos en el trabajo de campo y demostrar nuestra teoría sobre la cadena productiva y su distribución.

Una vez recopilada toda la información se han comparado los datos e intentado sacar unas conclusiones e hipótesis generales. A continuación iremos desarrollando de manera más detallada la información que hemos obtenido, explicando primero las distintas etapas y dueños que tuvo esta producción para acabar con el proceso productivo y el estado actual de la misma.

 Evolución histórica del edificio

En el año 1933 los vecinos de la localidad de Bidania Juan y Miguel Muñoa Pagadizabal construyeron una fábrica local de cerámica. Para ello eligieron un terreno en propiedad denominado Muñaberri, ya que disponía de suministro de agua para la electricidad y barro rojo en abundancia. En esta primera fase del edificio la producción se centró exclusivamente en la cerámica, tomando el nombre de Alfarería Guipuzcoana. Al frente de este nuevo negocio estaba el famoso artista vasco Dionisio Azcue, ayudado por Vicente Muñoa Loinaz.

En la parte inferior derecha se ve la ubicación del edificio. Imagen: Geoeuskadi, consultado el 3 de Junio de 2016.

La fundación está muy relacionada con el status socio-económico de la familia Muñoa, que era una de las familias con más propiedades en la localidad. En pleno siglo XX, poseían varios caseríos, tierras e incluso molinos que después arrendaban a sus vecinos. Esta tradición arrendadora resultó ser más bien reciente, ya que varios familiares emigraron en el XIX a Argentina en busca de una vida mejor. Es el caso de Marcos Antonio y Miguel Antonio Muñoa, quienes según se desprende de los documentos fechados en 1810 que hemos podido consultar, pudieron labrar allí una pequeña fortuna[2].

Como muchos otros vascos, Marcos Antonio, tras su éxito en tierras americanas, decidió volver a su tierra natal para poder casarse con Manuela Pagadizabal. De este matrimonio nacieron Juan y Miguel Muñoa, los que después serían los fundadores de la Alfarería Guipuzcoana.

Los dos hermanos intentaron seguir con la tradición de su padre y de muchos indianos  de donar cierta parte de su fortuna para el bien de sus vecinos construyendo, por ejemplo, edificios públicos como símbolo de su prosperidad. Hoy en día tenemos varios ejemplos de las construcciones de los indianos como escuelas, hospitales e incluso pequeñas parroquias.

Así explica Maite Paliza la tradición social y la filantropía de los indianos:

 “Los que lo consiguieron lo hicieron normalmente a edad madura y con la intención de llevar una vida plácida los últimos años de su vida, disfrutando de lo que habían atesorado durante su juventud. Con frecuencia esto se tradujo en la construcción de una casa que fuera representativa de su estatus, al tiempo que tendieron  a  convertirse  en  benefactores  de  las localidades  en  las  que  habían nacido  promoviendo  la  construcción  de  escuelas,  hospitales,  iglesias,  etc.  o dejando legados testamentarios a tal efecto.” [3]

En nuestro caso la familia Muñoa ayudó a construir la parroquia local, la escuela pública y se hizo con varios caseríos y terrenos en los que luego construirían la Alfarería. En la iniciativa de la edificación de la fábrica se aprecia cierta intención de querer dar cierto renombre a la localidad. Así se explica el hecho de que al ser Bidania un pueblo tradicionalmente rural, los hermanos Muñoa intentaran impulsar una industria cerámica con los mejores artistas vascos de la época.  De este modo contrataron al pintor Dionisio Azcue para que se encargase de la parte estética de la producción.

En ese mismo intento, los hermanos Muñoa contactaron con el afamado artista Oteiza. La intención era que los artistas decorasen las piezas ya producidas, para luego venderlas como algo exclusivo y lujoso. En una entrevista que Oteiza dio años después menciona el trato que le ofrecieron los Muñoa y su desacuerdo sobre trabajar con producciones importadas.

“Por entonces, en Bidania, el pintor y crítico de arte Dionisio Azkue había montado un horno de cerámica y convocó, entre otros, a Oteiza y a los pintores Olasagasti y Cabanas Erausquin para que colaborasen con él en su pretensión de recuperar las cerámica vasca popular como tarea a incluir entre los proyectos del renacimiento vasco. Pero ante el asombro de Oteiza, lo que Azkue proponía era comprar piezas hechas y decorarlas” (MUÑOA, 2006, 56-57).

La propuesta que le hicieron los Muñoa fue un punto de inflexión en la carrera artística de Oteiza, ya que después comenzó a trabajar sobre materiales cerámicos.

“Esta tristeza que sufrí con la cerámica de Vidania, me decidió a especializarme en cerámica industrial para servir en este renacimiento” (ÁLVAREZ, 2003, 215).

El primer edificio que construyeron los Muñoa en los 30. Imagen: Lozas y porcelanas vascas siglos XVIII-XX, pág. 513

Así, la primera etapa de la Alfarería Guipuzcoana fue más humilde de lo esperado, con unos 10-12 trabajadores que producían loza fina e imágenes religiosas. La producción funcionó bastante bien hasta el año 1936, cuando comenzó la Guerra Civil. Pero en el año 1938 la Falange Tradicionalista se estableció en Bidania, reprimiendo a la población local[4]. Los Muñoa, defensores de la Republica, vieron cómo sus bienes fueron directamente expropiados y subastados como demuestran algunos de los peritajes que se conservan en el archivo municipal[5]. Gracias a los testimonios orales de la propia familia sabemos que los hermanos Muñoa fueron detenidos en San Sebastián, hasta que un familiar diplomático consiguió acceder a ellos.  Debido a esta intervención los hermanos quedaron libres y se exiliaron en Pau, Francia. Mientras, en Bidania la fábrica quedo a cargo de la empresa Porcelanas del Bidasoa, bajo la dirección de Gabino Ochoteco. En esta época la producción se especializó en porcelana, debido precisamente a la influencia de Porcelanas del Bidasoa. Esta tutela se mantuvo hasta la década de los 50, cuando la fábrica salió a subasta pública.

El nuevo dueño, Francisco Puente Ortaz, un empresario relacionado con la industria del mueble, renovó completamente el edificio. La nueva producción estuvo ya desde el principio centrada exclusivamente en la fabricación de porcelana de manera industrial. El nuevo edificio se basó en la distribución que tenía la fábrica del Bidasoa, que a su vez estaba inspirada en las fábricas de porcelana de Limoges.

La peculiaridad de este caso reside en el horno de dos plantas, único en todo el País Vasco. Para su construcción, se trajo un técnico de Limoges para que construyese un horno al estilo francés. Como se puede observar en la foto adjunta es un horno tipo Four des Casseaux, construido con ladrillos y reforzado con hierros. A sus esquinas tiene varias aperturas para poder introducir y extraer las piezas del horno.

Este tipo de hornos fueron bastante comunes en la Europa del siglo XIX, pero sobre todo en Francia e Inglaterra, donde hoy en día se mantienen algunos ejemplos. Tanto las producciones de Limoges como las de Staffordshire fueron centros económicos sustanciales en el proceso de industrialización de dichos países. Así explica Al Bagdade la importancia y el renombre que tuvo la porcelana de Limoges:


“The region was the centre for porcelain production due to the abundance of natural resources, wood for kilns, and river for transportation. Limoges first hard paste porcelain dated about 1770 and was attributed to the company of Massie, Grellet and Fourneira. (…) Today Limoges still is the centre of hard paste production in France” (AL BAGDADE, 2004, 149-150).

Lozas y porcelanas vascas, siglos XVIII-XX, págs. 515-516. En las imágenes se aprecia el edificio y el horno construido en los 50.

Bajo esta nueva perspectiva, la producción de Bidania fue mucho más especializada y de mayor calidad, motivo por el cual consiguió vender sus productos por toda la península. Según los documentos que pudimos apreciar en la misma fábrica, las materias primas eran transportadas desde sitios muy diversos como el carbón desde Asturias o el caolín desde Galicia.

El coste que suponía transportar todas estas materias hasta Bidania tuvo un gran impacto en la producción. Esta circunstancia tuvo su repercusión en la plantilla , ya que en la década de los 50 llego a tener hasta 46 trabajadores. En cambio, en las siguientes décadas este número bajó drásticamente casi hasta la mitad. El coste de la producción fue un tema a tener en cuenta durante toda la vida de la factoría, ya que no era sostenible y por esto mismo años después tuvo que ser cerrada.

Distribución espacial y proceso productivo

Distribución espacial de la factoría

La distribución espacial y proceso productivo que explicaremos a continuación está basada en el edificio construido en los 50, debido a que es la única información a la que tenemos acceso. Para ello, nos basaremos en el plano original que hizo el arquitecto Pablo Zabalo y el resultado del trabajo de campo.

Analizando la estructura del edificio se puede apreciar que está dividida en dos zonas principales: la planta baja y la superior. Esto no quiere decir que fuesen dos áreas distintas, si no que cada pieza de porcelana pasaba por todas las áreas hasta llegar a su acabado final.

Todas las áreas cumplían una función concreta, como demuestra el plano que hizo el arquitecto Pablo Zabalo.[6]

El eje principal de todo el edificio es el horno tipo Limoges de dos plantas. Tal es su peculiaridad que Ibáñez Gómez lo describe como único en todo el País Vasco.

“Su estructura de fábrica está dividida en dos secciones. La alta o “globo” es la destinada a la primera cochura o bizcochado, alcanzándose en ella temperaturas de entre 800 y 900C. El interior, al que se accede a través de un vano en arco de medio punto, tiene forma cónica, con tiro central cilíndrico, realizado enteramente en ladrillo refractario. Ubicada inmediatamente debajo de la anterior se encuentra la  cámara  de  cocción  final.  Construida  también  con ladrillo refractario y reforzado con cellos metálicos es de sección circular, con 6 bocas de alimentación del hogar, situado en la base. La cámara baja, a la que se accede por arco de medio punto, presenta una bóveda, cuyo vértice es el tiro o chimenea que comunica y transmite el calor a la superior. Por dentro se recubría con una mano líquida de caolín, que se vidriaba con el calor e impedía a la oxidación de las piezas. La cocción duraba unas 36 horas, alcanzando una temperatura entre 1000 y 1300º C según las piezas y se dejaba enfriar otras 12 horas antes de descargar” (IBÁÑEZ GÓMEZ, 1990, 226).

Plano original de la fábrica hecho por Pablo Zabalo. Imagen: Archivo Municipal de Bidania, carpeta 80-03. 

 

Además, también menciona las distintas áreas y funciones de las dos plantas:

“Además de esta instalación, existen también las destinadas al moldeado con diversos tornos, pilas para esmaltar, las mesas de decoración, etc. Especialmente llamativo es el viejo sistema de preparación de la pasta, con un tromel para mezclar materias, diluidor, filtro y amasadora mecánicos. Igualmente, en una de las dependencias se encuentra la sala de recuperación de gacetas rotas, donde la chamota era triturada por un molino y, una prensa excéntrica de 20 Tn., servía para hacer sus moldes en zinc, también preparados y calibrados por la fábrica” (IBÁÑEZ GÓMEZ, 1990, 226).

Proceso Productivo

El proceso productivo estaba divido en las dos plantas, de manera que cada área tenía su función y cada pieza pasaba por todas estas áreas hasta llegar a su acabado final.

El proceso comenzaría en la planta baja, en la zona de Garaje, donde los transportistas se encargaban de abastecer el suministro de materias primas. En esta zona, se han podido documentar restos de caolín, esmalte y conos pirométricos, básicos para la producción de porcelana.

Imagen: Lozas y porcelanas vascas siglos XVIII-XX, pag. 518. Varias trabajadoras y encargados en la parte superior del edificio

Próxima al garaje, se encuentra una sala dividida en dos zonas. Por un lado, estaría la zona de preparación de pastas. La preparación de las pastas requiere un aislamiento completo, para que a la hora de hacer la masa no entren impurezas que después puedan alterar el proceso químico y dañar al producto final. De este modo, encontramos esta pequeña área completamente aislada con muros en la zona de amasado.

Distribución espacial de la planta baja y sus distintas funciones. Imagen: Archivo Municipal de Bidania, carpeta 80-03

La segunda zona de la sala es la de los toneles, donde se mezclaría la masa de porcelana. En esta última área hay dos cubetas grandes con restos de caolín, donde probablemente removerían la masa de porcelana con maquinaria. En el trabajo de campo, se pudo observar que en esta zona hay abastecimiento de agua cerca de las cubetas cilíndricas. Además, en el techo se pueden apreciar los restos de una maquinaria antigua de hierro, que hoy en día ha sido desvalijada manteniéndose solo las correas de goma.

Se cree, que después de haberse abandonado la fábrica las maquinas pudieron haber sido sustraídas al ser de gran valor económico, dejando atrás materiales que a priori no tendrían gran valor para los sustractores, como las correas.

A la izquierda de esta sala, se encuentra un agujero de dimensiones considerables. Teniendo en cuenta el tamaño y la distribución del edificio creemos que aquí pudo haber un ascensor o montacargas eléctrico que sirviera para mover las piezas de una planta a otra. Aunque ahora no se mantenga ninguna estructura de este tipo, el contexto sugiere que en esta zona tuvo que haber algún montacargas para mover los materiales a la planta superior. Aquí, entre otras cosas, se hacían los moldes, se limpiaban las piezas y se decoraban.

Cuando la masa ya estaba hecha, la tenían que transportan a la primera planta donde la introducirían en moldes. Estos moldes los hacían en la propia fábrica, vertiendo en ellas la masa de porcelana para que tomase una forma determinada. Se arrojaría la cantidad exacta en el molde para que la pieza fuera lo necesariamente fina o delgada, dejándola reposar unos minutos antes de sacarla del recipiente.

Cuando la pieza tuviese ya su forma era necesario arreglar las imperfecciones y añadirle las asas,  para después dejarlas secar. Una vez terminado este paso, se procedería a  introducir cada pieza en unas gacetas y quemarlas en la parte superior del horno a unos 900ºC.

De esta primera hornada se conseguiría el bizcochado, la pieza de porcelana desnuda. El bizcochado requiere la supervisión de calidad como perfeccionar las taras. En las fotos que hemos podido estudiar del trabajo de Mujika Goñi, se aprecia que eran sobre todo las mujeres las que se encargaban de estas tareas de moldeado y posterior arreglo de las piezas.

Imagen: Archivo Municipal de Bidania, carpeta 80-03.  Distribución espacial de la planta superior y sus distintas funciones

Pero el proceso productivo no queda ahí, sino que la porcelana requiere ser cocida al menos tres veces.  Por ello, los trabajadores les añadían una mano de vidriado opaco para después introducirlas por segunda vez al horno. Esta segunda vez se introducían las piezas vidriadas, siempre protegidas con gacetas, en la parte inferior del horno,  donde la temperatura es superior y así conseguir que el vidriado se adhiriese a la porcelana.

Este proceso lo hemos conseguido demostrar mediante la ayuda  de la directora del Museo de la Cerámica Vasca. Gracias a su colaboración, pudimos procesar las muestras que recogimos en el trabajo de campo y documentar este proceso.

Es lógico que las piezas vidriadas fueran ya introducidas en la parte inferior del horno, ya que en su parte inferior se podrían alcanzar hasta los 1350ºC, temperatura necesaria para conseguir porcelana. Hemos podido recuperar algunos conos pirométricos, que atestiguan varias hornadas que llegaron a alcanzar los 1350ºC. Los conos eran muy usados en este tipo de producciones, ya que el encargado de la hornada podía controlar la temperatura que se alcanzaba. Para ello, se colocaban varios conos en distintos puntos dentro del horno para ver si se alcanzaban esos grados, ya que si se alcanzaban los 1350ºC se derretían.

En la foto adjunta, se pueden ver por un lado los conos pirométricos de una hornada y también un esquema en el que se indica cómo se colocaron estos y qué temperaturas se alcanzaron.

Esquema general de la distribución interior del horno y varios conos pirométricos. Imagen: Edurne Aguirrezabala, 15 de Mayo de 2016

Siguiendo con el proceso productivo, después de este segundo horneado ya tendríamos la porcelana con su brillo característico. Inmediatamente, los trabajadores sacarían las piezas del horno y las dejarían en un área llamada “Selección”, donde se procederían los controles de calidad. Una vez superada esta criba, las mejores piezas pasarían a otra área de “Almacenamiento”.

Pero aquí no acaba todo el proceso productivo, ya que la porcelana necesita un tercer horneado. Terminado el vidriado, uno de los últimos pasos sería la decoración, y todo ello tendría lugar en la parte inferior del edificio. Para ello se trasladarían las piezas a un área de pintura, donde los trabajadores usaban técnicas como el calco, pinturas e incluso oro líquido para la decoración. La decoración dependía totalmente de la demanda que había e incluso se podía hacer según los gustos del cliente que hiciera el encargo.

Para fijar esta decoración, se hacía un tercer horneado de la pieza, pero en este caso se utilizaba un horno más humilde, que no alcanzaría probablemente temperaturas muy altas, pero que sería suficiente para fijar las decoraciones. Actualmente está ubicado fuera de la fábrica. Ya como último paso, se procedería al embalaje del pedido, que despacharía en transporte pesado.

Por último, no queremos dejar de mencionar que Porcelanas Bidania no solo fabricó porcelana. Las facturas y los esquemas de producción que todavía se preservan en el edificio indican que también se produjo loza de una manera bastante constante.  Al parecer, cuando la demanda era menor, la producción se dedicó a fabricar materiales más modestos, como la loza. Para esta misma fabricación, usarían las mismas instalaciones y procesos, cambiando solo la temperatura de cocción a unos  1050-1100ºC.

El cierre de la fábrica y su situación actual

Como hemos visto, esta fábrica vivió varias etapas a lo largo de su existencia quedando restos en su materialidad. El cambio más notorio, sin lugar a dudas, lo trajo la misma clausura del establecimiento en la década de los 70 del siglo XX.

En el interior de la fábrica se mantuvieron por largo tiempo las herramientas y las materias primas, tal y como quedaron abandonadas durante la clausura. De ello son testigo las fotografías recogidas en el libro sobre la fábrica de Bidania, titulado Arqueología Industrial en Gipuzkoa publicado por la Universidad de Deusto (IBAÑEZ GOMEZ, 1990, 227-228). Sin embargo, como se aprecia en la imagen del horno, en general se ha mantenido gran parte del material utilizado, a pesar de los cambios.

Imagen: Arqueología Industrial en Gipuzkoa, pág. 227. Foto del interior de la fábrica y el horno en la década de los 90

Que la fábrica haya quedado así, invita a pensar en que fue abandonada muy precipitadamente. Las razones económicas, quizás, habrían acelerado el proceso de clausura. Tenemos que tener en cuenta que las razones del cierre no están claras, y el hecho de que fuera una propiedad privada, no ayuda a dilucidarlas. Aun así, contamos con evidencias materiales varias que apoyan los problemas económicos como la hipótesis más acertada. De hecho, el que muchos materiales de producción, que  resultan de gran ayuda para entender el funcionamiento de la fábrica, aún se encuentren en el lugar apoya esta teoría. Así hay que interpretar, por ejemplo, el hallazgo de las gacetas del piso inferior, que aún conservan cerámica en su interior, lo que significa que tras la primera cocción y la capa de esmalte, quedaron ya listos para un segundo horneado.

Además, tanto en el piso inferior como en el superior, cientos de piezas quedaron abandonadas tras  el primer horneado. Aunque el número de estas piezas bizcochadas ha descendido por los continuos espolios a lo largo del tiempo, todavía se conservan grandes lotes que están sin tocar, especialmente, en el piso superior. Tal y como ha demuestran las fotos que ofrece Mujika Goñi en su publicación de 2009.

En cambio, el horno de la planta superior está lleno de gacetas, pero no contienen ninguna pieza en su interior. Nos resulta muy llamativo que alguien hubiera llenado el horno de gacetas que no contenían ninguna pieza.

Imagen: Edurne Agirrezabala, 15 de febrero de 2016. Parte superior del horno, lleno de gacetas

Por lo tanto, es muy posible que la fábrica estuviera a pleno rendimiento, y que fuera clausurada prácticamente de un día para otro. Los problemas económicos debieron ser acuciantes y si atendemos tanto a las fuentes escritas encontradas dentro de la propia fábrica, como a las materiales, parece que la empresa hizo frente a la adversa situación económica durante la dirección de Puente Ortaz.

Los costes de producción exigen que las ventas sean grandes y reiteradas. Sin embargo, para la sociedad de la época la porcelana era un producto de lujo, al alcance de pocos bolsillos. Por eso, y a pesar de contar con clientes habituales, la demanda era pequeña. De ello es muestra, la cita bibliográfica de la familia Puente Ortaz recogida en el trabajo de Mujika, en la que se exponen los problemas que hubo para mantener la empresa a flote.

“Sin dinero, sin primeras materias ni carbón y sin posibilidad de poder iniciar ventas por carecer de un Banco que nos admita nuestras Letras, estamos llegando al agotamiento total” (MUJIKA, 2009, 518).

Por otro lado, y como ya hemos dicho, es posible que en algún momento tuvieran que producir manufacturas más asequibles como la loza. El proceso de producción seria casi similar, diferenciándose sobre todo en la temperatura alcanzada en el horno. Para conseguir porcelana, como hemos dicho, es necesario alcanzar los 1350ºC, no así para la loza. De esta manera, la empresa podría haberse asegurado una demanda basada en un producto más humilde, para tiempo de adversidad económica.

A medida que vamos presentando los motivos de la clausura en forma de hipótesis, podemos resumir la evolución de la fábrica en dos palabras: abandono y espolio. Tal y cómo ha quedado dicho, en el momento de la clausura de la fábrica se abandonaron materiales de gran valor. A lo largo del tiempo, se ha espoliado el lugar, llevándose consigo las piezas de porcelana útiles y las materias primas. Sí que han quedado muchas gacetas vacías y también, fuera de su contexto, la plancha de hierro que sostenía el horno y la maquinaria.

Otro motivo que, tal vez, ha agudizado el espolio es la falta de interés de los herederos de la familia Puente Ortaz. Sabemos que la familia poseía otros negocios y que ha intentado vender esta fábrica en varias ocasiones, todas ellas infructuosas. Así pues, a día de hoy, la fábrica se halla en total abandono, sin ninguna medida de seguridad ni control. Incluso el tejado de uralita se halla derrumbado, dejando el piso superior cubierto de escombros, que han impedido el análisis detallado.

Por si esto pareciera poco, al estar expuesto a las inclemencias del tiempo las filtraciones de agua y humedades ponen en grave peligro la integridad del edificio.

Conclusiones y retos para el futuro

Después de esbozar la historia del edificio y de su entorno, parece evidente que la fábrica de Porcelana de Bidania es un elemento patrimonial de interés que se encuentra en un estado ruinoso y en peligro de desaparición. Hemos querido destacar su valor histórico mediante un mejor conocimiento del establecimiento industrial, y a través de ello, contribuir en la medida de lo posible a su revalorización. Su historia está vinculada también a artistas conocidos y reconocidos en el arte vasco, como es el caso de Oteiza, una circunstancia que probablemente el público general desconoce, y que le ofrece un especial interés.

A lo largo del trabajo hemos podido ver que el estudio de un elemento patrimonial como éste en su contexto implica tratar algunos temas que requerirían una profundización que por el momento no hemos podido darle. Por ejemplo, quisiera mencionar la repercusión de la Guerra Civil en la fábrica y en la familia propietaria de la misma. En este sentido, nos ha llamado mucho la atención, a la hora de explorar las fuentes orales, el tabú que aún supone todo lo concerniente a la Guerra Civil y a la etapa franquista para los vecinos de la localidad. Al parecer, sigue siendo un tema delicado para muchas familias, pero creemos que sería de interés general profundizar en  esas fuentes orales.

Otro aspecto interesante a estudiar más detalladamente sería la relación de género en el lugar de trabajo, ya que atendiendo a la documentación escrita, la mayoría de la plantilla estaba compuesta por mujeres. El hecho de que hubiera tantas mujeres trabajadoras resulta sorprendente en una sociedad tradicionalista auspiciada por el paternalismo franquista; y, más aun teniendo en cuenta que se trataba de una zona cuya población era mayoritariamente rural.

Por otro lado, consideramos prioritario socializar el conocimiento logrado, porque no se puede apreciar, defender o proteger algo que no se conoce, y que por lo tanto, no se valora. Confiamos es que esta publicación contribuya a ello y esperamos llegar al público local mediante charlas divulgativas que estamos planificando para los próximos meses.

Notas:

[1] Archivo Municipal de Bidania, carpeta 80-03.

[2] Archivo Municipal de Bidania, carpeta 274-01.

[3]http://congresos.um.es/imagenyapariencia/imagenyapariencia2008/paper/viewFile/2631/2581.  Consultado el 3 de mayo de 2016.

[4] Archivo Municipal de Bidania, carpeta 274-01.

[5] Archivo Municipal de Bidania, carpeta 310-24.

[6] Imagen: Archivo Municipal de Bidania, carpeta 80-03.  Plano original de la fábrica hecho por Pablo Zabalo.

 

 

Bibliografía:

AL BAGDADE, S. (2004): Warman’s English & Continental Pottery & Porcelain: Identification & Price Guide, KP Books, 4. Edizioa, Londres.

ALVAREZ, S. (2003): Jorge Oteiza: pasión y razón, Nerea, Donostia. Bestué, D. (2011): Jorge Oteiza: forma y carácter, Tenov, Bartzelona.

BUSTINDUY VERGARA, N. (1894): La industria guipuzcoana en fin de siglo. Reseña de las industrias fabriles más importantes. San Sebastián: La unión vascongada.

CERDÀ, M. (2008): Arqueología Industrial, Universitat de Valencia, Valentzia.

DANCKERT, L. (2004): Directory of European Porcelain, New revised and expanded edition, Robert Hale, Londres.

IBAÑEZ  GOMEZ,  M.  (cooaut.)  (1990): Arqueología  industrial  en  Gipuzkoa,  Eusko Jaurlaritza, Zamudio.

MANSO DE ZUÑIGA, G. (1945): La porcelana de Pasajes,  Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País.

MARTIN, P.  E. (2009):  “Industrial  Archaelogy”,  en  Majewski,  T,  Gaimster,  D  (eds) International Handbook of Historical Archaeology, Springer, New York.

MUJIKA GOÑI, A. (cooaut.) (2009): Euskal Lozak eta Portzelanak XVIII-XX. mendean, Euskal Museoa, Bilbo.

MUÑOA, P. (2006): Oteiza: la vida como experimento, Alberdania, Irun.

VERGARA GONZALEZ, O. (2014): El arqueólogo industrial del siglo XXI. Retos y paradigmas   de   una   disciplina   arqueológica   para   el   mundo   contemporáneo, ArqueoWeb, 15, 68-80.

VILLAR, J. E. (1994): Catedrales industriales, patrimonio industrial en la margen izquierda y zona minera de la ría del Nervión, San Antonio, Barakaldo.

Páginas Web:

http://congresos.um.es/imagenyapariencia/imagenyapariencia2008/paper/viewFile/2631/2581

Consultado el 3 de Mayo de 2016

https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5262578.pdf

Consultado el 4 de Mayo de 2016