LA LINDE, 2-2014.

 Nos interesamos por:

 

LA INVESTIGACIÓN Y LA DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL DESDE POSTULADOS DEMOCRÁTICOS E INTERDISCIPLINARES.

 

La web “Los paisajes Culturales de la Acequia de Montcada”

 

 Entrevista a Igansi Mangue Alférez. ArqueólogoFundació Assut, Paisatges Culturals de la Sèquia de Montcada 

 

En nuestro interés por conocer colectivos que se caractericen por su independencia e interdisciplinaridad a la hora de intervenir, investigar y difundir el patrimonio cultural hemos contactado con Ignasi Mangue, uno de los componentes de la Fundació Assut y coordinador de la web “Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada” [Los Paisajes Culturales de la Acequia de Montcada], web creada por esta fundación.

Teniendo como marco espacial un territorio muy concreto, el de la Huerta de Valencia y, en particular, aquella área que se incluye en el ámbito de la comunidad de regantes de la Real Acequia de Montcada, al norte del área metropolitana de Valencia, los promotores de esta iniciativa multimedia se plantean como objetivo fundamental profundizar en el conocimiento de un paisaje cultural muy determinado y, siguiendo una relación bidireccional, proyectar-divulgar ese conocimiento a las gentes que conviven en ese territorio (pero también a aquellas otras que pueden aproximarse desde la distancia a través de la red). De ese modo, el compendio del “saber milenario” que ha modelado el paisaje de la huerta, desde una concepción eco-cultural, debería retornar más enriquecido e interiorizado socialmente (objetivo ideal para todos los que nos dedicamos a la gestión, investigación o difusión del patrimonio).

Separarse del paisaje en el que se incluye una determinada sociedad puede traer consecuencias funestas y esto es una realidad que, en el Área Metropolitana de Valencia, desafortunadamente, se sigue sufriendo, tras la implantación de nuevos modelos socio-culturales y prácticas económico-especulativas muy agresivas. Consecuencias que se convierten no sólo en problemas de pérdida de identidad cultural, sino también en pérdidas de carácter medioambiental.

El conocimiento es la piedra angular de este proyecto, como se manifiesta en la editorial de la web: “Esta web es una de las puertas que abrimos para entrar definitivamente en el conocimiento sobre estos paisajes culturales de la Real Acequia de Montcada. Y en definitiva, proceder a la necesaria recuperación de las diferentes memorias, patrimonios, miradas y huellas de este territorio, para mejorar el presente y futuro de nuestra sociedad. No olvidemos, que conocer y amar esta tierra, al fin y al cabo, es aprender a conocer, respetar y estimar cualquier otro rincón del mundo y formar parte de una sociedad más justa, solidaria y democrática”. Un conocimiento que debe ser la base imprescindible para asistir a una irrenunciable participación ciudadana en la recuperación-mantenimiento del legado cultural y, en este caso, en garantizar un futuro sostenible del territorio.

Con este ánimo proponemos una serie de preguntas acerca de los fundamentos de este proyecto web y las implicaciones sociales, culturales y ecológicas que persigue, Entrevistamos sobre estas cuestiones a Ignasi Mangue Alférez, arqueólogo y documentalista valenciano, que vive a caballo de Valencia y Barcelona. Licenciado en la Universidad de Valencia, en esa ciudad ha desarrollado buena parte de su labor profesional e investigadora, profundizando en la relación ciudad-huerta, apoyándose sobre todo en el conocimiento de la organización, diseño, gestión y distribución histórica del agua –el sistema de regadío de la huerta-, del que es uno de los mayores expertos. Valga como ejemplo su imprescindible libro de historia local “Maxalenes: de alquería islámica a barrio de la ciudad de Valencia”, donde se    reconstruye la evolución de un territorio que formaba parte del cinturón rural más próximo a la ciudad de Valencia y hoy barrio de la misma.

 

Pero como él mismo nos ha manifestado en alguna ocasión, la realización del Máster de “Didáctica de las Ciencias Sociales” en la  Universitat Autònoma de Barcelona le imprimió un giro decisivo en su concepción de las disciplinas de la geografía y la historia en el ámbito  educativo y en la manera de divulgar y transmitir los conocimientos.

 

 

– Para empezar a conocer esta iniciativa, ¿cómo surgió este proyecto web de Los Paisajes Culturales de la Acequia de Montcada? ¿Cuáles fueron los objetivos iniciales y los promotores de esta idea?

El proyecto como tal, en su aspecto oficial, se inició hace tres años, pero su gestación intelectual comenzó mucho antes. Me disculparéis, pues, que antes de concretar el inicio más formal de esta multimedia crea de obligado cumplimiento explicar con algo de detalle sus primeros antecedentes.

La causa inicial de lanzar este proyecto estaba íntimamente ligada a la dilatada experiencia que acumulábamos algunos miembros de la Fundació Assut, respecto a nuestra actividad simultánea en los ámbitos profesional, académico y de activismo cultural —popular— de la Huerta de Valencia.

Grosso modo, se puede decir que teníamos un poso de sensibilidad diferente del de otros investigadores, activistas o profesionales también interesados en este territorio. Pienso que este largo paseo temporal, transitando indiscriminadamente entre las esferas de la alta y baja cultura de la Huerta, nos hizo muy conscientes de las distintas métricas, ritmos, dificultades y problemas sociales que tenían estos paisajes tradicionales, tanto en su proyección pasada y futura, como en su día a día.

Concretamente, creo que en el conjunto de nuestro background hay dos elementos que trascienden del resto y resultan decisivos en la formalización, años después, de un proyecto web sobre estos paisajes culturales. El primero, era nuestra relación habitual con los regantes de la Real Acequia de Montcada, y el segundo, fue nuestra colaboración en el Plan de Acción Territorial sobre la Huerta de Valencia Pla d’Acció Territorial sobre l’Horta de València, PATH (Pla d’Acció Territorial). El primer elemento es resultado de una ininterrumpida y valiosa experiencia etno-agraria durante años; el segundo, fue un estudio interdisciplinario de paisaje a gran escala concentrado en un espacio reducido de tiempo.

La combinación de estos dos inputs —dos ópticas de paisaje diametralmente opuestas—, nos proporcionó de rebote una privilegiada mirada a doble escala de este territorio. Fruto de esta mirada, y dentro de nuestras posibilidades de reflexión y acción directa, nos planteamos que la difusión de los saberes tradicionales de la Huerta al conjunto de la sociedad metropolitana era inaplazable.

Así, situándonos más cerca en el tiempo, se podría decir que la parte formal y más visible de este proyecto surge durante el año 2011, cuando desde la recién constituida Fundació Assut, valoramos la necesidad urgente de crear una potente herramienta de difusión multimedia, que eduque, revalorice y dé a conocer al gran público los paisajes tradicionales del agua de la Huerta de Valencia, pero desde una vertiente lo más divulgativa posible. Es obvio, también, que el trasfondo de esta iniciativa es el de ocupar una espacio inexistente en la red, donde desde el rigor académico, pero con un lenguaje sencillo y unos planteamientos epistemológicos renovadores, existiera un instrumento multimedia útil y eficaz en la protección del patrimonio cultural y paisajístico de la ciudad y huerta de Valencia.

Azud

 Azud de la Acequia de Montcada. Fuente: web Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada.

 

 

– Imaginamos que la versatilidad del medio y el concepto tan dinámico del que nos hablas, por ahora, habrá ampliado su horizonte?

Sí, por supuesto, es evidente que el planteamiento de obligarnos a conceptualizar los conocimientos de una manera más didáctica y las amplias posibilidades divulgativas que nos ofrece Internet han ampliado muchísimo nuestros horizontes iniciales. Sin embargo, a pesar de la importante labor realizada y el tiempo transcurrido, nos encontramos todavía en un estadio bastante inicial.

Hay que explicar que la definición y diseño de esta web ha sido un proceso muy complejo y pesado, no sólo respecto la estructuración y selección de contenidos —adaptándolos a nuestra concepción holística del paisaje—, sino también, en el desarrollo de su arquitectura multimedia. Esta última ha sido posible gracias al software hecho a medida que ha puesto a nuestro alcance la empresa Xip Multimèdia, a quien también tenemos que agradecer las continuas sugerencias, mejoras y ajustes en la manera de mostrar y desarrollar los contenidos de una manera lo más adecuada posible dentro del ecosistema digital.

En resumidas cuentas, este trabajo conjunto de colaboración académica y técnica nos ha permitido, a través de una serie de aplicaciones y distintos lenguajes —textuales, gráficos, audiovisuales, etc—, ir ofreciendo toda la información de una manera lo más atractiva, útil y dinámica posible.

Pero es preciso reconocer que todo este esfuerzo en el desarrollo de los contenidos iniciales, no ha tenido aún su traslación total sobre las redes sociales. Por ello, sin descuidar la importancia de añadir poco a poco nuevos contenidos, a día de hoy estamos centrados en el desarrollo de posibles herramientas y aplicaciones 2.0 que nos ayuden a mejorar esta cuestión transcendental. Un buen ejemplo es el canal de vídeo que creamos hace unos meses en la plataforma VIMEO donde, además de exhibir algunos de nuestros materiales audiovisuales, también ofrecemos una selección de otros videos a nivel mundial sobre los paisajes culturales del agua.

Así pues, a pesar de haberse completado satisfactoriamente esta primera etapa de trabajo sobre la web, el proyecto está lejos de haber alcanzado todos sus objetivos y presenta un horizonte de posibilidades todavía muy amplio.

Canaleta de la squia de la Uncia sobre el canal principal. Paterna

 Acequia de La Uncía sobre el canal principal. Fuente: web Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada.

 

– Nos hablabas que una de sus aspiraciones era la de dar a conocer los valores del paisaje de la acequia de Montcada y por extensión de la Huerta. ¿Entonces, imaginando que en Valencia estos valores serán bien conocidos por todos, vuestra web se planteó como un portal fundamentalmente para fuera de Valencia?

No, nada más lejos de la realidad. Precisamente, el primer objetivo en la promoción y difusión de los valores ligados a los paisajes culturales del agua de esta comarca siempre ha sido llegar a su vecindad.

La Huerta, receptáculo de uno de los últimos paisajes de gran huerta periurbana de origen milenario en el Mediterráneo, sigue siendo a día de hoy un territorio profundamente desconocido por el conjunto de la sociedad metropolitana que la habita. Las causas de esta ignorancia son numerosas, dilatadas en el tiempo y de una gran complejidad, pero obvias, cuando se hace un rápido vistazo a la actual articulación espacial de la ciudad de Valencia y sus alrededores y se observa el alto grado de desconocimiento de sus habitantes sobre los viejos paisajes del agua existentes en su hinterland.

Algunos investigadores como el geógrafo Josep Vicent Boira, se han atrevido a hablar de la existencia de una “nítida fractura interior, social y cultural entre la ciudad de Valencia y su área periurbana, la huerta” desde siglos atrás. Sea como sea, no es una situación excepcional en el marco regional europeo, donde la mayoría de estas grandes huertas periurbanas han desaparecido o se encuentran en un estado de franca regresión y desintegración.

 Control mutu i transparncia dos regants es creuen al regar un darrere de laltre. Meliana

Riego de parcelas de huerta. Fuente: web Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada.

 

 

– Bien, parece pues que estamos todavía lejos de la fase inicial de estima social, ¿tal vez se deberían rechazar, inicialmente, algunos estereotipos folclóricos de la huerta?

Aunque comparto el fondo de vuestra apreciación inicial, quizás, matizaría un poco esta idea sobre la lejana fase de estima social respecto a la Huerta. Las movilizaciones ciudadanas de los últimos años —y no hablo sólo de la Iniciativa Legislativa Popular para la Huerta (Iniciativa popular), o de las numerosas enmiendas ciudadanas al Pla d’Actuació Territorial de l’Horta (PATH) llevado a cabo desde el gobierno autonómico—, indican un importante interés y sensibilidad respecto su protección.

Además, hay que decir que en un estado de empobrecimiento casi absoluto del tejido social vinculado a la agricultura tradicional de la comarca, los labradores, sobre todo los más viejos, son los grandes “culpables” del mantenimiento de miles de hanegadas que sobreviven a una posible urbanización. Frente al abandono de muchas tierras, también existe el cultivo y cuidado insistente de muchas otras, que sin estar desvinculadas de una lógica finalidad económica, reciben un alto componente afectivo. Tampoco es despreciable el conjunto de iniciativas de distintos grupos de población más joven que están intentando reactivar el cultivo de muchas tierras abandonadas y sacar rendimientos agrarios positivos a través de la exportación o de la producción de verduras u otras especies vegetales ecológicas.

Como bien sugerís, es necesario rechazar frontalmente algunos de los estereotipos más arraigados sobre la cultura tradicional de la Huerta. Sobre todo, porque siguiendo el hilo del acertado análisis y comentarios de Josep Vicent Boira sobre esta cuestión, en la medida en que se acentúa el uso promiscuo de una caricatura distorsionada y nostálgica de la “ruralidad” de la capital valenciana —ese espacio rural domesticado, ajardinado, bucólico—, más se incrementa su alto grado de destrucción. Habría que señalar también, que tan peligroso es esta destrucción del paisaje tradicional de la Huerta, como la pretensión de su salvación incondicional, sin ningún tipo de reflexión ni análisis riguroso.

En paralelo a las agresiones constantes a este territorio, desde hace muchas décadas arrastramos un exceso de “salvamentos” de la Huerta , donde la voz, la cultura real, los problemas y los intereses de la familia labradora —verdadero principal constructor del paisaje tradicional— han quedado relegados a un segundo plano, o simplemente, ignorados del todo. Las visiones bienintencionadas postmodernas de la Huerta, desde el salón o desde el coche, no ayudan a resolver su problemática.

Parafraseando al recién desaparecido Miquel Barceló, es posible imaginar unos labradores sin huerta, pero no una huerta sin labradores. Entre otras cuestiones de relieve, si no resolvemos la situación de pérdida constante de las plusvalías agrarias de las familias de agricultores y la situamos en el centro del problema de mantenimiento de estos paisajes culturales, estamos obviando lo más trascendental.

 

Boda

Imagen bucólica de la Huerta de Valencia. 1918. Fuente: Archivo Levante-EMV

 

 

– Y los políticos ¿qué papel han jugado hasta ahora?, ¿existe legislación firme?

Es evidente el alto grado de responsabilidad que los políticos tienen en la desintegración y destrucción de la Huerta. Pero generalizar y hacerlo extensible a todos, me parecería injusto y poco acertado. Al fin y al cabo, los políticos son también un reflejo de una parte importante del conjunto de la sociedad. Frente a las responsabilidades políticas directas en muchos municipios respecto al proceso especulativo de suelo y la urbanización subsiguiente, también hay que decir que la mayoría de gobiernos locales arrastran el problema crónico de una falta de autonomía financiera. Sin duda, estas son cuestiones de peso en la toma de decisiones finales sobre las políticas de gestión del territorio municipal.

La ausencia de una legislación firme es también un factor importante, pero no decisivo, como demuestra el elevado nivel de incumplimiento de muchas administraciones locales respecto a la protección, vigilancia y rehabilitación de su patrimonio cultural y medioambiental, que dictamina el ordenamiento de la administración autonómica o el PGOU de turno. Hay que decir también, que existe un farragoso laberinto administrativo de competencias entre las distintas administraciones local, provincial, autonómica, estatal y europea que no termina de aclarar cómo, cuándo y quién debe ejercer la vigilancia del territorio en temas de paisaje. Y finalmente, una ley sin reglamento de aplicación, sin presupuesto y sin un apoyo y complicidad del conjunto de la ciudadanía, no sirve de mucho. En el caso de la Huerta, parecía que el PATH sería la solución legislativa que llenaría el vacío legal en la protección formal y directa de esta zona metropolitana, pero su aplicación, cada día parece más difícil, dado el silencio administrativo y político del gobierno valenciano.

 

– Así pues, ¿por qué es necesario emprender acciones para reivindicar la viabilidad socioeconómica y medioambiental de la Huerta? Y en tal caso, ¿qué deberíamos hacer los profesionales del patrimonio? ¿Cuál debería ser nuestra tarea?

Esta es una buena pregunta que ya en su formulación lleva implícita parte de la respuesta y nos sitúa en un escenario de protección de la Huerta más realista y contemporáneo. Se trata de una cuestión fácilmente entendible si observamos los nuevos paradigmas de eco-desarrollo que reclama el marco normativo de la Ley europea del paisaje para las distintas áreas o espacios urbanos de la Unión Europea.

En Valencia y su comarca, más que una opción de posible futuro, este es un camino irrenunciable, dada la profunda crisis multisistémica que sufre su territorio. Las efectistas políticas urbanas de aparente brillo y glamour postmoderno practicadas durante los últimos años en toda su área metropolitana, con un promiscuo derroche de las finanzas públicas y la presencia incontestable de un monocultivo urbano del ladrillo, obligan a hacer un nuevo replanteamiento.

Hay que emprender una serie de acciones constantes y coordinadas entre los distintos agentes sociales, económicos y políticos , para reivindicar el papel trascendental a nivel socioeconómico y medioambiental de la Huerta. Porque la ciudad de Valencia, corazón y núcleo principal de esta comarca, no tendrá un futuro equilibrio eco-cultural, si no recupera sus resiliencias perdidas respecto la huerta y espacios rurales que la rodean. Hay que perseguir un nuevo modelo de ciudad, donde su espacio inmediato o periferia, la huerta, actúe como despensa de proximidad y referente medioambiental de calidad, a través de sus coordenadas culturales tradicionales. Siendo, además, referente de un territorio metropolitano que estimule la multiplicidad de distintas funciones económicas urbanas dentro de un renovado modelo político, social, cultural y económico basado en el eco-desarrollo. Sin duda, el metabolismo social de los distintos paisajes culturales del agua de la Huerta de Valencia, debe ser uno de los principales referentes del nuevo cambio territorial.

nuestra 1 nuestra 2 Imágenes actuales de parcelas de huerta.

Respecto a los profesionales del patrimonio, deberíamos también hacer cambios significativos en nuestra manera de ser y actuar sobre el territorio. En primer lugar, es preciso entender y aceptar que el tradicional patrimonio histórico sólo es una parte del gran rompecabezas que forma el patrimonio cultural de la Huerta. En el caso de nuestro colectivo, el de los arqueólogos, para llegar a este razonamiento en primer lugar hay que abandonar la aséptica visión profesional y metodológica vinculada a la Arqueología de Gestión, para recuperar o incorporar elementos de interpretación que nos vinculan más una arqueología crítica y comprometida con la sociedad. La arqueología que se acoge única y estrictamente a las interpretaciones funcionales de los contextos y artefactos históricos, acaba perdiendo su función social como ciencia histórica, y lo que es más importante, pierde su sentido como herramienta de transformación social, ya que actúa como mecanismo de reproducción del poder hegemónico y pierde de vista todo el conjunto de pasados negados y alternativos posibles.

No se trata tampoco de renunciar a cuestiones de método o formación técnica necesarias en el día a día de la praxis arqueológica, sino de incorporar en paralelo una base epistemológica que nos aporte una necesaria higiene intelectual, y aproxime a la base de los distintos problemas y desafíos de nuestra sociedad actual. Es necesario cuestionarse regularmente acerca del valor educativo y uso didáctico del patrimonio histórico que trabajamos, ya que uno de los objetivos primordiales de la salvaguarda del patrimonio cultural —material o inmaterial— es el de tener una concepción crítica de nuestro pasado, que pueda favorecer la formación democrática de la ciudadanía.

En segundo lugar, y al hilo de lo que ya hemos expuesto, este patrimonio cultural es inabordable si no se conjugan las diferentes disciplinas académicas y saberes profesionales y culturales que trabajan sobre el territorio. Es decir, historiadores, archiveros y arqueólogos necesitamos de la estrecha colaboración de geógrafos, antropólogos, arquitectos, ingenieros agrónomos, etnólogos, ingenieros de camino , biólogos, ambientólogos, etc, para poder afrontar proyectos de acción patrimonial cultural de garantía sobre cualquier espacio. La concepción holística a la hora de entender los paisajes culturales no es una mera opción, es una necesidad de primer orden.

 Llevant la parada i donant laigua al segent camp que va a regar. El Puig Regant girant laigua al camp. Meliana  Labradores trabajando la HuertaFuente: web Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada.

 

– Veamos, según dices este proyecto no es sólo una herramienta de divulgación, sino que además busca la reflexión y la implicación de todos los agentes: los profesionales, los políticos y la sociedad misma. ¿Estás de acuerdo con la idea de que si todos nuestros debates sólo se quedan en nuestro círculo sirven de muy poco y que la demanda ciudadana es casi la única solución de futuro para el patrimonio ahora que, desgraciadamente, lo público se va difuminando?

Sí, claro, comparto esa opinión. Los debates sobre el patrimonio deben salir de los círculos reducidos y buscar otras preguntas y respuestas en el conjunto de la sociedad.

Es interesante, sin embargo, preguntarse el por qué de esta situación. Este fenómeno de no ” ventilar ” nuestras reflexiones en público es un proceso de contracción de la disciplina en ambientes exclusivamente universitarios y profesionales, cosa que ha ocurrido en muchas otras especialidades académicas. Creo que esto, en gran medida, responde a una dinámica más global que tiene que ver con la desconexión de la función social de muchas actividades profesionales; y para mí, esta desconexión se debe sobre todo a la pérdida de conciencia de clase.

Durante muchas décadas, una parte importante de la arqueología efectuada desde la universidad o desde la acción puramente profesional, no se ha preocupado por trasladar a la ciudadanía una manera crítica de interpretar el pasado con respecto a su presente. Otras disciplinas como la antropología, la etnología o la didáctica de las ciencias sociales, desde el constructivismo sí han encontrado caminos o maneras de ligar el pasado y el presente de la sociedad actual. Al dar la espalda la arqueología a esta posibilidad, ha perdido capacidad de entender la desintegración de los patrimonios históricos tradicionales frente al discurso hegemónico de los patrimonios transmitidos por los medios de comunicaciones de masas. Tampoco la arqueología ha estado atenta a la conexión con los patrimonios “informales” del pasado con el presente, ni a la aparición de otros patrimonios culturales provenientes de otros países que han desplazado y erosionado la cultura local. Así pues, si queremos rescatar parte de la información de este pasado local, tendremos que reinterpretar y saber reubicar en las coordenadas culturales actuales.

Creo que la pregunta no sería tanto, cuál sería la solución de futuro para el patrimonio, sino más bien, si los profesionales del patrimonio seremos capaces de reciclarnos y revisar de manera crítica nuestra base formativa. Y eso, nos debería conducir a revisar la idea misma de lo que entendemos por patrimonio, que para mí, es uno de los grandes retos que tenemos por delante los profesionales de la Historia.

La forma que tenemos de trabajar en este proyecto, desde una mirada crítica, consiste en incorporar siempre la visión y los saberes de los protagonistas del territorio en nuestras reflexiones y acciones. Así creamos un proceso de trabajo que se alimenta continuamente de reflexión—acción—retorno de las personas implicadas, y esto nos permite no quedarnos aislados en nuestro discurso.

 

– Para finalizar, has hablado de conceptos históricos, antropológicos, patrimoniales, agrícolas, económicos e incluso biológicos. ¿Es posible, verdaderamente, abordar desde múltiples visiones y aproximaciones un fenómeno como éste o lo de la interdisciplinariedad es tan sólo una bella palabra?

Sí, por supuesto. En arqueología tenemos buenos ejemplos de proyectos o acciones territoriales interdisciplinares —como la intervención del Piano Regolatore di Roma (Piano Regolatore General)—, que han dado excelentes resultados. El mismo PATH de la Huerta, prácticamente coetáneo de este ejemplo italiano, fue un buen botón de muestra del potencial que puede ofrecer un trabajo interdisciplinar de paisaje acometido por un amplio abanico de disciplinas.

También es verdad que muchos de los proyectos que tienen esta calificación no son realmente interdisciplinares, en la medida en que los niveles de decisión de los distintos miembros son muy desiguales y producen desequilibrios en la concepción inicial, en el proceso de trabajo y en los resultados sobre el territorio. Existe en la actualidad, un sector muy significativo de la comunidad académica, científica y profesional que todavía jerarquiza el trabajo colectivo en la toma de decisiones.
Mi experiencia personal sobre los proyectos interdisciplinares del paisaje es que, al principio, no son procesos fáciles ni inmediatos en su resolución, y es necesaria una política de equilibrios y que los miembros de los equipos compartan de partida una mínima base de enfoque epistemológico respecto al discurso eco-cultural. Luego debe haber una discusión más o menos larga sobre los matices, metodología y formas de ir implementando las fases del proyecto.
Tal es la importancia del concepto de interdisciplinariedad actualmente, que dentro de las líneas de actuación de los proyectos que se presentan a las subvenciones de los fondos estructurales de la Unión Europea para el horizonte 2014-2021, es condición sine qua non.

 Partidor a les Llenges del Puig i Puol. El Puig 

Partidor en las lenguas del Puig y PuçolFuente: web Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada.

 

Queremos agradecer la amabilidad de Ignasi Mangue por responder a nuestras preguntas, así como al conjunto de la Fundació Assut, dirigida por Vicent Sales Martínez, que ha materializado esta web, “Els Paisatges Culturals de la Séquia de Montcada”, sin duda alguna marco de referencia durante muchos años de todo aquello que envuelve al patrimonio, la cultura, la economía agrícola y la ecología de la Huerta de Valencia. 

 

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